miércoles, 7 de octubre de 2020

UNA CAMINATA HASTA LA ETERNIDAD

 


UNA CAMINATA HASTA LA ETERNIDAD

“Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion”, Salmo 84:4-7

La vida cristiana es una caminata diaria que comienza desde el momento en que Jesucristo llega a nuestro corazón y camina a nuestro lado. Pero a veces la enfermedad, las malas noticias, el rechazo, los ataques del enemigo y los problemas nos quieren hacer rendir y parar. Es cierto que somos peregrinos a la ciudad celestial y tenemos que pasar por más de un valle de lágrimas y más de un desolado desierto, pero Dios está con nosotros por medio de su Espíritu, quien hará brotar manantiales para sustentarnos y nos dará fuerzas para nuestro cansancio.

Recordemos cuando Jesús se encontró con el hombre recostado junto al estanque y que hacía mucho tiempo que su vida había entrado en un estado de pausa en el que no podía avanzar, le pregunta si quiere ser sano y si quiere salir de su postración. A veces nuestra vida entra también en ese estado de inercia y sentimos que ya no podemos avanzar más. Pero hoy el Señor quiere darnos nuevas fuerzas para que empecemos a caminar de nuevo y para que lo hagamos sin cansarnos, pero para eso necesitamos avivarnos en el espíritu.

Levantar el vuelo como las águilas y quedarnos conectados a la corriente de aire del Espíritu Santo implica esforzarnos por entrar en la presencia de Dios. Como dice el pasaje “bienaventurados los que habitan en tu casa y bienaventurado aquel que tiene en ti sus fuerzas”.

En la medida que caminemos por donde el Señor nos lleve, nuestras fuerzas seguirán aumentando y seremos capaces de transformar nuestro valle de lágrimas en un lugar lleno de manantiales y bendición, porque Él, Todopoderoso, es el que camina a nuestro lado. Cuando nuestras limitadas fuerzas se encuentran con un Dios ilimitado, el cansancio y el agotamiento ya no dominarán nuestra vida, sino el poder de Dios.

Nuestro crecimiento espiritual estando en la presencia de Dios a menudo lo precede el viaje a través de los áridos lugares de nuestra vida, cuando pasamos por dificultades y necesitamos depender de Dios. Cuando nos deleitemos en pasar tiempo con Él, veremos toda la adversidad como un motivo para volver a experimentar su fidelidad.

Si hoy andamos por un valle de lágrimas tengamos la seguridad de que nos conducirá hacia Dios, busquemos su presencia y permitamos que el Espíritu Santo refresque y reavive nuestro corazón y que cambiemos nuestra tristeza por ríos de deleite. Recibamos diariamente la fuerza espiritual de la gracia de Dios y continuemos nuestro camino hacia la eternidad, anhelando cada día más y más de Él.  Oración.

"Señor, gracias por esta promesa de bendición, ayúdame a permanecer en tu presencia y que tu Santo Espíritu me impulse a volar por encima de las circunstancias como un águila. Quiero más de ti, llenarme de tu plenitud, es la única forma de caminar hacia la eternidad, avívame y dame las fuerzas en este peregrinaje. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 6 de octubre de 2020

La iglesia un regalo de amor

 

La iglesia un regalo de amor


“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. Romanos 12:4-5

“De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. 1 corintios 12:26

La iglesia cristiana es un regalo de amor de nuestro amado Jesús, ya que es más que un edificio, es un organismo vivo, creado por Dios mismo para cumplir su propósito de extensión de su Reino en esta tierra. La iglesia es cada creyente en Cristo y cuando estamos juntos es para amarnos, perdonarnos y animarnos unos a otros.

El Señor nos llama de diferentes formas:

Su rebaño, en Hechos 20:28 “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”. Nos ha ganado con su preciosa sangre por eso debemos ser vigilantes y cuidarnos los unos a los otros.

Nos llama familia, en Gálatas 6:10 “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” y por eso debemos gozar de nuestras relaciones personales, entendiendo que por medio del Espíritu Santo tenemos una conexión divina que dice que somos “hermanos”, unidos por la sangre preciosa de Jesús que nos redimió.

Nos dice que somos un cuerpo, en Romanos 12:5 “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. Por eso nos gozamos cuando un miembro recibe honra, cuando crece espiritualmente, cuando logra algo para su vida y nos dolemos cuando enferma, o pasa por un momento de dificultad. Cuando un miembro sufre todo el cuerpo sufre.

