sábado, 10 de enero de 2026

Restaurados de nuestros traumas

 Restaurados de nuestros traumas

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”, Hebreos 2:14-15

En el devocional anterior, quedó la pregunta de cómo el Señor Jesús, restauró a sus discípulos luego de que resucitó, ante el trauma experimentado por ellos por los acontecimientos de los días anteriores.

Lo primero que les dice es “paz a vosotros” (Juan 20:19), ya sabemos que no es cualquier paz, es su paz, que anuncia el triunfo, la derrota del enemigo, Él vence el mayor temor que tenemos los seres humanos, ¡Cristo venció la muerte¡.

Como lo dice contundentemente Hebreos 2:14-15 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”

También a Pedro lo restaura con amor y le coloca una misión: apacentar el rebaño (Juan 21:15-19), Jesús llevó a Pedro a que pasara de «soy un traidor» a «soy un pastor».

Cuando nuestro Señor resucitó estuvo 40 días (Hechos 1:3), enseñándoles a vivir en la nueva naturaleza, pero inicia restaurando a sus apóstoles: Calma el miedo («Paz a vosotros»), valida la realidad («Palpad y ved»), normaliza la vida (Come pescado), reescribe la historia de ellos (Preguntas y nueva misión a Pedro). (Lucas 24:36-45, Juan 21:17)

¿Cómo podemos entonces aplicar esta enseñanza para superar un trauma? Veremos la conclusión en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, el mayor temor de nosotros los seres humanos fue vencido en la cruz por tu Hijo, ya el que tenía el imperio de la muerte no tiene poder sobre los que creemos, pues somos tuyos, fuimos comprados por tu preciosa sangre derramada, mi historia ha sido reescrita en Cristo Jesús, amén. 



viernes, 9 de enero de 2026

Superando nuestros traumas

 Superando nuestros traumas

«Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres», Isaías 52:14

“Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”, Mateo 26:56

Los discípulos vivieron un trauma tremendo que los acompañó toda su vida. Vieron a Jesús morir de manera violenta y expresaron miedo, huyeron y se aislaron (Mateo 26:56, Juan 20:19). Quedaron paralizados y no pudieron seguir ejerciendo su ministerio en ese momento, por temor a repetir lo que le había pasado a su Maestro. Pero algo sucedió que los sacó de ese trauma, para que pudieran seguir ¿qué fue lo que sucedió?

Ahondando más profundamente en lo que les sucedió a los discípulos, vemos que en Isaías 52:14 dice: «Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.», La palabra «Asombraron» usada en este texto, traducida del hebreo original bíblico implica quedar atónito, devastado y desolado.

Psicológicamente, describe un ‘shock cognitivo’. La mente de los discípulos no podía procesar el nivel de violencia («desfigurado») que estaban viendo, incluso todos los sucesos de esa noche fueron un golpe de realidad que no pudieron asimilar.

En el caso de Pedro, el trauma es complejo porque mezcla la violencia externa con el colapso de su propia identidad (pues él juró defenderlo y falló, entonces, se llenó de culpabilidad.). Veamos en Lucas 22:61-62 «Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

¿Cómo nuestro Señor Jesús trata este asunto cuando resucita? ¿cómo restaura a los apóstoles? Lo veremos en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, he sufrido muchas cosas, pero nada se iguala a lo que Jesús sufrió por mí en la cruz, quiero que venga a mi entendimiento y a lo más profundo de mi conciencia, lo que sucedió ese día, porque yo también estuve allí por mi pecado, pero tú, me salvaste cuando yo no lo merecía, gracias por Jesucristo. Amén.



jueves, 8 de enero de 2026

Amor al dinero

 Amor al dinero

“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” Mateo 19:21-24

El amor al dinero es un sentimiento de confianza desbordado por las posesiones materiales, que imposibilita a una persona para servir verdaderamente a Dios, puesto que confían más en ellas que en Dios. Y esto es lo que le sucedió al joven rico cuando el Señor le pidió vender todo lo que tenía, darlo a los pobres y seguirlo a Él; su reacción inmediata fue entristecerse y no creer o confiar en lo que Jesús le decía. Es sorprendente ver la increíble y maravillosa promesa del Señor para él, pues le dijo “Tendrás tesoro en el cielo”, pero el amor de este joven por sus riquezas le imposibilitó servir a Dios y entender aquello tan grande que el Señor le estaba prometiendo.

Lo mismo sucede hoy en día, la vanagloria de tener riquezas y el amor a ellas no nos permite servir a Dios a través de estas, puesto que nos impide tres cosas:

En primer lugar, amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, como lo dice su gran mandamiento en Mateo 22:37-38.

