sábado, 14 de marzo de 2026

El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

 El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios." Efesios 3:14-19.

El apóstol Pablo, movido por el Espíritu, ora para que los creyentes en Éfeso experimenten la plenitud de Dios. Esta oración contiene claves fundamentales para que nuestra vida cristiana prospere y para que podamos vivir verdaderamente en el Espíritu. De su ruego en Efesios 3:14-19, podemos extraer dos verdades esenciales para nuestra vida de fe:

Necesitamos ser fortalecidos por el Espíritu en nuestro interior para que Cristo habite, viva, se exprese en nuestros corazones. El Espíritu Santo es quien concede una fuerza sobrenatural a nuestro “hombre interior”. Esta fuerza proviene directamente de la misma esencia de Dios: el amor, el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Romanos 5:5). Este amor nos da fuerza, pues no es pasivo; es el combustible que pone en acción nuestra fe, como afirma Gálatas 5:6b “sino la fe que obra por el amor.”

Debemos permitir que Cristo habite y gobierne en nuestro corazón por medio de la fe, lo que nos llevará a estar arraigados y cimentados en Amor, echando raíces profundas y construyendo una base sólida que ayuda a moldear nuestras convicciones, impactar nuestras motivaciones, y transformar nuestras acciones. Es sobre esta base de amor, que podemos conocer y experimentar, de manera profunda y vivencial, el amor de Cristo, un amor tan vasto que excede todo entendimiento o conocimiento puramente intelectual.

En resumen, al ser fortalecidos por el poder del Espíritu Santo, permitiendo que Cristo manifieste su vida en nosotros, somos habilitados para captar la anchura, longitud, profundidad y altura del amor de Cristo. Solo así podemos ser llenos de toda la plenitud de Dios.

Hermanos, si anhelamos esa plenitud para vivir de manera constante en el Espíritu, busquemos diariamente la fortaleza que trae el amor de Dios, y entreguemos el control de nuestra vida a Cristo para que Él pueda expresar su vida a través nuestro.   Oración

Padre celestial, te doy gracias por tu inmenso amor. Te pido que este amor me impulse a vivir cada día guiado por tu Espíritu. Fortaléceme, pues mi anhelo es poder estar profundamente arraigado y cimentado en tu amor inagotable. Amén.



viernes, 13 de marzo de 2026

Amor para amar

 Amor para amar

"Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado." Romanos 5:5

Como reflexionamos en el devocional de ayer, al recibir a Cristo como Señor y Salvador, se nos otorga por gracia un nuevo corazón, que es espiritual, en el que están escritos los mandamientos de Dios. Es con este nuevo corazón y gracias al amor inmerecido de Dios que somos capacitados para amar. Este amor nos conduce naturalmente a la obediencia, pues “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Es maravilloso y consolador saber que el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo. Este amor es un atributo divino, la esencia misma de Dios, como se declara en 1 Juan 4:16b: “Dios es amor”. ¡Y ahora este amor está en nosotros!

El apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, profundiza en este concepto: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:10-12). Amarnos mutuamente es un signo de comunión con Dios, que evidencia que su amor se ha perfeccionado y se manifiesta plenamente en nuestras vidas, llevándonos de manera práctica a experimentar la vida en el Espíritu.

Jesús mismo lo afirmó: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él… El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:21-23). Al permitir que Cristo habite en nosotros y al recibir la fuerza de su amor, podemos corresponder al amor de Dios, amándolo a Él por sobre todas las cosas. Además, nos capacita para amar al prójimo como Cristo, compartiendo activamente su amor.

1 Juan 4:19-21 nos recuerda el fundamento: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”

Por lo tanto hermano, ya que Dios nos ha concedido su amor para que podamos amar, permitamos que este amor se perfeccione en nosotros, guiándonos a corresponder a su inmenso amor para compartirlo con todos los que nos rodean.   Oración.

Señor Jesús, enséñame a amar como tú, a dar amor como tú, y a vivir según tu voluntad. Que tu amor me impulse a amarte a ti, Dios, y a mi prójimo, tal como tú me has amado Amen. 



jueves, 12 de marzo de 2026

Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

"Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios." Ezequiel 11:19-20

En Cristo Jesús, la promesa dada al pueblo de Israel en Ezequiel 11:19-20 se extiende a todos los creyentes. Esto es maravilloso, ya que por gracia, al creer en Jesucristo, no solo recibimos el perdón de los pecados, la salvación y la vida eterna, sino también un corazón nuevo, el mismo corazón del Hijo de Dios.

