Nuestro evangelio consecuente
Él había prometido [el evangelio] antes por sus profetas en las santas Escrituras.
Romanos 1:2
¿Sabía usted que el Antiguo Testamento es absolutamente consecuente con el Nuevo? Es porque las buenas nuevas son algo antiguo, no algo nuevo. El Antiguo Testamento, desde Génesis hasta Malaquías, o cualquier libro entre ellos, es todo acerca de la revelación de Jesucristo.
Jesús dijo que las Escrituras dan testimonio de Él (Jn. 6:39). Al hablarles a los hombres que iban por el camino a Emaús, Jesús dij "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían" (Lc. 24:25-27).
¿Por qué hoy es eso tan importante para usted? Para que pueda estar confiado de que las Escrituras presentan la promesa de Dios de buenas nuevas en Cristo. El Jesús histórico
Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
1 Juan 4:9
Muchos dudan de si existió en realidad Jesús, pero muchos historiadores han escrito acerca del Señor Jesucristo.
Alrededor de 114 d.C., el historiador romano Tácito escribió que al fundador de la religión cristiana, Jesucristo, le dio muerte Poncio Pilato en el reinado del emperador romano Tiberio (Annals 15.44).
Plinio el menor escribió una carta al emperador Trajano sobre el tema de Cristo y los cristianos (Cartas 10.96-97).
En 90 d.C., el historiador judío Josefo escribió una breve nota biográfica acerca de Jesús: "Fue alrededor de ese tiempo que Jesús, un hombre sabio, si es lícito llamarlo hombre, ya que era un hacedor de obras maravillosas, maestro de tales hombres cuando recibían la verdad con agrado. Atrajo hacia Él a muchos de los judíos y a muchos de los gentiles. Él era Cristo" (Antigüedades 18.63).
El Talmud se refiere a Jesús de Nazaret (Sanhedrin 43a, Abodah Zera 16b-17a).
Jesús fue un hombre en la historia. Y sus reclamos fueron ciertos. ¿Duda de su poder para salvarlo a usted? La confirmación del Hijo de Dios
Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.
Romanos 1:4
Jesucristo tenía que ser más que hombre; tenía que ser también Dios. Si Jesucristo fuera solo hombre, aun el mejor de los hombres, no podía haber salvado a los creyentes de su pecado. Si fuera incluso el hombre justo de la simiente de David, pero no Dios, no podía haber soportado el castigo de Dios el Padre en la cruz y haber resucitado de los muertos. No podía haber vencido a Satanás y al mundo, sino que habría sido vencido como son vencidos todos los hombres.
Si hubo alguna duda de que Jesucristo era el Hijo de Dios, su resurrección de los muertos debiera eliminarla. Tenía que ser hombre para llegar a nosotros, pero tenía que ser Dios para resucitarnos. Cuando Dios resucitó a Cristo de los muertos, confirmó que era verdad lo que Él dijo.
Tan claro como el horizonte separa la tierra del cielo, así la resurrección separa a Jesucristo del resto de la humanidad. Jesucristo es Dios encarnado.
viernes, 15 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Mateo 8
Mateo 8 -
CAPÍTULO 8
Versículos 1. Multitudes siguen a Cristo. 2-4. Sana a un leproso. 5-13. Sanidad del siervo de un centurión. 14-17. Sanidad de la suegra de Pedro. 18-22. La promesa entusiasta del escriba. 23-27. Cristo en una tempestad. 28-34. Sana a dos endemoniados.
V. 1.Este versículo se refiere al final del sermón anterior. Aquellos a quienes Cristo se ha dado a conocer, desean saber más de Él.
Vv. 2-4. En estos versículos tenemos el relato de la limpieza de un leproso hecha por Cristo; el leproso se acercó a Él y lo adoró como a Uno investido de poder divino. Esta purificación no sólo nos guía a acudir a Cristo, que tiene poder sobre las enfermedades físicas, para la sanidad de ellas; también nos enseña la manera de apelar a Él. Cuando no podemos estar seguros de la voluntad de Dios, podemos estar seguros de su sabiduría y misericordia. Por grande que sea la culpa, en la sangre de Cristo hay aquello que la expía; ninguna corrupción es tan fuerte que no haya en su gracia lo que puede someterla. Para ser purificados debemos encomendarnos a su piedad; no podemos demandarlo como deuda; debemos pedirlo humildemente como un favor.
Quienes por fe apelan a Cristo por misericordia y gracia, pueden estar seguros de que Él les está dando libremente la misericordia y la gracia que ellos así procuran. Benditas sean las aflicciones que nos llevan a conocer a Cristo, y nos hacen buscar su ayuda y su salvación.
Quienes son limpios de su lepra espiritual, vayan a los ministros de Cristo y expongan su caso, para ser aconsejados, consolados y para que oren por ellos.
Vv. 5-13.Este centurión era pagano, un soldado romano. Aunque era soldado, no obstante, era un buen hombre. Ninguna vocación ni posición del hombre será excusa para la incredulidad y el pecado. Véase cómo expone el caso de su siervo. Debemos interesarnos por las almas de nuestros hijos y siervos, espiritualmente enfermos, que no sienten los males espirituales, y no conocen lo que es espiritualmente bueno; debemos llevarlos a Cristo por fe y por la oración.
Obsérvese su humillación. Las almas humildes se hacen más humildes por la gracia de Cristo en el trato con ellos. Obsérvese su gran fe. Mientras menos nos fiemos de nosotros mismos, más fuerte será nuestra confianza en Cristo. Aquí el centurión le reconoce mando con poder divino y pleno sobre todas las criaturas y poderes de la naturaleza, como un amo sobre sus siervos. Este tipo de siervos debemos ser todos para Dios; debemos ir y venir, conforme a los mandatos de su palabra y las disposiciones de su providencia.
Pero cuando el Hijo del Hombre viene, encuentra poca fe, por tanto, halla poco fruto. Una profesión externa hace que se nos llame hijos del reino, pero si descansamos en eso, y nada más podemos mostrar, seremos desechados.
El siervo obtuvo la sanidad de su enfermedad y el amo obtuvo la aprobación de su fe. Lo que se le dijo a él, se dice a todos: Cree y recibirás; sólo cree. Véase el poder de Cristo y el poder de la fe. La curación de nuestras almas es, de inmediato, el efecto y la prueba de nuestro interés en la sangre de Cristo.
Vv. 14-17.Pedro tenía una esposa aunque era apóstol de Cristo, lo que demuestra que aprobaba el estado del matrimonio, siendo bondadoso con la madre de la esposa de Pedro. La iglesia de Roma, que prohíbe que sus ministros se casen, contradice a este apóstol, sobre el cual tanto se apoyan. Tenía a su suegra consigo en su familia, lo que es ejemplo de ser bueno con nuestros padres. En la sanidad espiritual, la Escritura dice la palabra, el Espíritu da el toque, toca el corazón, toca la mano. Aquellos que se recuperan de una fiebre suelen estar débiles por un tiempo; pero para mostrar que esta curación estaba por sobre el poder de la naturaleza, la mujer estuvo tan bien que de inmediato se dedicó a los quehaceres de la casa.