Segundo, reconocerlo como nuestro Dios proveedor, ya que de Él son y provienen las riquezas, la gloria, la fuerza y el poder (1 Crónicas 29:12).

Tercero, dar con generosidad y alegría, porque para esto el Señor nos ha enriquecido (2 Corintios 9:11).

Por esto es que el Señor nos quiere recordar su exhortación con respecto a este tema, dice su Palabra en 1 Timoteo 6:17 “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.   Oración.

«Padre, que la abundancia de tus bendiciones no produzca en mí vanagloria, altivez y amor a ellas; te pido por la gracia de Jesucristo que guardes mi corazón y me permitas en todo tiempo reconocerte como mi Dios proveedor, que me enriquece en todo para disfrutar y compartir. Gracias Señor por tu amor y generosidad, Amén.  


miércoles, 7 de enero de 2026

El misterio transformador

 El misterio transformador

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” , Efesios 4:5-7

¿Qué implica entonces para nosotros que nos sea revelado el misterio de la iglesia?

Nuestro crecimiento, edificación, bendición y propósito dependen de nuestra vida orgánica en la iglesia. No de nuestra vida natural, o en nuestros propios esfuerzos independientes. Nuestro propósito está en la permanencia, dinámica y fluir en la iglesia. Los nutrientes que necesitamos para crecer espiritualmente son impartidos en la iglesia, en una interacción viva y orgánica, por la expresión de la vida de Cristo de nosotros hacia nuestros hermanos y viceversa. No somos estanques, somos ríos fluyendo hacia otros.

En la iglesia se manifiesta el obrar de Dios, pero la iglesia no es algo que nosotros hacemos para Dios, es algo que Dios hace a través de nosotros. La expresión divina manifestándose a través de lo humano, su presencia real en medio de los suyos. Por ejemplo, Salmos 22:22 revela lo que Cristo hace después de su resurrección: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré”; Él mismo, en cada uno de nosotros, su cuerpo alaba al Padre.

Entonces la comunión, es la participación mutua que tenemos todos juntos en una sola vida, la de Cristo; que tiene una mente, la mente de Cristo; un sentir, el de Cristo; un obrar en el cuerpo de la iglesia: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”, Efesios 4:5-7

La comunión no es algo que hacemos, es ‘alguien’ que expresamos. A Cristo. Por esto, debemos ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Efesios 4:3), en mantenernos en unidad, a pesar de las diferencias, estas diferencias están en el alma, pero debemos madurar hasta aprender a mantenernos como nos enseña Romanos 12:16: “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.    Oración.

«Ya no estoy solo Padre, no hay vacío en mi, tú lo llenas todo y provees todo lo que necesito para ser edificado mutuamente con mis hermanos, gracias por que me llamas a permanecer, a vivir con comunión con mis hermanos para que Cristo sea formado en mi, para gloria de tu nombre, amén.  



martes, 6 de enero de 2026

¿Cómo se edifica la iglesia?

 ¿Cómo se edifica la iglesia?

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”, 1 Corintios 14:26

Este es el patrón para las reuniones de la iglesia como lo dice el versículo de hoy en 1 Corintios 14:26, todos interactúan de acuerdo al don recibido, expresando la vida de Cristo en cada uno, para edificación mutua.

Pues la iglesia no es una organización, es decir: no es una estructura social, una empresa, una entidad pública, etc, creada para fines comunes por el hombre.

Y como no es una organización, no tiene una estructura jerárquica, sino que la iglesia cristiana es un organismo vivo, creada por Jesucristo, el Señor y dador de la vida, donde sus líderes la alimentan con su palabra, que es espíritu y vida (Juan 6: 63) a fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (la iglesia): “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13)

Entonces la iglesia es un organismo vivo en el que todos los miembros funcionan orgánicamente de acuerdo a la medida de Cristo, que tiene cada uno; incluso el papel de los pastores y maestros es diferente a las organizaciones del mundo, observemos:

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4).

Los ancianos y pastores colocados en ella, no reemplazan la autoridad de Cristo, sino que cuidan de la “grey” edificando en su función a Cristo en ella: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,” (Gálatas 4:19)

Efesios capítulo 4 nos habla de que Cristo lo llenó todo en todos, y constituyó diferentes funciones en la iglesia para edificación del mismo cuerpo, su crecimiento y edificación: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15-16)

¿Qué ministramos en cada función? cada uno recibe un don de Cristo, para edificar a todo el cuerpo, para que cada miembro crezca, y ¿qué es lo que crece en cada uno? Cristo. Es decir, Cristo está siendo formado en cada creyente, por la acción conjunta de cada miembro, en amor. Si crece Cristo en nosotros crece el fruto del Espíritu Santo. Es necesario por tanto una edificación mutua y un permanecer de cada miembro.

