sábado, 24 de febrero de 2024
Vuelve a empezar
Vuelve a empezar“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” Miqueas 7:18-19
Por que su misericordia se renueva cada mañana, podemos volver a empezar, claro, corrigiendo, ajustando y cambiando nuestra forma de pensar pero en el poder y la fuerza de su Espíritu (Lamentaciones 3:22-23, Zacarías 4:6), para que podamos comprobar y disfrutar de toda la bondad de Dios y experimentar la plenitud de su amor.
Todos caemos alguna vez, en cualquier área de nuestra vida, y el mundo es implacable, pero Dios es misericordioso por la gracia de Jesús. Si cometemos un error en un empleo podemos perderlo, si nos equivocamos en un negocio podríamos perder dinero, si es en algún deporte perder la competencia; si en las decisiones familiares cometemos un error podríamos enfrentar grandes conflictos y sufrimiento, sin embargo Cristo siempre estará con nosotros, para levantarnos y darnos una nueva oportunidad, pues como dice la escritura: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”, (2 Corintios 8:9), es decir que es en Él en el que podemos volver a empezar, para que las cosas las hagamos para la gloria de Dios.
Por esto estamos llamados a construir sobre la roca y esta Roca es Cristo, así lleguen dificultades, tempestades que intenten quitarnos la paz, se conmueva nuestra vida, pero nuestra alma, nuestro futuro, están seguros en Jesús (Mateo 7:24-25).
Es mejor volver a empezar luego de una derrota, de tal vez perderlo todo, pero en la riqueza, la verdad y el amor de Cristo, para que todo lo que iniciemos de nuevo tenga propósito, tenga un sentido de vida, porque se hará de la mano del que todo lo puede y no por nuestras emociones, o por nuestro propio entendimiento limitado, así que si hoy has decidido iniciar de nuevo, se prudente y presta atención a las palabras de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, así todo lo que edificares de ahora en adelante tendrá bases profundas y firmes. Oración.
«Señor he fallado en muchos asuntos de mi vida y no puedo resolverlos en mi propia fuerza, pero se que tu Palabra dice que tu misericordia se renueva cada mañana y quiero volver a empezar pero de tu mano, con Cristo en mi corazón gobernando mi vida, mis pensamientos y todas mis acciones, amén.
viernes, 23 de febrero de 2024
Seamos UNO en Cristo
Seamos UNO
en Cristo
“Porque tres son los que dan testimonio en e
l cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.”, 1Juan 5:7
“para que
todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean
uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.”, Juan 17:21
“Y no
contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el
día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y
maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a
vosotros en Cristo.”, Efesios 4:30-32
Hemos
aprendido a través de los anteriores devocionales acerca de la relación de
amor, reciprocidad, complacencia y confianza entre el Padre, Hijo y Espíritu
Santo; de esa misma manera nosotros podemos y debemos manifestarlo en nuestra
relación con nuestros hermanos, a través de ser llenos del amor del Padre, de
la gracia del Hijo y de la comunión del Espíritu Santo (2 Corintios 13:14).
Por esto el
Señor Jesús hizo una gran oración en Juan 17 y, ¿que pedía al Padre en esencia?
¡¡¡que fuésemos uno, así como Él con el Padre y con el Espíritu son UNO. (Juan
17:21) “. Esto también lo vemos en Juan 10:30 donde el Señor dice: “Yo y el
Padre uno somos.”
UNO es lo
contrario a la división, al egoísmo, al individualismo extremo, pero para tener
una relación de comunión con mis hermanos siendo un ser individual, solo se
puede hacer por medio del Espíritu Santo; no es un esfuerzo de la voluntad
tener comunión, sino que viene como un don (un regalo) del Espíritu Santo que
se manifiesta en nuestra nueva vida en Cristo (la comunión del Espíritu).
Entonces se nutre de una relación diaria y consciente con Dios, pero muchas
veces contristamos al Espíritu, no lo escuchamos; como consecuencia hacemos lo
contrario al carácter de Cristo, pero estamos llamados a quitar de nosotros
todo aquello que afecte la comunión, como nos dice el versículo de hoy en
Efesios 4:30-32.