Los milagros que hizo Jesús fueron publicados ampliamente, de modo que muchos se agolparon viniendo a Él, y sanó a todos los que estaban enfermos, aunque el paciente estuviera muy débil y el caso fuera de lo peor. Muchas son las enfermedades y las calamidades del cuerpo a las que estamos propensos; y hay más en esas palabras del evangelio que dicen que Jesucristo llevó nuestras enfermedades y nuestros dolores, para sostenernos y consolarnos cuando estamos sometidos a ellos, que en todos los escritos de los filósofos. No nos quejemos por el trabajo, el problema o el gasto al hacer el bien al prójimo.
Vv. 18-22.Uno de los escribas se apresuró a prometer; se dice cercano seguidor de Cristo. Parece muy resuelto. Muchas decisiones religiosas son producidas por una súbita convicción de pecado, y asumidas sin una debida reflexión; estas llegan a nada. Cuando este escriba ofreció seguir a Cristo, se podría pensar que Jesús debió sentirse animado; un escriba podía dar más crédito y servicio que doce pescadores; pero Cristo vio su corazón, y respondió a sus pensamientos, y, enseña a todos cómo ir a Cristo. Su resolución parece surgir de un principio mundano y codicioso; pero Cristo no tenía dónde reclinar su cabeza, y si él lo seguía, no debía esperar que le fuera mejor. Tenemos razón para pensar que este escriba se alejó.
Otro era demasiado lento. La demora en hacer es, por un lado, tan mala como la prisa para resolver por el otro. Pidió permiso para ocuparse de enterrar a su padre, y luego se pondría al servicio de Cristo. Esto parecía razonable aunque no era justo. No tenía celo verdadero por la obra. Enterrar al muerto, especialmente a un padre muerto, es una buena obra, pero no es tu obra en este momento. Si Cristo requiere nuestro servicio, debe cederse aun el afecto por los parientes más cercanos y queridos, y por las cosas que no son nuestro deber. A la mente sin disposición nunca le faltan las excusas. Jesús le dijo: Sígueme, y, sin duda, salió poder con esta palabra para él como para los otros; siguió a Cristo y se aferró de Él. El escriba dijo, yo te seguiré; a este otro hombre Cristo le dijo: Sígueme; comparándolos, se ve que somos llevados a Cristo por la fuerza de su llamado personal, Romanos ix, 16.
Vv. 23-27.Consuelo para quienes se hacen a la mar en barcos, y suelen peligrar allí, es reflexionar que tienen un Salvador en quien confiar y al cual orar, que sabe qué es estar en el agua y estar en tormentas. Quienes están pasando por el océano de este mundo con Cristo, deben esperar tormentas.
Su naturaleza humana, semejante a nosotros en todo, pero sin pecado, estaba fatigada y se durmió en ese momento para probar la fe de sus discípulos. Ellos fueron a su Maestro en su temor. Así es en el alma; cuando las lujurias y las tentaciones se levantan y rugen, y Dios está, al parecer, dormido a lo que ocurre, esto nos lleva al borde de la desesperación. Entonces, se clama por una palabra de su boca: Señor Jesús, no te quedes callado o estoy acabado. Muchos que tienen fe verdadera son débiles en ella. Los discípulos de Cristo eran dados a inquietarse con temores en un día tempestuoso; se atormentaban a sí mismos con que las cosas estaban mal para ellos, y con pensamientos desalentadores de que vendrá algo peor. Las grandes tormentas de la duda y temor en el alma, bajo el poder del espíritu de esclavitud, suelen terminar en una calma maravillosa, creada y dirigida por el Espíritu de adopción.
Ellos quedaron estupefactos. Nunca habían visto que una tormenta fuera de inmediato calmada a la perfección. El que puede hacer esto, puede hacer cualquier cosa, lo que estimula la confianza y el consuelo en Él, en el día más tempestuoso de adentro o de afuera, Isaías xxvi, 4.
Vv. 28-34.Los demonios nada tienen que ver con Cristo como Salvador; ellos no tienen ni esperan ningún beneficio de Él. ¡Oh, la profundidad de este misterio del amor divino: que el hombre caído tenga tanto que ver con Cristo, cuando los ángeles caídos nada tienen que ver con Él! Hebreos ii, 16. Seguramente que aquí sufrieron un tormento, al ser forzados a reconocer la excelencia que hay en Cristo, y aún así, no tener parte con Él. Los demonios no desean tener nada que ver con Cristo como Rey . Véase qué lenguaje hablan quienes no tendrán nada que ver con el evangelio de Cristo. Pero no es verdad que los demonios no tengan nada que ver con Cristo como Juez , porque tienen que ver, y lo saben; así es para con todos los hijos de los hombres.
Satanás y sus instrumentos no pueden ir más allá de lo que el Señor permita; ellos deben dejar la posesión cuando Él manda. No pueden romper el cerco de protección en torno a su pueblo; ni siquiera pueden entrar en un cerdo sin su permiso.
Recibieron el permiso. A menudo Dios permite, por objetivos santos y sabios, los esfuerzos de la ira de Satanás. Así, pues, el diablo apresura a la gente a pecar; los apura a lo que han resuelto en contra, de lo cual saben que será vergüenza y pena para ellos: miserable es la condición de los que son llevados cautivos por él a su voluntad.
Hay muchos que prefieren sus cerdos al Salvador y, así, no alcanzan a Cristo y la salvación por Él. Ellos desean que Cristo se vaya de sus corazones, y no soportan que Su Palabra tenga lugar en ellos, porque Él y su palabra destruirían sus concupiscencias brutales, eso que se entrega a los cerdos como alimento. Justo es que Cristo abandone a los que están cansados de Él; y después diga: Apartaos, malditos, a quienes ahora le dicen al Todopoderoso: Véte de nosotros.
CAPÍTULO 8
Versículos 1. Multitudes siguen a Cristo. 2-4. Sana a un leproso. 5-13. Sanidad del siervo de un centurión. 14-17. Sanidad de la suegra de Pedro. 18-22. La promesa entusiasta del escriba. 23-27. Cristo en una tempestad. 28-34. Sana a dos endemoniados.
V. 1.Este versículo se refiere al final del sermón anterior. Aquellos a quienes Cristo se ha dado a conocer, desean saber más de Él.
Vv. 2-4. En estos versículos tenemos el relato de la limpieza de un leproso hecha por Cristo; el leproso se acercó a Él y lo adoró como a Uno investido de poder divino. Esta purificación no sólo nos guía a acudir a Cristo, que tiene poder sobre las enfermedades físicas, para la sanidad de ellas; también nos enseña la manera de apelar a Él. Cuando no podemos estar seguros de la voluntad de Dios, podemos estar seguros de su sabiduría y misericordia. Por grande que sea la culpa, en la sangre de Cristo hay aquello que la expía; ninguna corrupción es tan fuerte que no haya en su gracia lo que puede someterla. Para ser purificados debemos encomendarnos a su piedad; no podemos demandarlo como deuda; debemos pedirlo humildemente como un favor.
Quienes por fe apelan a Cristo por misericordia y gracia, pueden estar seguros de que Él les está dando libremente la misericordia y la gracia que ellos así procuran. Benditas sean las aflicciones que nos llevan a conocer a Cristo, y nos hacen buscar su ayuda y su salvación.
Quienes son limpios de su lepra espiritual, vayan a los ministros de Cristo y expongan su caso, para ser aconsejados, consolados y para que oren por ellos.
