lunes, 8 de abril de 2024

Venga tu reino

 


Venga tu reino

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Mateo 6:10
“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17
El anhelo de nosotros los hijos de Dios, es que su reino sea establecido en esta tierra. El término griego “basileía” que se usa para reino, tiene tres significados: el territorio sobre el cual se reina, la dignidad real, su majestad y gloria y el ejercicio del poder soberano o reinado. Aquí hace referencia al tercer significado, porque el reino llegará a su culminación gloriosa con la Segunda Venida de Cristo, cuando todo será sometido bajo sus pies. Filipenses 2:9-11 dice: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
Un teólogo define el reino de Dios de la siguiente manera: “el pueblo de Dios, en el lugar de Dios, bajo el gobierno de Dios y con la bendición de Dios”. Somos su pueblo, estamos en el lugar de Dios que es Cristo (estamos en Cristo), bajo las ordenanzas de Dios, siguiendo sus mandamientos y bendecidos con toda bendición espiritual.
El reino ya está entre nosotros en forma espiritual, llegó cuando Jesús vino por primera vez como dice Mateo 4:17 “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Pero todavía no está establecido en su plenitud literalmente, el rey de Justicia volverá un día y todo ojo lo verá, y toda la tierra será llena de su gloria, como lo expresan: Apocalipsis 1:7 y Habacuc 2:14.
Toda la tierra confesará que Jesucristo es el Señor de señores y el Rey de reyes. Pero mientras tanto, nosotros somos embajadores del reino. Cada persona que conoce a Jesús, se salva, se sana y se libera, es porque el reino de los cielos ha llegado a su corazón. Tenemos la bendición de predicar este evangelio del reino y extenderlo hasta lo último de la tierra, pero debemos saber que esto va a generar oposición, porque el imperio de las tinieblas y el mundo que está bajo el dominio de Satanás, se van a resistir. Jesús en su oración modelo nos pide orar para que su reino venga a gobernar esta tierra.
Mateo 11:12 dice: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.
Los valientes, son los que enfrentan los miedos y arrebatan o atraen el reino con adoración e intercesión. Es una guerra. Como Pablo decía: “pelea la buena batalla de la fe” 1 Timoteo 6:12. Entonces llegó el momento de clamar por esta tierra para que se someta al reino de los cielos. No nos rindamos ante el pecado, la enfermedad la muerte y el desorden que se imponen en este mundo bajo el dominio del maligno; somos los hijos del reino, los embajadores de Dios, que debemos traer el reino con la predicación del evangelio a cada criatura y la reconciliación entre los hombres y Dios. Peleemos la buena batalla de la fe, es decir, es dar la vida por lo que creemos, no nos conformemos a este mundo, sino en vivir para Cristo, nuestro Rey.
Es el tiempo de participar de este choque entre dos reinos, para eso necesitamos formar en nosotros las características de ciudadanos del reino, que el Señor Jesús enseñó en las bienaventuranzas en el sermón del monte, (Mateo 5:3-12), con esto, estamos echando fuera el imperio de las tinieblas. Cuando vivamos en justicia extenderemos el reino de Dios y eso se hace con violencia espiritual no con pasividad. Pidamos que se active la valentía del reino en nuestra vida. Que nuestra primera violencia espiritual se vea primero en purificar nuestro ser como el templo del Espíritu Santo, todo aquello que se interpone entre Dios y nosotros. Si queremos ser valientes espirituales debemos purificar nuestro ser. Declaremos que las prioridades de su reino (Romanos 14:17) serán establecidas en nosotros, en nuestros seres amados, nuestra iglesia y nuestra nación. Oración.
«Señor, yo quiero vivir como un hijo del reino, necesito tu justicia para vencer el pecado en mi vida, necesito tu paz para poner un alto a toda enfermedad, conflicto e impureza y vivir en integridad según los parámetros de tu reino. Necesito gozo en el Espíritu para vencer todo temor a la muerte, ese gozo que hace retroceder la tristeza, ese poder que derriba las tinieblas. Activa en mí la valentía espiritual para llevar el reino de Dios a cada persona. Espíritu Santo que traes convicción de pecado, justicia y juicio, muévete en mí ahora, llévame a la santidad, a lo normal del reino de Dios que es justicia, paz y gozo en el Espíritu. Amén.

