jueves, 15 de febrero de 2018

¿Por qué tanta insistencia con el gozo?


¿Por qué tanta insistencia con el gozo?
El gozo cristiano es el deleite producido por el Espíritu que experimentan todos los que han sido redimidos. Es el estado de satisfacción que proviene de poseer a Dios como nuestro más elevado tesoro.

El llamado al gozo es abrumador en las Sagradas Escrituras. El pueblo de Dios es constantemente y de diversas maneras exhortado a regocijarse. En realidad, el gozo cristiano, lejos de ser una opción, es un deber para todo creyente: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo! Regocijaos!” decía el apóstol (Filipenses 4:3).

En el Antiguo Testamento los profetas y los salmistas hablaron y exhortaron al pueblo a la alegría y es llamativo notar que casi todos los autores de las epístolas hablaron del gozo cristiano. Pablo, Pedro, Juan y Santiago escribieron del tema de distintas maneras.

Incluso nuestro Señor lo enfatizó durante su ministerio terrenal: En la persecución, “Regocijaos y alegraos” (Mateo 5:12); Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros”. (Juan 15:11); nadie os quitará vuestro gozo. (Juan 16:22); regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (Lucas 10:20) y “entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23). Más aún, Lucas nos dice en su evangelio que el mismo Jesús se regocijó (Lucas 10:21).

Una cosa es cierta: el gozo ocupa un lugar central para Dios y para su pueblo. Por eso es un llamado recurrente en la Biblia.

Pero ¿por qué? ¿Por qué tanta insistencia con el gozo? ¿Qué hace que el gozo sea tan importante? Creo que por lo menos podemos proponer tres razones del por qué las Escrituras hablan del gozo cristiano con tanta insistencia.



Porque el gozo es la experiencia que mejor se corresponde a la realidad de nuestra salvación y de nuestra comunión con Dios.
El deleite y la alegría son las emociones más congruentes con la realidad de haber sido salvados. El rey David testificaba de su liberación diciendo “has cambiado mi lamento en baile” (Salmos 30:11), el profeta Isaías describía la redención como “un manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (Isaías 61:3). El mismo ángel que anunció a los pastores el nacimiento del Salvador dijo: os traigo buenas nuevas de gran gozo (Lucas 2:10).

Asimismo, el gozo es la realidad que produce la comunión con Dios. Osea, la presencia de Dios es fuente de alegría y deleite. No podemos decir que tenemos comunión con Dios y vivir en una permanente amargura o en una inconsolable tristeza. La monotonía y el aburrimiento no son realidades que describen la toda suficiente presencia de Dios. Por eso el salmista decía “en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre” (Salmos 16:11). Nuestra comunión con Dios en el cielo es descrita por Jesús como entrar al “gozo de tu Señor” (Mateo 25), porque él es y será nuestra única y verdadera satisfacción.

En síntesis, el gozo cristiano es la emoción que describe mejor y le hace justicia a la realidad de haber sido salvados por Cristo y de conocerle.

Porque un cristiano gozoso es la mejor “propaganda” al mensaje del evangelio.
Cuando un creyente está satisfecho en Dios, le está testificando al mundo de Su suficiencia para nosotros. El gozo de un cristiano es un poderoso testimonio a la satisfacción y la plenitud que sólo Cristo puede producir.  Martin Lloyd Jones decía “los cristianos infelices son, para decir lo menos, una pobre recomendación de la fe cristiana” (Depresión espiritual, prefacio MLLJ).

Cuando estamos frente al mundo, y tenemos contentamiento a pesar de la escasez, estamos demostrando que Cristo es nuestro mayor tesoro y que poseerlo es la razón de nuestro gozo. Al regocijarnos en la aflicción estamos presentando una evidencia contundente del valor de Cristo. El genuino gozo cristiano, hace más creíble al mensaje del evangelio. O por lo menos, no le pone tropiezos.