Vv. 5-13.Este centurión era pagano, un soldado romano. Aunque era soldado, no obstante, era un buen hombre. Ninguna vocación ni posición del hombre será excusa para la incredulidad y el pecado. Véase cómo expone el caso de su siervo. Debemos interesarnos por las almas de nuestros hijos y siervos, espiritualmente enfermos, que no sienten los males espirituales, y no conocen lo que es espiritualmente bueno; debemos llevarlos a Cristo por fe y por la oración.
Obsérvese su humillación. Las almas humildes se hacen más humildes por la gracia de Cristo en el trato con ellos. Obsérvese su gran fe. Mientras menos nos fiemos de nosotros mismos, más fuerte será nuestra confianza en Cristo. Aquí el centurión le reconoce mando con poder divino y pleno sobre todas las criaturas y poderes de la naturaleza, como un amo sobre sus siervos. Este tipo de siervos debemos ser todos para Dios; debemos ir y venir, conforme a los mandatos de su palabra y las disposiciones de su providencia.
Pero cuando el Hijo del Hombre viene, encuentra poca fe, por tanto, halla poco fruto. Una profesión externa hace que se nos llame hijos del reino, pero si descansamos en eso, y nada más podemos mostrar, seremos desechados.
El siervo obtuvo la sanidad de su enfermedad y el amo obtuvo la aprobación de su fe. Lo que se le dijo a él, se dice a todos: Cree y recibirás; sólo cree. Véase el poder de Cristo y el poder de la fe. La curación de nuestras almas es, de inmediato, el efecto y la prueba de nuestro interés en la sangre de Cristo.
Vv. 14-17.Pedro tenía una esposa aunque era apóstol de Cristo, lo que demuestra que aprobaba el estado del matrimonio, siendo bondadoso con la madre de la esposa de Pedro. La iglesia de Roma, que prohíbe que sus ministros se casen, contradice a este apóstol, sobre el cual tanto se apoyan. Tenía a su suegra consigo en su familia, lo que es ejemplo de ser bueno con nuestros padres. En la sanidad espiritual, la Escritura dice la palabra, el Espíritu da el toque, toca el corazón, toca la mano. Aquellos que se recuperan de una fiebre suelen estar débiles por un tiempo; pero para mostrar que esta curación estaba por sobre el poder de la naturaleza, la mujer estuvo tan bien que de inmediato se dedicó a los quehaceres de la casa.
Los milagros que hizo Jesús fueron publicados ampliamente, de modo que muchos se agolparon viniendo a Él, y sanó a todos los que estaban enfermos, aunque el paciente estuviera muy débil y el caso fuera de lo peor. Muchas son las enfermedades y las calamidades del cuerpo a las que estamos propensos; y hay más en esas palabras del evangelio que dicen que Jesucristo llevó nuestras enfermedades y nuestros dolores, para sostenernos y consolarnos cuando estamos sometidos a ellos, que en todos los escritos de los filósofos. No nos quejemos por el trabajo, el problema o el gasto al hacer el bien al prójimo.
Vv. 18-22.Uno de los escribas se apresuró a prometer; se dice cercano seguidor de Cristo. Parece muy resuelto. Muchas decisiones religiosas son producidas por una súbita convicción de pecado, y asumidas sin una debida reflexión; estas llegan a nada. Cuando este escriba ofreció seguir a Cristo, se podría pensar que Jesús debió sentirse animado; un escriba podía dar más crédito y servicio que doce pescadores; pero Cristo vio su corazón, y respondió a sus pensamientos, y, enseña a todos cómo ir a Cristo. Su resolución parece surgir de un principio mundano y codicioso; pero Cristo no tenía dónde reclinar su cabeza, y si él lo seguía, no debía esperar que le fuera mejor. Tenemos razón para pensar que este escriba se alejó.
Otro era demasiado lento. La demora en hacer es, por un lado, tan mala como la prisa para resolver por el otro. Pidió permiso para ocuparse de enterrar a su padre, y luego se pondría al servicio de Cristo. Esto parecía razonable aunque no era justo. No tenía celo verdadero por la obra. Enterrar al muerto, especialmente a un padre muerto, es una buena obra, pero no es tu obra en este momento. Si Cristo requiere nuestro servicio, debe cederse aun el afecto por los parientes más cercanos y queridos, y por las cosas que no son nuestro deber. A la mente sin disposición nunca le faltan las excusas. Jesús le dijo: Sígueme, y, sin duda, salió poder con esta palabra para él como para los otros; siguió a Cristo y se aferró de Él. El escriba dijo, yo te seguiré; a este otro hombre Cristo le dijo: Sígueme; comparándolos, se ve que somos llevados a Cristo por la fuerza de su llamado personal, Romanos ix, 16.
Vv. 23-27.Consuelo para quienes se hacen a la mar en barcos, y suelen peligrar allí, es reflexionar que tienen un Salvador en quien confiar y al cual orar, que sabe qué es estar en el agua y estar en tormentas. Quienes están pasando por el océano de este mundo con Cristo, deben esperar tormentas.
Su naturaleza humana, semejante a nosotros en todo, pero sin pecado, estaba fatigada y se durmió en ese momento para probar la fe de sus discípulos. Ellos fueron a su Maestro en su temor. Así es en el alma; cuando las lujurias y las tentaciones se levantan y rugen, y Dios está, al parecer, dormido a lo que ocurre, esto nos lleva al borde de la desesperación. Entonces, se clama por una palabra de su boca: Señor Jesús, no te quedes callado o estoy acabado. Muchos que tienen fe verdadera son débiles en ella. Los discípulos de Cristo eran dados a inquietarse con temores en un día tempestuoso; se atormentaban a sí mismos con que las cosas estaban mal para ellos, y con pensamientos desalentadores de que vendrá algo peor. Las grandes tormentas de la duda y temor en el alma, bajo el poder del espíritu de esclavitud, suelen terminar en una calma maravillosa, creada y dirigida por el Espíritu de adopción.
Ellos quedaron estupefactos. Nunca habían visto que una tormenta fuera de inmediato calmada a la perfección. El que puede hacer esto, puede hacer cualquier cosa, lo que estimula la confianza y el consuelo en Él, en el día más tempestuoso de adentro o de afuera, Isaías xxvi, 4.
Vv. 28-34.Los demonios nada tienen que ver con Cristo como Salvador; ellos no tienen ni esperan ningún beneficio de Él. ¡Oh, la profundidad de este misterio del amor divino: que el hombre caído tenga tanto que ver con Cristo, cuando los ángeles caídos nada tienen que ver con Él! Hebreos ii, 16. Seguramente que aquí sufrieron un tormento, al ser forzados a reconocer la excelencia que hay en Cristo, y aún así, no tener parte con Él. Los demonios no desean tener nada que ver con Cristo como Rey . Véase qué lenguaje hablan quienes no tendrán nada que ver con el evangelio de Cristo. Pero no es verdad que los demonios no tengan nada que ver con Cristo como Juez , porque tienen que ver, y lo saben; así es para con todos los hijos de los hombres.
Satanás y sus instrumentos no pueden ir más allá de lo que el Señor permita; ellos deben dejar la posesión cuando Él manda. No pueden romper el cerco de protección en torno a su pueblo; ni siquiera pueden entrar en un cerdo sin su permiso.