Aquellas
cosas que dañan nuestras relaciones, interrumpiendo la comunión son temas del
carácter, de un mal carácter que ya no tiene razón de ser en nosotros y que
debe morir por el Espíritu para que emerja el verdadero carácter del Cristiano,
por esto nuestra vista debe estar de continuo en aquel que sí tiene el carácter
perfecto: Cristo. Por esta razón dice la escritura: “Pero ahora dejad también
vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras
deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos
despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual
conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento
pleno,” (Colosenses 3:8-10), observemos que quitarse el viejo vestido implica
renunciar a cosas que no reflejan lo que somos y colocarnos otras que si bien
son de Cristo, él ya nos las dio a nosotros, las tenemos, es nuestra
responsabilidad apropiarnos de esta verdad y pedirle al Espíritu que la
desarrolle en nosotros. Oración.
«Padre, que
mi carácter sea forjado en una relación de amor contigo, en comunión con mis
hermanos, mostrando al mundo que tú estás en nosotros y nosotros en ti, para
gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.
jueves, 22 de febrero de 2024
UNO. Parte 4
UNO. Parte 4
“y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” Lucas 3:22Podemos entender cómo es la relación de Padre, Hijo, Espíritu Santo en este enfoque de reciprocidad, confianza y amor que hablamos desde el principio, y aprender cómo nosotros debemos hacerlo de la misma manera:
El Padre expresando su amor por su Hijo y su complacencia:
“hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17).
Además de expresar el amor por el Hijo, el Padre denota su confianza plena:
“Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).
El Hijo es recíproco al denotar que viene a hacer lo que el Padre le dice, no su propia voluntad, y lo que hace lo hace por medio o en la guía del Espíritu; esto es una relación de amor verdadera, pues se somete al Padre, en obediencia total. Demuestra con su obediencia que tiene una relación con su Padre:
“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).
“Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.” (Juan 5:19).
Amor, confianza, reciprocidad.
Finalmente, en el versículo de hoy, en el evangelio de Lucas, vemos la acción de las 3 personas; nuevamente el Padre mostrando su amor y complacencia a su Hijo, el Espíritu Santo manifestándose en forma corporal descendiendo sobre Jesús.
Así como es la relación del Padre, Hijo y Espíritu Santo, debe ser la nuestra con Dios primeramente y con los demás, y debemos saber que solo Cristo restaura en nosotros esa relación con el Padre, “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18). Miraremos mañana la conclusión de este mensaje de amor que nos revela el Señor por medio de la escritura. Oración.
«Padre, Hijo y Espíritu Santo gracias por enseñarme la relación de amor más hermosa y plena de todas, y por medio del sacrificio de Cristo saber que ahora estoy en esa misma relación de confianza, reciprocidad y amor, porque he sido reconciliado con el Padre y ahora soy también embajador de esta reconciliación, llevando el mensaje de salvación del evangelio, amén.
miércoles, 21 de febrero de 2024
UNO. Parte 3
UNO. Parte 3
“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” Mateo 6:9-13
¿Cómo compensar o equilibrar nuestra singularidad, que es digna y buena, con permanecer en comunión con nuestro prójimo, pareja o con nuestros hermanos? El amor es el vínculo perfecto, y el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón cuando recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal; sin embargo, permanentemente debemos revestirnos de amor para mantener este vínculo (Colosenses 3:14, Romanos 5:5).
Si la comunión del Padre, Hijo, Espíritu Santo es una relación de amor y comunicación permanente y recíproca, también nosotros los creyentes, como seres creados a su imagen y semejanza (además hemos nacidos de nuevo), estamos llamados a mantener la unidad, a luchar por mantenerla y ser totalmente intencionales: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.”(Efesios 4:3-6).
Es increíble que, para mantener la unidad, el Señor nos recuerde que somos un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, tenemos el mismo Espíritu en nosotros que hemos recibido por medio de la fe en un hombre, en Cristo, y tenemos el mismo Padre; por esto, en la oración conocida como el Padre nuestro, precisamente Jesús revela a Dios como un Padre dispuesto a escucharnos, ayudarnos, proveernos y protegernos. Es la más maravillosa relación de intimidad que podemos tener por la gracia de Cristo y la comunión del Espíritu Santo: ¡el amor del Padre! Oración.
«Padre eres Santo, que tu reino se establezca plenamente en mi vida y tu voluntad sea hecha en todas las cosas; confío en tu provisión y tu perdón, y estoy dispuesto a dejarme guiar por tu Espíritu para perdonar a mi prójimo y servirle. Protégeme Amado Dios y fortaléceme para cada día reflejar el carácter de Cristo, porque tú tienes toda autoridad y soberanía, en el nombre de Jesús, amén.
martes, 20 de febrero de 2024
UNO. Parte 2
UNO. Parte
2
“Entonces
dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y
señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en
toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” Génesis 1:26
“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has
comido del árbol del que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La
mujer que me disté por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová
Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente
me engañó, y comí.” Génesis 3:11-13
Podemos analizar en el pasaje de hoy la Triunidad de amor en
acción, creando al hombre; y la escritura usa la palabra hebrea “Elojím”, la
cual es plural, por lo tanto, se proclama a un Dios que existe eternamente en
tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Dios existe en la comunión, en un
amor y una comunicación ininterrumpida y recíproca entre la Triunidad.
Consecuencia de esto, Dios no nos creó como seres solos, sino
que fuimos creados para las relaciones, pues somos hechos a semejanza de Dios.
La verdad bíblica nos enseña que las relaciones no se crean
por simple elección, sino que están integradas en la esencia misma de la
naturaleza humana. Somos hechos a semejanza de Dios, sobre todo en las
relaciones.
Sin embargo, el diablo quiso dañar la creación, dañando la
unidad de Dios con el hombre, pero inició atacando la unidad de Adán y Eva,
pues si miramos, la serpiente tienta a Eva, no a Adán y Eva. ¿Qué pasaría si
hubiesen estado juntos? Finalmente vemos que el ataque consigue dañar la unidad
entre Adán y Eva, pues los vemos luego de la caída acusándose mutuamente y
posteriormente echándole la culpa a Dios, rompiendo así con toda comunión y
armonía presente (Génesis 3:11-13).
En los matrimonio, en nuestras relaciones, en la iglesia (el
cuerpo de Cristo), el diablo va a intentar de todas las maneras posibles atacar
nuestra unidad para dañar la relación, para fracturarla o para que se vuelva
insípida; aislarnos uno del otro es la manera más fácil de lograr tentarnos y
derrotarnos. Le hacemos el trabajo fácil si nosotros mismos nos disponemos a
romper la unidad, pues la conexión entre comunión y relación es que la relación
se alimenta y subsiste en la comunión; esta comunión se nutre del amor de Dios.
Así que, reflexionaremos en el devocional de mañana cómo Dios
nos enseña a mantener la comunión para que nuestras relaciones se nutran de su
amor y aprendamos a restaurar las relaciones dañadas. Oración.
«Padre amado, ayúdame a ser instrumento de tu amor para
restaurar las relaciones rotas o frías, que sean unidas nuevamente en el
vínculo perfecto de tu amor, por la gracia de Jesús y la comunión de tu
Espíritu, amén.
lunes, 19 de febrero de 2024
UNO. Parte 1
UNO. Parte 1
“En el
principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y
vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios
se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Génesis 1:1-3
“Acercaos a
mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo,
allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu” Isaías 48:16
En los
primeros tres versículos de Génesis podemos observar algo asombroso; el
versículo 1 comienza con Dios, en el versículo 2 se ve la acción del Espíritu
Santo y en el versículo 3 se presenta la expresión “Y dijo Dios”, pues se
inicia la creación por medio de su palabra; y este versículo 3 tiene escondido
lo que luego se va revelando progresivamente en la palabra de Dios acerca de
Dios mismo, manifestado en tres personas.