La falta de gozo, que muchas veces se expresa en una falta de entusiasmo, en quejas, insatisfacción, en una frecuente tristeza y una constante amargura, pueden ser de tropiezo para el mensaje del evangelio que precisamente ofrece el gozo de la salvación. ¡Que Dios nos guarde de semejante contradicción!

Porque la falta de gozo puede llevarnos más fácilmente a la decadencia espiritual.
Es decir, la falta de gozo es el trayecto más corto para el pecado. Cuando no nos deleitamos en Cristo, entramos en el peligroso terreno de la búsqueda de un gozo mundano. El escritor de Hebreos hablaba de “gozar de los placeres temporales del pecado” (Hebreos 11:25). El pecado ofrece un gozo, pero es un gozo temporal, engañoso y al final destructivo.

El corazón que no está satisfecho en Dios buscará esa satisfacción en el pecado. Ese es el gran peligro de un cristianismo sin gozo, sin deleite ni satisfacción. La monotonía y la falta de deleite en el caminar cristiano pueden convertirse en la antesala de un pecado y en el comienzo de una vida que no glorifica a Dios.

Es por esta razón, que no debemos tomar la falta de gozo como algo ligero. Debemos ser cuidadosos y sagaces en velar por nuestros corazones.

La constante frustración aun por las cosas más pequeñas, la murmuración, las frecuentes quejas, la falta de contentamiento, son claros indicadores de la falta de gozo cristiano. Cuando se pierde el entusiasmo por congregarse, por leer las escrituras, por el compañerismo con los hermanos y cuando la comunión con Dios ni el servicio ya no nos motivan, entonces debemos alarmarnos. Esos son los peligrosos síntomas de la ausencia de gozo. No podemos tomar esas cosas con ligereza. Debemos despertar.

Cuidemos el corazón. Cuidemos el gozo. Tenemos en Cristo la provisión completa para las más profundas necesidades de nuestro ser. En él tenemos perdón de pecados, la nueva vida, comunión con Dios, el poder para una vida digna y la esperanza de la vida eterna. Tenemos todo lo que necesitamos para estar gozosos.

Tenemos a Cristo. ¡Ánimo!

miércoles, 14 de febrero de 2018

Cinco razones para orar en privado


Cinco razones para orar en privado
Orar en privado es una disciplina necesaria e indispensable para la vida y el crecimiento cristiano. Sin embargo, una disciplina que con frecuencia y ligereza se descuida en la iglesia. Quizá una escaza convicción de nuestra pecaminosidad y de la abundancia de Dios y una débil consciencia de los beneficios que produce la oración privada, son las mayores causas de tan grande descuido.

Un pastor congregacionalista inglés hablaba de “la vida secreta de oración”. Pero ¿por qué es importante orar en privado? ¿Por qué debemos apartarnos a solas para la oración? Aquí algunas razones.

1.  Debemos orar en privado porque Jesús lo mandó. La oración en familia, la oración congregacional, la oración constante que hacemos durante el día y la oración por los alimentos son todas formas importantes de oración, pero no debemos olvidar que la oración privada es un deber. Un mandato que nuestro Señor dejó a sus discípulos mientras enseñaba en el Sermón del Monte. Cuando denunciaba la hipocresía de los fariseos, les dijo “más tu cuando ores, entra en tu aposento y cerrada la puerta ora a tu Padre que está en secreto” (Mateo 6:6). Por lo tanto, descuidar la práctica de la oración privada es desobedecer a un claro mandato de Jesús a su iglesia.  El misionero americano del siglo XVIII David Brainer, en su diario se refirió a sus devociones personales como sus “deberes privados”. Brainer estaba en lo cierto. La oración privada es un deber. Y como cualquier otro mandamiento debemos cumplirlo.

