sábado, 1 de agosto de 2026

Comunión

 Comunión

“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” 1 Corintios 1:9

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” 2 Corintios 13:14

Como creyentes, debemos sentir una profunda gratitud por la fidelidad de nuestro Dios, quien nos llama a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor (1 Corintios 1:9). Él nos atrae constantemente con cuerdas de amor, tal como lo expresa Oseas 11:4: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”.

Este amor y fidelidad de Dios se ha manifestado hacia la humanidad desde el principio de los tiempos. Como Padre amoroso, preparó todo para que viviéramos en perfecta comunión con Él, en un lugar especial: el huerto del Edén, descrito en Génesis 2:8: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado”.

Es fascinante notar que, en el hebreo original, “jardín del Edén” se escribe “Gan Eden” (גַּן־עֵדֶן), y al analizar sus raíces, descubrimos el profundo propósito divino: Gan (גַּן) significa huerto o lugar protegido, mientras que Éden (עֵדֶן) evoca delicia, bienestar y una frescura que sacia el espíritu. No se trataba de un simple jardín geográfico, sino del “Jardín de la delicia”, un entorno donde el ser humano podía disfrutar de la satisfacción plena y el gozo inefable de la presencia de Dios, un placer que trasciende todo lo que el mundo pueda ofrecer.

Lamentablemente, la desobediencia humana, nacida de la rebeldía y el orgullo, rompió esta comunión, como consecuencia de la muerte espiritual. Sin embargo, Dios, grande en misericordia y digno de suprema alabanza, tenía establecido un plan glorioso para restaurarnos, así gracias a la obra de su Hijo Jesucristo en la cruz, y por medio de la fe en Él, tenemos nuevamente acceso al Padre.

Por eso, hermanos, la invitación es a recibir la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a disfrutar del amor de Dios; y a permitir que el Espíritu Santo nos guíe, para que volvamos a vivir, desde hoy, en la plenitud de esa comunión con nuestro Padre Celestial. (2 Corintios 13:14).   Oración.

Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme hacia ti por medio de tu Santo Espíritu, ayúdame a disfrutar de la comunión que tu Hijo Jesús restauró. Amén.  



viernes, 31 de julio de 2026

Señor, llévame a tu encuentro

 Señor, llévame a tu encuentro

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” Jeremías 15:19

Para nadie es un secreto que como cristianos cada día somos ampliamente tentados, tentados a salir, desenfocarnos o distraernos de nuestra identidad y realidad espiritual; el mundo, nuestro cuerpo pecaminoso y por supuesto Satanás, están siempre queriéndonos llevar en contra del conocimiento y de la voluntad de nuestro Dios; es una guerra que, por supuesto, en nuestras fuerzas no podemos ganar. Sin embargo, queridos hermanos, es una victoria que ya Jesús en la cruz ganó por nosotros.

1 Juan 2:15-17, nos deja ver que cuando nosotros amamos o preferimos al mundo, así como los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida, que es a su vez los medios que usa nuestro enemigo para tentarnos, es porque el amor del Padre no está en nosotros, pero si no está en nosotros, no es precisamente porque Él no nos lo haya concedido, sino más bien porque nosotros no hemos a él accedido.

¡Ir a la cruz, ir a su encuentro y tomar de su amor!

Jesús, cuando de esta manera fue tentado, estaba preparado, su corazón del amor del Padre había llenado; hoy el Espíritu de Cristo habita nuestro corazón y con el mismo anhelo y fervor que Jesús en aquel tiempo, quiere llevarnos al encuentro de nuestro Papá Dios; si nos arrepentimos, es decir, cambiamos de dirección, y en lugar de ir tras el pecado, vamos hacia donde el Espíritu nos encamina, entonces, dice el Señor: “yo te restauraré, y delante de mí estarás;” El Señor hará que podamos negarnos a nosotros mismos, y del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual nos llenará; su propósito es que donde quiera que estemos y con quien sea que nos estrechemos, a Él siempre reflejemos; ser como su boca transmitiendo su palabra para dar gracia y edificación, convirtiéndose ellos a nosotros y no nosotros a ellos.   Oración.

Papá Dios, sé que por tu fidelidad y el poder de tu Santo Espíritu que habita mi corazón, cada nuevo amanecer me llevarás a tu encuentro, abrirás mis ojos y me concederás la gracia de verte; gracias Cristo Jesús porque conmigo estas y tu victoria sobre el mundo, el pecado y Satanás a cada momento puedo tomar para vivir en la ley del amor y de la libertad, aleluya, amén.  