Entonces, la vida comunitaria fluye, orgánicamente, de la vida de Cristo en cada uno de nosotros hacia otros, expresando juntos la vida de Cristo.

¡Maravilloso, fluir de Cristo vivo en cada miembro¡ ¡Esto si es la verdadera iglesia!   Oración.

«Padre, me has colocado en un solo cuerpo, en Cristo, para ser edificado por mis hermanos de acuerdo al don que tú mismo diste a cada uno, para que Cristo sea formado plenamente por la acción de todos los miembros. Una sola fe, un solo Padre, un mismo Espíritu, un solo Salvador que es en todos y por todos. Amén.



lunes, 5 de enero de 2026

El misterio que revelado transforma tu vida

 El misterio que revelado transforma tu vida

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,”, Colosenses 1:26-27

La iglesia, el cuerpo de Cristo, nosotros en él y él en nosotros, como mencionamos ayer, fue un misterio (Colosenses 1:26-27) y fue revelado plenamente a Pablo como lo podemos estudiar detenidamente en los capítulos 3 y 4 del libro de Efesios (Efesios 3:8-10).

Lo que le fue revelado específicamente lo dice en Efesios 3:6: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”. Los gentiles eran en ese contexto, todos aquellos diferentes al pueblo de Israel, que por medio de la fe en Cristo, recibieron la promesa del Espíritu Santo para ser unidos a un solo cuerpo: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6).

Es decir, nosotros, cada uno de los que pusimos nuestra esperanza en Cristo, por medio de la fe, recibimos su gracia, a Cristo mismo (Juan 1:12-13, Juan 1:14). El Padre nos colocó en su Hijo, nos unió a él, para que regresaramos a su seno, como hijos, nos sentó en los lugares celestiales ‘juntamente’ con Cristo: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6).

¿Por qué esta revelación transforma nuestra vida?

Porque ya no somos seres individuales, egoístas, sin propósito.

Porque no es lo que yo hago, es lo que Dios hace a través de mi.

Porque mi realidad no está en mi propia gloria, sino en su gloria.

Porque mi lugar no está aquí en la temporalidad, sino en la eternidad.

Porque no soy lo que el mundo dice que soy, sino lo que Dios dice que soy en Cristo.

Porque no es mi vida, sino la vida de Cristo en mí, hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3)    Oración.

«Padre, somos un cuerpo, siendo muchos miembros, somos uno en Cristo. Tu Espíritu nos enseña y revela tu Palabra, esto es, Cristo en nosotros, en perfecta coherencia con el testimonio de las escrituras, una vida que late dentro de cada miembro, la vida de tu Hijo. Qué maravillosa revelación que transforma mi vida y la de mi familia. Amén. 



domingo, 4 de enero de 2026

El misterio de la iglesia

 El misterio de la iglesia

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” Romanos 12:4-5

El concepto de iglesia, Lo primero que vino a mi mente fue una casa con una cruz encima. Es decir, la imagen de un templo, con puerta grande y una cruz.

Pero el Espíritu me llevó a la escritura a leer en varios pasajes acerca del tema y encontré algo muy diferente; escudriñando en estos pasajes, pude percibir por el Espíritu, que lo que enseñaba la escritura no se acomodaba al concepto que tenía en mi mente; se mostraban en la escritura ejemplos orgánicos:

La iglesia como cuerpo (1 corintios 12), una familia (Efesios 2:19 ), es un templo viviente construido con piedras vivas (1 pedro 2:5), concluyentemente no un edificio físico.

Además, estos pasajes hablan de cómo la iglesia funciona: “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:16), pero todo el crecimiento de los miembros es para que Cristo crezca en cada uno nosotros: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,” (Efesios 4:15)

Entonces, la iglesia es el cuerpo de Cristo, es la forma que tomó Cristo en su resurrección, fue impartido en nosotros; la vida que nos habita, nosotros en él y él en nosotros: “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios” (1 de Juan 4:13-15 )

Cuando me quedó claro por la guía del Espíritu, dándome entendimiento de esta realidad y esta verdad, entonces dibujé una silueta de Cristo y varias personas dentro de él, ‘nosotros en él y él en nosotros’, es la verdad que se nos debe revelar por el Espíritu, para que nuestra realidad sea transformada, para que caiga lo que no es y entonces así emerja lo que es, la vida de Cristo mismo en nosotros.  Oración.

«Padre amado, me salvaste colocándome en tu hijo, su vida eterna en mi, mi habitación eres tú mi Señor, mi lugar de paz, he regresado a tu gloria, a mi verdadera casa espiritual y real, donde todo sucede según tu voluntad, gracias Padre, te alabo y te doy gracias por Cristo, en el poder de tu Espíritu que me revela la verdad de tu iglesia. Amén.