2.  Debemos orar en privado porque nuestro Señor también lo hizo. Es decir, Jesús también practicaba la disciplina de la oración privada. El evangelista nos dice que “él se apartaba a lugares desiertos y oraba” (Lucas 5:16). Desde luego que sorprende, pues aun siendo Dios, Jesús también tomaba tiempo para apartarse y orar al Padre. A ese respecto podemos decir que Jesús oraba porque en su naturaleza humana, él también dependía de Dios y como Hijo, oraba porque disfrutaba de la comunión con Su Padre. Además se nos dice que “Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba” (Marcos 1:35). Incluso la noche que fue arrestado en el huerto de Getsemaní, se apartó de sus discípulos para orar a solas (Mateo 26:36-39; Marco 14:32-35). Si vamos a crecer en semejanza de Cristo, eso implica que debemos ser personas que oran como nuestro Señor. Ser como Jesús incluye depender de Dios y esta dependencia se refleja sobre todo por media la disciplina diaria de la oración privada. Una muestra de esto lo vemos en el apóstol Pedro. Lucas nos dice que mientras estaba en casa de Simón en la ciudad de Jope, “Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta”(Hechos 10:9).

3. Debemos orar en privado porque así minimizamos las distracciones.  Como resultado de esto, al orar en secreto aumentamos nuestra capacidad de enfocarnos en Dios. Orar en privado es la manera más eficaz para librarnos de ser distraídos y así estar más enfocados en el Señor. Por naturaleza, nuestras mentes son frágiles y propensas a la distracción. Cuando oramos, necesitamos apartarnos del bullicio (provocado por los quehaceres, las personas y los afanes de este mundo) para centrar nuestros pensamientos y corazones en Dios. Esto implica dejar de lado cualquier otra actividad y aislarnos a un lugar secreto, sola y exclusivamente para orar.  Marta y María ilustran este contraste. La primera, afanada y turbada con muchas cosas y la segunda escogiendo lo mejor, sentada y escuchando a los pies del Señor (Lucas 10:38-42). El profeta Elías mientras se refugió en la cueva no experimentó a Dios en el viento, ni en el terremoto ni en el fuego, sino en el “silbo apacible y delicado” de Su presencia (1 Reyes 19:12). Así Dios nos visita en la quietud de nuestras devociones privadas. Por eso, para evitar divagar en nuestras mentes, la oración privada nos será de provecho para cultivar una comunión más profunda con el Señor.

4. Debemos orar en privado porque en la privacidad es más fácil abrir nuestros corazones. Es decir, en el secreto es más factible poder expresar nuestras emociones y confesar nuestros pecados. En la oración privada y delante del Señor nos sentimos más en confianza para reconocer nuestras luchas y temores y además para pedir perdón por las acciones, pensamientos y actitudes pecaminosas. En privado es más propicio derramar nuestros corazones delante de Dios. Ana, la madre de Samuel le dijo al sacerdote Elí que mientras oraba, ella derramaba su “alma delante de Dios” (1 Samuel 1:12-15). Asimismo, el rey David exhortaba al pueblo diciendo “derramad vuestro corazón” delante de Dios (Salmo 62:8). Cabe recordar que en ambos casos, Ana y David hablan en un contexto de angustia, amargura y tribulación. Las devociones privadas nos permiten expresar las angustias, los temores y las luchas de nuestro corazón, mejor que cualquier otra disciplina cristiana. Sin embargo esto no descarta la necesidad e importancia de confesar los pecados delante de nuestros hermanos y líderes (Santiago 5:16). Pero quien ha confesado sus pecados ante Dios, no tendrá temor ni vergüenza de confesarlos ante los hombres.

5. Debemos orar en privado porque la oración privada nos ayuda a fortalecer la consciencia de que estamos todo el tiempo delante de Dios. El ejercicio de las devociones personales nos ayuda a cultivar un corazón que está más preocupado por glorificar a Dios antes que ser visto por los hombres. En el mismo Sermón del monte Jesús quiere advertir a sus discípulos en contra de la hipocresía de los fariseos que practican su religión para ser vistos y admirados.  “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres” les dijo (Mateo 6:1). Los ejercicios de piedad como las limosnas, la oración y el ayuno deben ser ofrecidos de corazón a Dios aunque nadie nos vea, porque al final nuestro Padre que ve en lo secreto nos recompensa en público (Mateo 6:6). Jesús quiere que su iglesia esté más enfocada en cultivar una devoción más privada, porque del aspecto público se encarga Dios. La oración que hacemos en secreto robustece nuestro sentido de la omnipresencia divina y esto a su vez producirá santidad e integridad. Jonathan Edwards decía: ¿Cómo es una vida que no ora coherente con una vida santa? Llevar una vida santa, es llevar una vida dedicada a Dios. Pero ¿cómo se conduce una vida semejante que no respeta el deber de la oración?¹

martes, 13 de febrero de 2018

¿Qué es la vida devocional?


