miércoles, 26 de agosto de 2026

En la Roca el orgullo se apaga, y la voz del Señor mi alma sana

 En la Roca el orgullo se apaga, y la voz del Señor mi alma sana

“Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno. Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por fama, por alabanza y por honra; pero no escucharon.” Jeremías 13:10-11

El orgullo del pueblo de Israel no apareció de la noche a la mañana; nació de una causa clara: la sordera espiritual. En el versículo 10, Dios da un diagnóstico preciso: “Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras…”. El orgullo cobra fuerza cuando dejamos de escuchar atentamente la voz de Dios y empezamos a sintonizar únicamente nuestras propias opiniones o el ruido de las corrientes del mundo.

Esta sordera produjo una consecuencia fatal: la separación. Dios revela su tierno diseño original en el versículo 11: “Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí a toda la casa de Israel… para que me fuesen por pueblo”. Dios nos diseñó para estar “pegados” a Él, experimentando su calor, su latido y su cuidado directo. Pero al dejar de oírlo, el pueblo se “desabrochó” voluntariamente de los lomos del Señor para correr tras la terquedad de su propio corazón.

A veces, Dios debe utilizar la “hendidura” del desierto o la prueba como una disciplina necesaria para silenciar el ruido de nuestro ego. Es en ese lugar de quietud donde, nuevamente, podemos escuchar su voz y ser restaurados.

Hermanos, pidamos hoy al Señor que afine nuestro oído espiritual. No permitamos que el orgullo tome el protagonismo. Como nos insta Santiago 1:22, no seamos solo oidores olvidadizos, sino hacedores de la Palabra. Al mantenernos atentos a la “perfecta ley de la libertad”, evitaremos muchos dolores de cabeza y viviremos la bendición de estar unidos a Él, nuestro Dios y Salvador.    Oración.

Padre Celestial, reconozco que a menudo me distraigo con el ruido de mis propios pensamientos y el orgullo de mi corazón. Hoy te pido que limpies mis oídos de toda sordera espiritual. Llévame a la Roca, ese lugar de comunión contigo, para que en tu presencia todo ruido se apague y solo pueda escuchar tu voz. Ayúdame a no solo oír tu palabra, sino a ser un hacedor obediente en cada detalle de mi vida. Manténme unido a ti, como un cinto a tus lomos. Amén. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario