martes, 31 de agosto de 2021

El compromiso con nuestra generación

 

El compromiso con nuestra generación


“Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras”. Proverbios 24:11-12

“Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro”. Isaías 40:8-10

En el mundo hay dos clases de personas, las que han escuchado el evangelio y las que no. Estas porciones de la Palabra de Dios son una exhortación para nosotros los creyentes porque nos recuerdan que somos responsables ante Dios y ante esta generación de anunciar el evangelio. Si los que lo conocemos nos rehusamos a anunciarlo, el Señor nos recompensará de acuerdo a nuestras obras.

Aquí se subraya el valor de la salvación para cada persona en este mundo, porque cada día se enfrenta en una situación de extrema urgencia frente a la muerte, no tanto física sino espiritual. También nos muestra esa actitud de indiferencia que a veces tenemos con los perdidos y que Dios no pasará por alto, pues nos ha puesto como luz del mundo para llevar su palabra y llamar a los pecadores al arrepentimiento, para que no digamos: “Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?”.

Si sabemos que nuestro prójimo está en peligro, estamos obligados a hacer lo que esté a nuestro alcance para ayudarlo y librarlo, y más cuando se trata de estar en riesgo de perderse eternamente por el desconocimiento de Dios. ¿Será que podremos soportar que algunos se pierdan por nuestra indiferencia?

Pidamos a Dios que nos llene de pasión por el evangelio, sabiendo que tenemos la obligación de rescatar al ignorante que va camino a su destrucción espiritual. El Señor no aceptará nuestras excusas. La única generación por la que Dios nos hace responsables es la nuestra. Es nuestro compromiso evangelizar y darles la oportunidad a otros de ser salvos; animémonos a hacerlo recordando estas palabras: “Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!”   Oración.

«Señor, gracias por darme la oportunidad de conocer el evangelio, esto me hace responsable de compartir las buenas nuevas a esta generación. No permitas que caiga en la indiferencia espiritual y calle tu mensaje, porque es la única oportunidad que tienen muchos de ser salvos y cambiar su destino eterno. Hazme entender que en esta tarea no estoy solo, tengo al Espíritu Santo quien me habilita y capacita para hacerlo. En Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 30 de agosto de 2021

Antorcha que arde y alumbra

 

Antorcha que arde y alumbra


“Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; más digo esto, para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”. Juan 5:31-35

Uno de los temas que más menciona Juan en su evangelio es “el testimonio” y por eso destaca el elogio que da Jesús a Juan Bautista cuando lo compara con una antorcha que ardía e iluminaba. Juan tenía ardor porque su mensaje no era algo frío que venía de su intelecto, sino un mensaje ardiente de un corazón encendido por Dios. Juan tenía luz, su función era guiar a la gente al arrepentimiento y hacia el Señor. Y así como la lámpara se va agotando, porque al dar luz se consume a sí misma, Juan iba disminuyendo mientras Jesús iba aumentando. El verdadero testigo se consume por Dios y Juan lo sabía, por eso dijo en Juan 3:30 “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.

Haciendo este elogio, Jesús estaba acusando a los judíos porque estaban dispuestos a complacerse con Juan mientras él dijera lo que ellos esperaban, pero cuando no lo hizo lo rechazaron. Igualmente pasa con mucha gente que escucha la palabra de Dios, la acepta mientras esta no los confronte con sus errores.

Juan dio testimonio de la Verdad que era Jesús y solo buscaba que las personas se arrepintieran y se acercaran a Él. Jesús mismo era la luz, pero Juan prendió su lámpara a la luz de aquel que lo alumbraba todo.

Juan Bautista era un hombre de Dios con una misión: preparar el camino del Señor; pero fue menguando ante los ojos de todos para que Jesús fuera creciendo ante ellos. Y esto es precisamente lo que Dios espera de nosotros para que seamos verdaderas antorchas que alumbren este mundo, que mengüemos para que Él crezca y sea su luz la que ilumine a los hombres.