Esto lo
podemos ver en Isaías 48:16, donde el Hijo, que ya estaba desde el principio,
dice que ha sido enviado por el Padre y el Espíritu; pero se revela plenamente
este misterio en el nuevo testamento.
Observemos
los primeros versículos del evangelio de Juan y su correspondencia con Génesis,
acerca de la revelación de Cristo como la palabra encarnada: “1 En el principio
era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el
principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo
que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de
los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no
prevalecieron contra ella.” (Juan 1:1-5); claramente se revela a Jesús y se
declara contundentemente que todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él
nada de lo que ha sido hecho, hubiese sido hecho. Cristo es la palabra de Dios
encarnada, por la cual todo se creó, lo que corresponde con Génesis capítulo 1
versículo 3, como observamos al principio.
Padre, Hijo
y Espíritu Santo en el principio; un Dios trino, en perfecta armonía creando el
universo. Sigamos profundizando en el devocional de mañana en algo que nos
llevará a entender la naturaleza misma de Dios y que debe conmover las fibras
mismas de nuestro ser. ¡No te pierdas esta revelación de su palabra, que te
llevará a una relación íntima con Dios!
Oración.
«Gracias
Padre por revelarte a nosotros por medio de Jesús y porque ahora tu Espíritu
habita en cada uno de nosotros los creyentes; qué maravilloso que un Dios
eterno y poderoso viva en mi corazón gracias a la fe en Jesús, amén.
domingo, 18 de febrero de 2024
La Palabra de su gracia
La Palabra de su gracia
“Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios” Hechos 14:3“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” 2 Timoteo 2:1
El verdadero evangelio es diferente a predicar una religión o un conjunto de costumbres basado en calificar el comportamiento humano. Esto no quiere decir que el verdadero evangelio no predique el buen comportamiento de sus creyentes, sino que lo hace del interior hacia el exterior; es decir, un cambio de corazón te llevará a dar buenos frutos, una creencia correcta te lleva a acciones justas y correctas.
En esencia, no predicamos sobre algo, sino sobre alguien, y este alguien es Jesús, el Hijo de Dios, quien por amor a nosotros se hizo hombre, vino en carne para morir por nuestros pecados y resucitó para que nosotros tengamos vida eterna en Él (1 Tesalonicenses 4:14). Él vino lleno de gracia y verdad para traernos a nosotros un favor inmerecido; Él es la gracia de Dios en sí mismo. Esto era lo que predicaban esencialmente los Apóstoles, especialmente Pablo, la palabra de su gracia.
El verdadero evangelio no se trata de lo que haces, sino de lo que crees y más exactamente en quién crees y en quién has puesto tu confianza, puesto que esto determina lo que eres, ya que la única fe que puede transformar tu ser interior en una nueva creación es la fe en Jesús. Cualquier otra esperanza que tengas en algo o incluso en alguien podrá darte probablemente alguna dicha o riqueza temporal y vana, pero la esperanza en Cristo Jesús te dará, indefectiblemente, vida eterna.
Por esto, en lo que le dice Pablo a Timoteo, se usa la palabra griega “endunamóo” que significa “apoderar” o “fortalecer”, que sea fortalecido por medio de la gracia de Dios, es decir, que la fuente de su fuerza está en el favor inmerecido de Dios.
Tener claro quienes somos en Cristo Jesús, lo que hemos recibido de parte de Él y fortalecernos diariamente en su gracia, es decir: identificarnos y fortalecernos en Cristo mismo, nos permite reflejar el carácter de Cristo. No es un tema de esfuerzos humanos, pues esto nos llevará a la frustración, es lo que Él hizo lo que determina lo que somos y lo que hacemos: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Oración.
«Padre, por la Palabra de Cristo y la regeneración por medio de tu Espíritu soy un hombre nuevo, que ahora puede vivir para reflejar a Cristo, andando en buenas obras por estar sostenido diariamente en tu favor inmerecido. Que por el poder de tu Espíritu que mora en mí pueda experimentar la vida abundante que tú me has dado y reflejar el amor y todo el carácter de Cristo, amén.