jueves, 25 de marzo de 2021

Una cita con Jesucristo

 

Una cita con Jesucristo


«Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» 2 Corintios 5:10

Cuando escuchamos la palabra «tribunal» de inmediato pensamos en un lugar de juicio y castigo; pues para todo creyente hay una cita fijada por Dios, donde comparecerá a un estrado para rendir cuentas, donde todo se pondrá de manifiesto, sea bueno o sea malo.

Dios ha colocado en nuestras manos la administración de la vida, el tiempo, el dinero, los talentos, la familia, los hijos y demás; la pregunta es: ¿hemos hecho conforme a su voluntad? Ya que somos simples mayordomos, tendremos que dar cuentas.

Jesús se refirió a ese gran día en varias ocasiones, por ejemplo, en la parábola de los talentos al buen administrador le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23) y al siervo infiel le dijo: «Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí» (Mateo 25:26). Igualmente nosotros rendiremos cuentas al dueño del universo.

Ahora, el hecho de saber que un día vamos a tener que presentarnos delante del Señor, eso nos induce a tomar con responsabilidad la vida cristiana, a tomar en serio, esto de ser mayordomos. Esta cita ante el tribunal de Cristo nos debe llevar a vivir la vida con la perspectiva de aquel gran día en que estaremos cara a cara con el Señor.

Es de anotar que la salvación es una dádiva por gracia divina y no una recompensa. Ante el tribunal de Cristo se darán las recompensas a cada creyente según las obras que haya hecho en obediencia al Señor.

El tribunal de Cristo, es un momento de encuentro personal con Cristo, es un momento de gloria y no de temor, ni de castigo, sino para recibir de Él el galardón por nuestro servicio. Esto será inmediatamente después del rapto de la Iglesia. Dice la Biblia: «Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Timoteo 4:8).

Hermano, el Señor dijo: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra». (Apocalipsis 22:12), por tanto, seamos instrumentos de Cristo, llenando nuestras manos de su obra para llegar gozosos delante de aquel que una vez llevó una corona de espinas por nosotros, para que ahora aprecie nuestros débiles esfuerzos y nos dé una corona de gloria.   Oración.

«Padre Bueno, gracias por haberme dado la salvación como un don de pura gracia, un regalo del cielo; ahora quiero permanecer en fidelidad a ti, trabajando en la obra del Señor y que sea digno de recompensa cuando me presente delante de ti. Señor, me has concedido un día más de vida y este es un tiempo para ganar recompensas que serán para la eternidad. Fielmente cumpliré tus mandatos y trabajaré en tu obra, para ganar la “corona de gloria”, la “corona de vida”, la “corona de justicia” y la “corona de gozo”. Quiero servirte sin reservas, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 24 de marzo de 2021

La escalera al cielo

 

La escalera al cielo


“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que te haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”. Génesis 28:12-16

Si miramos la vida de Jacob, no era precisamente alguien que tenía temor de Dios y confiaba en Él. Por todos los problemas que causó con su manipulación y engaño debió huir y sólo buscó a Dios para ponerse a salvo de su hermano Esaú quien lo perseguía para matarlo. Le tocó dormir a la intemperie y con una almohada de piedra. Fue allí, en esa situación tan vulnerable, que Dios lo visitó.

Y a veces ocurre así en nuestras vidas, el tiempo de Dios para que se manifieste en nosotros es cuando estamos desprovistos de todo y completamente desamparados. ¿Será que para que entendamos todo lo que Dios quiere de nosotros tenemos que usar la almohada de Jacob? Vio una escalera de la tierra al cielo con ángeles subiendo y bajando por ella y al mismo Dios en lo alto de ella. Esta imagen representa la providencia de Dios, dispuesto a suplir nuestras necesidades. Nuestro Padre sabe de qué tenemos necesidad antes de que le clamemos.

Pero, esta escalera, también significa la mediación de Cristo. La base en la tierra es su naturaleza humana y lo alto en el cielo su naturaleza divina. Cristo es la escalera, el Camino que nos lleva al Padre, para alcanzar su favor. Por medio de Él los pecadores nos acercamos al trono de gracia y no hay otro modo de hacerlo. Jesús dijo en Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Así como Dios le habló a Jacob en su visión, le recordó las promesas y bendiciones que tenía para él y prometió guardarlo. Todas las buenas nuevas que recibimos del cielo sólo vienen a través de Jesucristo. Cristo es la gran bendición para la humanidad y toda la familia es bendecida cuando cree en Él y se cobija bajo su amparo.

Las mismas palabras dichas a Jacob “He aquí yo estoy contigo” Jesús nos las repite para darnos la seguridad de que nos ama y nunca nos abandona, a pesar de lo que somos. Pidamos a Dios visión para entender su voluntad para nosotros y recordemos Proverbios 29:18 “Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley!”    Oración.

«Amado Señor, cuánto necesito tu Palabra en mi vida y tu visión reveladora de lo que quieres de mí. Sin eso mi vida tambalea y no encuentro el rumbo. Me has dado tu Palabra, sé que tienes un propósito y un plan para cumplir en mi vida, si obedezco tu voluntad se harán realidad. Gracias Jesús por ser mi escalera al Padre. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 23 de marzo de 2021

No todo acaba con la muerte física

 


No todo acaba con la muerte física

«Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad» Eclesiastés 12:7-8

Frente a la muerte de un ser amado y creyente de Dios, la Biblia nos da consuelo y fortaleza, pues si bien expira el cuerpo, el alma y el espíritu no dejan de existir. Eclesiastés 12: 1a nos enmarca en este misterio, invitándonos a tener en cuenta “al Creador en los días de la juventud”, pues muchos caminan por la vida llenos de vanidad, pensando que cuando se apaga la vida, el cuerpo se convierte en cenizas y el espíritu se esfuma como el viento. Recordemos que Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a su imagen y semejanza, dándonos a conocer que las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento las alcanzará.

Jesús mismo nos enseña en la parábola del hombre rico y el mendigo Lázaro que “Un día murió Lázaro y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”, y nos dice que “él está aquí consolado” y el rico en el Hades atormentado (Lucas 16:25).

Esto armoniza perfectamente con Apocalipsis 20:4 que dice: «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años» Estos mártires, que han muerto fieles a Cristo, están delante del altar, vivos. Por eso, Jesús afirmó: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Lucas 20: 38a).

No podemos negar que la muerte física es dolorosa, desgarra el corazón, Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro (Juan 11:35-36), a quien amaba entrañablemente, pero ante este hecho Jesús se presenta como la resurrección y la vida, Él dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá. ¿Crees esto?» Juan 11:25-26

En medio de la tristeza hay esperanza, pues podemos llorar libremente y extrañar a nuestros seres amados, pero no sumirnos en el dolor.   Oración.

«Excelentísimo Padre, en momentos de dolor y tristeza, donde no hay respuesta a muchas preguntas, nos queda ampararnos en tus brazos de amor, solo allí encontramos refugio a nuestro sufrimiento y consuelo a nuestro llanto. Señor, que tu presencia llene el vacío que queda en el corazón dolido por la ausencia de un ser amado. Te he orado Padre en nombre de tu Hijo Jesucristo. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 22 de marzo de 2021

¿Cristo está en tu hogar?

 

¿Cristo está en tu hogar?


«Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla. Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. Y lo sepultaron en su heredad […]. Y toda aquella generación también fue reunida por sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel». Jueces 2:6-10

Este pasaje nos habla de una generación que abandonó al Dios de sus padres; e increíble que los hijos de Josué, que experimentaron el cruce del Jordán y que sus abuelos vieron cómo el ejército de faraón quedaba hundido en las aguas del mar rojo, vieron el maná caer del cielo, el agua que brotó de la roca, la nube y la llama de fuego que los conducía, y no conocían estos prodigios. Fue una descendencia que la corriente del mundo los envolvió, generación que no conoció al Dios de los milagros, al Dios de la siembra y de la cosecha, al Dios de los ejércitos. La pregunta es: ¿quién es el culpable de no conocer al Dios de sus padres?, pues Dios dio la instrucción y dijo: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas» Deuteronomio 6:6-9, estos padres no obedecieron el mandato de Dios.

Ahora echemos una mirada al interior de nuestra familia, ¿cómo están los cimientos en nuestro hogar? ¿Cristo gobierna nuestra casa?, pues el hogar es el sitio donde se cimentan las bases de la vida y solo se fortifican si, Cristo y su Palabra son el alimento diario que sacia el vacío del niño, del adolescente, del joven, del adulto y del anciano.