Este nuevo corazón que se nos otorga por la gracia divina posee la extraordinaria capacidad de andar en las ordenanzas de Dios, guardar sus decretos y cumplirlos. Esto es posible porque este corazón es sensible a la Palabra encarnada, el Verbo de Dios (Juan 1:1, 14). Por lo tanto, Jesús, quien se revela a través de la Palabra Escrita y vive ahora en nosotros, hace que esa Palabra viva actúe en nuestra vida por medio de este nuevo corazón, que es espiritual, gracias a la obra del Espíritu Santo. De esta manera, el anhelo de Dios de que tengamos “el mismo sentir que hubo en Cristo” se vuelve posible. Esto debe impulsarnos a obedecer, despojándonos del viejo hombre viciado para revestirnos del nuevo, “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad,” para alcanzar el propósito para el cual Dios nos creó (Filipenses 2:5-8).

Por lo tanto, al tener el corazón de Cristo, y gracias a la obra del Espíritu Santo, podemos obedecer. Los mandamientos de Dios ya no son ordenanzas externas, sino el mismo sentir de Cristo latiendo en nuestro interior, por eso el apóstol Pablo declara 2 Corintios 3:3-6: “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Así que hermanos, pidamos a Dios que, con este nuevo corazón, aprendamos a vivir cada día en el Espíritu.   Oración.

Padre Dios, gracias por el nuevo corazón que me has dado, donde están escritos tus mandamientos para ponerlos por obra, lo que me lleva a vivir en el Espíritu. Amén.



miércoles, 11 de marzo de 2026

El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

 El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios." Efesios 3:14-19.

El apóstol Pablo, movido por el Espíritu, ora para que los creyentes en Éfeso experimenten la plenitud de Dios. Esta oración contiene claves fundamentales para que nuestra vida cristiana prospere y para que podamos vivir verdaderamente en el Espíritu. De su ruego en Efesios 3:14-19, podemos extraer dos verdades esenciales para nuestra vida de fe:

Necesitamos ser fortalecidos por el Espíritu en nuestro interior para que Cristo habite, viva, se exprese en nuestros corazones. El Espíritu Santo es quien concede una fuerza sobrenatural a nuestro “hombre interior”. Esta fuerza proviene directamente de la misma esencia de Dios: el amor, el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Romanos 5:5). Este amor nos da fuerza, pues no es pasivo; es el combustible que pone en acción nuestra fe, como afirma Gálatas 5:6b “sino la fe que obra por el amor.”

Debemos permitir que Cristo habite y gobierne en nuestro corazón por medio de la fe, lo que nos llevará a estar arraigados y cimentados en Amor, echando raíces profundas y construyendo una base sólida que ayuda a moldear nuestras convicciones, impactar nuestras motivaciones, y transformar nuestras acciones. Es sobre esta base de amor, que podemos conocer y experimentar, de manera profunda y vivencial, el amor de Cristo, un amor tan vasto que excede todo entendimiento o conocimiento puramente intelectual.

En resumen, al ser fortalecidos por el poder del Espíritu Santo, permitiendo que Cristo manifieste su vida en nosotros, somos habilitados para captar la anchura, longitud, profundidad y altura del amor de Cristo. Solo así podemos ser llenos de toda la plenitud de Dios.

Hermanos, si anhelamos esa plenitud para vivir de manera constante en el Espíritu, busquemos diariamente la fortaleza que trae el amor de Dios, y entreguemos el control de nuestra vida a Cristo para que Él pueda expresar su vida a través nuestro.   Oración

Padre celestial, te doy gracias por tu inmenso amor. Te pido que este amor me impulse a vivir cada día guiado por tu Espíritu. Fortaléceme, pues mi anhelo es poder estar profundamente arraigado y cimentado en tu amor inagotable. Amén.



martes, 10 de marzo de 2026

 Metanoéō: acción transformadora

"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." Efesios 4:25-32

Cuando nos arrepentimos (Metanoéō), y creemos, estamos obedeciendo, pues elegimos cambiar nuestros pensamientos por los de Dios; ahora bien, Dios por medio de su Espíritu es quien nos impulsa colocando en nosotros el querer como el hacer, Él nos ha dado la mente de su Hijo, con la cual podemos comprender sus pensamientos; y también su corazón, con el cual tenemos el sentir de Cristo, queriendo manifestar su vida a través nuestro. De esta manera, cuando escuchamos su Palabra, y se nos empieza a revelar su verdad, esta misma empieza a generar fe, pues la fe viene por el oír la Palabra de Dios, lo que nos lleva a una nueva manera de pensar, pero también de sentir y finalmente de actuar.

El apóstol Pablo tras establecer un contraste entre la forma de vida del incrédulo y la del creyente, (Efesios 4:17-24), nos exhorta a despojarnos de esa manera de vivir del viejo hombre, cambiándola por la del nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Este cambio empieza por el pensamiento e implica arrepentimiento (Metanoéō), lo cual conlleva una transformación que afecta también nuestra actitud y conducta.