Recibieron el permiso. A menudo Dios permite, por objetivos santos y sabios, los esfuerzos de la ira de Satanás. Así, pues, el diablo apresura a la gente a pecar; los apura a lo que han resuelto en contra, de lo cual saben que será vergüenza y pena para ellos: miserable es la condición de los que son llevados cautivos por él a su voluntad.
Hay muchos que prefieren sus cerdos al Salvador y, así, no alcanzan a Cristo y la salvación por Él. Ellos desean que Cristo se vaya de sus corazones, y no soportan que Su Palabra tenga lugar en ellos, porque Él y su palabra destruirían sus concupiscencias brutales, eso que se entrega a los cerdos como alimento. Justo es que Cristo abandone a los que están cansados de Él; y después diga: Apartaos, malditos, a quienes ahora le dicen al Todopoderoso: Véte de nosotros.
miércoles, 13 de enero de 2010
El Cristo incomparable
El Cristo incomparable
Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.
Colosenses 1:17
Jesucristo es la personalidad incomparable de toda la historia humana.
Sócrates enseñó cuarenta años, Platón cincuenta y Aristóteles cuarenta. El ministerio público de Jesús duró menos de tres años, pero la influencia de su vida es mucho más importante que los ciento treinta años combinados de los tres filósofos más grandes de toda la antigüedad.
Jesús nunca pintó un cuadro, pero algunas de las mejores pinturas de Rafael, Miguel Ángel, Da Vinci y de muchos otros artistas encontraron en Él su inspiración.
Jesús no escribió poesía, pero Dante, Milton y muchos de los más grandes poetas del mundo han sido inspirados por Él como ningún otro. Ralph Waldo Emerson dijo que el nombre de Cristo "más que escribirse se ha grabado en la historia de este mundo".
Jesús no compuso música, pero Haydn, Händel, Beethoven, Bach, Mendelssohn y muchos otros alcanzaron la más elevada perfección de melodía en composiciones acerca de Él.
Jesucristo ha influido en la sociedad humana como ningún otro. El Cristo incomparable es las buenas nuevas. Y lo que la hace tan buena noticia es que el hombre no merece nada y que Dios es muy misericordioso. Pocas palabras
Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
2 Pedro 1:21
Unas trescientas palabras son suficientes para resumir en español toda la ley moral de Dios en los Diez Mandamientos. Dios la condensó aun más cuando dij "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt. 22:37-39). Solo setenta y cinco palabras componen la enseñanza definitiva sobre la oración, el Padrenuestro, en Mateo 6:9-13.
El hombre no tiene tanta capacidad para la brevedad esencial. ¡Hubo una vez un estudio gubernamental para regular el precio del repollo o la col que tenía más de veintiséis mil palabras!
Déle gracias a Dios por la provisión de su Palabra profunda. El cumplimiento de la ley
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Mateo 5:48
Jesús se enfrentó a gran oposición durante su ministerio cuando no estuvo de acuerdo con la teología judía contemporánea (Mt. 15:1-3). Como era hipocresía, rechazó la presunta devoción de los fariseos.
Muchos en su época decían: "¿Está Jesús diciendo una nueva verdad? ¿Está realmente hablando en nombre de Dios? Él no dice lo que dicen los fariseos. En realidad, dice lo opuesto de lo que se nos enseña".
Jesús dij "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mt. 5:17). Jesús no condenó la ley del Antiguo Testamento, sino que condenó la tradición que se había creado alrededor de ella. Los guías religiosos habían pervertido tanto la ley de Dios que Jesús declaró: "Os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (v. 20).
¿De qué justicia depende usted? ¿De la suya o de la de Cristo?
Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.
Colosenses 1:17
Jesucristo es la personalidad incomparable de toda la historia humana.
Sócrates enseñó cuarenta años, Platón cincuenta y Aristóteles cuarenta. El ministerio público de Jesús duró menos de tres años, pero la influencia de su vida es mucho más importante que los ciento treinta años combinados de los tres filósofos más grandes de toda la antigüedad.
Jesús nunca pintó un cuadro, pero algunas de las mejores pinturas de Rafael, Miguel Ángel, Da Vinci y de muchos otros artistas encontraron en Él su inspiración.
Jesús no escribió poesía, pero Dante, Milton y muchos de los más grandes poetas del mundo han sido inspirados por Él como ningún otro. Ralph Waldo Emerson dijo que el nombre de Cristo "más que escribirse se ha grabado en la historia de este mundo".
Jesús no compuso música, pero Haydn, Händel, Beethoven, Bach, Mendelssohn y muchos otros alcanzaron la más elevada perfección de melodía en composiciones acerca de Él.
Jesucristo ha influido en la sociedad humana como ningún otro. El Cristo incomparable es las buenas nuevas. Y lo que la hace tan buena noticia es que el hombre no merece nada y que Dios es muy misericordioso. Pocas palabras
Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
2 Pedro 1:21
Unas trescientas palabras son suficientes para resumir en español toda la ley moral de Dios en los Diez Mandamientos. Dios la condensó aun más cuando dij "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt. 22:37-39). Solo setenta y cinco palabras componen la enseñanza definitiva sobre la oración, el Padrenuestro, en Mateo 6:9-13.
El hombre no tiene tanta capacidad para la brevedad esencial. ¡Hubo una vez un estudio gubernamental para regular el precio del repollo o la col que tenía más de veintiséis mil palabras!
Déle gracias a Dios por la provisión de su Palabra profunda. El cumplimiento de la ley
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Mateo 5:48
Jesús se enfrentó a gran oposición durante su ministerio cuando no estuvo de acuerdo con la teología judía contemporánea (Mt. 15:1-3). Como era hipocresía, rechazó la presunta devoción de los fariseos.
Muchos en su época decían: "¿Está Jesús diciendo una nueva verdad? ¿Está realmente hablando en nombre de Dios? Él no dice lo que dicen los fariseos. En realidad, dice lo opuesto de lo que se nos enseña".
Jesús dij "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mt. 5:17). Jesús no condenó la ley del Antiguo Testamento, sino que condenó la tradición que se había creado alrededor de ella. Los guías religiosos habían pervertido tanto la ley de Dios que Jesús declaró: "Os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (v. 20).
¿De qué justicia depende usted? ¿De la suya o de la de Cristo?
lunes, 11 de enero de 2010
Exodos 19
Exodos 19 -
CAPÍTULO 19
Versículos 1-8. El pueblo llega a Sinaí-El mensaje de Dios y su respuesta. 9-15. Instrucciones al pueblo y su preparación para oír la ley. 16-25. La presencia de Dios en el Sinaí.