jueves, 30 de julio de 2026

Recibir a Jesús


Recibir a Jesús
El grito de amor
“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46
El grito del Señor Jesús en la cruz, o lo que la Escritura describe que “clamó a gran voz” es un instante que nos ha de recordar la gran aflicción que su alma sufrió, pero más conmovedor aún es el saber que su aflicción fue para nuestra redención, su alma afligida para que la nuestra fuese redimida (Isaías 53:10-11). Ese grito es el que se debe escuchar en nuestra conciencia espiritual y en toda la creación, pues fue un grito de amor, ese amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:7). Jesús soportó el desamparo en la cruz para que tú y yo experimentemos su paz.
Hermanos, situaciones difíciles, momentos de gran dolor, pérdida, sufrimiento entrega o sacrificio, esos que quizás muchas veces experimentamos por nuestros hijos, o nuestros hermanos, padres, nuestra pareja o hasta por nuestros amigos, han de tener consuelo, esperanza y también fortaleza, en el dolor, entrega y sacrificio que Jesús padeció por nosotros en la cruz. Aquel grito debe retumbar en todo nuestro ser, pues nadie ha sufrido, ni sufrirá como Él, la copa de la ira Santa de Dios, para que nosotros fuésemos herederos de su amor.
Amados, el amor de Dios, por el Espíritu Santo, ha llenado nuestro corazón y no hay nada en nuestra alma que no encuentre su suficiencia, satisfacción y plenitud en su incomparable amor; como dice su Palabra en Efesios 3:19, conocer el amor de Cristo nos llena de toda la plenitud de Dios. De manera que, en esas situaciones que sintamos desfallecer o no poder, que quizás son demasiado fuertes para nosotros, recordemos el grito de amor de nuestro salvador, que retumbe en nuestro ser de modo tal, que avive nuestro corazón y podamos experimentar y expresar cómo realmente el amor de Dios, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta, y que aún así, se vive en completa paz y esperanza.   Oración.
Señor, cuando estoy triste, cuando siento que no tiene sentido la vida, pero me recuerdas la cruz, viene a mi mente tu grito de amor y me lleno de tu amor, me despierto del sueño y voy a mi verdadera realidad, la plenitud de Jesús en mí. Que tu Espíritu me recuerde y revele ese sacrificio eterno, ese día, ese grito, que retumbe en mi corazón y me coloque nuevamente en tu voluntad, en Cristo Jesús, amén.  


miércoles, 29 de julio de 2026

La fuerza de su Espíritu

 La fuerza de su Espíritu

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”, Efesios 4:22-24

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”, Romanos 15:13

Muchas veces decimos ‘no es en nuestra fuerza’, pero lastimosamente, luchar en nuestra fuerza es lo que por defecto buscamos para hacer todo.

Oramos al Señor entregando alguna situación que nos desborda, pero salimos de la oración y resolvemos en nuestras propias capacidades, entendimiento o independencia.

Los creyentes debemos reflexionar profundamente en qué mente operamos, pues esto define el fruto y el resultado, pues todo creyente ha recibido la mente de Cristo, para ser guiado a cambiar su manera de pensar y como consecuencia, actuar de manera diferente. (Romanos 12:2, 1 Corintios 2:16)

Entonces, actuar no en nuestras fuerzas, sino en el poder de su Espíritu, depende de la naturaleza en que obramos, o en qué ámbito nos movemos, si en la vieja naturaleza heredada de Adán, o en la nueva naturaleza en Cristo, (Efesios 2:3, Efesios 4:22-24).

Observemos que el pasaje de Efesios 4:22-24, nos dice que nos despojemos de esa vieja naturaleza o viejo hombre y tomemos el nuevo, con una clave en el versículo 23: “renovaos en el espíritu de vuestra mente”. No confiar en nuestros propios pensamientos no significa renunciar a la razón, sino que sabiendo que nuestro corazón (que incluye nuestros pensamientos) es por naturaleza engañoso y perverso, no confiamos en él (Jeremías 17:9), sino que nuestra confianza es en Cristo mismo, haciendo de manera práctica lo siguiente: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).

Pueden llegar pensamientos de desesperanza, que provocan ansiedad, o pensamientos de temor, incertidumbre, incluso de nuestros propios deseos malos, o malos pensamientos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos, sino que en el poder de su Espíritu, por medio de la fe en lo que Dios dice, llevamos todo pensamiento a que se someta a la verdad que nos habita, a Cristo, derribando así toda mentira que nos esclaviza y permitiendo que el gozo y la paz abunden en nosotros. (Romanos 15:13)

En conclusión, es una batalla que si bien es espiritual y se enfrenta con armas espirituales, en el poder de su Espíritu, nuestra mente juega un papel determinante; como una puerta de entrada, pues los pensamientos moldean ideas y estructuran la creencia; la creencia es determinante en lo que finalmente hacemos. (Proverbios 23:7a, 2 Corintios 4:13).   Oración.

Padre, la confianza que me has provisto en Jesús, en su obra maravillosa de salvación, me da la certeza que no me dejas ni me abandonas, porque él sufrió el abandono en la cruz para pagar por mis pecados, para que nosotros los creyentes experimentemos su amparo, protección por la fuerza de su Espíritu.  



martes, 28 de julio de 2026

Estad quietos

 Estad quietos

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” Salmos 46:10

“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” Salmos 42:5

Las circunstancias de la vida las podemos vivir en el alma, en nuestro propio esfuerzo, o en el Espíritu, en el poder de Dios. Y la enseñanza espiritual que como espada que discierne y divide el espíritu y el alma, es la que el Señor quiere que tomemos.

El Espíritu Santo nos enseña a discernir entre andar en el alma o en el Espíritu. El precio de andar en el alma es desespero, angustia, estrés, fatiga, situaciones que se ven triviales, pero nos pueden llevar a los límites; necesitamos por tanto, permanecer en la gracia de Dios para ser dotados extraordinariamente como dice 1 Corintios 15:10 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

Permanecer en la gracia significa, menos de mi esfuerzo personal, de mis obras, y más confianza en el Señor; menos de pensar en nosotros mismos y más en fijar nuestra atención en la obra de Cristo; menos afán, más reposo, en Salmos 46:10, nos dice “estad quietos” y no se trata de que no soy diligente, ni quedarme en un estado de letargo, es confianza plena; donde aquieto mi alma, el espíritu se expresa; donde detengo mi autosuficiencia, Cristo se manifiesta. La vida del Espíritu comienza con aprender a aquietar el alma, a calmar las emociones, a someter la mente, a rendir la voluntad, a esperar, a discernir y a reposar en Cristo.