domingo, 7 de abril de 2024

Santificado sea tu nombre

 


Santificado sea tu nombre

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. “Mateo 6:9

“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Isaías 6:3-5

“Santificado sea tu nombre” es una expresión de reverencia ante el santo nombre de Dios, que evita una confianza excesiva que nos lleve a la irreverencia con nuestro Padre celestial. No podemos usar su nombre a la ligera; recordemos que tanta era la reverencia de los judíos ante Dios que usaban su nombre con mucho cuidado para no profanarlo, esa reverencia los llevó a sustituir la palabra Jehová por Señor (Adonai).

Isaías tiene la visión de Dios en su Santidad, el triple santo enfatiza lo que Él es, un ser moralmente perfecto, puro y apartado del pecado. Nosotros también necesitamos descubrir la santidad de Dios ahora más que nunca, porque los afanes diarios, la lucha contra los antivalores de este mundo y nuestros propios conflictos hacen que se nuble nuestra visión de Dios. Necesitamos renovar nuestra visión de ese Dios alto y sublime, que nos da el poder para enfrentar los problemas y preocupaciones.

Santificar el nombre de Dios es ver su perfección moral que nos llevará a ver nuestra propia imperfección, la necesidad de limpiar nuestra vida y santificarla para poder servirle a Él. Un pecador en la presencia del santo Dios queda abrumado, pero es Él quien toma la iniciativa para acercarse a nosotros, ofreciéndonos perdón y limpieza a través del sacrificio de su Hijo Jesús.

Santo, santo, santo son exclamaciones de alabanza ante la revelación de su naturaleza divina. En la triple repetición de la palabra santo, se infiere que está sobreentendida la Trinidad como una unidad. Como Isaías, debemos ver a Dios en su trono. Esta visión se interpreta en Juan 12:41-45 “Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él. Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió”.

Isaías vio la gloria de Cristo y habló acerca de Él, lo cual nos demuestra plenamente que nuestro Salvador es Dios. En Cristo Jesús, Dios se sienta en el trono de gracia y por medio de Él se abre camino hacia el Lugar Santísimo; por eso, toda vanagloria, ambición, ignorancia y orgullo deben ser eliminados una vez que contemplamos su majestad, así como la gloria divina que sobrecogió al profeta Isaías con una sensación de su propia vileza, culpa y pecado.

Demos gracias que ahora tenemos un Mediador entre nosotros los pecadores y este Dios Santo. Una mirada a la gloria celestial debe bastar para convencernos de que toda nuestra justicia es como trapos de inmundicia; Isaías 64:6 dice “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”.

Refugiémonos en la misericordia y gracia de nuestro Señor Jesucristo. Tenemos por medio de Él la seguridad del perdón por su obra expiatoria. Quitar el pecado es necesario para poder acercarnos confiadamente a la presencia del Padre.   Oración.

«Padre de gloria heme aquí delante de ti, reconociendo tu majestad y santidad. Eres puro y santo por eso veo mi propia vileza, porque soy pecador y necesito que me limpies de toda inmundicia. Gracias por la sangre de Cristo que me perdona todo pecado y me purifica de toda maldad; gracias por ese mediador Jesucristo que ahora hace posible que me acerque al trono de tu gracia para alcanzar el oportuno socorro, amén.

sábado, 6 de abril de 2024

Padre nuestro que estás en los cielos

 


Padre nuestro que estás en los cielos

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” Mateo 6:9-13

La oración modelo de Jesús comienza con esta frase “Padre nuestro que estás en los cielos”; esta plegaria sirvió de guía a sus discípulos cuando le pidieron que les enseñara a orar (Lucas 11:1). El Señor destaca siete elementos que debe contener una oración como son: la confianza, la reverencia, el sometimiento, la dependencia, el perdón, la humildad y la adoración. Recordemos que la verdadera oración no es una simple técnica o un método, sino una relación real con nuestro Padre eterno de amor y confianza, por eso, Jesús empieza con una introducción de confianza y llama a Dios, su Padre.

