jueves, 19 de abril de 2018

Facultad de bendecir

Facultad de bendecir
El Dios de la Biblia es un Dios que bendice: su Palabra está llena de múltiples promesas de que El hará, y podemos tener la certeza de que, excepto en casos en los cuales debe disciplinar o castigar, siempre es su voluntad bendecir a la gente, y en especial a sus hijos que le obedecen. "[Jesús] anduvo haciendo bienes" (Hechos 10:38), e igual que El nosotros hemos de pasar por la vida bendiciendo a todo el que podamos. A nosotros sus discípulos debe conocérsenos por nuestras buenas obras de bendición para otros (Mateo 5:16; Efesios 2:10). Hemos de ser "ricos en buenas obras" (l Timoteo 6:18), "enteramente preparado[s] para toda buena obra" (2 Timoteo 3:17). La mejor manera en que los cristianos podemos ser mediadores de bendición es orando. Tenemos la oportunidad de pedir por aquellos con quienes nos es imposible entrar en contacto en ninguna otra forma. Desde los líderes de nuestra nación y de nuestra iglesia, hasta los pobres, los necesitados y los que sufren, todos pueden ser bendecidos por nuestra oración. Para nuestra familia y amigos más próximos, a quienes vemos a menudo, y para aquellos a quienes sólo tratamos una vez o de los que únicamente oímos hablar, tenemos la posibilidad de ser bendición como agentes de Dios. La petición que tantas veces oímos de: "Ore por mí" supone en realidad una súplica de bendición y ayuda. Siendo cristiano, usted debería pasar por la vida bendiciendo a los demás. Usted tiene la posibilidad de llevar adónde va ríos de bendición, de renovación y de aliento con sólo saltear sus días de una incesante oración por otros. Según se lo permitieran el tiempo y la oportunidad, usted debería bendecir en toda forma posible a tantos como pudiera (Gálatas 6:10). Su presencia tendría que traer bendición siempre; pero esto será más cierto si está pidiendo fielmente a Dios que bendiga a todos aquellos que le rodean. Usted puede encontrar oportunidades de llenar sus días de oraciones de bendición si es cuidadoso. He decidido orar más y orar siempre; orar en todo lugar donde la quietud invite a hacerlo -en casa, en el camino, en la calle-; y no dejar vía o pasaje alguno en esta ciudad que no pueda dar testimonio que no me he olvidado de Dios.... Cuando diviso cualquier iglesia en mi camino, me propongo aprovechar para pedir que el Señor sea adorado allí en espíritu y que las almas sean salvas en ese lugar. Pretendo pedir diariamente por los enfermos que conozco especial mente para que conozcan a Cristo y Su Palabra.

martes, 17 de abril de 2018

El poder para mover montañas


El poder para mover montañas
En la Biblia a veces se habla de las montañas en sentido figurado: como símbolo de fuerza y estabilidad; pero también es frecuente que éstas representen dificultades, problemas e impedimentos. Así que, si hemos de preparar el camino del Señor lo torcido debe enderezarse y los montes allanarse; entonces se revelará la gloria divina (Isaías 40:3-5; Lucas 3:4-6). Cuando el poderoso Espíritu de Dios actúa, montañas de otro modo inamovibles resultan como nada delante de la fuerza del Señor (Zacarías 4:6, 7). El Espíritu Santo, que es el único capaz de realizar esto, puede convertir los montes más insuperables en caminos y calzadas para un rápido avance (Isaías 49:11). Jesús utilizó esta ilustración del Antiguo Testamento en varias de sus enseñanzas. Cuando los discípulos no pudieron echar. Fuer. al demonio del niño atormentado, el Señor les dijo que SI tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza podrían ordenar a "este monte" (símbolo de cualquier situación o problema insuperable) y el mismo se movería. "Y nada os será imposible, (Mateo 17:20), dijo luego; añadiendo de inmediato que aquella clase de exhibición espectacular sería consecuencia de la oración y el ayuno (v. 21). En otra ocasión, cuando los discípulos se asombraron del poder de Jesús para secar la higuera estéril, Elles repitió que ellos no sólo podían hacer lo mismo, sino que incluso tenían en su mano el ordenar a los montes que se echaran en el mar, porque "todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis" (Mateo 21:21, 22). Marcos refiere el mismo incidente y cita estas palabras de Jesús: "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá" (Marcos 11:24).  Dios espera que sus hijos se enfrenten a montañas de dificultad y las muevan (vea capítulo 13), no que sean detenidos por ellas. Deben aceptarlas como un desafío: ya sea para convertirlas en caminos para la mayor gloria de Dios; o para echarlas en el mar, quitándolas completamente de la vista como si nunca hubieran existido. Jesús nos asegura que esto es del todo posible cuando sus hijos se enfrentan a los montes creyendo; pero también nos recuerda que hacerlo puede requerir una oración y un ayuno prolongados. El Espíritu Santo hará el milagro; éste no se realizará por nuestra fuerza o nuestro poder (Zacarías 4:6). En la actualidad hay cientos de montes que estorban el avance de las misiones y de la Iglesia de Cristo porque estamos confiando casi por completo en nuestra propia sabiduría, nuestra propia habilidad y nuestro propio esfuerzo. ¡Hemos hecho casi todo menos entregarnos de veras a la oración y al ayuno! La oración tiene un gran poder para mover montañas, debido a que el Espíritu Santo está dispuesto tanto a estimular nuestra intercesión como a quitar de en medio los montes que nos estorban. La oración posee la fuerza necesaria para transformar las montañas en calzadas.

lunes, 16 de abril de 2018

Asistencia angélica


Asistencia angélica
Vivimos en una época que es escéptica respecto a lo sobrenatural. Pocos cristianos piensan a menudo en la enseñanza bíblica concerniente a los ángeles. Hebreos 1:14 nos asegura que éstos son "espíritus ministradores enviados para servicio" de los hijos de Dios. No sabemos de cuántas formas nos sirven los ángeles, pero la Biblia menciona estas cuatro: Nos protegen del peligro. Lo hicieron con Jacob después de aquella noche que pasó orando (Génesis 32:1); y también con Elías, otro hombre de oración (2 Reyes 6:17). Nos libran. Los ángeles sacaron a Pedro de la cárcel (Hechos 12:1-11); y a Pablo, un ángel le aseguró que él y todos los que iban a bordo del barco serían librados (Hechos 27:23), y que la vida de ellos le habían sido concedidas benévolamente al apóstol, indicando con ello que él había orado al respecto. Nos traen mensajes de Dios. Existen muchos ejemplos bíblicos de esto. Fueron ángeles quienes dieron el anuncio a los pastores (Lucas 2:9-13), avisaron a las mujeres cuando Cristo resucitó (Mateo 28:2-7), y llevaron el mensaje a Cornelio en respuesta a sus oraciones (Hechos 10:1-7). También pueden traerle sugerencias a usted o a otra gente mediante los pensamientos. Renuevan nuestras fuerzas físicas. Así lo hicieron con Cristo después de su terrible prueba en el huerto de Getsemaní (Lucas 22:43). Indudablemente, la asistencia angélica para con los hijos de Dios es generalmente invisible, pero no por ello resulta menos real. Las biografías cristianas citan muchos ejemplos de ayuda por parte de los ángeles, tanto visible como invisible. Tenemos la promesa divina, y todo el derecho de reclamarla, de que a sus siervos que ministran en lugares especialmente peligrosos -tales como los barrios bajos de una ciudad o un campo misionero volátil- se les asignará una guardia de ángeles. Tampoco deberíamos vacilar en pedirle a Dios una protección angélica especial para nuestros seres queridos.

domingo, 15 de abril de 2018

A CONTRACORRIENTE


A CONTRACORRIENTE
Nosotros que somos salvos, hemos de estar en un lugar aparte, como quienes han tomado posición con Cristo rechazado, ante el mundo que le ha crucificado; manifestados como hombres de una raza celestial: «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (Fil 2:15). Esta es la misión ¡y cuán elevada! de los hijos de Dios. Pero cuesta mucho el vivir de esta manera. Tenemos que mantenernos cual roca solitaria en medio del ímpetu de un río caudaloso, ya que todo cuanto nos rodea está moviéndose, está bullendo; todo tiende a hacernos vacilar, una continua e implacable presión se ejerce sobre nosotros. Nos hallamos luchando en medio de una interminable oposición, la cual, tarde o temprano, nos arrastraría, sino pudiéramos contar con la firmeza de la ROCA.

