martes, 21 de julio de 2020

El escudo de la Fe


El escudo de la Fe

“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.”, Efesios 6:16
“Subió, pues, Sisac rey de Egipto a Jerusalén, y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó, y tomó los escudos de oro que Salomón había hecho. Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los entregó a los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey.”, 2 Crónicas 12:9-10
El Rey Roboam quiso seguir guardando la apariencia, al reemplazar los escudos de oro, por escudos de bronce. El bronce puede llegar a ser muy parecido al oro, pero no es igual, no tiene al final la misma calidad y pureza del oro.
El escudo de oro representa la verdadera fe (1 Pedro 1:7), el escudo de bronce una fe basada en la apariencia, la religiosidad y una falsa devoción a Dios, realmente, una fe falsa.
A muchos se les anuncia el evangelio, oyen, pero no prestan atención, como dice la escritura “no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.” (hebreos 4:2).
Así que, sin fe es imposible agradar a Dios (hebreos 11: 6a), y la verdadera fe es la fe en Jesucristo, puesto que sólo Él es el camino al Padre, por eso el Señor nos dice una Palabra bastante dura: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Juan 8:24). Solo acercándonos a Él, confiando en Cristo, en su Palabra, obtenemos una fe más preciosa que el oro y somos limpiados de todo pecado.
Además de nuestra salvación por fe en Jesucristo (1 Pedro 1:9), podemos colocar nuestra fe en acción, como un escudo en tiempo de batalla, para derribar argumentos de mentira que quieren llevarnos a la esclavitud del pecado y a retroceder, a desviarnos de la fe, para que no podamos ver las inmensas riquezas espirituales que Cristo nos dio en la cruz (Filipenses 4:19). Entonces, la fe que profesas ¿es como un escudo de oro o como un escudo de bronce?   Oración.
«Gracias Padre amado, por la fe tan preciosa que me diste al levantar a tu hijo de entre los muertos, esa fe que es más preciosa que el oro y es purificada en las pruebas, en las cuales me gozo, porque sé que al final, demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo regrese. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 20 de julio de 2020

Permanecer. Parte 3


Permanecer. Parte 3

“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1 Juan 2:17
Los deseos del mundo se oponen a que hagamos la voluntad de Dios, y ¿cuáles son los deseos del mundo? Dos de ellos son la riqueza y el poder.
En cuanto al primero, Dios no se opone a que tengamos lo necesario y aún lo suficiente, Él nos da abundantemente en todas las cosas para que las disfrutemos, pero no quiere que coloquemos nuestra esperanza en ellas, pues son perecederas e inciertas (1 Timoteo 6:17); muchos las desean por encima de todo, han caído en su trampa, se desviaron de la fe y han causado demasiado sufrimiento, ya que han colocado a estas, por encima del amor de aquel que las provee abundantemente (1 Timoteo 6:10).
En cuanto al segundo, muchos al llegar a una posición de autoridad, se llenan de orgullo y abusan del poder, cuando en realidad, la actitud de cualquiera que llega a tener un puesto de gran responsabilidad, debe ser, de servicio, sin ser arrogante, sino solidario con los más necesitados, no creyéndose sabio en su propia opinión (Romanos 12:16). Realmente, todos tenemos algún puesto de autoridad, sea en nuestra familia o alguna institución y estamos llamados a servir, como Cristo sirvió y no a enseñorearse de los demás (Marcos 10:42-43).
Así que, si nosotros hacemos la voluntad de Dios en este aspecto, cuando tengamos a nuestra disposición algún bien material o alguna responsabilidad, que sea para la gloria de Dios y sea la oportunidad para mostrar el amor de Él en nosotros; y así, por lo tanto, permanecemos en Cristo.  Oración.
«Señor, gracias porque me has dado abundantemente en todo, no para ser esclavo de las cosas sino para ayudar a los que más necesitan, guíame a cumplir tu voluntad, colocando mi esperanza en ti mi Dios y no en las cosas que ofrece el mundo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 19 de julio de 2020

Permanecer. Parte 2


Permanecer. Parte 2

“El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.” 1 Juan 2:10
El segundo principio para permanecer en Cristo es Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y es que en nuestra vida diaria nos desestabiliza en gran manera tener conflictos con nuestro hermano o con nuestro prójimo, porque no fuimos creados para ser solitarios y aislados, sino para compartir y tener comunión unos con otros (1 Juan 1:7). Y estos conflictos surgen de la falta del amor de Dios en nuestro corazón. Si amamos, permanecemos en Dios, y si verdaderamente estamos en Cristo, amamos a nuestro hermano.
Si amamos a nuestro hermano no tropezamos ni hacemos caer a nuestro hermano, al contrario, estamos dispuestos a levantarlo cuando se presentan problemas en su vida.
Si odiamos o guardamos resentimiento, no sabemos por dónde caminar en la vida, nuestro camino es confuso e incierto (1 Juan 2:11), es como si anduviéramos en medio de la oscuridad de la noche, sin una lámpara.
Así que estamos llamados a la luz, amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y a solucionar con amor todo conflicto con nuestro hermano; si practicamos esto, permanecemos en Cristo.  Oración.
«Señor, ayúdame a permanecer en ti, amando a mis semejantes, practicando un amor no fingido, para que busque el bien del prójimo sin egoísmo ni contiendas. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 18 de julio de 2020

Permanecer. Parte 1


Permanecer. Parte 1
“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” 1 Juan 2:6
¿Cómo encontramos estabilidad en Cristo, de manera que los altos no nos llenen de orgullo y nos olvidemos de Dios y los bajos no nos desanimen?
La Palabra de Dios nos enseña tres principios fundamentales para permanecer en Cristo, el primero nos dice que debemos andar como Él anduvo, pero, ¿cómo anduvo Jesús?, la respuesta está en Mateo 11:29 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;”. Llevar su yugo significa aceptar sus enseñanzas y atarlas a nuestro corazón (Deuteronomio 6:6-9), tenerlas presentes en nuestro caminar, siguiendo su ejemplo en las cosas que Él decía y hacía; seguir las pisadas del maestro implica estudiar detenidamente lo que está escrito de Él, su revelación, su propósito, su amor y sobre todo, su gracia.
La fe es precisamente el comienzo de este caminar con Jesús, pero también es lo que nos sostiene para permanecer en Él como dice Colosenses 2:6 “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él”. Así que para esto hemos sido llamados, porque Él padeció por nosotros dejándonos su ejemplo, para seguir sus pisadas (1 Pedro 2:21), entonces, apliquemos este primer principio para permanecer en Él, andemos como Cristo anduvo, porque como Él es, así somos nosotros en este mundo. (1 Juan 4:17b).
El segundo principio lo aprenderemos en el próximo devocional.  Oración.
«Señor, quiero permanecer en ti, sin apartarme ni un solo instante de tu amor, ser constante, persistir en el conocimiento de Cristo, para seguir su ejemplo y aprender de su mansedumbre y de su humildad. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 17 de julio de 2020

El amor y la verdad. Parte 2


El amor y la verdad. Parte 2

“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”, 1 Juan 3:18
Para que el amor sea comprobado cierto, verdadero, es evidente que debe ser manifestado a través de las acciones, no solo de palabra bonitas. Nuestra salvación, por medio de Jesucristo fue la acción de amor más grande de la historia, el amor verdadero en su más pura esencia. Dios nos demostró su amor, despojándose a sí mismo, dando hasta la última gota de sangre por nuestra redención, por liberarnos de la esclavitud del pecado y del maligno.
Jesús lo enseñó cuando anunciaba su muerte, acerca de cuál es el mayor acto de amor: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13) y la parte que nos corresponde ahora a nosotros es: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.” (Juan 15:14), es decir, guardar sus enseñanzas, obedecerle por amor y amándonos unos a otros tal como Él nos amó (Juan 13:34), con acciones que demuestren que el amor de Dios habita en nuestro corazón, pues “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Juan 4:8).
Con lo anterior, descubrimos que el amor es el acto de reciprocidad más contundente, Dios nos dio su amor, para que amaramos incluso a nuestro enemigo, a quien nos ofende (Mateo 5:43-48). Si somos capaces de amar y orar por quien nos persigue, evidenciaremos que el amor   de Dios se ha perfeccionado en nosotros. Empecemos entonces a demostrar el amor, orando por aquellos que nos ofenden y bendiciendo su vida.   Oración.
«Padre, ayúdame a mostrar a través de mis acciones, el amor con que tú me amaste por medio de Jesús, por esto hoy quiero que bendigas grandemente a quien me haya ofendido y te pido que me des la oportunidad de reconciliarme con mi prójimo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 16 de julio de 2020