Es un gran privilegio llamarlo así, porque es el perfecto Padre que nos ama incondicionalmente. Decir “Padre” indica una relación filial, en un sentido íntimo y personal; esto solo fue posible por nuestra fe en Jesús, quien nos abrió ese camino con su muerte en la cruz para que volviéramos a tener una relación correcta con el Dios eterno. También al decir “nuestro” estamos reconociendo que otros también tienen el mismo derecho y acceso a Dios y son nuestros hermanos espirituales.

“Que estás en los cielos”, la trascendencia, la majestad, la gloria de Dios, su grandeza y poder están a nuestro alcance. Dios no está distante, sino cercano; recordemos lo que dice Salmos 145:18 “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras”. Sin importar cuál es nuestra necesidad tenemos el privilegio de clamar al Soberano de todo el universo de la misma manera en la que un niño acude a su padre terrenal, como dice hebreos 4:16 “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

Podemos conocer a Dios como Padre gracias a la revelación de Jesucristo, porque cada creyente en Cristo puede relacionarse de manera personal con el Padre y tener una comunión íntima con Él. Jesucristo siempre se refirió a Dios como su Padre y en el Nuevo Testamento se nos invita a tratarlo como nuestro Padre, porque somos hijos de Dios y coherederos con su Hijo Jesucristo. Es necesario creer en Cristo para tener una relación personal con Dios Padre. Pablo nos enseña en Romanos 8:15-16 que “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

Dios nos expresa su paternidad cuidándonos, proveyéndonos para cada necesidad y mostrándonos su propósito. Nos ama incondicionalmente por eso su deseo más grande es que nos relacionemos con Él; anhela comunicarse con nosotros y nos ha prometido que nunca nos dejará ni abandonará, como dice Deuteronomio 31:8 “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. También nos muestra su paternidad disciplinándonos, esta es una señal de que somos sus hijos y lo hace para que crezcamos en santidad. Hebreos 12:10 dice “Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad”. El Padre siempre nos guiará a hacer lo correcto.

Recordemos entonces cada vez que oremos que tenemos un Padre celestial que nos ama y escucha.  Oración.

«Abba Padre, qué privilegio poder acercarme a tu presencia con confianza, sabiendo que eres mi Padre celestial, que me amas incondicionalmente y mostraste tu amor enviando a tu Hijo amado a morir por mí. Quiero acercarme con reverencia y confianza cada día, porque tú eres el Soberano del universo que inclina su oído para escucharme; estás atento a la voz de mi clamor y dispuesto a suplir mis necesidades espirituales, emocionales y materiales. Gracias por adoptarme como tu hijo y ser parte de tu familia, en Cristo Jesús, amén.

viernes, 5 de abril de 2024

La oración que no agrada a Dios

 


La oración que no agrada a Dios

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”. Mateo 6:5

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.” Mateo 6:7

Cuando nos acercamos a Dios debemos hacerlo de la manera correcta, con honestidad y actitudes que le agraden. En el capítulo de Mateo 6 Jesús nos manda a no orar como los hipócritas, no porque estos oraran en cualquier lugar o de pie, sino por la intención con que lo hacían, pues buscaban ser admirados por su aparente piedad. El Señor no desprecia la oración que hacemos en público cuando la hacemos con la mejor motivación y con sinceridad. Hay oraciones en la calle y en la iglesia que agradan a Dios.

La palabra hipócrita viene del griego “hupokrites” que se usaba en esos tiempos antiguos para referirse a los actores de teatro que cubrían sus rostros con una máscara para representar un personaje que ellos no eran. Esta palabra usada por Jesús aquí, se refiere a aquellos que esconden sus verdaderos motivos detrás de una máscara de piedad. Jesús no critica la oración pública, pero sí condena la oración pretenciosa que busca atraer la atención, como el ejemplo que vemos en Lucas 18:11-12 “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano”.

Aquí también Jesús señala una práctica ineficaz e innecesaria en la oración: la vana repetición, que no se refiere a ser intensos y fervorosos en la manera de orar cuando clamamos varias veces por lo mismo, sino cuando la oración se vuelve repetitiva con palabras sin sentido, haciéndolo de manera mecánica, como los charlatanes que piensan que por su palabrería serán escuchados; este método de devoción pagana se observa todavía en algunas religiones, donde la repetición de rezos es una práctica supersticiosa.

