martes, 4 de abril de 2017

No devuelva el golpe

No devuelva el golpe
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Isaías 53:7
Jesús muestra una humilde actitud ante quienes lo atormentan: "cuando le maldecían, no respondía con maldición" (1 P. 2:23). A pesar de la provocación constante, Jesús no dijo nada malo porque no había pecado alguno en su corazón.
Sin embargo, ante semejante provocación, nuestra reacción sería más como la del apóstol Pablo. Cuando estaba en el juicio ante el sanedrín, el sumo sacerdote Ananías ordenó que se le golpeara en la boca. Su inmediata respuesta a Ananías fue: "¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!" (Hch. 23:3). Pablo tuvo que disculparse de inmediato; tal exclamación contra un sumo sacerdote era contraria a la ley (vv. 4-5; cp. Éx. 22:28).
Pablo no era perfecto. Él no es nuestro modelo de justicia. Solo Cristo es un modelo perfecto de cómo afrontar la injuria de los enemigos.
Siguiendo el ejemplo de nuestro Maestro, nunca debemos maltratar a quienes nos maltratan. No amenace
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:34
Jesús "no amenazaba" a pesar de un increíble sufrimiento (1 P. 2:23). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, santo e inmaculado, con el poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.

Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien los perdonó. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento.

lunes, 3 de abril de 2017

Siga el ejemplo de Cristo

Siga el ejemplo de Cristo
También Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.
1 Pedro 2:21
Jesús nos dio el ejemplo supremo del sufrimiento. La palabra griega traducida "ejemplo" se refiere a un modelo que se coloca debajo de un pedazo de papel para ser trazado. Al igual que los niños que aprenden sus letras trazando en un papel sobre un modelo, nosotros debemos trazar nuestra vida según el modelo que Cristo nos dejó.
Copiamos su modelo al seguir "sus pisadas". Debemos seguir las pisadas de Cristo porque Él anduvo por la senda recta. Fue también una senda de injusto sufrimiento, que es parte de la senda de justicia. Algunos sufren más que otros, pero si verdaderamente usted quiere seguir a Cristo, practicará siguiendo su ejemplo. Nuestro Salvador inmaculado
[Cristo] no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición.
1 Pedro 2:22-23
Jesucristo tiene que haber estado en el pensamiento de Pedro cuando escribió los versículos de hoy porque fue testigo del dolor de Jesús, aunque de lejos. A pesar de lo severo de su dolor, Cristo no cometió pecado alguno de palabra o de hecho.
Isaías 53:9 dice: "Nunca hizo maldad". "Maldad" se traduce como "desobediencia" en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento hebreo). Los traductores entendieron que "maldad" se refería a la desobediencia a la ley de Dios, o el pecado. A pesar del trato injusto que tuvo que soportar, Cristo no pecó ni podía pecar (cp. 1 P. 1:19).
Isaías 53:9 añade: "Ni hubo engaño en su boca". Por lo general el pecado hace su primera aparición en nosotros por lo que decimos. En Jesús no había pecado alguno, ni externa ni internamente.
Jesucristo es el ejemplo perfecto de cómo debemos reaccionar ante el trato injusto porque Él soportó el peor trato que pueda soportar persona alguna, y sin haber pecado nunca. No devuelva el golpe
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Isaías 53:7
Jesús muestra una humilde actitud ante quienes lo atormentan: "cuando le maldecían, no respondía con maldición" (1 P. 2:23). A pesar de la provocación constante, Jesús no dijo nada malo porque no había pecado alguno en su corazón.
Sin embargo, ante semejante provocación, nuestra reacción sería más como la del apóstol Pablo. Cuando estaba en el juicio ante el sanedrín, el sumo sacerdote Ananías ordenó que se le golpeara en la boca. Su inmediata respuesta a Ananías fue: "¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!" (Hch. 23:3). Pablo tuvo que disculparse de inmediato; tal exclamación contra un sumo sacerdote era contraria a la ley (vv. 4-5; cp. Éx. 22:28).
Pablo no era perfecto. Él no es nuestro modelo de justicia. Solo Cristo es un modelo perfecto de cómo afrontar la injuria de los enemigos.