Estad quietos en el alma, pero dinámicos en el Espíritu como lo dice el salmo 131:2 “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma” acallar nuestra alma acudiendo a la voz del Espíritu; aquietar nuestro afán, en el reposo de Cristo, dejar de buscar en nosotros e ir a satisfacernos en la provisión de Dios.   Oración.

Padre, gracias por tu manifestación en mi vida; gracias porque cuando te espero, Tú siempre llegas, eres oportuno, llegas a tiempo; gracias por enseñarme a esperar y a través de ello ver tu fidelidad; gracias porque Tú siempre eres bueno y eres fiel, Señor, amén.  



lunes, 27 de julio de 2026

Servir para crecer

 Servir para crecer

“sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Efesios 4:15-16

Cuando nosotros nacemos de nuestra madre, es decir, a la vida física, ésta inmediatamente inicia una etapa de crecimiento muy importante, pues es necesario para la madurez de cada sistema que compone nuestro cuerpo, el digestivo, inmune, circulatorio, muscular y demás; si no se crece adecuadamente hay riesgo de infecciones, hemorragias, debilidades, enfermedades y otros tantos problemas de salud.

Lo mismo pasa con nuestra vida espiritual, esa que hemos recibido cuando le abrimos la puerta de nuestro corazón a Jesús, y creemos en Él como Señor y Salvador; es urgente, es de inmediato que debemos empezar a crecer y madurar, pues el gran peligro de que nos mantengamos como niños en este conocimiento es que fácilmente podemos ser engañados y sacados de la verdad, de la verdadera piedad, de la gracia, la libertad y sobre todo la voluntad y el propósito de Dios para con nosotros, Efesios 4:14 dice “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,”

Y, ¿cómo crecer? El pasaje principal del día nos guía así:

El cuerpo de Cristo, que somos nosotros, su iglesia, crece cuando permanece unido, esto es, cuando hay hermandad, congregación y amor (Efesios 4:1-4, Salmos 133).

El cuerpo crece cuando cada miembro ministra, sirve o participa en su congregación con el don que le ha sido otorgado, Efesios 4:7 dice “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.”

Hermanos, habitar en comunidad y disponer nuestra vida para ser buenos administradores de la gracia de Dios, ministrándola a los otros en el poder y dependencia del Señor, hará que tengamos ese crecimiento espiritual tan importante y necesario.   Oración.

Padre, que por el poder de tu Santo Espíritu que opera en mí por la fe, me lleve a dejar todo temor, pereza o negligencia que puedan estar estancando mi crecimiento espiritual, pues sé que tu voluntad es que, todos fervientes en espíritu, sirvamos al Señor, amén.    



domingo, 26 de julio de 2026

Reflejando su gloria

Reflejando su gloria

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

Cuando vemos a Jesús, contemplamos su hermosura, la hermosura de su santidad y su gloria, pero mejor aún, cuando vemos que todo eso tan bonito lo extiende hacia nosotros, entonces somos transformados. La gracia, el perdón, el amor, la misericordia; su riqueza, fortaleza, comprensión, compasión, ternura; su paz y toda su bondad derramada en nuestra vida, nos llena de tal modo que ya no hay espacio para la guerra, la venganza, el rencor, la envidia, el odio, la dureza, la imposición y todo aquello que sea contrario a Él.

Hermanos, si de estrategias habláramos para cambiar de nosotros todo lo malo, seria esta que nos revela nuestro Señor, 2 Corintios 3:18 nos dice que, nosotros todos, mirando claramente al Señor como en un espejo, su gloria, entonces somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la obra poderosa y perfecta del Espíritu Santo. No se trata de hacer buenos propósitos, de intentar mejorar para alcanzar la bendición, de proyectar un aparente y bonito cambio externo, pero por dentro estar sucios y simplemente resistiendo.

Realmente, fijarnos en nosotros mismos o en las debilidades de los otros, sólo producirá en nuestro corazón, enojo, frustración, desesperanza y depresión. Somos seres humanos viles e infectados por el pecado, y nuestra única cierta esperanza es que Cristo crezca y se refleje en cada uno de nosotros. De manera que, amados hijos de Dios, es momento de dejar atrás las diferentes y tradicionales “técnicas” para intentar ser buenos o ser mejores personas, es tiempo de mirar y fijar nuestra vista en el único que es realmente bueno, conociendo y creyendo que habita en nuestro corazón, y que a medida que le contemplemos, viendo su manifestación de gracia y de gloria sobre cada uno de nosotros, entonces simplemente siendo de Él llenos, todas esas virtudes gloriosas genuinamente en nosotros, por el poder de su Espíritu se evidenciarán.    Oración.