Dios conoce nuestro corazón y sabe de qué tenemos necesidad y está dispuesto a escucharnos y ayudarnos, siempre que le pidamos e insistamos en una respuesta. Recordemos que Jesús oró tres veces en el huerto de Getsemaní con la misma petición (Mateo 26: 39; 42; 44); alabó la persistencia en la oración en la parábola de la viuda (Lucas 18:1-8); también el apóstol Pablo oró tres veces para que el Señor quitara el aguijón en su carne (2 Corintios 12:7-8). El énfasis en orar por lo mismo hasta obtener una contestación no es lo que le desagrada a Dios, sino orar con palabras carentes de sentido. Como decía Shakespeare: “Mis palabras suben hacia arriba, mis pensamientos quedan abajo; las palabras sin pensamientos no llegan al cielo.”

El hecho de que nuestro Padre celestial conozca todas nuestras necesidades antes de que le hayamos pedido, no significa que no debamos expresárselas, por el contrario, que Él lo sepa todo debe ser un aliciente para orar más frecuentemente y con más confianza, como un hijo cuando le pide a su papá lo que necesita constantemente y aunque él lo sabe, le agrada que lo haga.

Por eso, en contraste con la ostentación pública al orar de parte de los hipócritas, Jesús recomienda que busquemos un lugar privado, secreto, donde podamos orar y donde solo Dios pueda vernos, como dice Mateo 6:6 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. La esencia de la oración no radica en lo que decimos ni cómo ni dónde, sino en buscar la comunión íntima con Dios avivando nuestra relación personal con nuestro Padre, porque esto sí le agrada.   Oración.

«Padre amado quiero que mi oración a ti sea siempre sincera, una oración que agrade tu corazón, porque sale de mi motivación más pura, dirigida con respeto y devoción ante tu santa presencia. Tú conoces mis necesidades y mis anhelos más profundos, por eso quiero pedirte que siempre se haga tu voluntad en mi vida y en la vida de otros por los cuales oro constantemente, en el nombre de Jesús, amén.

jueves, 4 de abril de 2024

Resurrección

 

Resurrección, sinónimo de esperanza y propósito


“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. […] Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.” Mateo 28: 1-2, 5-6

“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:16-20

La resurrección es el hecho crucial de la fe de los creyentes, pues sin esta nuestra fe y predicación serían vanas; como lo dice la Escritura, aún estaríamos en nuestros pecados (1 Corintios 15:14); pero gracias sean dadas a Dios porque resucitó a nuestro Señor de entre los muertos, dándonos con ello la certeza de que todos nuestros pecados han sido perdonados, de que hemos sido limpiados y que por su sangre ahora tenemos paz con Dios y libre acceso a su presencia.

Sin embargo, esto no termina aquí, porque así como el hecho de la resurrección trae gran alegría y esperanza a nuestra alma, también trae consigo un firme y eterno propósito para nuestra vida mientras estamos en este cuerpo. Propósito que, como reiteran los cuatro evangelios cuando hablan acerca de la resurrección del Señor, consiste en que cada persona que crea verdaderamente en el reinado de Cristo y su Deidad debe, en el poder del Espíritu Santo, compartir las buenas noticias del Reino de los cielos con toda persona y en todo lugar.

Y es que de la misma manera que tenemos la seguridad de que hemos sido salvos, debemos creer que por la fe el Espíritu Santo habita en nosotros, y no solo esto, sino que también afirma la Escritura que el mismo poder que levantó a Jesús de los muertos es el que fortalece nuestro ser interior y nos empodera para que con diligencia y fervor cumplamos con la misión que Jesucristo nos encomendó una vez que resucitó (Romanos 8:11, Efesios 3:16, Hechos 1:8). Así que, amado hermano, es momento de levantarnos de nuestra ignorancia, pereza o temor y apropiarnos por fe de la verdad y el propósito que nuestro Señor nos regaló.   Oración.