El amor y la verdad. Parte 1


El amor y la verdad. Parte 1

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” 1 Corintios 13:4-7
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” Juan 1:14
El amor y la verdad van de la mano. La verdad sin amor puede derivar en una tendencia a juzgar, a ser duros y a no tener compasión. Por eso, debemos hablar la verdad con amor para que crezcamos en todo sentido, hasta parecernos más y más a Cristo, (Efesios 4:15), en comunión y bondad manifiesta.
Así mismo, decir que amamos sin que haya verdad, no tiene sentido, sería más parecido a la hipocresía, ya que el amor no se alegra de la injusticia, sino que se alegra cuando la verdad triunfa.
No hay amor sin verdad, y esto lo vemos en la persona de Jesucristo, lleno de gracia y verdad, quien es en sí mismo, la verdad revelada de Dios y el amor manifiesto de Dios, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16).
Ahora, sabiendo esto, construyamos nuestras relaciones con base en este principio: amar siempre teniendo presente la verdad y hablar la verdad siempre sazonada con la alegría del amor. También, que el amor y la verdad se conviertan en nuestro parámetro de convivencia, y en nuestra medida equilibrada cuando reflexionemos sobre las acciones que vamos a efectuar ¿lo que voy a hacer es con amor y con verdad?  Oración.
«Señor que mi vida este dirigida por tu amor y por tu verdad, que, así como Cristo es lleno de gracia y de verdad, por el gran amor con que me amaste y diste a tu hijo por mí, yo pueda de la misma manera tratar a mi prójimo con toda verdad y con el amor que colocaste en mi corazón. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 15 de julio de 2020

¡Bástate mi gracia!


¡Bástate mi gracia!

“Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” Hechos 7:59-60
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9
Esteban era apedreado luego de predicar a Cristo, pero, ¿qué le permitió resistir ese momento tan difícil?, ¿seríamos capaces nosotros, a pesar de ese sufrimiento, tener la misma actitud de Esteban?
Lo que le permitió resistir ese momento, fue la gracia de Dios. Este discípulo se identificó tanto con Cristo, que menciona lo mismo que Cristo en el momento de la crucifixión: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23: 34a). Miremos lo que hizo Esteban, momentos antes de ser apedreado, “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:55).
Así mismo nosotros, en medio de la dificultad debemos fijar la mirada en Jesús, el iniciador y consumador de la fe (hebreos 12:2), esto no quiere decir que no nos duela cuando nos desprecian, nos ofenden o nos insultan, pero no colocamos nuestra atención en el dolor, sino en el que es nuestra paz y nuestra sanidad, en aquel que hace soportable cualquier dolor. No se trata entonces, de limitar el dolor o esconderlo, sino de resistir y mantener la calma a pesar de, que sin la gracia de Dios es imposible.
Miremos como Pablo, había clamado al Señor, porque lo sanara de una enfermedad que le causaba mucha incomodidad, pero ¿acaso Dios no podía o no quería sanarlo? Por supuesto que podía sanarle, pero tenía Dios un propósito más elevado, mostrarnos a través de la vida de Pablo, que las aflicciones temporales de la vida no son comparables con la gloria venidera, que en nosotros ha de manifestarse (Romanos 8:18).
Acaso cuando Dios ofrece gracia, ¿ofrece algo insuficiente? Claro que no, es suficiente, es rebosante, es una medida abundante, porque la gracia en sí misma es abundante “asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros.” (2 Corintios 9:14).
En estos tiempos de incertidumbre, de escasez, de aparente temor, tenemos algo que es a la vez suficiente y abundante, la gracia de Dios. Cuando Dios dice “bástate mi gracia” está asumiendo el control de todo, de tu enfermedad, de tu escasez, de tu dolor y lo va a usar para su gloria, y para que seamos perfeccionados en el amor de Cristo, para que su poder se manifieste de manera extraordinaria, sobrenatural y de manera abundante en tu vida. Por tanto, preparémonos para recibir de Dios, conforme a las riquezas en gloria en Cristo Jesus, ¿nos parece entonces insuficiente? Claro que no, es mucho más de lo que nosotros podemos pedir o esperar.  Oración.
«Señor, hay momentos en que siento que no puedo, pero recuerdo que tú me diste de tu favor inmerecido y colocaste en mi tu Espíritu, para tener fuerza y gozo aún en los momentos más difíciles, por tanto, en ti pondré mi mirada y que mis aflicciones sean para tu gloria, mi Dios. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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