Vv. 1-8.Moisés fue llamado para que subiera al monte y fue empleado como mensajero del pacto. El Hacedor y principal impulsor del pacto es Dios mismo. Este bendito estatuto fue concedido por la libre gracia de Dios. El pacto aquí mencionado fue el pacto nacional por el cual los israelitas llegaron a ser un pueblo gobernado por Jehová. Fue un tipo del nuevo pacto hecho con los creyentes verdaderos en Cristo Jesús pero, como otros tipos, sólo era una sombra de las cosas buenas que vendrán. Como nación quebrantaron el pacto; por tanto, el Señor declaró que Él haría un nuevo pacto con Israel escribiendo su ley, no sobre tablas de piedras, sino en sus corazones, Jeremías xxxi, 33; Hebreos viii, 7–10. El pacto aludido en estos lugares como próximo a desaparecer es el pacto nacional con Israel que ellos perdieron por su pecado. Si no atendemos cuidadosamente a esto, caeremos en errores al leer el Antiguo Testamento. No debemos suponer que la nación de los judíos bajo el pacto de obras, nada sabe del arrepentimiento ni de la fe en un Mediador, del perdón de pecados ni de la gracia; ni debemos suponer tampoco que toda la nación de Israel tuvo el carácter y poseyó los privilegios de los creyentes verdaderos, como verdaderos partícipes del pacto de gracia. Todos ellos estaban bajo una dispensación de misericordia ; tuvieron privilegios externos y ventajas para la salvación; pero, como los cristianos profesantes, la mayoría se quedó allí, sin pasar más adelante.
Israel aceptó las condiciones. Respondieron como un solo hombre: “Todo lo que Jehová ha dicho haremos”. ¡Oh, que hubiera habido en ellos un corazón así dispuesto! Moisés, como mediador, transmitió las palabras del pueblo a Dios. Así, Cristo el Mediador, como Profeta, nos revela la voluntad de Dios, sus preceptos y promesas y, luego, como Sacerdote, ofrece a Dios nuestros sacrificios espirituales, no sólo de oración y alabanza, sino de afectos devotos y resoluciones piadosas, ¡la obra de su propio Espíritu en nosotros!
Vv. 9-15.La manera solemne en que la ley fue entregada era para impresionar al pueblo con el sentido correcto de la majestad divina. También para convencerlo de su propia culpa y mostrar que ellos no podían soportar un juicio ante Dios sobre la base de su propia obediencia. El pecador descubre en la ley lo que debe ser, lo que él es y lo que le falta. Allí aprende la naturaleza, la necesidad y la gloria de la redención y de haber sido hecho santo. Habiéndosele enseñado a refugiarse en Cristo y a amarlo, la ley es la regla de su obediencia y fe.
Vv. 16-25.Nunca antes, ni desde entonces se ha predicado un sermón como aquel que fue predicado a la iglesia en el desierto. Se podría suponer que los terrores deben de haber sofrenado la presunción y curiosidad del pueblo; pero el corazón endurecido del pecador aún no vivificado puede tratar negligentemente las amenazas y los juicios más terribles. Al acercarnos a Dios nunca debemos olvidar su santidad y grandeza, ni nuestra bajeza e inmundicia. No podemos resistir un juicio ante Él conforme a su justa ley.
El transgresor convicto pregunta: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Y escucha la voz: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo. El Espíritu Santo, que hizo la ley para convencer de pecado, ahora toma de las cosas de Cristo y nos las muestra. En el evangelio leemos que Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición. Tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudimos ser justificados, en Él somos justificados. La ley divina es obligatoria como regla de vida. El Hijo de Dios descendió del cielo y sufrió la pobreza, el oprobio, la agonía y la muerte no sólo para redimirnos de la maldición de la ley, sino para constreñirnos más estrictamente a guardar sus mandamientos.
CAPÍTULO 19
Versículos 1-8. El pueblo llega a Sinaí-El mensaje de Dios y su respuesta. 9-15. Instrucciones al pueblo y su preparación para oír la ley. 16-25. La presencia de Dios en el Sinaí.
Vv. 1-8.Moisés fue llamado para que subiera al monte y fue empleado como mensajero del pacto. El Hacedor y principal impulsor del pacto es Dios mismo. Este bendito estatuto fue concedido por la libre gracia de Dios. El pacto aquí mencionado fue el pacto nacional por el cual los israelitas llegaron a ser un pueblo gobernado por Jehová. Fue un tipo del nuevo pacto hecho con los creyentes verdaderos en Cristo Jesús pero, como otros tipos, sólo era una sombra de las cosas buenas que vendrán. Como nación quebrantaron el pacto; por tanto, el Señor declaró que Él haría un nuevo pacto con Israel escribiendo su ley, no sobre tablas de piedras, sino en sus corazones, Jeremías xxxi, 33; Hebreos viii, 7–10. El pacto aludido en estos lugares como próximo a desaparecer es el pacto nacional con Israel que ellos perdieron por su pecado. Si no atendemos cuidadosamente a esto, caeremos en errores al leer el Antiguo Testamento. No debemos suponer que la nación de los judíos bajo el pacto de obras, nada sabe del arrepentimiento ni de la fe en un Mediador, del perdón de pecados ni de la gracia; ni debemos suponer tampoco que toda la nación de Israel tuvo el carácter y poseyó los privilegios de los creyentes verdaderos, como verdaderos partícipes del pacto de gracia. Todos ellos estaban bajo una dispensación de misericordia ; tuvieron privilegios externos y ventajas para la salvación; pero, como los cristianos profesantes, la mayoría se quedó allí, sin pasar más adelante.
Israel aceptó las condiciones. Respondieron como un solo hombre: “Todo lo que Jehová ha dicho haremos”. ¡Oh, que hubiera habido en ellos un corazón así dispuesto! Moisés, como mediador, transmitió las palabras del pueblo a Dios. Así, Cristo el Mediador, como Profeta, nos revela la voluntad de Dios, sus preceptos y promesas y, luego, como Sacerdote, ofrece a Dios nuestros sacrificios espirituales, no sólo de oración y alabanza, sino de afectos devotos y resoluciones piadosas, ¡la obra de su propio Espíritu en nosotros!
Vv. 9-15.La manera solemne en que la ley fue entregada era para impresionar al pueblo con el sentido correcto de la majestad divina. También para convencerlo de su propia culpa y mostrar que ellos no podían soportar un juicio ante Dios sobre la base de su propia obediencia. El pecador descubre en la ley lo que debe ser, lo que él es y lo que le falta. Allí aprende la naturaleza, la necesidad y la gloria de la redención y de haber sido hecho santo. Habiéndosele enseñado a refugiarse en Cristo y a amarlo, la ley es la regla de su obediencia y fe.
Vv. 16-25.Nunca antes, ni desde entonces se ha predicado un sermón como aquel que fue predicado a la iglesia en el desierto. Se podría suponer que los terrores deben de haber sofrenado la presunción y curiosidad del pueblo; pero el corazón endurecido del pecador aún no vivificado puede tratar negligentemente las amenazas y los juicios más terribles. Al acercarnos a Dios nunca debemos olvidar su santidad y grandeza, ni nuestra bajeza e inmundicia. No podemos resistir un juicio ante Él conforme a su justa ley.
El transgresor convicto pregunta: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Y escucha la voz: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo. El Espíritu Santo, que hizo la ley para convencer de pecado, ahora toma de las cosas de Cristo y nos las muestra. En el evangelio leemos que Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición. Tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudimos ser justificados, en Él somos justificados. La ley divina es obligatoria como regla de vida. El Hijo de Dios descendió del cielo y sufrió la pobreza, el oprobio, la agonía y la muerte no sólo para redimirnos de la maldición de la ley, sino para constreñirnos más estrictamente a guardar sus mandamientos.
domingo, 10 de enero de 2010
Mateo 7
Mateo 7 -
CAPÍTULO 7
Versículos 1-6. Cristo reprueba el juicio apresurado. 7-11. Exhortaciones a la oración. 12-14. El camino angosto y el ancho. 15-20. Contra los falsos profetas. 21-29. Sed hacedores de la palabra, no sólo oidores.
