jueves, 25 de noviembre de 2021

Dios es nuestro centinela

 


Dios es nuestro centinela

“Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos”. Proverbios 15:3

“Él señorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones; los rebeldes no serán enaltecidos”. Salmo 66:7

Estas porciones bíblicas nos hablan de la omnipresencia y omnisciencia de Dios. Hay muchos que piensan que Dios se ha olvidado de nosotros, pero esto no es así, Dios nos observa día a día y no ignora lo que sucede en esta tierra, sea bueno o sea malo, Él lo ve todo con claridad, ve las acciones y las intenciones de los corazones de los seres humanos. Miremos Proverbios 15:11 “El Seol y el Abadón están delante de Jehová; ¡cuánto más los corazones de los hombres! “

Dios está activo y preocupado por todo lo que sucede en este mundo, los hilos de la historia están en sus manos y llegará el día en que pondrá todo en orden como ya lo ha revelado en su Palabra, borrará el mal y establecerá el bien y recompensará a todos los que hacen su voluntad en esta tierra, como lo dice el Salmo 66:7 “que sus ojos atalayan sobre las naciones”. Esta palabra en el hebreo “atalayar” tiene varios significados, como: “inclinarse hacia adelante, atisbar a la distancia; observar, aguardar, acechar, considerar, esperar, extender, mirar, vigilar”, es como un centinela que nos cuida de día y de noche.

Dios está entonces en la ecuación de la vida humana, no podemos ignorarlo y sacarlo de nuestra existencia, sus ojos están en todo lugar, todo lo ve, por eso debemos vivir agradándole en todo. Nada, absolutamente nada se sale de su radar, tarde o temprano tendremos que dar cuenta de nuestra vida. Veamos lo que dice Hebreos 4:13 “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.

Como iglesia, hoy más que nunca. debemos levantar nuestra voz para proclamar el Nombre de Cristo, para glorificarlo no sólo con palabras sino con hechos que muestren a este mundo que hay un Dios amoroso que no es ajeno a lo que nos sucede y que quiere darle la oportunidad a muchos de que se arrepientan, sean salvos, liberados de la esclavitud del pecado y transformados por su gracia, para que anden conforme a su voluntad.  Oración.

«Padre celestial gracias por cuidar de mí y de toda esta tierra, tus ojos están vigilantes a todo lo que sucede en ella, manifiestas tu soberanía sobre todo lo creado. Eres un Dios justo y bueno; sé que algún día tendré que rendir cuenta de mi vida. Quiero agradarte en todo, obedeciendo tus mandamientos y descansando en tus promesas. Guíame por sendas de rectitud por amor a tu Nombre. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 24 de noviembre de 2021

¿Cuál es nuestra historia?

 


¿Cuál es nuestra historia?

“Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó”. Salmos 105:17-19

“De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”. Gálatas 6:17

Muchas de las marcas en nuestro cuerpo y alma fueron causadas por nuestro pecado, consecuencia de una vida manejada por nuestras propias decisiones. También, por momentos difíciles donde otros nos lastimaron dejando cicatrices en lo más hondo de nuestro ser, pues antes de conocer al Señor Jesucristo fuimos marcados por nuestra rebeldía y orgullo que endureció nuestro corazón. Así fue que nos encontró nuestro Dios, heridos y rotos; como la mujer Samaritana, como José cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos. Pero, así como a ellos, nos amó, nos restauró y usó las heridas para dar testimonio a otras personas, de su poder en nosotros. Cuando Jesús aparece, nuestra vida es sanada en lo más profundo y todo tiene un nuevo sentido y es usado para su gloria.

En el libro de Gálatas, Pablo está pidiendo a los judíos que no lo molesten más, porque él ahora lleva en su cuerpo las marcas de Cristo. La palabra “marcas” significa en el griego “stigma” y se refiere a las marcas de propiedad que se le ponían a los esclavos y animales para decir que eran de alguien. Las cicatrices de Pablo eran aquellas que le fueron causadas por las persecuciones que padeció por el Nombre de Cristo. ¡Con qué orgullo llevaba esas marcas por causa del evangelio! Preguntémonos hoy: ¿las cicatrices en nuestros cuerpos, mentes y corazones, son por causa de complacer nuestra naturaleza pecaminosa o por pertenecer a Cristo?