Padre, en tu Hijo Jesucristo, hoy te pido que quites de mi vista todo velo que no me está permitiendo ver la gloria de Cristo Jesús en mi vida; concédeme la gracia, de verle, contemplarle y adorarle para que entonces en ese cara a cara, mi vida de tu gloria sea llenada y por tu Santo Espíritu, evidenciada, ¡Amén, Aleluya!   




sábado, 25 de julio de 2026

Edificando con propósito

 Edificando con propósito

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” Mateo 7:24-25

Podemos ver a lo largo de las Escrituras, las diferentes formas o diseños que Dios ha dispuesto para que nosotros los llevemos a cabo en las diferentes áreas de nuestra vida; diseños para nuestra vida personal, matrimonial, familiar, relaciones sociales, asuntos laborales, entre otros. Estos diseños, por supuesto, siempre tienen como centro y piedra fundamental a nuestro Señor Jesucristo. La idea es edificar en Él.

Sin embargo, siendo esto considerablemente importante, lo esencial que Dios quiere que conozcamos, es precisamente el propósito por el cual Él quiere que lo hagamos así, y es justamente que el anhelo de su corazón es, habitar en medio de nosotros, Él anhela estar, permanecer e ir con nosotros siempre (Juan 14:16-18, Mateo 28:20).

Hermanos, los diseños que Dios ha dispuesto, junto con el anhelo de habitar en medio nuestro, sólo nos dejan ver el gran amor y la grande misericordia que desde antes de la fundación del mundo, Él se había propuesto para con nosotros en su Hijo Jesucristo (Efesios 1:3-7), por ello, vemos al Señor Jesús enseñando que un hombre prudente y bienaventurado es aquel que edifica su casa o su vida con base en lo que Él nos dice.

Sucede que muchas veces, el motivo por el cual no edificamos en nuestra vida conforme al diseño y propósito del Señor, es porque ignoramos lo que Él nos enseña a través de su Palabra, otras tantas, simplemente porque nos cuesta ir en contra de nuestra propia sabiduría; pero, queridos hermanos, no por esto debemos rendirnos o tirar la toalla en ninguna área de nuestra vida, pues para el Señor no hay limitación o debilidad en la que Él no pueda obrar; por ello, nuestro deber es confiar, aferrarnos a Él e insistentemente orar conforme nos revela Hebreos 13:20-21, pidiendo que, por la sangre de Jesucristo, sea Dios mismo haciéndonos aptos para toda obra buena para hacer su voluntad, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él, por Jesucristo, a quien pertenece la gloria por los siglos de los siglos.   Oración. Padre, que tu Presencia, la cual mora en mí solo por la fe en tu Hijo Jesucristo, la pueda disfrutar en intimidad, en comunión y adoración, haciendo Tú mismo en mí lo que es agradable delante de tí, esa persona que refleje completamente tu gloria, por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén. 


 

viernes, 24 de julio de 2026

Final Feliz

 Final Feliz

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:16-18

Pasamos por situaciones o épocas, en nuestra vida, en las que quizás padecemos alguna afectación física, nuestros hijos parecen no avanzar, crecer, madurar o fortalecerse, nuestro esposo o esposa pareciera no valorarnos o no darnos el lugar que nos corresponde y quizás también algún asunto laboral, familiar o algún proyecto emprendido no está resultando de la manera que pensamos o esperamos. Puede ser que en estos momentos dudemos si en verdad Dios está de nuestro lado, si de verdad nuestra vida está en sus manos.

Sin embargo, amado hermano, las dificultades, las pruebas, la escasez, el desierto, la enfermedad y todo aspecto que tiene que ver con nuestra vida temporal, debemos saber que son tan solo los medios que nuestro Padre Fiel utiliza para manifestarnos lo eterno. Orar sin cesar, estar siempre gozosos y dar gracias en todo, son la clave que el Señor hoy nos quiere recordar para que no nos encerremos en nosotros o en lo pasajero, sino que, en fe recurramos siempre a Él y en esa actitud de total confianza, reposo, gratitud y adoración, por su revelación, encontremos la paz para continuar, estando seguros que Dios con nosotros está y que sus planes son siempre de bien y no de mal (Filipenses 4:6-7, Hebreos 11:6, Jeremías 29:11).

Recordando también que, mientras tengamos vida, la esperanza sigue viva, y que el amor debe ser nuestro motor; ese amor que Dios ha derramado en nuestro corazón y que en el poder del Espíritu Santo podemos manifestarlo a nuestros hermanos (1 Corintios 13:13, Romanos 5:5, 1 Corintios 13:4-7).   Oración.

Padre, gracias porque en Cristo Jesús me has adoptado como tu Hijo, y es un hecho que no tiene regreso; es así mismo un amor del cual nadie me puede separar; gracias Señor porque si aún no nosotros somos infieles o hijos pródigos, tu bondad nunca nos dejará, en Cristo Jesús, amén.



jueves, 23 de julio de 2026

Los pensamientos de Dios sanan

 Los pensamientos de Dios sanan

"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." Isaías 26:3

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33

La depresión, el estrés y la ansiedad son consideradas las grandes epidemias de salud mental del siglo XXI. Algunas de las causas que han aumentado estas patologías se deben a estilos de vida frenéticos, el uso inapropiado de la tecnología, la inestabilidad laboral y la inseguridad social. Estas enfermedades se vieron agravadas tras la pandemia del COVID-19, afectando a millones de personas mundialmente.

Cuando vemos de una manera integral nuestro ser, nos damos cuenta que el principal problema que conlleva a la depresión, el estrés y la ansiedad, radica en la forma de pensar, debido a que cuando albergamos los pensamientos equivocados terminamos teniendo sentimientos desequilibrados y por lo tanto finalizamos haciendo cosas que acaban afectándonos. En el ámbito espiritual, una forma de pensar equivocada nos puede llevar a vivir en la carne, lo cual termina conduciendo al pecado y a la culpa.