También nos llama su casa espiritual, en 1 Pedro 2:5 “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. Nuestra piedra angular es Jesucristo y Él quiere que como piedras vivas crezcamos fuertes cada día, en su gracia, amor y conocimiento, para no derrumbarnos ante la adversidad.

Dios nos ha conectado unos a otros a través de su iglesia con propósitos grandes y debemos estar agradecidos porque eso ayuda a nuestro espíritu, somos mejores juntos. Nunca subestimemos la importancia y el poder de las personas que Dios ha colocado en nuestra vida. No olvidemos a los que sembraron la semilla en nosotros, los que la regaron y edificaron influenciado con su testimonio nuestra existencia.  Oración.

«Señor Jesús, oro por mi iglesia local, por mis pastores y hermanos, nos creaste para vivir en comunidad y ser de bendición los unos con los otros. Gracias por las personas que han sido claves para influenciar mi vida con su testimonio personal, por su colaboración y oración para desarrollar los ministerios. Gracias por que la vida cristiana es mejor cuando estamos juntos y por la iglesia universal porque un día estaremos todos reunidos delante de ti sin distinciones, en un mismo amor y sentir. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 5 de octubre de 2020

Ponlo en la canasta

 

Ponlo en la canasta


“Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río. Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”. Éxodo 2:1-10

Los planes de Dios son perfectos por eso nada se sale de su control, hará que todo coordine de tal forma para cumplir sus propósitos con cada uno de nosotros. En el relato de hoy vemos la mano de Dios moviéndose soberanamente sobre la vida de Moisés. En la providencia de Dios, Moisés tuvo una madre excepcional, Jocabed, quien demostró sagacidad logrando ocultar al bebé en contra del edicto del faraón que había ordenado matar a todos los niños hebreos, porque el pueblo de esclavos se había multiplicado demasiado.

Aunque se enfrentó a un gran dilema, hace lo imposible por apagar el llanto de su niño por tres meses para que no lo descubran, en su afán de proteger la vida de su hijo hace algo riesgoso, lo acostó en un carrizal impermeabilizado con brea para que no le entrara agua y lo dejó a la orilla del río; se desprendió con dolor de esa criatura que amaba y lo colocó literalmente en las manos de Dios al dejarlo en esa canasta a la deriva. Dejarlo ahí era entregar todas sus esperanzas y los sueños que tenía de él, pero puso su confianza en el único que podía salvarlo, su poderoso Dios.

¿Hemos entregado a nuestros hijos sin reservas en manos de Dios? Siempre queremos guardarlos de la muerte espiritual, por eso en la medida en que dependa de nosotros debemos enseñarles desde niños el temor a Dios, pero si se sale de nuestras manos, ¿cuánto confiamos en que nuestra oración por ellos será oída y que Dios dará la respuesta en el tiempo preciso? Necesitamos fe para creer en que Dios no se olvida de nuestra familia y descansar en sus promesas como la de Salmos 102:28 “Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia será establecida delante de ti”. Soltemos a nuestros hijos en sus poderosas manos y Él cumplirá su propósito en ellos.

¿Y si no son nuestros hijos?, sino otros asuntos que no podemos resolver ¿cuánto estamos dispuestos a ponerlos en la canasta y entregárselos a Dios sin miramientos? ¿Cuáles son nuestros miedos, podemos soltarlos? Pongámoslos en la canasta, apartémonos y observemos lo que va a suceder cuando confiamos todas nuestras preocupaciones al Dios Altísimo, veremos cómo su gran poder se mueve a nuestro favor. Recuerda Salmos 56:3 “En el día que temo, yo en ti confío” Oración inicial

«Amado Dios, sé que nada es coincidencia en nuestra vida, por eso independiente de cuál sea mi problema y que no logro resolver, yo confío en tu amoroso corazón que siempre está dispuesto para oír mi oración. Siempre estás presente cuando mis miedos y preocupaciones aparecen, por eso los pongo en el canasto, en tus manos poderosas, porque sé que usarás todas las circunstancias para bien y para mostrar tu gloria. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 4 de octubre de 2020

¿Qué más me falta?

 


¿Qué más me falta?

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”. 1 Samuel 15:22

“Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. Marcos 10:17-22

El profeta Samuel nos dice aquí que la obediencia es mejor que los sacrificios. La obediencia se prueba cuando el Señor nos pide algo y estamos dispuestos a obedecer, por encima de nuestros propios intereses, planes y sueños. ¿Somos enseñables?, o ¿somos arrogantes, pensando que lo sabemos todo y que no necesitamos el consejo y la guía de Dios? Es muy difícil enseñar a un espíritu orgulloso, en cambio un espíritu humilde siempre está dispuesto a aprender y a dejarse moldear.