Hermosas palabras las de Jesús para Juan: “Él era antorcha que ardía y alumbraba”. Sería maravilloso que el Señor pudiera decir de nosotros lo mismo, porque deberíamos ser antorchas que no dejen de arder para que demos testimonio de su amor y su verdad. Mateo 5:14-16 dice “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

¿Qué estamos haciendo para ser luz del mundo? Recordemos Filipenses 2:15 “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. No solo deberíamos alumbrar, sino arder dejando ver la llama del evangelio en nosotros, esa luz que desvanece las tinieblas, que saca a flote el pecado y lleva al arrepentimiento.   Oración.

«Padre Eterno, gracias por sacarme de las tinieblas y trasladarme al reino de tu Amado Hijo. Ayúdame a entender mi misión en este mundo, la de ser antorcha que arda y alumbre la vida de otros; deseo ser esa luz que Tú dices que soy y aprovechar cada oportunidad que me das de testificar de ti. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 29 de agosto de 2021

Viviendo bajo tu amparo y protección

 

Viviendo bajo tu amparo y protección


“En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. Él se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió”. 2 Reyes 18:5-7

Esta porción de la Biblia muestra a un hombre que por buscar primeramente a Dios fue bendecido y prosperado. Se trata de Ezequías, coronado rey a los 25 años, quien asumió el cargo muy joven y entendió el propósito de Dios para su pueblo Judá que se encontraba en muchos problemas, había hambre, violencia, muerte y mucha frialdad espiritual, nada ajeno a nuestra realidad de hoy. Pero este rey tomó una decisión y puso su esperanza solo en Dios, lo siguió sin vacilación y no se apartó de sus mandamientos obedeciéndolo en todo. Esto hizo mover el corazón de Dios a su favor por lo que dice “Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba”.

Cuando somos determinados con Dios, Él respalda nuestras decisiones. Ezequías hizo un pacto con el Dios Eterno, en 2 Crónicas 29:10 dice “Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira”. Abrió las puertas de la casa de Dios que habían permanecido cerradas e hizo que todos le buscaran, oró por su pueblo según 2 Crónicas 30:20 “Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo”. Dios mueve su mano poderosa cuando le invocamos con sinceridad e intercedemos fervientemente por las necesidades de otros. Jesús dice en Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. El secreto de ser bendecidos y recibir respuestas está en colocar al Señor en primer lugar en nuestros corazones.

Ezequías hizo que Dios se inclinara a su favor porque todo lo hizo de corazón. Miremos 2 Crónicas 31:21 “En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado”.

Viendo este gran testimonio ¿qué debemos hacer nosotros? Pensemos primero qué problemas hay en nuestra casa, qué sucede en nuestra familia o en nuestro entorno, quizá la razón más grande es que las personas se han alejado de Dios y no están viviendo bajo su amparo y bendición. Sabemos que la mejor manera de ayudarlos es que conozcan de Él y le entreguen su vida, así como Ezequías lo hizo. Hagamos un pacto con Dios de buscarlo de ahora en adelante como nuestra prioridad para que cambie nuestros problemas en bendición, traiga descanso a nuestras almas, sanidad a nuestro cuerpo y paz en medio de las dificultades. Hoy más que nunca necesitamos abrir las puertas de nuestra vida y de nuestra casa al Señor, para que pueda estar a nuestro lado y llevar a nuestra familia y conocidos a que lo busquen de corazón, solo así veremos bendición y respuestas a nuestras necesidades.   Oración.

