jueves, 24 de octubre de 2019

ZARZAS ARDIENTES


ZARZAS ARDIENTES
“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.”, Éxodo 3:1-4
Cuando Dios nos habla, algo cambia en nuestra vida, Él tiene formas muchas veces insospechadas por nosotros de llamar nuestra atención, para que lo escuchemos atentamente y reconsideremos nuestra vida, para que tomemos decisiones correctas, o cambiemos algo que no le agrada.
Nos puede hablar por medio de una zarza ardiente espiritual. ¿Cuáles son las zarzas ardientes en nuestra vida? Son las cosas que suceden, tal vez fuertes o conflictivas, que no se pueden ignorar y retan nuestra vida, pues nos quieren llevar a una nueva posición porque nos desafían a confiar plenamente en Dios y tienen un efecto perdurable. Esto pasó con Moisés, luego de que Dios le hablara, su vida nunca volvió a ser la misma.
La clave es la confianza en Dios, porque muchas veces aparentemente no nos dirá exactamente lo que debemos hacer en alguna situación, pero podemos estar seguros de que Él colocará las cosas de tal forma que será para nuestra bendición, como dice Proverbios 3:5-6: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Dios está dispuesto a hablarnos si estamos dispuestos a escucharlo, pero lo más importante, después de escucharlo, es obedecer
.
Dios nunca nos diría algo que no fuera lo mejor para nosotros, así que, aunque no conocemos toda la historia o el final de nuestra vida, podemos estar confiados de que Dios dispondrá y nos llevará paso a paso para completarla, hasta llegar al mejor fin que tiene planeado para nosotros (Jeremías 29:11). Él tiene la mejor historia para nosotros y el mejor final, que no es otra cosa que el principio de una nueva vida gloriosa en Cristo, para toda la eternidad y del cumplimiento de su voluntad y propósito para nuestra vida.
Aprendamos a escucharlo, reflexionando sobre cada circunstancia particular que nos sucede, llevándola día a día a sus manos. Por medio de su Palabra y en oración, confiemos y estemos dispuestos a obedecer, pues el Señor dispondrá todo para darnos la instrucción precisa y para que obtengamos el mejor fin para nuestra bendición. ¿Qué es lo que Dios quiere enseñarte o quiere decirte a través de la situación por la que estás pasando ahora? 1. Oración inicial
"Gracias Señor porque tienes planes maravillosos para mi vida, estoy dispuesto a escucharte y a obedecerte, guía mi vida a una nueva dimensión, a aquella que tú sabes que es mejor para mí. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

miércoles, 23 de octubre de 2019

APRENDER A ESPERAR EN DIOS


APRENDER A ESPERAR EN DIOS

“Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré ante ti y esperaré.”, Salmos 5:3
Qué difícil es esperar, sobre todo en la sociedad actual donde podemos tener algo con un sólo click o con manipular nuestro teléfono. ¿Pero cuándo es el momento propicio para hacer algo o comprar algo? ¿No será que muchas cosas las hacemos sin esperar el tiempo de Dios? De seguro que esto traerá consecuencias. Habrá otras cosas que por mucho que las deseemos no las tendremos cuando queramos. Así que tendremos que aprender a esperar, y este principio es muy importante, hace parte del carácter que Dios quiere que formemos, pues por no saber esperar cometemos muchos pecados. Por ejemplo, no esperamos hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, lo que lleva a la fornicación y al desorden sexual, no esperamos el tiempo adecuado para un negocio, lo que lleva a la ruina, a perder la tranquilidad ante las deudas, queremos ya el último dispositivo inteligente, la última ropa de moda, queremos ya y pagamos después, lloramos al final.
Dios quiere guiarnos a su verdad y enseñarnos a esperar en su voluntad (Salmo 25:5) y darnos las cosas en el tiempo preciso, ya que en ese tiempo exacto es cuando será una bendición para nosotros (Salmo 145:15-16). Él sabe que antes de tiempo no estaremos preparados, y si recibimos lo que estamos pidiendo será para nuestro mal. ¿Acaso Dios quiere hacernos algún mal? Por supuesto que no, así que vale la pena esperar con paciencia que nuestro Dios venga a ayudarnos y a proveernos lo que pedimos; mientras tanto esperemos sin quejas, sin contiendas y con paciencia, fortalecidos en el poder de su Espíritu, (Lamentaciones 3:24-26). Hermano, piensa en este momento en aquello que le estás pidiendo a Dios y que necesitas, pídele que te dé la paciencia y la fortaleza para esperar el momento que Él disponga, mientras tanto sé diligente en prepararte para el día en que recibirás de Dios su bendición y una vez la recibas no te olvides de honrarlo y darle la gloria. Oración.
"Gracias mi Señor, estoy seguro que me darás lo que estoy pidiendo conforme a tu voluntad, en la forma y el tiempo que tu consideres apropiado, mientras tanto esperaré en ti con paciencia, fortalecido en ti y con gozo. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

