viernes, 23 de enero de 2026

¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi propósito?

 ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi propósito?

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” Colosenses 3:2-4

Estas preguntas son fundamentales, pero muy poco nos ocupamos en resolverlas.

La psicología responde a estas preguntas enfocada, por supuesto, en la vida natural del hombre, la vida del alma. En el pensamiento, emociones y voluntad propia de cada ser. “¿Quien soy?” responde a la identidad y autoconcepto. “¿Dónde estoy?” responde al contexto, no solo al lugar, sino a mi posición familiar, laboral y social. Finalmente, “¿cuál es mi propósito?” responde a para qué estoy aquí, cuál es el sentido o norte de mi vida.

El propósito está muy relacionado con la pregunta de “¿hacia dónde voy?” que cierra el círculo y responde a dirección o visión. Es decir, el propósito es mi motivación o motor, pero finalmente tengo una meta de llegada u objetivo.

La Palabra de Dios tiene respuestas mucho más profundas y trascendentes a estos interrogantes, orientadas al espíritu del hombre, a su yo interno, que luego extiende a todo su ser; la revelación de estas respuestas da un verdadero sentido a la vida, pues somos espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23), y el entendimiento de ¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿cual es mi propósito? y ¿para dónde voy?, determina mi existencia, mi destino, mi paz y mi verdadera vida tanto en el presente como en mi futuro, pues como dice el Apostol Pablo: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Corintios 9:26)

Así que, responderemos de acuerdo a las sagradas escrituras cada una de ellas, abordando con la guía del Espíritu Santo el sentido práctico de la enseñanza, que nos llevará a ser transformados y bendecidos en todo sentido. Lo veremos en los próximos devocionales.   Oración.

«Padre, tú me creaste para tu gloria, revela a mi vida ese propósito eterno en Cristo Jesús, para que mi vida tenga un sentido y meta verdadera, solo en tu presencia tengo plenitud de gozo y delicias a tu diestra. Amén.



jueves, 22 de enero de 2026

El destino de los malvados

 El destino de los malvados

“Cuando pensé para saber esto,

Fue duro trabajo para mí,

Hasta que entrando en el santuario de Dios,

Comprendí el fin de ellos.

Ciertamente los has puesto en deslizaderos;

En asolamientos los harás caer.” Salmos 73:16-18

“¿Por qué se amotinan las gentes,

Y los pueblos piensan cosas vanas?

Se levantarán los reyes de la tierra,

Y príncipes consultarán unidos

Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:

Rompamos sus ligaduras,

Y echemos de nosotros sus cuerdas”, Salmos 2:1-3

A veces, no entendemos las injusticias actuales, cómo las personas llevadas por ideologías de muerte, que llegan al poder y quieren establecer leyes en contra de la familia, los niños y destruir la libertad civil inherente a cada ser humano. Prosperan y levantan el puño contra todos los principios de Dios “Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”, reclaman libertad y paz pero realmente están gobernados detrás por el maligno: “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” Salmos 73:9 y 2 Tesalonicenses 2:4.

Cuando nos quedamos en pensar en estas injusticias y en la prosperidad de los malignos, nos frustramos y llenamos de desesperanza, entonces, tenemos que ir al “santuario” como dice Salmos 73:17, el cual representa la presencia misma de Dios en todo creyente, el lugar santísimo donde se une nuestro espíritu con su Santo Espíritu, allí nos es revelado el destino de los malvados, que son todos lo que han rechazado a Cristo y persisten en no creer en él para ser salvados, como dice 2 Tesalonicenses 2:10 sobre la acción del maligno, sobre los que rechazan a Jesucristo: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”.

Cristo es amor, no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo, pero muchos engañados por el mal, viven en su propia mente y si persisten en no querer la salvación, Dios no los obligará, son libres de ir a su propia destrucción, como lo indica Salmos 73: 18-19 “Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores.”

Dura palabra para estos tiempos, en que muchos, adormecidos en sus propios razonamientos, no rinden honor y gloria al Creador, sino que levantan el puño de rebeldía y ocurre lo que dictamina Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.”.