¿Qué es la vida devocional?
Cuando miramos la vida aquellos que fueron usados por Dios y dejaron en alto el nombre del Evangelio, podemos encontrar una característica que los identifica. Hombres y mujeres desde los tiempos bíblicos y aun después, han tenido en común un aspecto que los ha destacado de los demás creyentes. Ellos, por encima de todo, han sido gente de oración.

Y cuando digo gente de oración, me estoy refiriendo a una devoción secreta, constante e intensa. Mejor dicho, fueron personas con una vida devocional muy profunda y activa. Quizás no fueron de la misma clase social, cultural y económica y aun vivieron en distintas épocas, pero a estas personas los unía el lazo de la estrecha comunión con Dios.

La vida devocional es la práctica diaria (o inter diaria) de apartar un tiempo a solas para dedicarnos a la oración y la lectura de las Escrituras. El creyente debe establecerlo hasta que se convierta en un hábito. Un sagrado hábito. Necesario y provechoso. No hay ninguna otra actividad en la vida del creyente que contribuya más a su crecimiento espiritual, como la lectura y la oración.

Debemos desarrollar una vida de oración, pues solo en ese contexto, podemos crecer en nuestra dependencia y conocimiento de Dios. Sea en las mañanas, por las tardes o en las noches, debemos apartar ese tiempo a solas con Dios.

La vida devocional es el respirar del cristiano, la leche del recién nacido, el alimento del fuerte y el agua para el pez. No hay vida en Dios, sin vida de oración, porque nuestra altura espiritual, la calculamos con la medida de la vida devocional.

lunes, 12 de febrero de 2018


El síndrome del éxito

Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros.

Filipenses 2:17

La sociedad norteamericana está produciendo una generación de cristianos que quieren sobre todo alcanzar el éxito. Casi nunca tienen una humilde actitud de servicio. No están dispuestos a hacer sacrificios por la causa de Cristo porque se les ha enseñado, de forma oral o de algún otro modo, que los cristianos deben ser ricos y famosos, que deben tener éxito y ser populares.

Tal orientación hacia el éxito personal y no hacia el servicio humilde es lo opuesto de lo que glorifica a Dios. Vivir para la gloria de Dios quiere decir que usted sabe que es mortal y está dispuesto a morir, si fuera necesario, para lograr los propósitos de Dios. Tal actitud humilde glorifica a Dios.

Para crecer espiritualmente, debemos estar absortos en el señorío de Cristo en el momento de la salvación y permitirle que domine nuestra vida de allí en adelante. Al hacerlo, debemos buscar solamente su gloria, no nuestra comodidad ni nuestro éxito. No creceremos cuando escojamos nuestro propio camino o sirvamos a Dios con el motivo incorrecto. Despojarse del peso muerto

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Hebreos 12:1

Cada vez que nos excusamos por nuestro pecado, estamos culpando a Dios. Adán lo hizo cuando Dios le preguntó acerca del comer el fruto prohibido. Él respondió: "La mujer que me diste por compañera medio del árbol, y yo comí" (Gn. 3:12). Adán no aceptó la responsabilidad de su pecado, sino que culpó a Dios, de que le había dado a Eva.

El pecado nunca es culpa de Dios, ni es la culpa de una persona o circunstancia que Dios trajo a nuestra vida. El excusar el pecado pone en tela de juicio a Dios por algo que solo es nuestra culpa. Si decide castigarnos es porque lo merecemos.

