martes, 22 de noviembre de 2022

Dulce refugio Parte 1

 

Dulce refugio Parte 1


“Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?” 1 Reyes 19:9.

¿Alguna vez has estado tan cansado, desanimado o abrumado ante alguna situación, a tal punto, de no tener ánimo de continuar? Quizás lo hemos experimentado, y si es así, entenderemos un poco lo que vivió Elías; pues ante una situación difícil quizás hemos buscado, como él, refugio en el cual escondernos; uno que esté lejos del ruido, de la gente, y hasta de la situación, que, por el momento, no queremos enfrentar.

Lo maravilloso de este pasaje es ver cómo Dios, de manera tan hermosa, decide entrar a aquella cueva en la cual está Elías para hablarle y preguntar: “¿qué haces en este lugar?”; y esto trae a nuestra memoria lo que dice el profeta Jeremías “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? (Jeremías 23: 24a), claro que no, de su presencia no nos podemos ocultar pues Dios lo llena todo, incluso esa cueva en la que se ocultó Elías; lo que nos indica que así como Dios estuvo en aquel lugar con Elías, de igual forma, ha estado y estará con nosotros en todo momento, pues como lo prometió no nos ha dejado solos ya que ha puesto en nosotros a su Espíritu Santo. A través de este ejemplo no solo nos revela su amor y compañía, sino cómo es Él, quien en todo momento nos anima, alienta, esfuerza, ayuda y sustenta (Isaías 41:10).

Tal vez hoy estamos refugiándonos en una habitación oscura, pero lo que el Señor quiere enseñarnos a través de este devocional es que lo hagamos en la Roca, ya que si analizamos, Elías lo hizo, pues toda cueva está hecha de roca, Roca que representa a nuestro Señor Jesús que es la roca inconmovible en la cual podemos encontrar paz y tranquilidad. Hermanos, refugiémonos en Jesús.  Oración.

«Padre, quiero en todo momento refugiarme en tus brazos, pues solo en ellos encuentro paz. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 21 de noviembre de 2022

Cuarto de guerra - Parte 3

 

Cuarto de guerra - Parte 3

“Él respondió y dijo: Escrito está:” Mateo 4:4a

Cuán identificados podemos sentirnos con esta batalla de Jesús, pues ¿Cuántas


veces el enemigo también nos ha lanzado dardos de fuego en medio de ella? Muchas, la gran diferencia es que en ocasiones no hemos reaccionado como lo hizo el Señor, ya sea por desconocimiento de la palabra o por desobediencia, lo que nos ha llevado en esos momentos a actuar bajo nuestros propios razonamientos, y no con sabiduría.

Citemos un ejemplo, cuando nos vemos enfrentados a una batalla, pero de discusión, ¿cómo reaccionamos? Hemos visto cómo en algunos momentos hemos actuado bajo los impulsos de la ira y la soberbia, lo que claramente nos ha conducido a dar de regreso una respuesta soez, entre otras cosas; pero ¿qué pasaría si en todo momento siguiéramos el ejemplo de Jesús? Si lo hiciéramos, saldríamos invictos de esas batallas, pues echaríamos mano a lo que hemos aprendido de la palabra de Dios y entonces lo aplicaríamos en nuestras vidas, ¿cómo? Dejando la ira y desechando el enojo (Salmos 37:8ª), quitando toda palabra áspera de nuestra boca y poniendo a cambio blandas respuestas, pues éstas quitan la ira (Proverbios 15:1), pero sobre todo no daríamos lugar al diablo, pues al igual que Jesús, le diríamos: “escrito está” y de acuerdo a eso voy a obrar.

Jesús nos ha dado ejemplo de cuán necesario es apoyarnos en esos momentos, en la oración y en su palabra, pues estas son armaduras necesarias para proteger a todo soldado que va a enfrentar una batalla (Efesios 6:14-18)

Reflexionemos, ¿cuánto tiempo le estamos dedicando a la oración y a la lectura de la palabra?, ¿una vez al día, a la semana, al mes?, ¿será que este tiempo es suficiente para estar enteramente preparados y así poder enfrentar toda batalla? Hoy decidamos seguir el ejemplo de Jesús, quien nos enseña cuán necesario es buscar a Dios, sin cesar; aferrémonos a su palabra y actuemos con la ayuda del Espíritu Santo de acuerdo a lo que hemos aprendido, entonces veremos la victoria, como lo hizo Jesús.  Oración.

«Padre, gracias por enseñarme, a través de tu palabra, la forma en la que puedo hacer práctica tu verdad, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 20 de noviembre de 2022

Cuarto de guerra- Parte 2

 


Cuarto de guerra- Parte 2

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” Marcos 1:35

En el devocional anterior pusimos como referencia a Moisés para demostrar cómo las batallas que tenemos se deben enfrentar de la mano de Dios, y si Moisés fue un ejemplo para nosotros, Jesucristo es uno mayor, pues si hay alguien que puede decirnos cómo vencer en las batallas, ese es el Señor.