Siguiendo el ejemplo de nuestro Maestro, nunca debemos maltratar a quienes nos maltratan.

domingo, 2 de abril de 2017

CAMINANDO EN LA VERDAD

CAMINANDO EN LA VERDAD

caminando a la verdadCita bíblica: 3 de Juan 1.2-3 “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad “

El camino en la vida muchas veces es demasiado sinuoso, ya que se presentan situaciones que no están contempladas en nuestro plan; en la palabra de Dios existen solamente dos caminos 1) el de maldición (de la mentira), 2) el camino de bendición (el de la verdad) por lo tanto de uno es la decisión cual elegir; sin duda que todos deseamos ser bendecidos en todo, aún que no conozcamos de las cosas de Dios, ya que al hablar de bendición inmediatamente somos transportados por la mente en las cosas materiales, ya que se considera que son lo que tienen mayor valor aquí en esta vida; ya lo dice un conocido refrán en el mundo { tanto tienes, tanto vales } sin embargo déjame aclararte algo, el caminar en la verdad implica llevar una vida de rectitud, de integridad en todos los sentidos, ser respetuoso de los valores morales y de todas las personas, ser una persona servicial, atento, dadivoso, etc. El apóstol Juan expresa un gran anhelo que proviene del fondo de su corazón <QUE SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS Y QUE TENGAS SALUD> en verdad un hermoso deseo que solo aquel que camina en integridad puede manifestarle a otro. La única condición que existe o que manifiesta el apóstol es: tal y como prospera tu alma; debo decirte lo siguiente…aquí es donde comienza el caminar en la verdad, cuando miramos en nuestro interior (en el alma) y hacemos un escrutinio de la misma para saber si es libre o está prisionera (de malos recuerdos, de resentimientos, rencores, dolor, sufrimiento, etc.) el hombre que aún no ha perdonado, sigue atado a un pasado o a algún recuerdo que por ser doloroso no le permite ser libre, por lo tanto camina en la mentira ya que un alma atormentada no puede vivir ni conoce la paz que solo nuestro Señor Jesús nos da, esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano, una paz que solo lo pueden sentir aquellos que viven en una libertad plena, no solo física, sino más bien espiritual. Quizás en tu vida te has encontrado con personas que “viven o son felices” sin embargo, resulta que solamente viven en apariencias ya que al encontrarse en la intimidad, resulta que esa aparente felicidad se ha esfumado y aflora su verdadera realidad, que no es otra cosa que la tristeza que llevan en su interior y que tratan de disfrazar con poses, o con cosas vanas; vemos entonces que esa persona se encuentra realmente enferma, aunque físicamente represente una salud inquebrantable, porque la enfermedad que presenta no está en el exterior, no, sino que se encuentra en su interior y le está corroyendo el alma, viene siendo como el cáncer que cada día está avanzando más y más. Un alma atormentada jamás podrá ser prosperada ¿sabes porque? Porque la prosperidad no se limita a lo material, ya que una persona podrá tener toda la riqueza del mundo, pero si en su interior está vacía, está pobre, es más está en un estado miserable, y un miserable que puede ofrecer sino tiene nada para dar, más bien está necesitado de que le den.

La libertad tiene un precio muy alto que muchas veces hay que pagar, esto es la física, pero la espiritual ya fue pagada hace aproximadamente 2000 años y fue a precio de sangre; hubo un inocente de toda culpa que se ofreció como ofrenda, que no escatimó ni dudo en darse así mismo, con un solo objetivo, con un solo anhelo ¿sabes cuál fue? Nada menos que tú y yo y toda la humanidad vivamos felices, seamos prosperados, y seamos libres de toda atadura, de todo grillete que nos impide caminar, que tengas sanidad y prosperidad en todas las áreas (en lo físico, en lo financiero, en lo espiritual, en lo social, en lo familiar, en lo matrimonial).

Hoy tienes que cambiar tu manera de pensar, tienes que procurar ser distinto de como eras anteriormente, cambiar tus viejas vestiduras y emprender una nueva forma de vivir, porque algo maravilloso te espera más adelante ¿lo crees? Si es así, entonces avanza porque tienes todavía mucho por hacer, por lograr, empezando por ti mismo.

<Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad> 2corintios 3.17


Te invito a que abras las puertas de tu corazón y dejes entrar al Espíritu del Señor, para que te llene de una unción fresca y saborees día con día, momento a momento de su gozo que es la LIBERTAD QUE SOLO ÉL TE PUEDE DAR. AMEN

sábado, 1 de abril de 2017

El joven rico
¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
Lucas 18:24
Cuando el joven rico le preguntó a Jesús respecto a la salvación, nuestro Señor probó de inmediato su disposición a dejarlo todo y a seguirl "vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme" (Lc. 18:22). Cuando el joven rico no prestó atención a las palabras de Jesús, demostró que no estaba dispuesto a someterse al señorío de Cristo.
El que quiera aceptar la salvación debe rendir el control de su vida al Salvador. Eso significa estar dispuesto a abandonarlo todo para seguirlo, o estar contento con todo lo que le ha dado, sabiendo que puede soberanamente darle más cuando le sirve.
La salvación es cambiar todo lo que usted es por todo lo que Cristo es. Por lo tanto, la fe salvadora no es simplemente un acto mental; ella calcula el costo (Lc. 14:28) y humildemente clama a Dios como hizo el publicano en Lucas 18:13: "Dios, sé propicio a mí, pecador".
¿Tiene usted en cuenta el costo hoy y todos los días? Dependencia como la de los niños
Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Mateo 18:3
Mientras hablaba de la genuina salvación, Jesús hizo una apropiada comparación con las características de los niños. Para ser salvo, usted debe ir a Cristo con la actitud dependiente y la perspectiva de un niñ sencillo, indefenso, confiado, sincero, sin pretensiones y sin ambiciones.