La buena noticia es que en Cristo Jesús podemos encontrar la solución verdadera a estos problemas, pues Él nos da su mente, un nuevo corazón y una nueva vida, y por medio de la comunión del Espíritu Santo empieza a renovar nuestra manera de pensar combatiendo los pensamientos equivocados con los pensamientos de Dios.

De esta manera, con los pensamientos de Dios revelados en su Palabra, podemos tener claridad de nuestro origen, encontrando identidad, pues en Cristo somos hechos hijos de Dios, se nos revela que somos el resultado del amor de Dios, de un plan maravilloso que nos trae salvación, perdón de pecados y vida eterna. Lo cual nos lleva a tener paz, pues si perseveramos y creemos en estos pensamientos, promete Dios que así lo hará (Isaías 26:3). También encontramos propósito, y podemos tener calma, sabiendo que Dios es quien cuida de nosotros, nos provee, nos capacita, nos forma y nos lleva al lugar donde quiere que estemos, (Filipenses 1:6, 1 Pedro 5:10) y finalmente encontramos seguridad para nuestro futuro pues con Cristo ya tenemos un lugar en la casa celestial de Dios (Juan 14:2-3, Efesios 2:6).

Así que hermanos creamos en las palabras de Jesús, y confiemos, perseverando en los pensamientos de Dios, que traen paz, pues su paz y sus promesas son suficiente para combatir la depresión, el estrés y la ansiedad.    Oración.

Espíritu Santo, recuérdame las promesas que tengo en Cristo Jesús, y ayúdame a perseverar en ellas, creyéndolas, que tu paz inunde todo mi ser. Amén.   



miércoles, 22 de julio de 2026

La muerte que nos trae vida

 La muerte que nos trae vida

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5:14-15

Siempre escuchamos que Cristo murió por nosotros, por nuestros pecados; esta es una verdad esencial del evangelio. Pero también es igualmente cierto y determinante saber que morimos juntamente con Él. Esta es la explicación de por qué tenemos una nueva vida, porque cuando creímos en Cristo, participamos de la muerte del Cordero, se cumplió la pascua en nosotros; esta nueva vida se hace realidad cuando estamos en Cristo, fuimos colocados por el Padre Amado en la muerte de su Hijo, y juntamente con él fuimos resucitados para vida nueva. (Romanos 6:6, Efesios 2:5-6, )

Y el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu, nos impulsa, como un poder que actúa en nosotros, para experimentar la realidad de su muerte, y dejar que la expresión del Hijo resucitado se manifieste en nosotros.

Este amor, nos impulsa también a vivir no para nuestro fines, sino para Él, no vivimos por una causa loable, sino por una persona perfecta que nos habita. No vivimos por algo, sino por alguien. Él debe ser la causa que nos anime a levantarnos cada mañana, pero no nos levantamos con la actitud de decir, “ahora sí, Señor, te voy a cumplir en todo”, pues la vieja naturaleza no puede, sino que debemos llevar su muerte en todo lo que pensamos y hacemos, para que se active Su vida. Hermanos, que la revelación diaria del incomparable y eterno amor de nuestro Dios, constriña nuestro corazón llevándonos a morir a nosotros mismos y a vivir en esta nueva vida de plenitud, abundancia y eterno propósito.   Oración.

Padre, que la verdad viva y poderosa que me revelas por medio de tu Palabra, por el poder de tu Santo Espiritu la pueda experimentar en mi vida; llename Señor, y concédeme la riqueza de no vivir para mí, sino para aquel que muriendo me liberó de la esclavitud del pecado, y resucitando me ha concedido una vida y propósito eterno, vivir en Cristo, por Cristo y para Cristo, amén.  



martes, 21 de julio de 2026

Destruyendo el molde

 Destruyendo el molde

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Por medio de la fe en Cristo, el Padre nos traslada de Adán a Cristo, otorgándonos una nueva naturaleza; nos da su gracia, que es Cristo mismo y con Él todas las cosas; esto incluye la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Es decir, Dios nos otorga la capacidad de entender su Palabra, sus designios y principios a través de la mente de su Hijo en nosotros, que revela a nuestra alma, todo lo que Él quiere que sepamos y experimentemos, para que seamos transformados, pues no es simplemente un conocimiento intelectual sino una comunión íntima, de adentro hacia afuera. (Filipenses 2:13, Efesios 3:20)

Teniendo presente que, la mente de la naturaleza adámica no puede entender las cosas de Dios, pues estas se han de discernir espiritualmente, el Espíritu Santo nos las trae a nosotros para que sepamos lo que el Padre nos ha concedido en su Hijo (1 Corintios 2:10-16).

Pero la parte que nos corresponde, es no conformarnos o no dejar que el mundo moldee nuestro pensamiento. No permitir que el mundo nos inyecte la mentira destructiva del maligno, llevándonos a fijarnos o quedarnos entretenidos con las cosas temporales. Aquellas que buscan en todo momento alimentar y activar nuestros propios deseos y pensamientos pecaminosos a través de los sentidos, llevándonos a actuar independientemente de Dios, repitiendo así el ataque del maligno ocurrido en el Edén (Génesis 3:1-6).

No es dejar de usar la razón ni la lógica, sino someter a la cruz nuestra inteligencia, llevando cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo y se alinee con la realidad eterna, destruyendo el molde de la antigua naturaleza que el mundo incita, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).   Oración.