Cuando vamos poniendo en práctica las palabras de Dios, entonces es cuando se levanta la tormenta contra nosotros. Ser miembro de lo que se llama una iglesia es cosa fácil; también lo es el hacer como todos los demás; el ser hombre honrado y buen ciudadano no ocasiona ninguna persecución. Uno puede reunir todas estas cualidades y, sin embargo, seguir la corriente mundana. Pero resplandecer como luminares por Dios en el mundo es cosa que provoca la enemistad; por doquiera que se ve al verdadero Cristo, se le odia. Si le ven a Él en mí, me odiarán por este motivo; por lo contrario, si gozo de buena reputación, si nadie se me opone, ¿qué significa eso para mí, como cristiano? Muy sencillo: no siendo manifestada la vida de Jesús en mi cuerpo mortal, no se puede ver a Cristo en mí. No hemos sido llamados solamente a ser buenas personas también hemos sido llamados a predicar de Cristo y su Palabra porque como creerán si no ay quien les prediquen porque la Fe viene por el oír la Palabra de Dios.

sábado, 14 de abril de 2018

EL GRAN OBJETIVO DE SATANÁS


EL GRAN OBJETIVO DE SATANÁS
El gran objetivo de Satanás es establecer para el hombre un sistema que sustituya enteramente la dirección del Espíritu Santo; ello será su obra maestra de los tiempos del fin, y la característica prominente de la gran apostasía que se acerca rápidamente. Entonces, Satanás se manifestará abiertamente y en su misma persona, como dios de este mundo, lo que, de momento, está aún escondido en misterio.

Queridos hermanos, es tiempo ya que los cristianos despertemos del sueño espiritual y examinemos si de una manera o de otra no nos hemos asociado a un sistema que madura rápidamente para el juicio.

Pero, dirán algunos, ¿cómo podemos nosotros impedir este estado de cosas? ¿No nos hallamos sujetos a ellas, aun a pesar nuestro, por nuestro comercio, nuestras profesiones, como miembros de la sociedad? ¡No podemos abandonar nuestras ocupaciones diarias! Claro, es una necesidad que cada uno admite, pero debemos notar que el hecho que cada uno la admita prueba que no es de Dios: «Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe» (1 Jn 5:4), La fe no repara en las circunstancias exteriores, en lo que es posible o en lo que sea imposible; la fe no considera lo que se ve, sino que confía en Dios. Alrededor nuestro, muchas personas nos pueden aconsejar acerca de lo que conviene hacer o evitar en la sociedad humana, pues lo que conviene al mundo es su regla y medida. Puede ser que ellas vean trazado claramente el camino que siguen, y que éste sea perfectamente razonable y satisfactorio; mas ello no tiene ningún valor para el cristiano que anda por la fe: éste bien sabe que lo que se considera universalmente como el buen camino será, al contrario, el camino de perdición, pues es el camino ancho (Lc 16:15; Mt 7:13).

¿DEBE EL CRISTIANO PARTICIPAR EN POLÍTICA?
Por ejemplo, muchos estiman que un buen ciudadano, un cristiano, debe interesarse por el gobierno de su país, y debe votar, contribuyendo así a llevar al poder hombres honorables. Pero Dios habla muy diferentemente. Repetidas veces en su Palabra, y de diversas maneras, Él me dice que como hijo suyo, no soy ciudadano de ningún país ni miembro de sociedad alguna: «Nuestra ciudadanía está en los cielos» (Fil 3:20): Desde entonces no tenemos otro quehacer que las cosas celestiales. «En la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gá 6:14). Si las cosas terrenales absorben mis pensamientos y mi corazón, me constituyo en «enemigo de la cruz de Cristo» (Fil 3:18). «No os conforméis a este siglo» (Ro 12:2).