¿Cuál es nuestra historia? Las marcas de José causadas por la injusticia de sus hermanos, forjaron su carácter para llegar a ser el segundo al mando en Egipto y por eso pudo decir: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros” Génesis 45:5

Hoy, recordemos que Cristo con su sufrimiento en la cruz y sus heridas, trajo a nosotros salvación, liberación y sanidad. Permitamos que nuestro testimonio, nuestra historia, sea usada para alcanzar a otros para el reino de Dios.    Oración.

«Señor Jesús, gracias por hallarme cuando estaba perdido y herido por mi pecado, y sanar mi ser, para que ahora sea un canal de bendición. Gracias por todas las circunstancias adversas que forjaron mi carácter. Sé que no puedo elegir que haya heridas o no en este mundo caído, pero sí puedo pedirte que transformes mi dolor en un nuevo propósito para servir a través de mi testimonio a otros. En el Nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 23 de noviembre de 2021

Persevera, Jesús viene pronto

 


Persevera, Jesús viene pronto

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma”. Hebreos 10:35-38

Dios nos tiene reservada la más excelente promesa, nuestro reencuentro con Jesucristo en el día del rapto de la iglesia. Se nos anima a no perder nuestra confianza en el Señor que vendrá con gran recompensa, como dice 2 Timoteo 4:8 “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”

Las muchas aflicciones que tenemos que sufrir en esta tierra, no pueden nublar nuestra esperanza, por eso debemos perseverar con paciencia hasta ese glorioso día, donde terminarán todos nuestros padecimientos. Si nos hemos mantenido fieles hasta ahora, ante las pruebas, debemos descansar en la gracia del Señor para continuar viviendo por fe hasta que recibamos lo que nos ha prometido.

Necesitamos mantener nuestra esperanza siempre delante de nosotros como los atletas, que tienen su mirada puesta en la meta y esto los anima a seguir hasta el final. Con mayor razón, nosotros como cristianos que vamos camino a la eternidad, debemos esforzarnos y dar lo máximo, hasta que recibamos nuestro premio: nuestro encuentro con nuestro amado Jesús.

En este peregrinaje no estamos solos, el Señor siempre nos acompaña. Anhelemos su regreso que pondrá fin a nuestra aflicción, caminando en santidad, creciendo espiritualmente y viviendo en comunión con Él. 1 Pedro 2 :11-12a dice: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles”.

Alentémonos perseverando en la fe que encontramos en la seguridad de que Cristo volverá y no tardará en terminar su plan de salvación para la humanidad, cuando dice: “porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.   Oración.

«Señor Jesús, no quiero perder la confianza en ti en medio de las aflicciones que debo enfrentar cada día, hasta que regreses por mí. Ayúdame a perseverar colocando mis ojos en la promesa de la eternidad que me espera junto a ti, manteniendo una vida santa, creciendo en tu amor y conocimiento para que el día en que regreses me halles fiel y agradándote en todo. En el Nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 22 de noviembre de 2021

La más sublime revelación de Dios

 

La más sublime revelación de Dios


“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:1-3

Dios siempre ha hablado a la humanidad desde tiempos antiguos; es un Dios que ha buscado al ser humano para tener una relación con Él y lo ha hecho de diversas maneras, a veces por instrucciones o por sueños o por visiones y por su influencia divina a través de los profetas que lo percibieron de diferentes formas. Pero no nos cabe duda que la más sublime revelación de Dios es el evangelio hecho a través de su Hijo Jesucristo y que supera todo lo anterior.

Colosenses 1:15 nos dice que “Jesús es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. Cristo en su naturaleza humana es la revelación visible del Dios invisible, por eso le dijo a sus discípulos que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre. Al contemplar el poder, la sabiduría y la bondad en la persona de Jesús también contemplamos el poder, la sabiduría y la bondad de nuestro Padre celestial.