«Señor Jesucristo, ayúdame a ser fiel a Ti, a confiar y poner mi esperanza en tu Palabra, a entender que una vida obediente trae bendición, y a tener certeza de que estás a mi lado en los momentos difíciles para ayudarme, levantarme y sostenerme. Quiero que seas el primero en mi corazón, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 28 de agosto de 2021

El trigo y la cizaña

 


El trigo y la cizaña

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. Mateo 13:24- 30

La buena semilla es sembrada por Jesús y el campo es el mundo, el trigo representa a los hijos de Dios y la cizaña a los hijos del maligno, que también ha hecho su obra sembrando la mala semilla. Habrá una cosecha al final de los tiempos, dice que de la manera como se recogerá la cizaña para echarla en el fuego, nuestro amado Señor mandará a sus ángeles a recoger el trigo, a los hijos de Dios, que resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

Al principio de la germinación de las semillas, la cizaña se parece mucho al trigo que a veces es imposible distinguirlos, pero después de un tiempo se comienzan a notar las diferencias, por eso hay que dejarlos crecer al mismo tiempo hasta la siega. El grano de la cizaña es ligeramente venenoso y de otro color, hay que separarlo en el momento en que se hace la trilla.

Se puede decir que esta es una de las enseñanzas más prácticas que Jesús contó, recordando que siempre hay un poder hostil en este mundo esperando destruir la buena semilla. Sabemos que esto se refiere a las influencias que actúan en nuestra vida; unas nos ayudan a florecer y producir buen fruto, como lo es la palabra de Dios; y otras, las del mundo, nos engañan con sus deseos, placeres y vanagloria, y tratan de destruir la obra de Dios en nosotros. También enseña lo difícil que es distinguir entre los que son del reino de Dios y los que no, porque el mal se disfraza de bondad muchas veces y nos confunde. Podemos caer en juicios apresurados y arrancar lo malo con lo bueno, por lo que hay que esperar hasta el final, ya que cada persona será juzgada no por una sola acción, sino por toda su vida. Nos enseña que el juicio llegará irremisiblemente y que el único que tiene derecho a juzgar es Dios y no nosotros.

Esta parábola nos enseña que los creyentes y los incrédulos vivimos juntos en esta tierra, quizá con muchas características parecidas como el trigo y la cizaña, que pasan por las mismas experiencias, sol, calor, lluvia, frío, sequía, entre otras; en palabras actuales, serían situaciones comunes como las que estamos viviendo hoy, pandemia, crisis económicas, problemas familiares, enfermedades, fracasos, porque ninguno está exento de eso. Jesús no nos prometió una vida sin aflicción, pero sí nos aseguró gracia suficiente para soportar las adversidades en este mundo. Recordemos lo que dice 2 Corintios 12:9 “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. La gran diferencia es que en los que creemos reposa el poder de Cristo para vivir en victoria, por la presencia del Espíritu Santo.

La intención de Jesús nunca fue separar a sus seguidores del mundo, porque es aquí donde nos necesita para que seamos testimonio a los incrédulos de su amor y su gracia. No estamos comprometidos ni identificados con el mundo sino con Él y por eso oró por todos nosotros para que fuéramos guardados del mal en Juan 17:15 “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Nuestra labor entonces es influenciar a las personas con el mensaje de Jesús y atraerlos a Él. Ahora, como iglesia estamos encargados de sembrar la buena semilla.   Oración.

«Señor, estoy en este mundo, aunque ya no pertenezco a él, me has dejado con el propósito de sembrar la buena semilla para que muchos se conviertan y vuelvan su mirada a ti. Ayúdame a ser testimonio en medio del caos y confusión en el que vivo, siendo luz para los que me rodean, sin juzgar a ninguno porque Tú eres el que conoce los corazones, juzgas rectamente y sabes quienes son trigo o cizaña. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 27 de agosto de 2021

El deseo del corazón de Dios

 

El deseo del corazón de Dios

“Diles: Vivo yo, dice Jehová el


Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” Ezequiel 33:11

“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. 2 corintios 5:19

La Biblia siempre presenta a un Dios que desea que todos los hombres se vuelvan a Él y se salven, porque su amor es infinito y se deleita en misericordia; pero, aunque Dios siempre tiene la iniciativa y hace todo lo imposible para acercarse a nosotros, la decisión a favor o en contra de volvernos a Él depende de cada persona.