No es que los niños no tengan pecado, sino que son cándidos y modestos, dependientes de los demás y libres de egoístas reclamos de grandeza. Se someten al cuidado de sus padres y de otros seres queridos, dependiendo de ellos para que satisfagan todas sus necesidades. Esa es la actitud humilde y dependiente que debe tener todo el que procure entrar en el reino de Jesucristo.

viernes, 31 de marzo de 2017

Filipenses 4:11-13

Filipenses 4:11-13
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Es fácil pensar que algo nos pertenece. Pensamos que nuestro trabajo nos pertenece, nuestra pareja, nuestro dinero, nuestra salud, nuestra vida en general. Probablemente se deba a la costumbre que genera el día a día y simplemente damos por hecho que si el día de hoy me fui a dormir con x y z pues mañana también tendré x y z. Justamente aquí es donde entra la zona de conflicto entre Dios y nosotros. El Señor nos dice que somos administradores de lo que Él nos da pero en realidad todo le pertenece a Él y no a nosotros. Leíste bien. Todo le pertenece a Él. ¿Acaso decidiste cuándo y cómo nacer? ¿Pudiste opinar sobre el color de tus ojos? ¿Puedes decidir cuándo enfermarte? Así la lista continúa. No podemos decidir cuántos hijos tener. No podemos decidir dónde vivir. Realmente no podemos decidir nada por nuestra propia cuenta. Tal vez estás entrando en confusión con lo que acabas de leer. No te desesperes y sigue leyendo. La verdad es que nosotros podemos decidir vivir en tal o cual lugar, pero si el Señor no lo quiere así, simplemente no sucederá. Hay personas que perdieron a sus hijos a muy temprana edad. ¿Pudieron decidir algo al respecto? No. Hay personas que de un día para otro pierden su trabajo o su negocio deja de funcionar. Varios años le dedicaron. Muchas noches se fueron a dormir y al día siguiente fue lo mismo. Hasta que un día, todo cambió. Esto es lo que nos está diciendo Pablo que ha vivido. Él perseguía a los cristianos. Buscaba acabarlos. Tenía un trabajo, tenía lujos y placeres. Cada noche se acostaba y al día siguiente hacía lo mismo. Pero un día, todo cambió. Tuvo su encuentro con Dios y nada fue igual. Ahora estaba encarcelado injustamente. Había sido ya golpeado, atravesaría naufragios, sería lapidado hasta ser considerado muerto entre muchas otras cosas. Pero finalmente decidió tener contentamiento y paz a través de Cristo en quien todo lo podemos. Así también tú y yo debemos decidir hoy. Decidir por vivir agradecidos. Decidir por vivir obedeciendo y sirviendo sin importar que haya abundancia o escasez. Vivir para Cristo con hambre o con un banquete cada día. Sea cual sea tu situación, el entregar tu vida al Señor no debe depender de las circunstancias. Ahora, ¿esto quiere decir que no tendrás tristezas ni te sentirás abatido? No. Todo lo contrario. No conozco a nadie que haya perdido su trabajo o no tenga que comer que no se sienta mal. La diferencia está en entender que podemos seguir adelante pues el Señor es quien nos fortalece y no las circunstancias. ¿Lo puedes ver? Allá afuera quieren hacerte creer que tu cuenta de banco, tu casa, tu trabajo y otras cosas materiales te dan dirección y fuerza para avanzar. El problema llega cuando todo esto se viene abajo. ¿Cómo seguir? ¿Por qué crees que hay millonarios que se suicidan? Es difícil vivir entregado al Señor y poder decir las palabras que Pablo dice, pero no es imposible. De hecho, tenemos prácticamente la batalla ganada pues el Señor es quien hace todo el trabajo. A nosotros nos corresponde entregarnos. Rendirnos. Humillarnos y dedicarnos a glorificarle.
Oración