Rendirse a su amor, a su perdón y recibir su paz, su salvación por medio de Cristo, es el mayor acto de libertad que aún tenemos la oportunidad de hacer mientras nos quede vida: “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).   Oración.

«Padre, ayúdame a ir a todos, a mi familia, vecinos, y a todo aquel que está esclavo, para que con el poder de tu Espíritu, expresando la vida de Cristo en mí, sean liberados por medio de la luz del evangelio, que hace todo nuevo, para gloria de tu nombre, amén. 



miércoles, 21 de enero de 2026

Quiero ser trigo, no cizaña

 Quiero ser trigo, no cizaña

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:24-25

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”, Romanos 6:4

Así que, si queremos ser trigo y no cizaña, debemos hacer lo que el mismo Señor Jesús nos dice en Juan 12:24 “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Lo primero, es saber que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo, conforme dice Romanos 6:6: «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Aunque se escribe en pasado “fue”, éste es, un hecho consumado eterno que se hace verdad o realidad presente en todo aquel que cree en Cristo.

Esta es la experiencia de todos los que creemos en Jesús.

Jesús nos sustituyó en la cruz, pero al mismo tiempo, nuestro viejo hombre, el que representa la suma total de todo lo que heredamos de Adán, fue crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado’ (Romanos 6:6b).

Y lo segundo, debemos entender profundamente lo que revela Juan 12:25: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”; la palabra ‘vida’ en las dos primeras frases vienen del griego “Psique” y su significado se relaciona con el alma, mas la última palabra, para vida, viene del griego Zoe, que en el contexto bíblico aparece cuando se habla de “vida eterna”, como por ejemplo en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Esto significa que si quiero verdaderamente crecer como el trigo y dar fruto, debo negarme a mí mismo, a la vida del alma; no confiar en lo que yo pienso, siento o hago, sino que mi pensar, mi sentir y mi obrar, sean el de Cristo.

Morir a mi, para llevar mucho fruto.

Es decir, la propia vida eterna de Cristo en mí, surge o se expresa libremente cuando no confío en mí mismo, en mi propio corazón, sino solamente en Jesús. (Jeremías 17:9)

Cuando tenemos el testimonio del Espíritu Santo, de nuestra muerte y resurrección juntamente con Cristo y de que nuestra entrega es completa, entonces podemos reconocer por la fe, que:

-Cuando Jesús murió, yo morí

-Cuando Jesús fue sepultado, yo fui sepultado

-Y cuando Él resucitó, yo también resucité para andar en vida nueva.  Oración.

«Padre, se que ya no vivo yo, que mi vida está escondida con Cristo en ti, pues fui unido a Él, por medio de la fe, te alabo y te bendigo mi Dios, porque me has rescatado del pecado y del maligno, me has dado vida nueva por el poder de tu Espíritu, amén. 



martes, 20 de enero de 2026

El trigo y la cizaña

 El trigo y la cizaña

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”, Mateo 13:36-43

En Mateo 13:24-52, el Señor relata una parábola a sus discípulos sobre el trigo y la cizaña, y la explica en Mateo 13:36-43.

Lo característico es que tanto la cizaña como el trigo se parecen en sus primeras fases de crecimiento, es difícil distinguir a simple vista quién es quién.

La cizaña es lo que el Señor describe como “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).

Observemos, profetizar (predicar) en el nombre del Señor, o predicar no nos convierte en trigo, echar fuera demonios o ministrar para expulsar demonios no nos hace trigo, tampoco hacemos milagros en el nombre de Jesús. Solo hay una cosa que revelará con el tiempo, con el crecimiento, quien es quien, y esa sola cosa es el fruto.

Con el tiempo el trigo, dará fruto y entre más fruto de, más se doblará y tomará otro color. La cizaña no, permanecerá erguida, creciendo más en altura pero no en fruto. Es una clara alusión al aspecto religioso que toma la cizaña, permanecer erguida es una contundente alusión al orgullo, al crecimiento del yo.