En la historia de hoy vemos a un joven rico, un hombre que confiaba en sí mismo y en sus propios recursos, razón por la que rechazó a Cristo. Había estado cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios y llevaba una vida moral ejemplar, sin embargo, cuando Jesús le dijo lo que tenía que hacer además de esto, no le gustó. Y eso, que se lo dijo con todo el amor: “Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta”, la cosa que le faltaba era un corazón rendido al Señor, ya que las riquezas ocupaban el primer lugar en su corazón y lo apartaban de la verdadera devoción a Dios. ¿Hasta qué punto era capaz de amar a su prójimo tal como Jesús se lo estaba pidiendo?: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”.

Lo que le faltaba era la salvación, o como él lo expresa, «la vida eterna». Y ¿de qué sirve ganar el mundo entero si se pierde el alma? ¿De qué pueden servir todas las cosas que podamos tener en esta vida si no las podemos disfrutar más allá de la muerte?

Qué difícil es obedecer los propósitos de Dios cuando tenemos nuestros ojos puestos en lo terrenal. Cuando Dios nos pide rendirnos completamente a Él, a veces no es lo que queremos oír, pero sí lo que necesitamos oír y que quizás no nos gusta, porque implica renunciar a nuestro ego, tiempo, posesiones, planes y hasta apartarnos de otras personas que se interponen en nuestro crecimiento espiritual y en los planes divinos; pero es la única manera de aprender la obediencia que tiene el poder de transformar nuestra vida para la gloria de Dios.

Si todavía nos sentimos inseguros de nuestro destino eterno, perturbados, sin paz en el corazón y llenos de ansiedad, debemos hacernos la pregunta: ¿qué más me falta?    Oración.

«Señor Jesús, gracias por permitirme creer en ti, estoy dispuesto a obedecerte. Quiero rendir mi vida totalmente, entendiendo que lo que tú me pides es lo mejor para mí. Tomaré mi cruz para darle muerte a todo lo que te ofende y no te agrada de mí, muéstrame lo que me falta para poder seguirte y enséñame a hacer tu voluntad. Ayúdame a amarte a ti y a mi prójimo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 3 de octubre de 2020

Un espíritu superior

 

Un espíritu superior


“En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos”. Daniel 5:11

\» Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino\». Daniel 6:3

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 corintios 3:18

Daniel fue reconocido en el tiempo del rey Nabucodonosor y su hijo sucesor Belsasar, como un hombre con un espíritu superior, “un hombre en el cual moraba el espíritu de los dioses santos”. Ellos, en su paganismo, creyeron que se debía a la influencia de sus dioses, pero lo cierto es que Daniel marcó la diferencia por vivir en íntima comunión con el Dios verdadero, lo que hizo que el Espíritu Santo lo guiara en todo lo que hacía, estaba lleno de luz, sabiduría y entendimiento lo que lo distinguía de los otros consejeros del rey.

Recordemos que Romanos 8:14 dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. La verdad es que nuestro espíritu necesita la guía del Espíritu Santo, porque solo la luz de Dios penetra al espíritu humano y pone al descubierto cada intención de nuestra mente y corazón. Fuimos creados para depender de Dios, porque nosotros somos incapaces de gobernar nuestra propia vida.

Daniel que estuvo cautivo en Babilonia desde joven, supo que su misión en medio de ese imperio pagano era mantenerse alejado de la contaminación religiosa y se propuso no consumir la comida del rey que era prohibida para su cultura judía y mantuvo una ferviente comunión con Dios con una vida vigorosa en oración.

Así como Daniel los creyentes de hoy debemos buscar caminar en la plenitud del Espíritu, para encontrar sabiduría e inteligencia, para resistir las fuerzas ocultas que siguen influenciando este mundo caído y que se intensificarán antes del regreso del Señor Jesucristo.

Nuestro espíritu debe ser influenciado por Dios para que sea un espíritu superior, un espíritu recto como el rey David pidió en el salmo 51:10 “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Sólo el Espíritu Santo puede transformarnos a la imagen de Cristo, nuestro espíritu es superior cuando tenemos la presencia de Cristo en nosotros y estamos sujetos a Él. Como dice: 1 Corintios 6:17 “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él.