Dios deja muy claro cuál es su propósito con la humanidad y el apóstol Pedro nos lo recuerda en 2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Esto nos muestra la bondad y la paciencia de nuestro amoroso Dios que está esperando que muchos conozcan el evangelio y se conviertan, por eso, aunque la promesa de su regreso está por cumplirse, el Señor sigue dando la oportunidad a este mundo para que se arrepienta. La responsabilidad final recae sobre nosotros, pues el Reino de Dios está abierto para todos sin exclusión, aquellos que quieran entrar porque han puesto su fe en el Hijo de Dios.

Juan 3:17-18 nos dice “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Dios nos ha dado su provisión de salvación a través de su Hijo Jesucristo, quien se entregó en una cruz para quitar el pecado del mundo y restaurar nuestra relación con el Padre. La decisión de aceptar lo que Jesús hizo y creer en Él depende solo de los seres humanos.

El Señor Jesús inició la siembra de la palabra del Reino, después los discípulos serían comisionados para continuarla. Si nos preguntamos ¿por qué el Señor nos escogió y nos llamó a ser cristianos?, debemos entender que lo hizo para cumplir su propósito en este planeta de llevar el mensaje de reconciliación a todos los hombres. Ahora, cada creyente es el comisionado para extender su Reino como dice 2 Corintios 5:20 “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.

Entender por qué fuimos llamados, nos aclara el propósito de lo que Dios quiere hacer a través de nuestras vidas. Siempre le decimos que queremos hacer su voluntad, entonces ¿estamos dispuestos a colaborarle a Dios para cumplir su plan de salvación? Dios usará todo de nosotros, nuestra vida, nuestra profesión, nuestros recursos y nuestras habilidades, así como el entorno donde nos ha colocado, pidámosle que seamos sensibles a su voz para que nos lleve a las personas que necesitan de Él.   Oración.

«Amado Padre, gracias por el deseo de tu corazón de que todos los hombres sean salvos y te conozcan; quiero ser parte de ese propósito y comprender que me escogiste y me llamaste para ser un embajador tuyo, llevando la palabra de reconciliación para que muchos se conviertan de sus malos caminos y alcancen la vida eterna. Haz que mis planes personales se alineen con tu Plan de Salvación y que siempre haga tu voluntad en esta tierra. En Cristo Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 26 de agosto de 2021

Un tesoro más valioso que nuestras posesiones

 


Un tesoro más valioso que nuestras posesiones

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”. Mateo 13:44

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen”. Proverbios 3:13-18

Este hombre de la parábola descubrió el tesoro sin haberlo buscado y tuvo que tomar una decisión. Se dio cuenta del inmenso valor que tenía y vendió todo lo que poseía para obtenerlo. Las cosas de las que se deshizo no le causaron pena sino gozo.

Esto es una paradoja ya que la salvación es gratis y sin embargo nos cuesta todo. El reino de los cielos es comparado con ese tesoro, entonces vale la pena sacrificarlo todo para obtenerlo. El tesoro escondido es el evangelio disponible para todos, sin embargo, muchos no lo descubren, porque a pesar que se predica de muchas maneras y en todo lugar, no lo ven, no le ponen atención y pasa desapercibido ante sus ojos que sólo miran lo banal de esta vida.

No es lo mismo con los que encuentran la Palabra de Dios y la escudriñan, hallan ese gran tesoro que es Cristo, encuentran todas las bendiciones espirituales y la vida eterna. Como dice Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Cristo es el tesoro valioso, por eso debemos apropiarnos de Él a cualquier costo, es nuestro Salvador de gracia, todo pierde valor comparado con conocerlo, como decía el apóstol Pablo en Filipenses 3:8 “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. El reino de los cielos es más valioso que cualquier cosa que podamos tener.

Este mundo sólo nos ofrece falsificaciones de la verdadera riqueza, tesoros que se corrompen, que se dañan, que son perecederos y no dan felicidad.