Por eso la confesión de pecado es indispensable para el crecimiento espiritual. Cuando acepte la realidad de su pecado y lo confiese, tiene menos peso muerto que lo arrastre hacia abajo en el proceso de crecimiento. Como lo indica el versículo de hoy, aumentará su crecimiento cuando se despoje del pecado del pecado mediante la confesión.

domingo, 11 de febrero de 2018


La Humildad.  En esas meditaciones tengo, por más de una razón, casi exclusivamente me vuelto a la humildad que nos cabe
Como criaturas. No es sólo porque la conexión entre la humildad y el pecado sea tan abundantemente destacada en
Toda enseñanza religiosa, pero porque creo que para la plenitud de la vida cristiana es indispensable que la
Prominencia sea dada a este otro aspecto. Si Jesús debe realmente ser ejemplo en Su humildad, necesitamos entender
Los principios en que eso es basado y en los cuáles encontramos el terreno común en lo cual andamos con Él, y por lo
Tanto, nuestra semejanza a Él debe ser alcanzada. Si debemos realmente ser humildes, no solamente delante de Dios,
Pero también delante de los hombres, si la humildad debe ser nuestra alegría, tenemos que ver que ella no es sólo la
Marca de la vergüenza causa del pecado, pero, independientemente de todo pecado, humildad es estar revestido con la
Propia belleza y bienaventuranza del cielo y de Jesús.

Vive con propósito


Vive con propósito

Muchos son los planes en el corazón del hombre, pero
Son los propósitos del Señor los que prevalecen.
Proverbios 19:21 (PAR)

“David, después de servir a su propia generación
Conforme al propósito de Dios, murió”.
Hechos 13:36 (NVI).

Vivir con propósito es la única manera de vivir realmente. Todo lo demás es existir.

La mayoría de las personas luchan con tres asuntos básicos en su vida. La primera es identidad: “¿Quién soy?” La segunda en importancia: “¿Importo yo?” La tercera en impactar: “¿Cuál es mi lugar en la vida?” Las respuestas a todas estas preguntas están en los cinco propósitos de Dios para ti.
En el Aposento Alto, cuando Jesús concluía su último día de ministerio con sus discípulos, les lavó sus pies como ejemplo y les dijo: “¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”. Una vez que conoces lo que Dios quiere que hagas, la bendición viene al ponerlo en práctica. Mientras llegamos al final de nuestro peregrinaje de los cuarenta días juntos, ahora que sabes el propósito de Dios para tu vida ¡serás bendecido si lo cumples!
Tal vez esto signifique que debes dejar algunas cosas que estás haciendo. Hay muchas “buenas” cosas que puedes hacer con tu vida, pero estos cinco son los propósitos esenciales de Dios que debes cumplir.
Desafortunadamente, es fácil distraernos u olvidarnos de lo que es importante. Es fácil desviarse de lo que es relevante y salirse del curso poco a poco. Para prevenir esto, debes desarrollar una declaración de propósito para tu vida y revisarla regularmente.

¿QUÉ ES UNA DECLARACIÓN DE PROPÓSITO?
Es un resumen de los propósitos de Dios para tu vida. En tus propias palabras, afirma tu compromiso con los cinco propósitos de Dios para tu vida. Esta declaración no es una lista de objetivos. Las metas son temporales; los propósitos son eternos. La Biblia señala: “Sus planes perduran para siempre; sus propósitos durarán eternamente”.
La declaración indica la dirección de tu vida.
Si escribes tus propósitos, te esforzarás en pensar específicamente en el camino de tu vida. La Biblia dice: “Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos”. La declaración de propósito no sólo aclara lo que propones hacer con tu tiempo, vida y dinero, sino que también insinúa lo que no harás. Proverbios dice: “La meta del prudente es la sabiduría; el necio divaga contemplando vanos horizontes”.
Es la declaración que define lo que es el “éxito” para ti. Esto manifiesta que lo que consideras importante, no es lo que el mundo considera como tal. Clarifica tus valores. Pablo dijo: “Yo quiero que entiendas lo que realmente es importante”.
La declaración clarifica tus papeles. Tendrás papeles distintos en diferentes etapas de tu vida, pero tus propósitos nunca cambiarán. Son más grandiosos que cualquier papel que desempeñes.
La declaración expresa tu forma. Esto refleja la manera única en que Dios te hizo para tu servicio. Toma el tiempo necesario para escribir la declaración de propósito de tu vida. No trates de completarla de una sola vez, ni aspires a hacerla perfecta en el primer borrador; sólo escribe tus pensamientos tan pronto como te lleguen. Siempre es más fácil corregirla que crearla. Aquí están las cinco preguntas que debes considerar cuando prepares la declaración de tu propósito.