Por esta razón, el apóstol procede a instruirnos sobre cambios concretos: al que miente, le pide que hable siempre la verdad. Al que siente ira, le advierte que no la use para pecar, exhortándolo a resolver el conflicto rápidamente para no darle ventaja al diablo. Al que roba, lo anima a trabajar honestamente para tener qué compartir con los necesitados. Nos motiva a reemplazar las palabras ofensivas por aquellas que edifican. Nos insta a no contristar al Espíritu Santo y a desechar la amargura, el enojo, la ira, la gritería, la maledicencia y toda malicia. En cambio, nos llama a ser benignos, misericordiosos y a perdonarnos unos a otros. Así que hermanos pidamos a Dios que nos lleve a un verdadero arrepentimiento que se manifieste en cambios visibles en nuestra conducta, al morir a nosotros mismos para dejar que Cristo viva plenamente en nosotros.   Oración.

Padre Dios, gracias por tu Santo Espíritu, quien me transforma día a día a la imagen de tu Hijo, gracias porque me llevas a cambiar mi manera de pensar, sentir y actuar, Amén.



lunes, 9 de marzo de 2026

 Metanoéō: cambio de pensamiento

"Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio." Marcos 1:14-15

"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad." Filipenses 4:8

Cuando Jesús empezó su ministerio, inició predicando “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15), aquí la palabra traducida como arrepentíos proviene del griego Metanoéō, un verbo que significa “cambiar de manera de pensar” “cambiar de opinión” o “arrepentirse”, implica una acción, una transformación profunda del pensamiento que cambia la actitud y la conducta.

Así que cuando Jesús empieza a predicar que el reino de Dios se ha acercado, y le pide a sus oyentes que se arrepientan y crean en el evangelio, les está pidiendo lo mismo que hoy a ti y a mí se nos pide por medio de su Santo Espíritu: renueven su manera de pensar, para experimentar ese accionar transformador que trae la nueva vida de Cristo Jesús gracias a su obra redentora (Romanos 12:2).

Es importante resaltar que este proceso de arrepentimiento, o cambio de pensamiento debe ir siempre acompañado de fe, por eso Jesús añade: “y creed en el evangelio”, dándonos la dirección precisa hacia donde debe enfocarse esta nueva manera de pensar, sentir y actuar: El evangelio.

Por lo tanto hermanos, para comenzar a experimentar esa nueva vida que se nos dio por gracia al creer en Cristo, permitamos al Espíritu Santo llenarnos con sus pensamientos, pues en ellos encontraremos todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; lo que tiene virtud, lo que es digno de alabanza, para en esto pensar, como nos exhorta el apóstol Pablo en Filipenses 4:8. Al hacerlo, lograremos una reorientación total de nuestra perspectiva de vida, comprendiendo con claridad nuestro origen, nuestro propósito aquí en la tierra y nuestro destino final. Descubriremos que hemos sido creados en Cristo Jesús para manifestar su Gloria y para disfrutar eternamente de su amor y su presencia.  Oración.

Padre Dios, que tu Santo Espíritu todos los días me llene de los pensamientos de Cristo, los cuales encuentro en tu Palabra, que la verdad del evangelio alumbre mi ser. Amén.



domingo, 8 de marzo de 2026

Por Gracia podemos dejar la vanidad de la mente

 Por Gracia podemos dejar la vanidad de la mente

"Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús." Efesios 4:17-21 

En el devocional anterior, meditamos sobre cómo la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos permite tener una mente renovada con los propios pensamientos de Dios. Oramos para que su Espíritu nos revelara la esperanza de su llamado, las riquezas de su gloria y la inmensidad de su poder para con nosotros, los creyentes.

La verdad central de esta reflexión es vital, pues al aceptarla por fe, el Espíritu de Dios nos capacita para dejar atrás nuestra vana manera de pensar, esa heredada del “viejo hombre” que absorbimos desde la niñez por la influencia del mundo.

Esta mentalidad, que se conforma a los criterios humanos y difiere de los de Dios, es la que el apóstol Pablo nos exhorta a abandonar. Él nos dice: “que ya no vivamos como los otros gentiles, que viven en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios” (Efesios 4:17-18). Las consecuencias de persistir en esta forma de pensar son graves: se pierde toda sensibilidad y se termina cediendo a la impureza y la lascivia (Efesios 4:19).

Sin embargo, la buena noticia es que Dios interviene en este proceso de transformación. Él no sólo nos impulsa a desechar la manera de pensar equivocada, sino que nos enseña a pensar correctamente, de acuerdo con su verdad. Por eso Pablo afirma: “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:20-21).

Así que hermanos, creamos en la Palabra de Dios y pidamos al Espíritu Santo que siga siendo nuestro Maestro, enseñándonos y moldeándonos a la verdad que está en Jesús, para que nuestra mente refleje su gracia y su amor.  Oración

Espíritu Santo recuérdame todos los días las palabras de Jesús, continúa enseñándome tu verdad, para llenarme de tus pensamientos y así dejar mi antigua manera de pensar. Amén.