Padre: definitivamente tenía mi fortaleza y esperanza puestas en los lugares equivocados. Pensaba que yo decidía, que merecía y además que me pertenecían tantas cosas y hoy entiendo lo equivocado que estaba. Realmente todo te pertenece. Señor perdóname. Guíame en tu camino. Fortaléceme pues quiero seguirte y debo cambiar mi forma de pensar y de actuar. Te entrego mi vida y te pido que pueda vivir en obediencia y servicio a Ti, siempre agradecido y gozoso a través de la fuerza que Cristo me da. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén

miércoles, 29 de marzo de 2017

EL PODER EN MANSEDUMBRE

Tema: “EL PODER EN MANSEDUMBRE”


“En quietud y en confianza será vuestra fortaleza”
Isaías 30:15

Las cataratas del Niágara son una de las vistas más espectaculares que yo jamás haya contemplado. El rugido de 170 mil metros cúbicos de agua cada minuto las convierte en el salto de agua más poderoso en Norteamérica. Sin embargo, muy poca gente sabe que más del 50% del agua del río se desvía por cuatro túneles gigantes antes de llegar a las cataratas. Esta agua pasa por turbinas hidroeléctricas que suministran energía a las áreas cercanas en los Estados Unidos y Canadá antes de regresar al río, habiendo dejado bastante atrás las cataratas.

A algunos les encantaría que los demás pensaran que sus vidas son como las Cataratas del Niágara -salvajes, espectaculares y ruidosas. Pero el poder sin control se disipa en energía inútil. Moisés pensó que podía usar su poder como miembro de la realeza para causar la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud. Utilizó mal su poder matando a un egipcio, lo cuál sólo disipó su poder porque perdió el respeto de su propio pueblo (Éxodo 2:11-15). Dios tuvo que enseñarle mansedumbre (Números 12:3).

Los mansos prosperan porque son quienes tienen el poder bajo control. Nuestro Señor dijo: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mateo 5:5). Puede que hayas estado tratando de vivir en este mundo por medio de tu propio poder. Deja que Dios te enseñe mansedumbre para que puedas vivir y depender de Su fuerza.


Nada es más fuerte que la fuerza bajo el control de Dios.

martes, 28 de marzo de 2017

La venganza y el Reino

Versículo: Romanos 12:18-19
La venganza y el Reino

Hay pocas cosas que calan tan profundo en nuestros corazones como los males que nos vienen por mano de otros.  Es más fácil aceptar las dificultades económicas, la falta de trabajo o la enfermedad.  Cuando otras personas nos traicionan, sin embargo, nos sentimos dolidos en lo más íntimo de nuestro ser.  Superar el mal momento es todo un desafío.

En el texto de hoy Pablo nos da una orientación con respecto a este tema.  Primeramente, nos recuerda que la paz debe ser una de las características de los que andan en Cristo, porque seguimos a un Dios de paz.  De todas formas, la frase «en cuanto dependa de vosotros» nos advierte que el estar en paz con los demás es algo que requiere de la colaboración de dos personas.  Es decir, no implica solamente la ausencia de agresión de mi parte, sino también el mismo compromiso de parte de la otra persona.  Por esta razón no siempre la paz es absoluta, pues nuestros deseos de estar en paz con los demás no son correspondidos por la otra parte.
 
Nuestro llamado, no obstante, es a agotar todos los caminos posibles para cultivar y mantener una relación de paz con aquellos que son parte de nuestra vida.
El acto puntual de venganza no es más que una manifestación de ese espíritu amargado que reside dentro de nosotros.
El medio donde más cuesta llevar esta exhortación es en aquellas relaciones donde nos hemos sentido agredidos, despreciados o tratados injustamente por otros.  Allí nuestros deseos de paz se esfuman y sentimos en nuestro interior una indignación intensa que demanda que este mal sea corregido, sin importar lo que se tenga que hacer para lograrlo.

Es en estas instancias que comenzamos a luchar con los deseos de venganza.  Muchas veces creemos que el tema de la venganza pasa por una agresión abierta hacia la otra persona.  La venganza, sin embargo, se disfraza de muchas maneras diferentes.  Nos basta con saber que la venganza busca que la otra persona pase un mal momento, similar o peor al que hemos vivido nosotros.  Esto puede incluir cosas tan sutiles como humillarla públicamente o simplemente desear que lee vaya mal en la vida.  La venganza es, en últimas instancias, un sentimiento que se aloja en nuestros corazones.  El acto puntual de venganza no es más que una manifestación de ese espíritu amargado que reside dentro de nosotros.

Pablo llama a entregar esto en manos de Dios.  Esto es sabio, no solamente porque Dios es el que defiende la causa de sus hijos, sino también porque Dios es el que juzga correctamente todos los elementos de una situación y discierne el camino correcto a seguir.  Cuando dejamos la situación en sus manos, estamos afirmando que él sabe bien qué es lo que necesitamos y no hará otra cosa que lo mejor para nosotros.

Para pensar:

«Porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba su causa al que juzga justamente.» (1 Pedro 2.22, 23)