En cambio el trigo, al crecer el fruto se doblega más, el fruto en el ámbito espiritual, es el fruto del Espíritu Santo, que es el carácter de Cristo, la expresión de Cristo en ese creyente será cada día más visible, incluido su mansedumbre y humildad. (Mateo 11:29)

¿Por qué no da fruto la cizaña, aunque se parece al trigo?

Porque no tiene la vida del Hijo, pues: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”, 1 Juan 5:12.

Entonces, para ser trigo tenemos que nacer de nuevo en Cristo Jesús. Profundizaremos en este aspecto, mañana.  Oración.

«Te alabo mi Dios, porque ahora tengo al Hijo y por lo tanto tengo la vida eterna, tu verdad, en la persona de Cristo me habita por tu Santo Espíritu, y ahora quiero dar fruto, expresando esa vida nueva que me has otorgado por gracia, que ese fruto sea abundante y en humildad, doblegando todo orgullo a ti, así como el trigo, para glorificar tu nombre, amén.



lunes, 19 de enero de 2026

El amor en el servicio

 El amor en el servicio

“así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.”, Romanos 12:5-8

El obrar de Cristo, se manifiesta plenamente en la iglesia, a través del amor. El amor expresa la sustancia de Dios, pues Dios es amor y solo el Hijo en nosotros expresa, revela y glorifica al Padre.

Cuando andamos en amor, como hermanos, se está manifestando Cristo y el fruto del Espíritu se expresa naturalmente. Entonces estamos cumpliendo el propósito por el cual fuimos creados: “creados para su gloria”, es la única manera (Isaías 43:7).

Cuando realmente expresamos la necesidad del Hijo, de predicar el evangelio, de servir y no nuestra necesidad de reconocimiento, auto exaltación o atención, entonces el mundo verá a Cristo, porque mirará su vida expresada en nosotros.

Por lo tanto necesitamos edificarnos mutuamente, para que él sea formado en todos plenamente; eso le da sentido y misión al servicio pues crecemos en aquel que es la cabeza y esto también orienta el verdadero propósito del servicio, como lo dice nuestro versículo de hoy, Romanos 12:5-8, diferentes dones, pero todos se usan para edificación del cuerpo, la iglesia.

Miremos para afianzar lo que aclara Efesios 4:15-16: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificandose en amor.” Fuera de la iglesia, del cuerpo de Cristo no hay crecimiento.

Concluimos por lo tanto, que el sentido y verdadera motivación del servicio, es expresar la vida de Cristo, no nuestro esfuerzo personal ni ningún obrar humano que Dios necesite. Además, que este obrar de Cristo es en medio de su iglesia, de su cuerpo, usando cada miembro para glorificar a Dios y para irnos edificando en amor, de esta manera crecemos, este es el propósito de Dios.

De manera práctica, no se trata de asistir a una congregación, ni de ir o asistir a la iglesia, sino de vivir como iglesia. Hermanos, estamos llamados a ser iglesia y que todo obrar sea el de Cristo obrando en su cuerpo.  Oración.

«Padre, por tu Espíritu guíame a ser iglesia, a edificarnos mutuamente en amor, para que Cristo sea plenamente formado en cada uno de nosotros, por la acción mutua de todos los miembros, de acuerdo al don de Cristo recibido, y así podamos glorificarte, manifestando plenamente la vida eterna de Cristo en todo lo que hagamos. Amén.



domingo, 18 de enero de 2026

Instrumento escogido

 Instrumento escogido

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;” Hechos 9:15.

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;”, Romanos 4:4.

El obrero cobra una deuda de su trabajo, pero el que no obra, sino que cree, le es contado por justicia. ¿Qué relación tiene esto con ser usados como instrumentos?

El obrar de Dios depende, exclusivamente, de que no obremos. Para garantizar que la obra sea divina y no humana. Así como la guitarra no puede dar armonía ni melodía por sí misma, nosotros no podemos hacer un servicio verdadero si no es Cristo el que obra.