Padre, gracias porque me has dado la mente de tu Hijo, y con ella poder entender tu Palabra y todo lo que me has concedido; gracias porque por medio de este conocimiento revelado en intimidad y comunión transformas mi vida por completo, te alabo y te bendigo, en tu Hijo Jesucristo, amén. 



lunes, 20 de julio de 2026

Fortaleza en la prueba

 Fortaleza en la prueba

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15

Emociones, sensaciones, sentimientos o pensamientos tan fuertes que nuestro cuerpo los termina manifestando de alguna manera, como por ejemplo, aceleraciones del corazón, boca seca, hormigueo, nerviosismo, tensión muscular, sudoración excesiva, entre otras. El hecho de pensar en algo que quizás puede pasar, en algo que quiero o deseo profundamente, de pronto imaginarnos qué sería de nuestra vida sin algo o alguien o también en algo que sé que me espera, pero que poco quiero, son, sin duda alguna momentos difíciles, pero que, en Cristo tenemos no solamente el ejemplo, sino también la fortaleza para resistir y superar.

En primer lugar, la Escritura nos dice, que no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino, uno que fue tentado en todo, pudiendo así entender y mejor aún, compadecerse de nuestras situaciones. En el caso del Señor Jesús, su momento angustiante, aquel en el que se encontró triste aún hasta la muerte y en el que su sudor era como grandes gotas de sangre, fue justo antes de ir a la cruz. Por la oración que Él le hace al Padre, entendemos que prefería no pasar por esa circunstancia tan difícil, pues dice “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Mateo 26:39.

Hermanos, el Señor Jesús mora en nuestros corazones por su Santo Espíritu y, en situaciones así, Él también nos conduce hacia momentos de intimidad en oración, donde con toda la libertad y confianza le podemos expresar al Padre todo aquello que pensamos y sentimos; de modo que, la invitación es a que, en esos momentos de tanta presión, no intentemos superarlos o resistirlos en nuestras propias fuerzas, pues si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, acercándonos al trono de la gracia, hallaremos el oportuno socorro (Hebreos 4:16); la Escritura testifica en el caso del Señor Jesús que “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” (Lucas 22:43)    Oración.

Padre, gracias por tu Palabra donde me muestras tu gracia; gracias por el regalo de habitar en mí por tu Espíritu, y gracias porque esa gracia la puedo experimentar en mi vida por la revelación y el poder de tu presencia, amén.  



domingo, 19 de julio de 2026

Él es tu vida

 Él es tu vida

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.”, Génesis 2:9

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” Apocalipsis 2:7

En el libro de Génesis, se da testimonio del árbol de la vida, que representaba la vida eterna, (Génesis 3:22). El hombre escogió el árbol de la ciencia del bien y del mal, que representaba el rechazo del hombre hacia Dios y como consecuencia la muerte.

Pero Jesús nos fue dado por el Padre como regalo inmerecido, para restaurar la condición inicial y volver a la gloria de Dios, Él es el árbol de la vida, la vid verdadera (Juan 15:5), a la que fuimos vinculados o incrustados para tomar de su sabia.

Para entender en mayor profundidad el concepto de “vida eterna” o la vida que nos da Cristo, recordemos por tanto que en el Nuevo Testamento, los autores distinguen entre diferentes tipos de vida: Bios, vida física o biológica, Psuche, vida del alma, personalidad o intelecto y Zoe, la vida increada, eterna y divina de Dios.

Entonces, el pasaje de Juan 1:4-5, define a Jesús como la fuente original de esta vida divina que ilumina a la humanidad. Y el Señor Jesús nos toma para él para darnos esa vida superior: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”, Juan 10:28

En Apocalipsis 2:7, El señor promete el derecho de “comer del árbol de la vida (Zoe)”. Aquí, el fruto del árbol es el acceso final y eterno a esa Zoe que estaba en Jesús desde el principio, pero, simbólicamente, significa participar de Cristo mismo.

Para aclarar algo importante, en Juan 10:10, nuestro Señor Jesús declara que vino para que tengamos vida (Zoe) en abundancia, pero esto no se refiere a bienes materiales, éxito o abundancia de bienes, sino a la plenitud de la naturaleza divina de Dios en el creyente, pues en Cristo lo tenemos todo y estamos completos en él (Colosenses 2:10)

En conclusión, Cristo es la fuente de la vida (Juan 1:4), el sustento (Juan 10:10), y la restauración de la vida (Apoc 2:7, Apocalipsis 22:2), pues el acceso al árbol se perdió en el Edén, pero se recupera a través de Jesús (la Zoe personificada), quien permite al ser humano volver a participar de la naturaleza de Dios.    Oración.

Padre, cuan inmenso amor, me permites ahora participar de la vida eterna desde el momento en que creí en Jesús, cuando puse mi esperanza en el único que es mi camino, y mi verdad y mi vida, que me llevó a ti y me dio nueva vida por el poder de tu Espíritu. Amen. 



sábado, 18 de julio de 2026

Actuando según la sabiduría espiritual

 Actuando según la sabiduría espiritual

“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Santiago 3:17

Hay momentos en nuestra vida que parecen más grandes que nosotros. Sentimos que nos sobrepasan, pero en esta oportunidad no nos estamos refiriendo a esos grandes y preocupantes escenarios donde nuestra vida tiende a cambiar por completo de un momento a otro, sino más bien a esos pequeños e intensos momentos donde con nuestro prójimo sentimos fuerte enojo, frustración, desesperación, impaciencia, dolor emocional, entre otros.