El Hijo vino de la eternidad y todas las cosas fueron creadas por Él y para Él, todo lo sustenta por la Palabra de su poder, veamos Juan 1:1-3 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Él es la última y la más sublime manifestación de Dios, como lo dijo el apóstol en Juan 1:18 “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Jesús sustentó con amor inagotable su obra redentora en la cruz, su sufrimiento tuvo tal mérito que satisfizo la demanda de justicia del corazón de Dios; llevó sobre su cuerpo todos nuestros pecados que ofendieron al Padre y nos tenían separados de Él. La mayor revelación de todas es Jesucristo, quien habiendo terminado la redención ahora está entronizado a la diestra de Dios.

Nunca podremos estar suficientemente agradecidos de que Dios nos haya hablado de la salvación en tantas formas y con claridad creciente, siendo nosotros pecadores; por eso, hoy te invito a que nos inclinemos ante Él en admiración, gratitud y alabanza, porque Jesús es digno de toda honra y gloria.    Oración.

«Gracias Padre celestial por amarme incondicionalmente. Buscaste, de tantas maneras, revelarte al mundo para que yo te pudiera conocer a través de Jesucristo y me has dado tu salvación. Mi corazón te adora y se llena de alabanza por tu Hijo amado que se entregó en mi lugar en esa cruz, a Él toda la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos, Amén.           Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 21 de noviembre de 2021

En Cristo no hay vacilación

 


En Cristo no hay vacilación, tampoco en sus promesas

“Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; más ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. 2 corintios 1:19-22

Jesús es el cumplimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento, la misión que llevó a cabo en esta tierra, terminó con el establecimiento de la iglesia cristiana. Dios, a través de su Hijo, ofrece la obra redentora a todos los hombres y la parte que nos corresponde es aceptarla. El “si” es de Dios y el “amén” es de nosotros. Es la manera en que aceptamos o estamos de acuerdo con lo que Jesús hizo por la humanidad. Cuando decimos amén, estamos resaltando el cumplimiento de las promesas en el hablar y en el actuar, enalteciendo a Cristo.

Porque en Cristo es la consumación de todas las promesas de Dios porque es la suma y la sustancia de ellas. Y que como creyentes decimos “amén” en respuesta a Dios.

El propósito del Dios Trino, no es darnos un credo, sino que expresemos la fe y la experiencia sobre la cual se basa la doctrina, que Padre, Hijo y Espíritu Santo participan de la obra redentora. Dios nos ha ungido y nos ha sellado identificándonos con Él. Es una garantía del pago por adelantado en señal de prenda, somos pertenencia suya, esto destaca la seguridad de una relación inquebrantable de Dios con nosotros, que va más allá de la vida terrenal, hasta la eternidad.

 

El Espíritu Santo garantiza nuestra salvación y todo lo que recibiremos con el regreso de Cristo, como dice Efesios 1:13-14 “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”.

El consuelo del Espíritu Santo es como el adelanto o anticipo en esta vida terrenal, de todo lo que tendremos en la vida eterna en la presencia de Dios. Su compromiso divino es completar su obra en nosotros, confirmando el “Si” que representa Jesús.

Entonces ¿por qué temer? Si nuestro destino con Cristo ya está asegurado, vivamos ahora para Él, permitiendo que todas sus promesas se cumplan en nuestras vidas para la gloria de Dios.   Oración.

«Gracias Jesús, porque en ti no hay vacilación, todas las promesas en ti son sí y amén, para la gloria de Dios. Esto trae la seguridad a mi corazón de que con tu obra redentora soy salvo y me has marcado con el sello del Espíritu Santo para el día de tu regreso, cuando podré gozar de la plenitud de tu presencia. Esto quita todo miedo al futuro, el saber que te pertenezco y que volverás para llevarme a tu gloria eterna. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 20 de noviembre de 2021

Que tu Palabra me haga volver a ti

 


Que tu Palabra me haga volver a ti

“Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida”. Salmo 42:8

“Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza”. Nehemías 8:10

Aparentemente el salmista está desterrado en un lugar montañoso y árido y se siente alejado de Dios. Compara su ansia por agua con la sed de un siervo que brama por ella. Así debemos sentirnos cuando estamos sin comunión con Dios, porque Él es la fuente de agua viva. Cuando ya hemos experimentado el gozo de su presencia y nos apartamos, nunca estaremos satisfechos si la comunión es interrumpida, porque nos llenamos de tristeza.