LAS CINCO PREGUNTAS MÁS IMPORTANTES DE LA VIDA
¿Cuál será el centro de mi vida? Es la pregunta de la adoración. ¿Para quién vivirás? (¿Alrededor de qué estás edificando tu vida?) Puedes centrar tu vida alrededor de tu carrera, tu familia, un deporte o diversión, dinero, entretenimiento o muchas otras actividades. Todas ellas son buenas, pero no pertenecen al centro de tu vida. Ninguna basta para sostenerte cuando la vida comience a despedazarse. Necesitas un centro inconmovible.
El rey Asa le dijo al pueblo de Judá que “centraran sus vidas en Dios”. Realmente, cualquiera que sea el centro de tu vida constituye tu dios. Cuando le entregaste tu vida a Cristo, Él pasó a ser el centro, pero debes mantenerlo allí mediante la adoración. Pablo dijo: “para que por fe Cristo habite en sus corazones”.
¿Cómo sabes cuándo Dios es el centro de tu vida? Cuando Dios es el centro de tu vida lo adoras. Cuando no, te preocupas. La preocupación es la luz que te advierte que empujas a Dios a un lado. Cuando lo pongas de nuevo en el centro tendrás paz otra vez. La Biblia dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.
¿Cuál será el carácter de mi vida? Esta es la pregunta del discipulado. ¿Qué clase de persona serás? Dios está más interesado en lo que eres que en lo que haces. Recuerda, el carácter te lo llevarás a la eternidad, tu carrera no. Haz una lista de las cualidades de tu carácter que quieres desarrollar en tu vida. Puedes comenzar con el fruto del Espíritu o las bienaventuranzas.
Pedro dijo: “Esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”. No te desanimes ni te rindas cuando tropieces. Requiere una vida entera forjar un carácter como el de Cristo. Pablo le dijo a Timoteo: “Mantente enfocado en tu carácter y enseñanza. No te distraigas. Sigue perseverando”.
¿Cuál será la contribución de mi vida? Esta pregunta se refiere al servicio. ¿Cuál será tu ministerio en el cuerpo de Cristo? Conociendo mi combinación de dones espirituales, corazón, habilidades, personalidad y experiencias (FORMA: Formación espiritual, Oportunidades, Recursos, Mi personalidad, Antecedentes), ¿cuál será tu mejor papel en la familia de Dios? ¿Cómo puedes hacer la diferencia? ¿Hay un grupo específico del cuerpo para el cual fui formado para servir? Pablo señaló dos beneficios maravillosos cuando cumples con tu ministerio: “Esta ayuda, que es un servicio sagrado, no sólo suple las necesidades de los santos, sino que también redunda en abundantes acciones de gracias a Dios”.
Aunque fuiste formado para servir a otros, considera que ni Jesús satisfizo las necesidades de todo el mundo mientras estuvo en la tierra. Tienes que escoger a quiénes puedes ayudar mejor, basado en tu forma. Necesitas preguntarte: “¿A quién deseo ayudar más?” Jesús dijo: “Los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure”. Cada uno de nosotros da frutos diferentes.
¿Cuál será la comunicación de mi vida? Esto se refiere a tu misión a los no creyentes. Tu declaración de misión es parte de la declaración del propósito de tu vida. Esto debería incluir tu compromiso de compartir el testimonio y las buenas nuevas con otros. También debes hacer una lista con las lecciones de la vida y pasiones divinas que sientes que Dios te ha dado para compartir con el mundo. Mientras vas creciendo en Cristo, Dios puede darte un grupo especial de personas para que te enfoques en alcanzarlas. Asegúrate de añadir esto a tu declaración.
Si eres padre, parte de tu misión es criar a tus hijos en el conocimiento de Cristo, para ayudarlos a entender los propósitos de Él para sus vidas, y enviarlos a su misión en el mundo. Puedes incluir la declaración de Josué en la tuya: “Yo y mi casa serviremos al Señor”.
Por supuesto, nuestras vidas deben dar testimonio y confirmar el mensaje que comunicamos. Antes que la mayoría de los no creyentes acepten la Biblia como creíble, quieren saber cuán creíbles somos nosotros. Por eso es que la Palabra de Dios afirma: “Asegúrate de vivir de una manera que traiga honor a las buenas nuevas de Cristo”.