En esas ocasiones, sin duda, lo primero que viene a nuestra mente y lo que deseamos en nuestro corazón, es actuar según nuestra naturaleza carnal, que nos impulsa a reaccionar con ira, gritería, ofensas, imposición, división y todo lo que a la sabiduría humana y terrenal se refiere; sin embargo, como hijos de Dios, en nosotros también está la nueva naturaleza, es decir, la de Cristo por su Espíritu (Gálatas 2:20, Romanos 8:9).

Gálatas 5:16 nos exhorta de la siguiente manera “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”

Andar en el Espíritu, por supuesto es actuar según la sabiduría que viene de lo alto, pero que claramente no tenemos en esos momentos; sin embargo, el Señor en Santiago 1:5 nos dice “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” De manera que, queridos hermanos, por más agobiantes que parezcan aquellos instantes de nuestra vida, el poder del Espíritu Santo siempre es mayor y está a nuestro alcance con una sincera oración, para que conforme nos exhorta el Señor en Romanos 8:13, por el Espíritu, hagamos morir las obras de la carne, y podamos así actuar según la sabiduría espiritual.    Oración.

Padre, gracias por la presencia continua y para siempre de tu Santo Espíritu en mí; gracias porque sé que es por su poder y obrar, que en todo tiempo puedo hacer morir las obras de la carne y actuar según la sabiduría celestial, amén. 



viernes, 17 de julio de 2026

Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

"Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios." Ezequiel 11:19-20

En Cristo Jesús, la promesa dada al pueblo de Israel en Ezequiel 11:19-20 se extiende a todos los creyentes. Esto es maravilloso, ya que por gracia, al creer en Jesucristo, no solo recibimos el perdón de los pecados, la salvación y la vida eterna, sino también un corazón nuevo.

Este nuevo corazón que se nos otorga por la gracia divina posee la extraordinaria capacidad de andar en las ordenanzas de Dios, guardar sus decretos y cumplirlos. Esto es posible porque este corazón es sensible a la Palabra encarnada, el Verbo de Dios (Juan 1:1, 14). Por lo tanto, Jesús, quien se revela a través de la Palabra Escrita y vive ahora en nosotros, hace que esa Palabra viva, actúe en nuestra vida por medio de este nuevo corazón, que es espiritual, gracias a la obra del Espíritu Santo. De esta manera, el anhelo de Dios de que tengamos “el mismo sentir que hubo en Cristo” se vuelve posible. Esto debe impulsarnos a obedecer, despojándonos del viejo hombre viciado para revestirnos del nuevo, “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad,” para alcanzar el propósito para el cual Dios nos creó (Filipenses 2:5-8).

Por lo tanto, al tener el nuevo corazón, y gracias a la obra del Espíritu Santo, podemos obedecer. Los mandamientos de Dios ya no son ordenanzas externas, sino el mismo sentir de Cristo latiendo en nuestro interior, por eso el apóstol Pablo declara 2 Corintios 3:3-6: “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Así que hermanos, pidamos a Dios que, con este nuevo corazón, aprendamos a vivir cada día en el Espíritu.    Oración.

Padre Dios, gracias por el nuevo corazón que me has dado, donde están escritos tus mandamientos para ponerlos por obra, lo que me lleva a vivir en el Espíritu. Amén.



jueves, 16 de julio de 2026

Viviendo el ámbito espiritual

 Viviendo el ámbito espiritual, 

“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” Efesios 2:5-6

Cuando se habla de ámbito, se está hablando de un espacio comprendido dentro de límites determinados, pero también se utiliza para referirse al entorno o contexto donde algo se sitúa, se desarrolla o se aplica. Es decir, la realidad en la que nos movemos.

Si bien es cierto que vivimos una vida física, en un ámbito material-natural, que la Biblia llama “carnal”, Dios por revelación nos dice que también existe un ámbito o realidad aún más prioritario y mucho más determinante: El reino de Dios, el ámbito espiritual.

El ámbito natural donde vivimos también incluye nuestros pensamientos, emociones y voluntad, propia del hombre, nuestra alma, la cual se acostumbró a andar en ese ámbito terrenal; por ejemplo, las emociones nos pueden llevar a entender o ver algo que no es, o estar ciegos, como nos explica 2 Corintios 11:3 “​​Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” Pero, cuando creímos en Cristo, Dios nos trasladó de una realidad carnal-natural a una realidad nueva, espiritual, en Cristo, como dice Colosenses 1:13 : “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.

De manera simple podemos decir que, para pasar del ámbito natural al espiritual en cualquier circunstancia de nuestra vida, lo que hemos de hacer es precisamente no proceder según nuestra carne, pues aunque andamos en la carne, no debemos militar según la carne (2 Corintios 10:3), sino, llevar de manera intencional lo natural a lo espiritual, tal como se nos exhorta en 2 Corintios 10:5 que dice “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,”   Oración.

Padre, me has dado vida eterna colocándome en tu Hijo, llevándome a los lugares celestiales juntamente con Él, guíame a ser consciente de esta nueva y verdadera realidad y así expresarla en mi vida diaria, en amor, para gloria de tu nombre, amén.



miércoles, 15 de julio de 2026

Cuando dudamos

 Cuando dudamos

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio,” Hebreos 3:12-14

Hemos sido llamados, escogidos y participantes de Cristo; se nos ha dado seguridad, propósito y esperanza; hemos disfrutado de la gracia, misericordia y el amor incondicional del Señor, pero a pesar de todo, cuando llega la tentación, la prueba o los momentos difíciles, nos queremos apartar, nos ponemos a pensar y dejamos de orar.