David, agobiado por el sufrimiento y las dudas, vuelve a pensar en su experiencia pasada en la presencia de Dios, donde ha visto su poder y su gloria, recuerda la comunión junto al pueblo y aunque aumenta su nostalgia, esto le da esperanza. Dialoga consigo mismo diciendo: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

En momentos de desespero y angustia debemos recordar las veces que Dios nos respondió mostrándonos su grandeza y misericordia, para que oremos y le alabemos, como lo hizo David: “de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida”. No debemos permitir que la dificultad más grande nos separe de Él, ni que lo que sintamos nos robe el lugar de adoración y la plenitud del gozo de estar en su presencia.

Igualmente le pasó al pueblo de Israel en tiempos de Nehemías, que se entristecieron profundamente cuando leyeron la Ley de Dios y se dieron cuenta de cuán alejados se encontraban de Él, porque los confrontó con su pecado y entendieron cuál era su voluntad. Esto conmovió la conciencia del pueblo para que reconocieran que la situación que estaban viviendo era porque se habían apartado de las normas de Dios. Esdras y los levitas los alentaron a alegrarse, a tener gratitud y a que celebraran con regocijo el día dedicado al Señor, en que debían recordar el amor, la gracia y la salvación que Él les había manifestado.

Lo mismo que ocurrió con la predicación de Pedro que llevó a los oyentes al arrepentimiento y a reconocer a Jesús como su Salvador, en Hechos 2 :37-38 “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”, dejemos que la Palabra que oímos convierta nuestros corazones y nos haga volver en comunión con Dios.   Oración.

«Señor, que mi corazón esté tierno cuando escuche tu Palabra, sacia mi hambre y mi sed de ti. Si las situaciones de mi vida me han alejado de tu presencia y me han quitado el gozo, quiero refugiarme nuevamente en tus brazos. Gracias por confrontarme con mis pecados y llevarme al arrepentimiento, anhelo tu perdón y tu consuelo. Haz que no vuelva a caer en oscuridad por ignorar tus preceptos. En Cristo Jesús Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 19 de noviembre de 2021

Un verdadero seguidor de Cristo

 


Un verdadero seguidor de Cristo

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron” Mateo 4:18-20.

¿Somos realmente seguidores de Cristo?

Para ser seguidor de Cristo debemos nacer de nuevo, o sea, hacer nuestra confesión de arrepentimiento y entrega a Cristo como Señor y Salvador. Esto fue lo que Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:3 “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Debemos tener una relación personal con Él, dando cabida a la oración como parte de nuestra vida, anhelando su presencia. Jesús nos dejó su ejemplo en Lucas 6:12 “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios”.

Debemos siempre estar dispuestos a escuchar la voz de Jesús, conociendo y estudiando su palabra; Juan 5:39 dice “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Recordemos también Mateo 17:5b “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”.

Lo anterior debe llevarnos a amarlo, obedecerlo y creer en Él. Nuestro amor se manifiesta con obediencia; Jesús dijo en Juan 14:21 “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. Debemos vivir por fe, creyendo en Él, como dice Juan 20:31 “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.

Así entonces podremos compartir de Él, servirle sin reservas y estar dispuestos a sufrir por su causa. Llevar a otros a Cristo es un mandato, como dice Marcos 16:15 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Anhelemos servir a otros como Jesús lo hizo, Juan 12:26 “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”. Y estemos dispuestos a padecer por causa de Él, como dice Filipenses 1:29 “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”.

Hoy, evaluemos a la luz de su palabra, si somos verdaderamente sus seguidores.   Oración.

«Amado Jesús, tú me elegiste, quiero amarte con todo mi ser, seguirte y obedecerte. Ayúdame a permanecer en mi llamado, creciendo en mi relación contigo, orando fervientemente y conociendo tu palabra; solo así me prepararás para servirte, llevar a otros a Cristo y aun, sufrir por causa de ti. En el nombre de Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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