NUESTRA CONDUCTA FRENTE A LAS AUTORIDADES
¿Qué tenemos entonces que ver con las autoridades? Pues sujetarnos a ellas, ya que Dios las ordenó; cuando imponen sus tributos, satisfacerlos, y hacer rogativas por los reyes y por todos los que están en eminencia (1 Ti 2:1). Resulta, pues, que lo único que un cristiano puede realizar en política, es someterse a las potestades superiores, «no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia» (Ro 13:5). Sin duda alguna, en Cristo, él (el cristiano) es heredero de todo, incluso de la tierra en la cual el sistema mundano opera hoy en día; pero lo mismo que Abraham en el país de Canaán, Dios no le da siquiera donde poner el pie. Como herencia actual suya: «El justo por su fe vivirá» (Hab 2:4).

Si pues el verdadero hijo de Dios deja de tomar posición definida en cosas de política, no es tanto que crea malo el adherirse a una opinión, sino que ha dado su voto y su adhesión a Aquel que está en los cielos, y que Dios ha ensalzado como Rey de los reyes y Señor de los señores. Además, las cosas terrenales perdieron todo interés para él, porque ha hallado cosas de mucho mayor valor y atractivo. También ve que el mundo es impío en su espíritu y en su esencia, y que sus reformas y progresos más preciados van apartando progresivamente de Dios el corazón del hombre. Desea dar testimonio de Dios y de su verdad, anunciando el juicio venidero en el día de la aparición de Cristo, cuando los hombres se congratularán creyendo estar en paz y seguridad; y espera que, por él, algunos aprenderán a librarse de los lazos en los cuales Satanás quiere aprisionar la humanidad entera.

viernes, 13 de abril de 2018

SATANÁS ES EL DIOS DE ESTE MUNDO


SATANÁS ES EL DIOS DE ESTE MUNDO. 1 Juan 5. 19. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.
20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
A los que pregunten los motivos por los cuales tal actitud debe caracterizarnos, contestamos: ¿No sabéis que Satanás es «el dios de este mundo», «el príncipe de la potestad del aire», el director de aquel monstruoso sistema? Es su energía, su genio inspirador, y su príncipe. Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, el diablo fue a ofrecerle «todos los reinos de la tierra y su gloria», por cuanto decía «A mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos» (Lc 4:6-7). Estos versículos descorren el velo, y aparece a plena luz el verdadero objeto de todo culto religioso del hombre. La Escritura habla de Satanás como de alguien que era «lleno de sabiduría, y acabado de hermosura» (Ez 28:12), y que se disfraza de «ángel de luz» (2 Co 11:14). ¿Cómo extrañarse, pues, de que los hombres, tanto los indiferentes como los más reflexivos, sean engañados y seducidos? ¡Cuán pocos son los que tienen los ojos abiertos para discernir, por la Palabra de Dios y la unción del Espíritu Santo, el verdadero carácter del mundo! Algunos hay que creen haber escapado al lazo de la mundanalidad porque abandonaron lo que llamamos los placeres mundanos y se hicieron miembros de determinadas iglesias, o de asociaciones religiosas; pero se dan cuenta de que siguen permaneciendo en el sistema del mundo de igual modo que antes. Sólo que Satanás, príncipe de este mundo, les haga pasar de un departamento a otro, a fin de adormecer sus conciencias inquietas, haciéndoles sentir más satisfechos de sí mismos.