Tenemos un gran problema con nuestras capacidades, cuando no se doblegan a Dios, cuando pensamos que somos nosotros, y nos confiamos, porque podemos hablar, cantar o ejecutar cualquier destreza, pero al mismo Pablo, lleno de conocimiento y preparación intelectual, el Señor le dice: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

De la misma manera, Pablo reitera que no es su sabiduría humana, ni su conocimiento intelectual, él solo se dispone a expresar a Cristo, cuando dice: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2), para que sea Dios el que nos use como su templo, y el sea el que edifique, pues en vano edifican los edificadores si el Señor no edifica la casa. (Salmos 127:1)

Hebreos 13:20-21, resume de manera contundente, el obrar del Señor y nuestro papel en el servicio: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Según el pasaje anterior, ¿quien nos hace aptos en toda buena obra?, ¿Quién es el que produce el obrar en nosotros para que hagamos lo que es agradable delante de él?, ¿y para quién es la gloria?, para Jesucristo sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.   Oración.

«Padre, me has justificado por medio de la fe en tu Hijo, para que todo el obrar sea tuyo, y por el poder de tu Espíritu ahora yo anuncie tu amor a toda la humanidad, hazme apto y obra en mí Señor, para hacer tu voluntad, cuando exprese la vida de Cristo en mi. Amén.



sábado, 17 de enero de 2026

 Me es impuesta necesidad

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”, 1 Corintios 9:16

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”, Isaías 43:7

El Padre nos creó para su gloria, pero en el pecado del Edén fuimos destituidos de la gloria de Dios, ¿y cómo el Padre nos vuelve a él? ¿cómo restaura el hecho que ‘’fuimos creados para su gloria? «. La respuesta es tremenda: Nos une a su Hijo: aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efesios 2:5).

¿Cómo accedemos a esta realidad eterna en Cristo? el medio que Dios preparó fue por medio de la predicación del evangelio, de las buenas nuevas que anuncian lo que Dios hizo de darnos a su Hijo y que todos los que creyéramos en él, fuésemos salvados y no hubiera condenación: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las ʻriquezas de su gracia,” (Efesios 1:7).

Entonces ahora todo creyente, nacido de nuevo, predica este mensaje, el evangelio, por una razón esencial: porque hay una vida que está fluyendo, que está respirando espiritualmente, esa es la vida de Cristo en nosotros. Para entender un poco más, observemos que aunque somos conscientes de respirar, no le decimos a nuestros pulmones: “hoy te voy a agendar para que respires de 8 a 9 pm”, por supuesto que no. Es algo natural, que surge espontáneamente.

En la nueva naturaleza que hemos recibido, esto es Cristo, Dios produce en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad, así que no podemos vivir sin predicar, porque es inherente a la vida nueva que se nos otorgó, se convierte en mi necesidad, porque hay una vida eterna que se está expresando en mi. (Filipenses 2:13)

1 Corintios 15:10 nos confirma que no es el obrar de Pablo, sino que le es impuesta necesidad, es una necesidad vital de anunciar el evangelio de Cristo “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”

Es Cristo mismo tomando como instrumento a Pablo: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;” (Hechos 9:15). Es el respirar de la vida que late dentro de él, la vida del Hijo usando a Pablo como instrumento.

Para poder ilustrar el principio espiritual del servicio, pensemos en una guitarra, fue creada con un propósito, pero si se coloca en un lugar y nadie la toca, no hace nada, no da notas, solo ocupa un lugar, pero si el maestro la toma y con su destreza elabora armonías o melodías, allí es verdaderamente útil.

Cuando le servimos verdaderamente a Dios, el maestro nos toma como un instrumento y Él hace la obra para el propósito por el cual fuimos creados y damos por gracia lo que recibimos por gracia.

Entonces, si ya hemos creído en Jesús y hemos nacido de nuevo, debemos activar en nosotros la vida que nos habita, pero ¿cómo logramos que esto se haga una realidad e iniciemos a predicar el evangelio de manera efectiva y vital? Lo veremos mañana.  Oración.

«Padre, en Cristo está mi misión, mi propósito, anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de la oscuridad a la luz verdadera, anunciar su amor y perdón a todo el que cree, para salvación de su alma, para gloria de tu nombre. Amén.