martes, 22 de octubre de 2019

LA BENDICIÓN DE SERVIR A LOS DEMÁS


LA BENDICIÓN DE SERVIR A LOS DEMÁS

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”, Gálatas 5:13
El Señor pide de nosotros que vivamos de tal manera que todo lo que hagamos le agrade, que le sirvamos de todo corazón y con toda nuestra alma, obedeciendo sus mandamientos, lo cual es también para nuestro propio bien (Deuteronomio 10:12-13).
Y esta manera de vivir la practicamos y fortalecemos cada día cuando servimos a las demás, cuando por amor dejamos a un lado pensar sólo en el beneficio individual, y mejor pensamos en ayudar al prójimo.
Y esto no es una tarea fácil, servir es un don de Dios, tal vez el mayor, que requiere que nos despojemos de nosotros mismos, y que expresemos un afecto, amabilidad y un amor verdadero, aun en los momentos en que flaquean nuestras fuerzas, o cuando no nos sentimos con ánimo de servir; puesto que servir no debe ser un sentimiento pasajero o emocional sino una disposición constante de nuestro corazón.
Pidamos a Dios que coloque en nosotros el deseo firme y la fuerza para servir a los demás, pues Dios es el que produce en nosotros tanto el querer como el hacer para cumplir su buena voluntad (Filipenses 2:13).
Si practicamos el servicio a los demás como lo dice la escritura, nuestra vida personal y espiritual crecerá de manera sobrenatural. “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.” (Juan 13:14)     Oración.
"Señor, ayúdame en mi debilidad, lléname de tu amor para servir a los demás como tú hiciste; coloca la disposición, la sabiduría y la fortaleza para practicar el don del servicio. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

lunes, 21 de octubre de 2019

LA BENDICIÓN DE SERVIR A JESÚS


LA BENDICIÓN DE SERVIR A JESÚS

“y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”, Marcos 10:44-45
El Señor Jesucristo se despojó y se hizo siervo, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de siervo y se hizo hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz, como morían los criminales, para salvarnos y para darnos vida eterna (Filipenses 2:5-8).
Por esta razón estamos llamados a tener esa misma actitud que tuvo Cristo, de servir a todos, despojándonos a nosotros mismos, de nuestro egoísmo, del “yo primero”, o de suponer erróneamente que, si ya estoy con Cristo, los demás no importan.
Es mejor tener la actitud que tuvo Pablo, y decir de corazón “¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”, ay de nosotros si no enseñamos a otros el mensaje de la Palabra que da vida.
Debemos, por lo tanto, entender que anunciar a Cristo y enseñar su Palabra es un privilegio, es la mayor bendición que puede tener un ser humano, porque no se trata de cumplir objetivos temporales sino de alcanzar metas eternas.
Si Dios elevó a Cristo al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres (Filipenses 2:9), a nosotros también nos llenará de honra, Jesús mismo lo prometió cuando dijo: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (Juan 12:26). Nos premiará como un padre premia a sus hijos que le obedecen y nos recompensará no sólo en el tiempo presente sino en la eternidad, de acuerdo a sus promesas. Cuando colocamos a Cristo y a anunciar su Palabra como nuestra prioridad de vida, Él promete darnos mucho más que solo cosas materiales (Mateo 19:29), sino riquezas espirituales, de paz sobrenatural, amor y gracia sobreabundante, porque nuestro trabajo en el Señor no es en vano. Oración.
"Gracias Señor porque me has dado gracia, amor y paz abundante, y ahora es mi compromiso por amor dar de lo que me diste, enseñando a los demás tu Palabra. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

domingo, 20 de octubre de 2019

REACCIONES PRIMARIAS Y DESMEDIDAS


REACCIONES PRIMARIAS Y DESMEDIDAS

 “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor.”, Proverbios 15:1
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”, Santiago 1:19
Nos acostumbramos a responder de cierta manera ante una situación, cuando algo prueba nuestros límites. Nuestras reacciones en muchos casos son predeterminadas. Por ejemplo, cuando nos ofenden y sin pensar, sin que aún no haya terminado de hablar el ofensor, contestamos de manera impulsiva en una actitud de ofensa por ofensa, “ojo por ojo diente por diente”.
Y eso no debe ser así, pues nuestra defensa no es el insulto, sino la sabiduría. Es mejor callar si es preciso, o contestar de manera amable y serena, motivados por el amor a esa persona por la quien también murió nuestro Señor Jesucristo.
La Palabra de Dios nos enseña que debemos escuchar antes de responder. Si no lo hacemos estaremos cayendo en necedad y vergüenza (Proverbios 18:13). Algo que denota nuestro conocimiento, entendimiento y sabiduría es nuestra capacidad de controlar lo que hablamos, de refrenar la lengua y de contestar con prudencia y amabilidad (Proverbios 17:27-28).
Antes de conocer a Cristo respondíamos llevados por nuestros impulsos, pero ahora que el Espíritu de Dios habita en nosotros, nuestras reacciones no son primarias y desmedidas sino motivadas por el amor. Y si es amor, el amor no se enoja fácilmente y da un trato paciente, bondadoso y amable cuando se nos demande una respuesta (1 Corintios 13), en caso contrario callaremos por amor. Oración.
"Padre, ayúdame a escuchar antes de responder, a tener siempre una respuesta amable y llena de verdad. Que el amor de Cristo sea el motor que impulse mi vida y mis relaciones con los demás. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