Vv. 1-6.Debemos juzgarnos a nosotros mismos, y juzgar nuestros propios actos, pero sin hacer de nuestra palabra una ley para nadie. No debemos juzgar duramente a nuestros hermanos sin tener base. No debemos hacer lo peor de la gente. Aquí hay una reprensión justa para todos los que pelean con sus hermanos por faltas pequeñas, mientras ellos se permiten las grandes. Algunos pecados son como motas, mientras otros son como vigas; algunos son como un mosquito, y otros son como un camello. No es que haya pecado pequeño; si es como mota o una astilla, está en el ojo; si es un mosquito está en la garganta; ambos son dolorosos y peligrosos, y no podemos estar bien ni cómodos hasta que salgan. Lo que la caridad nos enseña a llamar no más que paja en el ojo ajeno, el arrepentimiento y la santa tristeza nos enseñará a llamarlo viga en el nuestro. Extraño es que un hombre pueda estar en un estado pecaminoso y miserable, y no darse cuenta de eso, como un hombre que tiene una viga en su ojo y no la toma en cuenta; pero el dios de este mundo les ciega el entendimiento.
Aquí hay una buena regla para los que juzgan: primero refórmate a ti mismo.
Vv. 7-11.La oración es el medio designado para conseguir lo que necesitamos. Orad; orad a menudo; haced de la oración vuestra ocupación, y sed serios y fervientes en ello. Pedid, como un mendigo pide limosna. Pedid como el viajero pregunta por el camino. Buscad como se busca una cosa de valor que perdimos; o como el mercader que busca perlas buenas. Llamad como llama a la puerta el que desea entrar en casa. El pecado cerró y echó llave a la puerta contra nosotros; por la oracióñ llamamos.
Sea lo que sea por lo que oréis, conforme a la promesa, os será dado si Dios ve que es bueno para vosotros, y ¿qué más querrías tener? Esto está hecho para aplicarlo a todos los que oran bien; todo el que pide, recibe, sea judío o gentil, joven o viejo, rico o pobre, alto o bajo, amo o sirviente, docto o indocto, todos por igual son bienvenidos al trono de la gracia, si van por fe.
Se explica comparándolo con los padres terrenales y su aptitud para dar a sus hijos lo que piden. Los padres suelen ser neciamente afectuosos, pero Dios es omnisciente; Él sabe lo que necesitamos, lo que deseamos, y lo que es bueno para nosotros. Nunca supongamos que nuestro Padre celestial nos pediría que oremos y, luego, se negaría oír o darnos lo que nos perjudica.
Vv. 12-14.Cristo vino a enseñarnos, no sólo lo que tenemos que saber y creer, sino lo que tenemos que hacer; no sólo para con Dios, sino para con los hombres; no sólo para con los que son de nuestro partido y denominación, sino para con los hombres en general, con todos aquellos que nos relacionemos. Debemos hacer a nuestro prójimo lo que nosotros mismos reconocemos que es bueno y razonable. En nuestros tratos con los hombres debemos ponernos en el mismo caso y en las circunstancias que aquellos con quienes nos relacionamos, y actuar en conformidad con ello.
No hay sino dos caminos: el correcto y el errado, el bueno y el malo; el camino al cielo y el camino al infierno; todos vamos caminando por uno u otro: no hay un lugar intermedio en el más allá; no hay un camino neutro. Todos los hijos de los hombres somos santos o pecadores, buenos o malos.
Fijaos en que el camino del pecado y de los pecadores que la puerta es ancha y está abierta. Podéis entrar por esta puerta con todas las lujurias que la rodean; no frena apetitos ni pasiones. Es un camino ancho; hay muchas sendas en este; hay opciones de caminos pecaminosos. Hay multitudes en este camino. Pero, ¿qué provecho hay en estar dispuesto a irse al infierno con los demás, porque ellos no irán al cielo con nosotros? El camino a la vida eterna es angosto. No estamos en el cielo tan pronto como pasamos por la puerta angosta. Hay que negar el yo, mantener el cuerpo bajo control, y mortificar las corrupciones. Hay que resistir las tentaciones diarias; hay que cumplir los deberes. Debemos velar en todas las cosas y andar con cuidado; y tenemos que pasar por mucha tribulación. No obstante, este camino nos invita a todos; lleva a la vida; al consuelo presente en el favor de Dios, que es la vida del alma; a la bendición eterna, cuya esperanza al final de nuestro camino debe facilitarnos todas las dificultades del camino. Esta simple declaración de Cristo ha sido descartada por muchos que se han dado el trabajo de hacerla desparecer con explicaciones pero, en todas la épocas el discípulo verdadero de Cristo ha sido mirado como una personalidad singular, que no está de moda; y todos los que se pusieron del lado de la gran mayoría, se han ido por el camino ancho a la destrucción. Si servimos a Dios, debemos ser firmes en nuestra religión. —¿Podemos oír a menudo sobre la puerta estrecha y el camino angosto y que son pocos los que los hallan, sin dolernos por nosotros mismos o sin considerar si entramos al camino angosto y cuál es el avance que estamos haciendo ahí?
Vv. 15-20.Nada impide tanto a los hombres pasar por la puerta estrecha y llegar a ser verdaderos seguidores de Cristo, como las doctrinas carnales, apaciguadoras y halagadoras de quienes se oponen a la verdad. Estos pueden conocerse por el arrastre y los efectos de sus doctrinas. Una parte de sus temperamentos y conductas resulta contraria a la mente de Cristo. Las opiniones que llevan a pecar no vienen de Dios.
Vv. 21-29.Aquí Cristo muestra que no bastará reconocerlos como nuestro Amo sólo de palabra y lengua. Es necesario para nuestra dicha que creamos en Cristo, que nos arrepintamos de pecado, que vivamos una vida santa, que nos amemos unos a otros. Esta es su voluntad, nuestra santificación.
Pongamos cuidado de no apoyarnos en los privilegios y obras externas, no sea que nos engañemos y perezcamos eternamente con una mentira a nuestra derecha, como lo hacen multitudes. Que cada uno que invoca el nombre de Cristo se aleje de todo pecado. Hay otros cuya religión descansa en el puro oír, sin ir más allá; sus cabezas están llenas de nociones vacías. Estas dos clases de oidores están representados por los dos constructores. Esta parábola nos enseña a oír y hacer los dichos del Señor Jesús: algunos pueden parecer duros para carne y sangre, pero deben hacerse. Cristo está puesto como cimiento y toda otra cosa fuera de Cristo es arena. Algunos construyen sus esperanzas en la prosperidad mundanal; otros, en una profesión externa de religión. Sobre estas se aventuran, pero esas son todo arena, demasiado débiles para soportar una trama como nuestras esperanzas del cielo.