Entonces: ¿Cuál es nuestro tesoro?, ¿nuestra casa, trabajo, posesiones, nuestra familia, amigos, pareja, etc?. La palabra de Dios dice que donde está nuestro tesoro allí está nuestro corazón.

Jesús claramente dice que el reino de los cielos es nuestro tesoro, pero no todos lo ven. Muchos pasan la vida acumulando riquezas porque creen que sin dinero no pueden hacer nada, pero la Biblia nos aclara que es sin Cristo que nada podemos hacer, la ganancia espiritual es más valiosa que el oro y las piedras preciosas, como lo explica proverbios en la cita de hoy, porque ningún tesoro terrenal nos dará vida, deleite y paz como el conocimiento de Dios.

La invitación que hoy nos hace el Señor es que para obtener ese tesoro debemos entregarle nuestra vida a Él y entender que sólo Cristo nos puede satisfacer plenamente, no podemos servir al mundo y sus placeres y al mismo tiempo servir al Señor, por eso, hoy preguntémonos ¿Dónde está nuestro corazón? Recordemos que Jesús lo dio todo por amor para asegurarnos su reino.   Oración.

«Amado Jesús, gracias porque me alumbraste con la luz del evangelio, porque lo diste todo en la cruz del calvario para asegurarme el reino de los cielos. A través del Espíritu Santo me has dado a conocer los misterios del reino y por eso, todo lo de este mundo, lo considero sin valía, comparado con el conocimiento tuyo, con la riqueza de tu Palabra, con el deleite de tu Presencia en mí. Señor Jesús gracias por ser mi tesoro. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 25 de agosto de 2021

¿De qué nos ufanamos?

 


¿De qué nos ufanamos?

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Filipenses 2:3-4

“Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; más la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”. 1 Pedro 1:24-25

Vivimos en un mundo que nos dice que nada es suficiente, por eso siempre estamos descontentos. Esta sociedad promueve la insatisfacción del ser humano. Cada día queremos más y más y competimos unos con otros a todo nivel. La humildad ha ido desapareciendo porque medimos nuestra valía por lo que tenemos o alcanzamos, y dejamos de reconocer que somos débiles y que tenemos fallas, nos hemos vuelto vacíos y egoístas porque no nos importan los demás, sólo nos preocupamos por nosotros mismos.

La Biblia aquí nos enseña qué es la humildad; y esta comienza con la intención de nuestro corazón. ¿Hacemos las cosas para nuestra vanagloria, para compararnos con los demás y sentirnos superiores?; o ¿lo hacemos para la gloria de nuestro amado Dios, valorando las oportunidades que nos da y el deseo de servir a otros con lo que tenemos o hagamos?

La soberbia siempre producirá contienda. Miremos lo que dice Proverbios 13:10 “Ciertamente la soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la sabiduría”. Y la vanagloria proviene del mundo como dice 1 Juan 2:16 “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Entonces: ¿de qué nos ufanamos? Cualquier cosa que logremos es vana, trivial y se va a quedar aquí en este mundo donde pertenece. Lo único que trasciende es lo espiritual cuando le permitimos a Dios ser transformados por Él. La humildad promoverá valía, honra, respeto y hará que nos interesemos en los demás para servirles, ayudarles y encontrar el verdadero propósito de estar todavía en esta tierra.

Dice Colosenses 2:10 “y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Sólo Jesús trae verdadera satisfacción a nuestro ser y en Él estamos completos y lo tenemos todo. Cuando entendamos esto, todo lo que hagamos y todo lo que tengamos es solo para su gloria y honra.   Oración.

«Señor Jesús, gracias por todo lo que me has permitido hacer y tener. No dejes que me llene de vanagloria personal, sino que te glorifique a ti a través de mi vida, sirviendo y ayudando a los que me rodean. La vida es corta y nada perecedero llevaré para la eternidad, sólo el fruto de vivir una vida espiritual, por eso, has que no pierda mi enfoque y coloque mi mirada en lo que me tienes reservado en el cielo. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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