Padres, instruyan a los niños en las Escrituras porque de lo contrario se va a levantar una generación que se amolda fácilmente al mundo, a los placeres y al entorno. Hoy se vive una desconexión familiar, se vive en la misma casa, comen en la misma mesa, pero son unos completos desconocidos.

Ahora es la oportunidad y nunca es demasiado tarde para dejar que Jesucristo tome la dirección de nuestro hogar. Dice la Biblia: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican».   Oración.

«Amado Padre, en el nombre de Jesucristo y bajo la autoridad y gracia concedida por su gran amor, seré de bendición en mi casa, caminaré en rectitud y santidad, pues es mi responsabilidad llevar el mensaje de salvación a mi hogar y así mi descendencia será generación bendita y serán para tu servicio. Señor levantaré altar familiar para ti en mi hogar y será lugar de restauración. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 21 de marzo de 2021

Jesús es nuestra victoria

 

Jesús es nuestra victoria

“Yo Juan, vuestro hermano, y co


partícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”. Apocalipsis 1:9-11a

En esta porción de Apocalipsis encontramos la historia del apóstol Juan exiliado en la isla de Patmos cumpliendo una sentencia por predicar y dar testimonio de Jesús.

Tenía una edad avanzada y hacía muchos años que Jesús había ascendido a los cielos. El cristianismo en todo oriente estaba siendo perseguido con violencia, muchos creyentes y apóstoles habían muerto por causa del evangelio.

Humanamente, para los creyentes del primer siglo, esta prueba los superaba en muchos sentidos, quizás varios perdieron la esperanza y pensaron que no era suficiente seguir caminando con Cristo, veían la promesa de su regreso muy lejana y su fe se estaba debilitando. Pero el apóstol Juan nos da un ejemplo grandioso de perseverancia, al encontrar consuelo en la presencia del Señor, pues se hallaba orando fervientemente, a pesar de las circunstancias, cuando Jesús se le presenta, no como el humilde carpintero, sino como Dios en toda su gloria y le dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”, en otras palabras ‘yo soy tu todo, yo soy tu victoria’ y le muestra el futuro para su iglesia, dándole la revelación del futuro.

En medio de las situaciones difíciles que estamos atravesando, el señor Jesucristo es suficiente para que sigamos caminando cada día, porque Él es la esperanza que vive para siempre, Él venció la muerte y triunfó en la cruz dándonos una victoria eterna y perfecta para que estemos seguros en Él. Su Palabra nos dice en Romanos 8:37 “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.

Si, somos más que vencedores cuando estamos en Cristo Jesús. Entonces ¿a qué tememos? Si ya Jesús venció todas las cosas, venció la tentación, la enfermedad, la pobreza, al mundo, a la muerte. Él soportó toda la injusticia humana para darnos vida y eternidad. Si ya somos vencedores entonces ¿quién le puede quitar la victoria a quien ya la tiene?     Oración.

«Señor Jesucristo, te doy gracias porque tú eres más que suficiente para mantenerme fortalecido en todo momento. Viniste a vencer al mundo y aunque hoy afronte situaciones difíciles, puedo encontrar gozo en la victoria que me diste sobre todas las cosas, con tu muerte en la cruz. Ayúdame a recordar mi identidad en ti y a entender que “soy más que vencedor” por medio de ti. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 20 de marzo de 2021

Jesús llevará su iglesia (Parte 1)

 

Jesús llevará su iglesia (Parte 1)


«Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» Hechos 1:6-11

Después de la Resurrección Jesús permaneció con sus discípulos cuarenta días dándoles instrucciones y hablándoles acerca del Reino de Dios, para luego ascender al cielo frente a la mirada de sus discípulos. Estos, atónitos y con sus ojos puestos en el cielo, reciben la más alentadora promesa, que Jesús vendrá, así como le habían visto subir al cielo, pues Jesús mismo lo había dicho: «Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» Juan 14:3.

En la agenda de Dios hay un día y una hora programada para llevar a su iglesia con Él, viene por aquellos que conforman el cuerpo de Cristo, su iglesia, aquellos que han lavado sus pecados en la sangre del Cordero, aquellos que han nacido de nuevo reconociendo y aceptando a Jesús como su único y suficiente Salvador.