Hay una tormenta que viene y probará la obra de todo hombre. Cuando Dios quita el alma, ¿dónde está la esperanza del hipócrita? La casa se derrumbó en la tormenta, cuando más la necesitaba el constructor, y esperaba que le fuera un refugio. Se cayó cuando era demasiado tarde para edificar otra. El Señor nos haga constructores sabios para la eternidad. Entonces, nada nos separará del amor de Cristo Jesús.
Las multitudes se quedaban atónitas ante la sabiduría y el poder de la doctrina de Cristo. Este sermón, tan a menudo leído, siempre es nuevo. Cada palabra prueba que su Autor es divino. Seamos cada vez más decididos y fervientes, y hagamos de una u otra de estas bienaventuranzas y gracias cristianas, el tema principal de nuestros pensamientos, por semanas seguidas. No descansemos en deseos generales y confusos al respecto, por los cuales podemos captar todo, pero sin retener nada.
CAPÍTULO 7
Versículos 1-6. Cristo reprueba el juicio apresurado. 7-11. Exhortaciones a la oración. 12-14. El camino angosto y el ancho. 15-20. Contra los falsos profetas. 21-29. Sed hacedores de la palabra, no sólo oidores.
Vv. 1-6.Debemos juzgarnos a nosotros mismos, y juzgar nuestros propios actos, pero sin hacer de nuestra palabra una ley para nadie. No debemos juzgar duramente a nuestros hermanos sin tener base. No debemos hacer lo peor de la gente. Aquí hay una reprensión justa para todos los que pelean con sus hermanos por faltas pequeñas, mientras ellos se permiten las grandes. Algunos pecados son como motas, mientras otros son como vigas; algunos son como un mosquito, y otros son como un camello. No es que haya pecado pequeño; si es como mota o una astilla, está en el ojo; si es un mosquito está en la garganta; ambos son dolorosos y peligrosos, y no podemos estar bien ni cómodos hasta que salgan. Lo que la caridad nos enseña a llamar no más que paja en el ojo ajeno, el arrepentimiento y la santa tristeza nos enseñará a llamarlo viga en el nuestro. Extraño es que un hombre pueda estar en un estado pecaminoso y miserable, y no darse cuenta de eso, como un hombre que tiene una viga en su ojo y no la toma en cuenta; pero el dios de este mundo les ciega el entendimiento.
Aquí hay una buena regla para los que juzgan: primero refórmate a ti mismo.
Vv. 7-11.La oración es el medio designado para conseguir lo que necesitamos. Orad; orad a menudo; haced de la oración vuestra ocupación, y sed serios y fervientes en ello. Pedid, como un mendigo pide limosna. Pedid como el viajero pregunta por el camino. Buscad como se busca una cosa de valor que perdimos; o como el mercader que busca perlas buenas. Llamad como llama a la puerta el que desea entrar en casa. El pecado cerró y echó llave a la puerta contra nosotros; por la oracióñ llamamos.
Sea lo que sea por lo que oréis, conforme a la promesa, os será dado si Dios ve que es bueno para vosotros, y ¿qué más querrías tener? Esto está hecho para aplicarlo a todos los que oran bien; todo el que pide, recibe, sea judío o gentil, joven o viejo, rico o pobre, alto o bajo, amo o sirviente, docto o indocto, todos por igual son bienvenidos al trono de la gracia, si van por fe.
Se explica comparándolo con los padres terrenales y su aptitud para dar a sus hijos lo que piden. Los padres suelen ser neciamente afectuosos, pero Dios es omnisciente; Él sabe lo que necesitamos, lo que deseamos, y lo que es bueno para nosotros. Nunca supongamos que nuestro Padre celestial nos pediría que oremos y, luego, se negaría oír o darnos lo que nos perjudica.
Vv. 12-14.Cristo vino a enseñarnos, no sólo lo que tenemos que saber y creer, sino lo que tenemos que hacer; no sólo para con Dios, sino para con los hombres; no sólo para con los que son de nuestro partido y denominación, sino para con los hombres en general, con todos aquellos que nos relacionemos. Debemos hacer a nuestro prójimo lo que nosotros mismos reconocemos que es bueno y razonable. En nuestros tratos con los hombres debemos ponernos en el mismo caso y en las circunstancias que aquellos con quienes nos relacionamos, y actuar en conformidad con ello.
No hay sino dos caminos: el correcto y el errado, el bueno y el malo; el camino al cielo y el camino al infierno; todos vamos caminando por uno u otro: no hay un lugar intermedio en el más allá; no hay un camino neutro. Todos los hijos de los hombres somos santos o pecadores, buenos o malos.
Fijaos en que el camino del pecado y de los pecadores que la puerta es ancha y está abierta. Podéis entrar por esta puerta con todas las lujurias que la rodean; no frena apetitos ni pasiones. Es un camino ancho; hay muchas sendas en este; hay opciones de caminos pecaminosos. Hay multitudes en este camino. Pero, ¿qué provecho hay en estar dispuesto a irse al infierno con los demás, porque ellos no irán al cielo con nosotros? El camino a la vida eterna es angosto. No estamos en el cielo tan pronto como pasamos por la puerta angosta. Hay que negar el yo, mantener el cuerpo bajo control, y mortificar las corrupciones. Hay que resistir las tentaciones diarias; hay que cumplir los deberes. Debemos velar en todas las cosas y andar con cuidado; y tenemos que pasar por mucha tribulación. No obstante, este camino nos invita a todos; lleva a la vida; al consuelo presente en el favor de Dios, que es la vida del alma; a la bendición eterna, cuya esperanza al final de nuestro camino debe facilitarnos todas las dificultades del camino. Esta simple declaración de Cristo ha sido descartada por muchos que se han dado el trabajo de hacerla desparecer con explicaciones pero, en todas la épocas el discípulo verdadero de Cristo ha sido mirado como una personalidad singular, que no está de moda; y todos los que se pusieron del lado de la gran mayoría, se han ido por el camino ancho a la destrucción. Si servimos a Dios, debemos ser firmes en nuestra religión. —¿Podemos oír a menudo sobre la puerta estrecha y el camino angosto y que son pocos los que los hallan, sin dolernos por nosotros mismos o sin considerar si entramos al camino angosto y cuál es el avance que estamos haciendo ahí?
Vv. 15-20.Nada impide tanto a los hombres pasar por la puerta estrecha y llegar a ser verdaderos seguidores de Cristo, como las doctrinas carnales, apaciguadoras y halagadoras de quienes se oponen a la verdad. Estos pueden conocerse por el arrastre y los efectos de sus doctrinas. Una parte de sus temperamentos y conductas resulta contraria a la mente de Cristo. Las opiniones que llevan a pecar no vienen de Dios.
Vv. 21-29.Aquí Cristo muestra que no bastará reconocerlos como nuestro Amo sólo de palabra y lengua. Es necesario para nuestra dicha que creamos en Cristo, que nos arrepintamos de pecado, que vivamos una vida santa, que nos amemos unos a otros. Esta es su voluntad, nuestra santificación.