¿Cuál será la comunidad de mi vida? Esto tiene que ver con el compañerismo y la comunión. ¿Cómo mostrarás tu compromiso con otros creyentes y tu conexión con la familia de Dios? (¿Dónde vas a practicar el mandamiento “unos a los otros” con otros cristianos?) ¿a cuál familia de iglesia te unirás como un miembro activo? (Cuanto más maduras más amarás al cuerpo de Cristo y querrás sacrificarte por él). La Biblia dice: “Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella”. Debes incluir una expresión de amor para la iglesia de Dios en tu declaración.
Al considerar tus respuestas a estas preguntas, incluye cualquier escritura que te hable acerca de cada uno de esos propósitos. Hay muchas en este libro. Puede que te tome semanas o meses elaborar la declaración del propósito de tu vida en la manera que quieres. Ora, piensa en esto, habla con tus amigos y reflexiona en las Escrituras. Puedes volver a escribirlas cuantas veces sean necesarias hasta que llegues a tu declaración final. Aun después, quizás le hagas algunos cambios menores de acuerdo con lo que Dios te vaya haciendo entender y según tu forma. Si quieres ver algunos ejemplos de otras personas puedes enviarme un correo electrónico. (Apéndice 2).
Además de escribir en detalle la declaración del propósito de tu vida, también es útil una declaración breve o lema que resuma los cinco propósitos de tu vida de manera que los puedas memorizar y para que te inspiren. Así podrás recordarlos diariamente. Salomón aconsejó: “Será bueno mantener estas cosas en tu mente para que puedas repetirlas”.
Aquí tienes algunos ejemplos:
§ “Mi propósito en la vida es adorar a Cristo con todo mi corazón, servirle con mi FORMA, tener compañerismo con su familia, crecer igual a Él en carácter, y cumplir su misión en el mundo para que así reciba la gloria”.
§ “Mi propósito en la vida es ser un miembro de la familia de Cristo, un modelo de su carácter, un ministro de su gracia, ser un mensajero de su palabra y un magnificador de su gloria”.
§ “Mi propósito de vida es amar a Cristo, crecer en Cristo, compartir a Cristo, servir a Cristo, a través de su iglesia y guiar a mi familia y a otros a hacer lo mismo”.
§ “Mi propósito en la vida es hacer un gran compromiso con el Gran Mandamiento y la Gran Comisión”.
§ “Mi objetivo es parecerme más a Cristo, mi familia es la iglesia, mi ministerio es___________; mi misión es____________; mi motivo es la gloria de Dios”.
Puedes pensar: “¿Y qué acerca de la voluntad de Dios para mi trabajo o matrimonio? O ¿Dónde se supone que tengo que vivir o ir a estudiar?” Sinceramente, estos son asuntos secundarios en tu vida, puedes tener muchas posibilidades y todas pueden caber dentro de la voluntad de Dios para ti. Lo más importante es que tú cumplas los propósitos eternos de Dios, independientemente de donde vivas o trabajes o con quien estés casado. Esas decisiones deben apoyar tus propósitos. La Biblia dice: “Muchos son los planes en el corazón del hombre, pero son los propósitos del Señor los que prevalecen”. Enfócate en los propósitos de Dios para tu vida, no en tus planes, ya que son los que perdurarán.
Una vez escuché la sugerencia de desarrollar la declaración de propósito para tu vida basándola en lo que esperas que la gente diga en tu entierro. Imagina el elogio perfecto y después elabora tu declaración basada en eso. Francamente, es mala idea. Al final de tu vida no importa lo que las otras personas digan acerca de ti. Lo único que te debe importar es lo que Dios diga de ti. La Biblia declara: “Nuestro propósito es agradar a Dios, no a las personas”. Un día Dios revisará tus respuestas a estas preguntas. ¿Pusiste a Jesús en el centro de tu vida? ¿Desarrollaste su carácter? ¿Diste tu vida por servir a otros? ¿Comunicaste su mensaje y cumpliste su misión? ¿Amaste y participaste en su familia? Estas son las únicas cosas que contarán.
Como dijo Pablo: “Nuestro propósito es complacer a Dios, no a los hombres”.