«Padre bueno, por medio de Jesucristo me rescataste y me diste nueva vida; en la cruz quedaron todos mis fracasos, mis inseguridades, mis vacíos y en general mi pecado. Gracias porque ahora mi esperanza está en Jesús y mi vida direccionada por su voz, gracias amoroso Dios, amén.

miércoles, 3 de abril de 2024

Amor puro y verdadero

 


Amor puro y verdadero

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” 1 Corintios 13:4-7

Es realmente para sorprendernos, admirar y por supuesto aprender la manera en que vemos manifestado el amor de Jesús aun cuando está colgado en la cruz, sin dejar de mencionar lo que antes había tenido que soportar, insultos, escupitajos, latigazos y toda clase de burla y maltrato. Pero, como decíamos, aun en esta condición lo que brota de su corazón es puro y verdadero amor.

Amor por los que en ese momento ejecutaron su crucifixión, pues sus palabras por ellos fueron: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34); amor por el que está a su lado, pues a aquel ladrón que estaba ahí porque sus actos lo merecían, pero que creyó en Jesús, Él le dijo: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43), amor por su madre que sufridamente lo está observando, pues se dirige a ella diciendo «Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre.” (Juan 19:26-27) e indudablemente, amor por toda la humanidad, porque finalmente dijo: “Consumado es.» (Juan 19:30) haciendo referencia a que había cumplido de manera precisa y perfecta con el sacrificio demandado por el Padre para la redención de todo pecador.

El amor de Jesús, es un amor sin límites, sin condición, pero sobre todo un verdadero amor, un amor que solo puede venir de Dios, pues como dice la Escritura en 1 Juan 4:8, Dios es amor. Con todo, debe ser de nuestro entero conocimiento y total convencimiento que a nosotros también nos es posible amar como Jesús, ya que el amor consiste en que Dios nos amó primero y por ello debemos también nosotros amarnos unos a otros (1 Juan 4:10-11). Hermanos, hemos sido y seguimos diariamente siendo muy amados por nuestro Dios, somos nacidos de Él y le conocemos, así que, perfeccionémonos en su amor, amándonos unos a otros (1 Juan 4:12).   Oración.

«Bendito Dios, a ti que eres amor y que me has amado tanto, te doy gracias, alabanza y gloria. Gracias por hacerme un instrumento de tu amor, habiéndolo derramado abundantemente en mi corazón por tu Espíritu Santo, por Jesucristo mi Señor, amén.

martes, 2 de abril de 2024

Derramar nuestro perfume

 Derramar nuestro perfume

“Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.” Marcos 14:3-9
Cada creyente, conociendo y teniendo fe en la obra y las palabras del Señor Jesús cuando habló acerca del fin del mundo y de su segunda venida, debería estar al igual que aquella mujer que entendió que Jesús moriría pronto, derramando delante de Él todo lo que tiene a fin de preparar y estar preparados para el momento de su regreso.
Derramar el perfume para los creyentes de este tiempo es, sin duda, poner a disposición del Señor todo lo que Él nos ha entregado para cumplir con ese mandato de la gran comisión, porque aunque no sepamos con exactitud el día y la hora de su regreso, lo que sí sabemos es que su voluntad y propósito para con sus discípulos de todos los tiempos, es como dice Marcos 16:15 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”
Puede pasar, que al igual que en el tiempo de Jesús, haya personas que al no tener entendimiento de las cosas espirituales, se enojen nos critiquen o cuestionen al ver que quizás estamos entregando al Señor la mayor parte de nuestro tiempo, lo mejor de nuestros talentos o el diezmo de nuestros ingresos, sin embargo, en nuestro corazón siempre debe estar la certeza de que todo en este mundo es pasajero, y que estamos aquí con el propósito de escuchar la Palabra del Señor y hacer su voluntad, pues finalmente es lo único que permanecerá (1 Pedro 1:24-25, 1 Juan 2:17).
Así que, querido hermano, te invito para que reflexiones si tu vida misma en todo sentido y cada área en particular, está siendo ese fino y costoso perfume que estás derramando delante de tu Salvador, preparando su pronto regreso. Oración.
«Bendito Jesús, cuantas gracias te doy por entregar tu propia vida en sacrificio por la mía, gracias por amarme de tal manera y con ello haberme dado un propósito eterno; gracias porque me has dado la certeza de que pronto volverás y estaremos juntos por la eternidad, mientras tanto anhelo que mi vida sea un agradable perfume derramado para ti, amén.