Pongamos cuidado de no apoyarnos en los privilegios y obras externas, no sea que nos engañemos y perezcamos eternamente con una mentira a nuestra derecha, como lo hacen multitudes. Que cada uno que invoca el nombre de Cristo se aleje de todo pecado. Hay otros cuya religión descansa en el puro oír, sin ir más allá; sus cabezas están llenas de nociones vacías. Estas dos clases de oidores están representados por los dos constructores. Esta parábola nos enseña a oír y hacer los dichos del Señor Jesús: algunos pueden parecer duros para carne y sangre, pero deben hacerse. Cristo está puesto como cimiento y toda otra cosa fuera de Cristo es arena. Algunos construyen sus esperanzas en la prosperidad mundanal; otros, en una profesión externa de religión. Sobre estas se aventuran, pero esas son todo arena, demasiado débiles para soportar una trama como nuestras esperanzas del cielo.
Hay una tormenta que viene y probará la obra de todo hombre. Cuando Dios quita el alma, ¿dónde está la esperanza del hipócrita? La casa se derrumbó en la tormenta, cuando más la necesitaba el constructor, y esperaba que le fuera un refugio. Se cayó cuando era demasiado tarde para edificar otra. El Señor nos haga constructores sabios para la eternidad. Entonces, nada nos separará del amor de Cristo Jesús.
Las multitudes se quedaban atónitas ante la sabiduría y el poder de la doctrina de Cristo. Este sermón, tan a menudo leído, siempre es nuevo. Cada palabra prueba que su Autor es divino. Seamos cada vez más decididos y fervientes, y hagamos de una u otra de estas bienaventuranzas y gracias cristianas, el tema principal de nuestros pensamientos, por semanas seguidas. No descansemos en deseos generales y confusos al respecto, por los cuales podemos captar todo, pero sin retener nada.
sábado, 9 de enero de 2010
No más malas noticias
No más malas noticias
Apartado para el evangelio de Dios.
Romanos 1:1
Millares de bebitos nacen cada día en un mundo lleno de malas noticias. Las palabras malas noticias han llegado a ser una expresión común y corriente para describir nuestra época.
¿Por qué hay tantas malas noticias? Es sencillo. La mala noticia que ocurre a mayor escala es solamente la multiplicación de lo que está ocurriendo en el ámbito individual. El poder que contribuye a las malas noticias es el pecado.
Con tantas malas noticias, ¿puede haber alguna buena noticia? ¡Sí! Las buenas noticias son que puede resolverse el problema del pecado. No hay que ser egoísta. Pueden mitigarse la culpabilidad y la ansiedad. Hay sentido para la vida y esperanza de vida después de la muerte. El apóstol Pablo dice en Romanos 1:1 que las buenas nuevas es el evangelio. Es las buenas nuevas de que puede ser perdonado el pecado del hombre, puede quitarse la culpabilidad, puede tener sentido la vida y una esperanza futura puede ser una realidad. Separación
Escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
1 Pedro 1:16
¿Sabe que no puede servir a Dios a menos que sea apartado? En la Biblia, esa palabra se refiere a ser apartado para una tarea o un propósito específico.
El Señor le dijo a Moisés: "De lo primero que amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda" (Nm. 15:20). Dios quería que los primeros frutos de la tierra fueran separados para honrarlo.
El Señor también dij "Yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos" (Lv. 20:26). Dios tomó a la nación de Israel y la apartó de todas las demás naciones para su gloria.
En cada uno de estos pasajes en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento), la palabra se refiere a la separación de la manera más completa. El apóstol Pablo sabía que una vez que fue llamado como apóstol, fue desconectado de su pasado. Cuando Pablo era el más ferviente fariseo, fue apartado o separado, de las tradiciones del pueblo judío (Fil. 3:5). Ahora podía afirmar que era un fariseo apartado para el evangelio de Dios.
¿Está apartado usted de su vida anterior? Deseos equilibrados por las necesidades
Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe.
Filipenses 1:24-25
Una característica de un hombre espiritual es que sus propios deseos están equilibrados por las necesidades de los demás. Ese es el tipo de hombre que podía escribir: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:3-4).
La iglesia de Filipos necesitaba a Pablo, como también muchas otras iglesias. Pablo sabía que ellos lo necesitaban tanto que su necesidad probablemente determinara su futuro, lo que expresó en el versículo de hoy.
Aunque Pablo deseaba estar con Cristo en el cielo, también quería quedarse en la tierra para ayudar a fortalecer la iglesia. Él sabía que, si se quedaba la iglesia glorificaría mejor a Cristo, y glorificar a Cristo era lo único que deseaba.
Al tener un nuevo año por delante, ¿a qué está Cristo pidiéndole que entregue su vida? Espero que sea un deseo de satisfacer las necesidades de los demás con un corazón humilde.
Apartado para el evangelio de Dios.
Romanos 1:1
Millares de bebitos nacen cada día en un mundo lleno de malas noticias. Las palabras malas noticias han llegado a ser una expresión común y corriente para describir nuestra época.
¿Por qué hay tantas malas noticias? Es sencillo. La mala noticia que ocurre a mayor escala es solamente la multiplicación de lo que está ocurriendo en el ámbito individual. El poder que contribuye a las malas noticias es el pecado.
Con tantas malas noticias, ¿puede haber alguna buena noticia? ¡Sí! Las buenas noticias son que puede resolverse el problema del pecado. No hay que ser egoísta. Pueden mitigarse la culpabilidad y la ansiedad. Hay sentido para la vida y esperanza de vida después de la muerte. El apóstol Pablo dice en Romanos 1:1 que las buenas nuevas es el evangelio. Es las buenas nuevas de que puede ser perdonado el pecado del hombre, puede quitarse la culpabilidad, puede tener sentido la vida y una esperanza futura puede ser una realidad. Separación
Escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
1 Pedro 1:16
¿Sabe que no puede servir a Dios a menos que sea apartado? En la Biblia, esa palabra se refiere a ser apartado para una tarea o un propósito específico.
El Señor le dijo a Moisés: "De lo primero que amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda" (Nm. 15:20). Dios quería que los primeros frutos de la tierra fueran separados para honrarlo.
El Señor también dij "Yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos" (Lv. 20:26). Dios tomó a la nación de Israel y la apartó de todas las demás naciones para su gloria.
En cada uno de estos pasajes en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento), la palabra se refiere a la separación de la manera más completa. El apóstol Pablo sabía que una vez que fue llamado como apóstol, fue desconectado de su pasado. Cuando Pablo era el más ferviente fariseo, fue apartado o separado, de las tradiciones del pueblo judío (Fil. 3:5). Ahora podía afirmar que era un fariseo apartado para el evangelio de Dios.
¿Está apartado usted de su vida anterior? Deseos equilibrados por las necesidades
Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe.
Filipenses 1:24-25
Una característica de un hombre espiritual es que sus propios deseos están equilibrados por las necesidades de los demás. Ese es el tipo de hombre que podía escribir: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:3-4).
La iglesia de Filipos necesitaba a Pablo, como también muchas otras iglesias. Pablo sabía que ellos lo necesitaban tanto que su necesidad probablemente determinara su futuro, lo que expresó en el versículo de hoy.
Aunque Pablo deseaba estar con Cristo en el cielo, también quería quedarse en la tierra para ayudar a fortalecer la iglesia. Él sabía que, si se quedaba la iglesia glorificaría mejor a Cristo, y glorificar a Cristo era lo único que deseaba.
Al tener un nuevo año por delante, ¿a qué está Cristo pidiéndole que entregue su vida? Espero que sea un deseo de satisfacer las necesidades de los demás con un corazón humilde.
viernes, 8 de enero de 2010
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