DIOS QUIERE USARTE
Unos treinta años atrás, observé una frase breve en Hechos 13:36 que alteró por siempre el curso de mi vida. Fueron sólo catorce palabras pero, como una marca de hierro ardiente, impactaron mi vida poderosamente: “David, después de servir a su propia generación conforme al propósito de Dios, murió”. al fin entendí por qué Dios llamó a David “un hombre conforme a mi corazón”. David dedicó su vida a cumplir los propósitos de dios en la tierra.
¡No hay epitafio más grande que este! Imagínatelo grabado en tu lápida: “Este fue_______ quien sirvió para el propósito de Dios en su generación”. Mi oración es que las personas sean capaces de decir esto acerca de mí cuando muera. También es mi oración que lo digan respecto a ti. Por eso escribí este libro para ti. Esta frase es la definición concluyente de una vida bien vivida. Haz lo eternal y perdurable (propósito de Dios), de una manera contemporánea y oportuna (en tu generación). Esto es la esencia de una vida con propósito. Ni las generaciones pasadas ni las futuras pueden servir al propósito de Dios en esta generación, sólo nosotros podemos. Así como a Ester, Dios te creó “para un tiempo como éste”.
Dios todavía busca personas para usarlas. La Biblia dice que “EL SEÑOR recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles”. ¿Serás tú una de esas personas que Dios quiere usar para sus propósitos? ¿Servirás al propósito de Dios en esta generación?
Pablo vivió una vida con propósito. Él dijo: “Yo corro hacia la meta con un propósito en cada paso”. Su única razón para vivir era cumplir los propósitos que Dios tenía para él, y agregó: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”.
Pablo no tenía miedo a vivir ni a morir. En cualquier forma cumpliría los propósitos de Dios. ¡No podía perder!
Un día la historia concluirá, sin embargo la eternidad continuará para siempre. William Carey acertó: “El futuro es tan brillante como las promesas de Dios”. Cuando te parezca difícil cumplir tus propósitos, no te desanimes. Recuerda tu recompensa, que perdurará por siempre. La Biblia dice: “Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento”.
Imagínate como será cuando estemos todos de pie frente al trono de Dios, presentando nuestras vidas en profunda gratitud y adoración a Cristo. Juntos diremos: “¡Digno, oh Señor1 ¡Sí, nuestro Dios! ¡Toma la gloria, el honor; el poder! ¡Tú creaste todo; todo fue creado porque así lo quisiste!”
¡Lo alabaremos a él por su plan y viviremos para sus propósitos por siempre!

DÍA CUARENTA
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Vivir con propósito es la única manera de vivir de verdad.

Versículo para recordar: “David, después de servir a su propia generación conforme al propósito de Dios, murió”. Hechos 13:36 (NVI).

Pregunta para considerar: ¿Cuándo tomaré el tiempo para apuntar mis respuestas a las cinco grandes preguntas de la vida? ¿Cuándo plasmaré mi propósito en papel?

LC Tu Proposito Nancy Amancio