La pregunta es: ¿Estás listo para irte con el Señor? ¿Has recibido a Jesucristo en tu vida? Dice la biblia en Juan 1:11 «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron». Es sorprendente cuando Jesús entró a Jerusalén montado en un borriquito en medio de voces de júbilo, en tanto en la sinagoga, los ancianos y maestros de la ley, predicaban que vendría el Mesías prometido en las Escrituras, a redimir a su pueblo, sin entender que ese mesías ya caminaba por las calles de Jerusalén.

Así están muchos hoy, embebidos en la rutina, afanados por la vida, saturados con la codicia, hundidos en el pecado, sin darse cuenta que Jesucristo está llamando a la puerta de su vida, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad; Dios quiere salvar a toda la humanidad, por tanto, confiesa con tu boca que Jesús es el Señor y cree en tu corazón que Dios le levantó de los muertos y serás salvo.

Hermano, Jesucristo viene por su iglesia para estar con Él por toda la eternidad.   Oración.

«Amado Padre, doblego mi corazón ante ti, arrepentido de todo pecado y maravillado de tu grandeza y de cuán perfecto eres. Sé que llegará el tiempo final y la puerta se cerrará, te ruego por los míos que aún no te han recibido, toca su corazón para que te busquen y sean librados del terrible día. Por mi parte, quiero mantenerme puro en tu presencia, creyendo que me iré contigo, seré transformado y vestido con vestidos resplandecientes. Señor Jesús, espero tu regreso. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 19 de marzo de 2021

Restaura tu relación con Dios

 


Restaura tu relación con Dios

«Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado» Salmo 32:5

«Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» 1 Juan 1:9

Es maravilloso recibir libertad después de estar en prisión, y hemos sido liberados de la ley del pecado y de la muerte, quienes hemos creído en la obra de Jesús en la cruz. Si aún a pesar de esta gran verdad estamos atados al pecado, apresurémonos hacia Jesucristo con arrepentimiento y en Él encontraremos el perdón.

Colosenses 3:5-9 dice: «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; […] Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos». Esto de despojarnos o de hacer morir en nosotros parece algo fácil, pero siempre terminamos haciendo lo contrario y por consiguiente alejándonos de Dios. Cuando esto suceda, reconoce tu debilidad, confiesa tu pecado y vuelve al Camino que es Jesucristo.

Reconocer y confesar nuestros pecados restaura la comunión con Dios. Confesar el pecado significa apresurarse a ir al Padre a través de Jesucristo y apartarse de todo mal. No debemos negar, ni encubrir, ni ocultar el pecado, pues Dios lo ve todo.

Ahora, si nos sentimos no merecedores del perdón y la gracia divina, recordemos la parábola descrita en Lucas 15, el hijo pródigo, quien cambió el amparo de un padre benigno para ir a caer bajo un patrón despiadado y cruel, donde no podía ni siquiera comer la comida de los cerdos los cuales cuidaba. Este hijo, «volviendo en sí», recapacita sobre su mal proceder y sabiendo que en casa de su padre hay abundancia y bienestar, regresó sucio y maloliente a su hogar. Esperaba recibir un trato como un criado más, pero su padre le recibió con sus brazos abiertos, le expresó su amor, le puso ropas nuevas, un anillo en su dedo, calzado a sus pies y el mejor banquete para celebrar su regreso.

Esto nos muestra el gran amor de Dios, Él quiere restaurar la comunión cuando hemos fallado y es necesario arrepentimiento y confesión, pues el perdón de los pecados presentes, pasados y futuros fue un asunto consumado en el Gólgota hace más de dos mil años; ahí, todos los pecados fueron perdonados.  Oración.

«Amado Dios, jamás quiero ocultar mi pecado, ni encubrirlo, porque delante de ti nada está oculto. Tampoco quiero culpar a otros por mis faltas, pues soy responsable de lo que hago; hoy reconozco mi maldad y confieso ante ti mi debilidad, ayúdame Señor. Te agradezco Padre, porque tu Hijo Jesús cargó con todos mis pecados para darme el perdón. Me apropio de esta bendición y que sea restaurada mi relación contigo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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