Jesús nos revela el primer paso para ganar toda batalla, la oración. El Señor dedicó su vida a la oración, por eso no era raro verle muy de mañana buscando lugares desiertos y apartados para entrar en intimidad con su Padre, para Él la oración era vital, por eso no le importaba dedicar días y noches enteras a esto, pues sabía que para enfrentar cada día de su vida necesitaba la dirección de su Padre, por ello puedes verle antes de dar inicio a cosas importantes, como su Ministerio, apartarse para tener tiempos de ayuno y oración.

El Señor también enfrentó batallas, y puedes ver una de ellas en el desierto, pues ha sido llevado por el Espíritu Santo a ese lugar para enfrentarse a Satanás ¿quién ganará? El enemigo muestra sus armas, la mentira, entonces lo puedes ver durante tres ocasiones tergiversar la palabra de Dios para que Jesús caiga ante la tentación; pero en ese momento, Jesús también presenta las suyas, la palabra de Dios, pues el Señor, utilizando correctamente lo que de su Padre ha conocido, se dispone a responderle a Satanás con la verdad, apagando así todos esos dardos de fuego (Mateo 4:4, 7, 10).

Como podemos ver, la oración debe estar acompañada de la lectura de la palabra, pues ¿cómo saldremos invictos de una batalla, si oramos, pero no conocemos lo que Dios dice? Pero, además ¿cómo aplicaremos lo que conocemos de Dios, si no oramos y pedimos dirección?   Oración.

«Padre, gracias te doy porque por medio de la oración puedo comunicarme contigo, pero también gracias por tu palabra, porque por medio de ella puedo escucharte. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 18 de noviembre de 2022

Cuarto de guerra- Parte 1

 


Cuarto de guerra- Parte 1

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6:6

¿Tienes en tu casa un cuarto de guerra? Pero no ese cuarto en el que vas y discutes con alguien más para que el resto de personas no escuche lo que hablas, o en el que te encierras tú mismo con la excusa de “alejarte de los problemas” para no tener que enfrentar o empeorar la situación que te molesta; sino, ese cuarto de guerra en el que pasas tiempos de intimidad con Dios, para postrarte en oración y vencer, con la ayuda del Espíritu Santo y en el nombre de Jesús, toda batalla de: orgullo, enemistad, conflictos, desánimo, pereza, soledad, incertidumbre, dolor, entre otras. Seguramente tendremos uno, pero preguntémonos ¿qué uso le estamos dando?; ¿cómo estamos peleando nuestras batallas?, ¿bajo nuestras fuerzas, pensamientos, emociones, voluntad, capacidades?, o ¿bajo la presencia de Dios?

Si le preguntáramos a alguien como Moisés, sin duda alguna nos diría que las batallas las ganamos, no solos, sino bajo la presencia del Señor; pues él mismo pudo experimentar en una de ellas, cómo, cuando levantaba sus manos el pueblo de Israel prevalecía, pero las bajaba, y prevalecía el pueblo contrario (Éxodo 17:11), esto mismo es lo que pasa en nuestras vidas, cuando enfrentamos esas batallas solos, perdemos, y ¿qué perdemos? Paz, amor, gozo, paciencia, bondad, mansedumbre, templanza, y llamamos pérdida al hecho de que dejamos de experimentar este fruto tan precioso que produce el Espíritu Santo en nuestras vidas cuando no le damos Su lugar; pero sucede que cuando enfrentamos, con la ayuda de Dios, estas batallas, vencemos, vencemos todo orgullo, enemistad, pleitos, celos, iras, envidias y cosas semejantes a estas.

Así que la pregunta es ¿de qué forma seguiremos enfrentando de ahora en adelante nuestras batallas? Hoy Dios nos dice que toda batalla la ganamos, pero de la mano de quien ya ha vencido, Jesucristo (1 Corintios 15:57)  Padre, quiero utilizar ese cuarto de guerra para pelear mis batallas, pero no solo, sino de tu mano; pues entiendo que venzo, cuando estoy contigo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 17 de noviembre de 2022

Este es mi deseo

 


Este es mi deseo

“Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.” 1 Reyes 3:5

¿Qué le pedirías a Dios si te hiciera esta pregunta?, ¿escogerías tener más años de vida, riquezas, gloria o alguna otra cosa? Seguramente dirías sí a todo, o a una parte de las respuestas que se acaban de mencionar, sin embargo, podemos notar que todas ellas apuntan hacia la satisfacción de nuestros deleites, lo que nos recuerda que si pedimos y no recibimos es porque estamos pidiendo mal, pues nuestra mirada sigue estando en las cosas materiales, cuando las que permanecen son las eternas (Santiago 4:3, 2 Corintios 4:18)