El pecado, como dice Hebreos 3:13, es un engaño; engaño en el cual podemos caer o nos puede hacer resbalar; dudamos, cuestionamos y vagamos en nuestro corazón comparando las aparentes delicias, la gloria o las recompensas del pecado con la situación o circunstancias en las cuales nos tiene Dios de manera temporal y con propósito. Nos hacemos semejantes a la actitud del pueblo de Israel, pues habiendo sido libertados de la esclavitud de egipto y dirigiendose a la tierra prometida, teniendo que pasar por un desierto de unos pocos dias, se quejaban, dudaban, murmuraban y hasta querian regresar a su anterior condición.

Hermanos, contrario a la actitud de pecado por la que optó el pueblo de Israel en la travesía por su desierto, nuestro Dios hoy nos quiere exhortar a que nos humillemos ante Él, que optemos por una actitud de humildad, fe, gratitud, gozo y oración para que nuestro corazón no se endurezca por el engaño del pecado ni haya en nosotros incredulidad; recordando así mismo que: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” 1 Pedro 5:10.   Oración,

Padre, que la tentación, la prueba o la dificultad no me hagan dudar u olvidar del verdadero gozo, plenitud y delicias que se encuentran a tu diestra y en tu presencia; no permitas que nada de este mundo ni aun mi carne, me alejen de ti, ni me desvíen de tu voluntad; confio y te doy gracias porque así lo has hecho y lo seguirás haciendo por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén. 



martes, 14 de julio de 2026

A la manera de Dios

 A la manera de Dios

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

La voluntad de Dios, como nos dice el versículo de hoy, es buena, agradable y perfecta. Todo el diseño de Dios para con la humanidad, en sus distintas áreas, es simplemente bueno; sin embargo, esto no logramos disfrutarlo en su plenitud debido a que nos hacemos sabios en nuestra propia opinión, dando más crédito e importancia a lo que el mundo cada día nos va exponiendo como aparentemente bueno, agradable y perfecto.

Se enseña actualmente a seguir lo que nuestro propio corazón nos dicta y a dejarnos llevar por aquello con lo cual nos sentimos a gusto y que a nuestros ojos es bueno o está bien. Sin embargo, lo que el Señor nos dice es “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.”, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Proverbios 3:5-6, Jeremías 17:9.

Hermanos, la confianza en Dios, estando atento nuestro oído a su Palabra y dispuesto nuestro corazón a su dirección, es el tiquete seguro para comprobar en nuestra vida lo que es verdaderamente bueno, agradable y perfecto. La primera y más importante decisión es la de permitir que Jesús, por su Espíritu, habite nuestro corazón, pues una vez Él more en nosotros, tendremos la revelación, el entendimiento y la capacidad para conocer y hacer la voluntad de Dios; para ello, por supuesto, es igual de importante pedirle al Señor, nos lleve hacia lugares, y personas donde fielmente lo podamos escuchar a través de su Palabra.   Oración.

Señor, hoy reconozco tu Deidad y Majestad, Tú, el único y verdadero Dios; Señor anhelo que seas tú quien dirija mi vida y se siente en el trono de mi corazón, te pido que hagas de mí tu morada, y que por tu Santo Espíritu guies mis pasos cada mañana concediéndome la sabiduría para decidir y actuar según tu buena, perfecta y agradable voluntad, en el nombre de Jesús, amén. 



lunes, 13 de julio de 2026

El Unigénito primogénito

 El Unigénito primogénito

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” Juan 1:18

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16

La palabra griega para “unigénito”, usada en Juan 1:18 y Juan 3:16, por el estudio del griego en que fue escrito el nuevo testamento, demuestra que proviene de “genos”, que significa “clase”, “especie” o “género”. Entonces, la traducción precisa es “único en su clase”, “singular” o “exclusivo”.

el ejemplo clave que asevera este significado está en Hebreos 11:17: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito”. A Isaac se le llama el “monogenēs” de Abraham. Sabemos que Abraham tenía más hijos (Ismael), pero Isaac era el único en su clase: el hijo singular de la promesa dada por Dios.

Cristo Jesús, es único en su especie, es eterno con el Padre, y la unión a Él es completamente única y sin igual. Él es el único que comparte la misma naturaleza divina del Padre y que lo dió a conocer. Cristo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia (Juan 1:18, Hebreos 1:3). Pero Cristo se hizo hombre y se hizo también el primogénito.

En la décima plaga, para que el primogénito de Israel no muriera, una vida tenía que tomar su lugar: la de un cordero perfecto, sin defecto. Cristo se convierte en nuestro primogénito (Prōtotokos) para salvar a los primogénitos, que es la iglesia, descrita en Hebreos 12:23 como “la congregación de los primogénitos”, el representante legal debía pagar la deuda. El Unigénito se hizo Primogénito para morir como el cordero de pascua y rescatarnos de la muerte espiritual.

Hermanos, que el Santo Espíritu de Dios, concediéndonos la revelación del grandioso, precioso e inigualable amor de Dios para con nosotros en su Unigénito, nos lleve a amarle viviendo en la libertad y nueva vida que Cristo en la cruz nos otorgó.