sábado, 19 de octubre de 2019

LA CARGA DEL “QUÉ DIRÁN”


LA CARGA DEL “QUÉ DIRÁN”
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”, Filipenses 4:8
Perdemos gran parte de nuestra vida y nuestro propósito, escuchando y tratando de hacer, muchas veces de manera inconsciente, lo que los demás dicen y no lo que Dios quiere para nuestra vida. Como consecuencia de esto vivimos presionados, intranquilos y muchas veces hasta frustrados; lo cual es un engaño, ¡un total engaño!, y una distracción del maligno para que dejemos de pensar en lo que verdaderamente importa, aquello que da felicidad y vida en abundancia: la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. (Romanos 12:2)
Debemos centrar nuestra vida en agradar a Dios, en hacer todo por y para Él, (Colosenses 3:17, Colosenses 3:23-24) de esta manera no sólo sentiremos sino que estaremos seguros de que estamos pensando y actuando correctamente, que no se nos están colocando ideas falsas en nuestra mente, que no estamos a la deriva de lo que diga la sociedad y que por ende podemos estar tranquilos, seguros, confiados y en paz en los brazos del Señor, haciendo su voluntad, caminando de su mano, por lo tanto, todo lo que venga para nosotros a corto, mediano o largo plazo nos ayudará a bien. (Romanos 8:28)
Así que, hermanos, debemos estar atentos en todo tiempo a lo que Dios dice para nuestra vida y no al “qué dirán”, orando sin cesar para estar seguros y que el enemigo no tenga ni la más mínima manera de influenciarnos con sus mentiras y engaños. Oración.
"Padre bueno, ayúdame a enfocar mi vida y a centrar todo mi ser en agradarte a ti, y en pensar todo lo cierto, todo lo justo, todo lo bueno, todo lo amable y todo lo honesto, que así sea por el poderoso nombre de tu amado Hijo Jesús, Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

viernes, 18 de octubre de 2019

NEGLIGENCIA ESPIRITUAL


NEGLIGENCIA ESPIRITUAL

“También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador.”, Proverbios 18:9
“a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre;”, Colosenses 1:28
Si realizamos nuestro trabajo con negligencia, pereza o con poco entusiasmo, seremos reprendidos o despedidos en casos más drásticos. La Palabra de Dios nos dice que la negligencia disipa, es decir causa pérdidas, que es como si estuviéramos perdiendo tiempo y por tanto también dinero.
Si ser negligente en las cosas materiales trae consecuencias de pobreza y escasez (Proverbios 19:15), cuanto más terribles son las consecuencias de ser negligente en las cosas espirituales, puesto que traen efectos eternos. Mucha mayor pérdida y dolor trae el no obedecer a Dios y seguir sus principios.
Somos negligentes espirituales cuando no estudiamos la Palabra de Dios, pues con ella nos capacitamos y preparamos para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)
Somos negligentes espirituales cuando no colocamos en práctica sus enseñanzas, pues hacerlo nos permite que todo lo que construyamos tenga bases sólidas y tomemos decisiones que serán para nuestra bendición (Mateo 7:24-27), incluso para nuestra bendición material, pues al buscar el reino de Dios como prioridad, lo demás será añadido (Mateo 6:33).
Por esto, el Señor nos amonesta a aprovechar el tiempo para conocerle y conocer su voluntad, viviendo para agradarle; procurando entender cada día lo que Él quiere que hagamos, en vez de actuar sin pensar (Efesios 5:15-17).
Una forma de empezar a acabar con la negligencia espiritual es iniciar a formarnos diligentemente en el entendimiento de la Biblia, lo podemos hacer en una iglesia local de sana doctrina. Pide a Dios, que te guíe a iniciar el proceso más importante de tu vida. Oración.
"Mi Señor, quiero iniciar a ser diligente en aprender de ti y conocer tu Palabra, guíame a una iglesia local donde me enseñen tu Palabra, y donde puedan instruirme en el conocimiento de aquel que me sacó de la oscuridad a la luz verdadera de Jesús. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.