Salomón escogió la mejor parte, sabiduría; pues él al ser nombrado como rey reconoció que por su juventud y falta de sabiduría no podría dirigir correctamente al pueblo de Dios, es por esto que decide elegir, entre tantas posesiones, tener un corazón entendido; esto agradó a Dios y a cambio lo premió, dándole un corazón sabio y entendido (tanto que no ha habido antes, ni después, alguien como él), pero además decide añadirle riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes tampoco ha habido alguien como Salomón. Este relato bíblico debe llevarnos a reflexionar en cuál está siendo el enfoque de nuestras peticiones, pues seguramente invertimos demasiado tiempo pidiendo una larga cantidad de cosas materiales, mientras hemos dejado a un lado las más importantes, las espirituales.

¿Cuántos de nosotros creemos tener la sabiduría necesaria para vivir correctamente? Nuestros frutos nos lo dirán, pues solo se cosecha de lo que se siembra (Santiago 3:13-18)

Si hoy a través de este mensaje hemos entendido que no hemos pedido sabiduría a Dios: para dirigir nuestras vidas, para guiar a nuestra familia, para ser mujeres temerosas del Señor, hijos obedientes, entre otras; es tiempo de que la pidamos, pues si lo hacemos con fe, Dios quien es fiel, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, nos la dará (Santiago 1:5-7)   Oración.

«Padre mi deseo es vivir en tu sabiduría, sabiduría pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia, que da buenos frutos y que no tiene incertidumbre, ni hipocresía. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 16 de noviembre de 2022

He visto la bondad de Dios

 

He visto la bondad de Dios


“Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” Salmos 27:13-14.

Qué gran fe la que podemos ver reflejada en David a lo largo de este precioso Salmo, qué seguridad con la que se pronuncia pues aunque su vida en ese momento está pasando por diversas pruebas, lo que sucede alrededor no quita su paz, es más, vemos cómo de cierta forma esas situaciones hacen que en él se reafirme su confianza en el Señor, pues aunque el panorama parece difícil sabe que todo control lo tiene Dios, pues declara: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1).

Al ver este relato es fácil recordar nuestras experiencias, pues nosotros también hemos enfrentado momentos difíciles, quizás no al nivel de los de David, pero al fin y al cabo batalla es batalla; algunas han sido económicas, de soledad, de pruebas, entre otras, pero cuando volvemos a esos momentos podemos ver cómo hemos experimentado lo que David, nuestro único refugio se encuentra en Dios, por eso cuando oramos y estamos en intimidad con Él sentimos que estamos en un lugar seguro, y aunque la situación externa no cambie y siga igual, nuestro corazón se esfuerza y alienta en el Señor, pues sabemos y confiamos en que veremos la bondad de Jehová en nuestras vidas.

¡Cuán bueno ha sido Dios con nosotros! Ha sido nuestro estandarte, refugio, roca, sustento, esperanza, consuelo, lo ha sido todo.

En este día démosle gracias a Dios y alabémoslo, porque como dice el salmista, hubiéramos desmayado en esos momentos difíciles, si no creyéramos que veríamos Su bondad.   Oración.

«Padre, has sido tan bueno y fiel conmigo que solo de mi boca salen palabras de gratitud y alabanza, gracias por ser mi sustento en momentos de dificultad y por siempre mostrarme tu bondad, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 15 de noviembre de 2022

Tu palabra me infunde aliento

 


Tu palabra me infunde aliento

“Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmos 23:4b

Qué bello es pensar que Dios, como nuestro Pastor, nos infunde aliento; eso nos lleva a la ilustración de cuando un rebaño es guiado por su pastor, pues si lo has notado, cuando las ovejas no quieren avanzar su pastor debe infundirles aliento con su vara y cayado, pues estas no pueden quedarse en ese lugar, ya que no es el indicado para comer ni mucho menos para descansar. Qué hermoso es saber que de la misma forma el Señor nos alienta, pero utilizando su palabra, pues ¿cuántas veces hemos estado fatigados, cansados y sin ánimo de avanzar?, muchas, pero en esos momentos el Espíritu Santo, quien vive y mora en nosotros, nos recuerda todo lo que Jesús nos ha enseñado a través de su palabra: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28); esta palabra es la que nos da el impulso, el ánimo para tomar la decisión de pararnos y buscar a Dios en intimidad, intimidad que nos lleva no solo a descansar, sino también a renovar nuestras fuerzas (Isaías 40:31).

El Señor, a través de esta palabra, nos recuerda que si hoy estamos como aquellas ovejas, que por el cansancio no quieren ni pueden avanzar, le busquemos, pues el reposo que estamos necesitando no se encuentra afuera, sino en Él, pues Él es el dueño del reposo (Lucas 6:5).  Oración.

«Señor, en ti se encuentra mi descanso, ayúdame a no solo recordarlo, sino también a experimentarlo. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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