¿CUÁL ES EL REMEDIO?
Siendo pues las cosas así, se nos presenta esta cuestión: ¿Cuál es el remedio? ¿Qué harán los que andan por el camino ancho y que hasta hoy vivieron de conformidad al sistema del mundo, para librarse de su influencia? ¿Cómo podrán discernir lo que es del mundo y lo que es de Dios? Dice el apóstol: «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios» (Ro 8:14). Normalmente, la vida cristiana ha de ser gobernada por Cristo, tal como el cuerpo de un hombre se halla dirigido por su cabeza; cuando se está sano, no se mueven la mano ni el pie, a no ser que lo mande la cabeza. Es precisamente en el mismo sentido que Cristo es la cabeza del cristiano (1 Co 11:3), el cual se halla entonces sometido a Él en todas las cosas, sean de poca o de mucha importancia. Así es como el cristiano hiere la mundanalidad en su propia raíz: la voluntad propia del hombre es el principio fundamental sobre el cual se halla edificado todo el sistema del mundo, mientras que la base de la vida cristiana no puede ser otra que la dependencia de Dios y la obediencia a Su voluntad.

jueves, 12 de abril de 2018

Superación de las leyes naturales


Superación de las leyes naturales
La oración puede pasar por encima de las "leyes de la naturaleza", y producir respuestas milagrosas de Dios a las necesidades desesperadas de los hombres. Si esto no fuera así, de nada valdría que orásemos por muchas situaciones problemáticas. La intercesión se reduce a un mero jugar con Dios, a tratar con ligereza la necesidad humana y a engañarnos a nosotros mismos a menos que no existan límites para lo que el Señor puede realizar. ¡No! ¡Eso jamás! La oración es tan real como Dios mismo; no hay absolutamente nada que el Señor no pueda hacer si sirve para avanzar su reino y está de acuerdo con su voluntad. La oración libera el poder de Dios. Cristo es el Creador y Preservador del universo (Juan 1:3; Colosenses 1:16, 17), y un Dios de planes, regularidad y poder. A sus formas normales de actuar las llamarnos "leyes, de la naturaleza". Él ha planeado y creado el universo de tal manera que las leyes menores pueden ser sobrepasadas por las mayores. La ley de la gravedad, por ejemplo, es susceptible de ser anulada temporalmente por la de la fuerza: cuando lanzamos una pelota, la ley de la fuerza prescribe que dicha pelota vuele suspendida en el aire hasta que la fuerza aplicada se termine, momento en el cual la ley de la gravedad vuelve a tomar el control y la pelota cae al suelo. Normalmente las leyes menores sirven a los propósitos de  las mayores, armonizan con éstas y pueden ser superadas por ellas. Aquellas leyes, por ejemplo, que controlan la materia son susceptibles de verse sobrepasadas por esas otras de la biología y de la vida, las cuales, a su vez, quizá sirvan a las de la psicología. Las leyes morales superan a las físicas, y las espirituales a todas las demás. Dios es Espíritu y está por encima de toda creación: tiene absoluta libertad, ya que es el Creador, el Sustentador y el Gobernador de todo. El Señor es libre de pasar por alto cualquiera de sus leyes, puesto que éstas no son sino una expresión de su mente creadora, la forma en que El escoge operar normalmente en el mundo que El mismo ha hecho. El "pasar por alto" una ley no "viola, o destruye" dicha ley, sino que sólo la suspende temporalmente con vistas a cumplir un objetivo mayor. Cuando Dios pasa por alto su manera habitual de obrar (la "ley natural") mediante alguna expresión especial de su voluntad, lo denominamos "milagro". Para el Señor, sin embargo, no se trata sino de otra de sus obras; por eso Jesús hizo referencia a los milagros como a "obras" (en griego erga; véase Juan 9:4; 10:25, 32, 38). La oración resulta posible porque Dios es omnipotente, el Soberano de todas sus obras, y tiene propósitos y planes eternos. El siempre pasará por encima de cualquiera de sus formas normales de actuar a fin de cumplir sus propósitos morales y espirituales y sus planes eternos. Así que la oración tiene en todo momento la posibilidad de cooperar con el propósito eterno de Dios y de asegurar su milagroso poder. El Señor no nos garantiza un milagro, pero siempre está abierto a nuestra oración para que su voluntad prevalezca y Él sea glorificado. La oración es la forma ordenada por Dios para que su poder milagroso actúe en la necesidad humana.