Nuestra petición diaria debe ser entonces pedir un espíritu recto, fiel, uno que anhele la presencia de Dios, un espíritu dispuesto a obedecer, que influencie nuestro entorno y se levante por encima de cualquier circunstancia.   Oración.

«Señor Jesucristo, ayúdame a guardar mi espíritu para no exponerlo a cosas que lo debiliten o contaminen, que ni mis actitudes, ni las heridas de mi pasado, ni mi falta de perdón y las tentaciones de este mundo me impidan caminar en la plenitud de tu Espíritu, sino que tu influencia sea tan poderosa en mi vida, que marque la diferencia en mi entorno con un espíritu recto, para poder cumplir el propósito que tienes para mí dentro de tu glorioso plan divino. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 2 de octubre de 2020

Amor demostrado

 

Amor demostrado


“Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?” Lucas 7:37-47

Como pecadores que somos tenemos dos maneras de acercarnos a Cristo. Esta historia revela dos actitudes de mente y corazón. Simón estaba frente a Jesús pero no tocó su corazón, no se reconocía necesitado de nada y por lo tanto no sentía amor, se consideraba bueno y respetable ante los ojos de Jesús, aunque estaba al lado de Él, estaba totalmente distante. Esto nos recuerda lo que dice la Palabra de Dios. Mateo 15:8 “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”.

Contrario a la mujer que reconoció su profunda necesidad de salvación y por lo tanto inundó de amor a Jesús, con gratitud genuina en su corazón y mostrando un acto de servicio generoso hacia aquel que podía suplirla y por eso recibió el perdón.

Siendo todos igualmente deudores, todos hemos sido perdonados y cuando hemos recibido mucho, amamos mucho y esto debe traducirse en gratitud y servicio hacia Jesús. La mujer honró a Cristo ungiéndolo, derramando sobre Él lo más costoso que tenía, su perfume, era todo lo que podía ofrecerle y lo hizo con una actitud contrita y humilde hacia su Salvador. Simón, por otro lado, no demostró amor, no se esmeró en tratar a Jesús como un huésped de honor, como una señal de respeto y estima.

Cualquier cosa que hagamos, que tenga apariencia de virtud, no es más que hipocresía cuando es ejecutada sin amor. No se puede concebir la vida en Cristo sin amor. Pensemos en maneras de motivarnos a realizar actos de amor y buenas acciones, de tener gratitud como un acto de servicio desinteresado y generoso hacia Dios y hacia otros. Como dice 1 Juan 3:18 “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

El amor es la prueba de que una persona ha recibido perdón, y que cuanto más se le perdone más amará. Amar es la expresión de mostrar gratitud al Señor por todo lo que ha hecho por nosotros. Sólo los que reconocen la profundidad de su pecado pueden apreciar todo el perdón que Jesús nos ha dado.

Hay muchas maneras de mostrar gratitud a Dios y una de ellas es cumplir su propósito en nuestra vida, haciendo su voluntad, compartiendo su Palabra y amando al prójimo como a nosotros mismos.  Oración.

«Gracias Jesús, por perdonarme y amarme tal como soy, por llenar mi corazón de amor y gratitud por la obra que hiciste por mí en la cruz. Me perdonaste, me salvaste y cambiaste mi vida. Quiero que mi gratitud sea más que palabras bonitas, que la pueda demostrar con actos de servicio generoso, de bendición y amor hacia ti y hacia otros. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 1 de octubre de 2020

Santos en un mundo perverso

 


Santos en un mundo perverso

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Juan 17:15

“para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. Filipenses 2:15

Jesús no oró para que fuésemos quitados del mundo, sino que fuéramos guardados del maligno, Él sabe que la santificación verdadera se da en el campo de batalla, no aislados y metidos en una urna de cristal para alejarnos del pecado y la tentación. Es en el mundo en medio de su oscuridad y desazón donde tenemos que brillar como luminares. Por eso ser santos no es un mero formalismo religioso y devoción externa.

La verdadera santificación no es cumplir con rituales religiosos, no consiste en la intensidad de nuestras emociones en los cultos, sino en la profundidad, entendimiento y conocimiento de la Verdad de Cristo que nos lleva a un genuino cambio interior, a una transformación de nuestra naturaleza humana que se hace evidente para otros.

Muchos se han encerrado en conventos, monasterios y hasta algunos se vuelven ermitaños buscando la santidad, alejados de la realidad del mundo. Pero la verdadera santidad no aísla al creyente de las dificultades y tentaciones, sino que les hace frente y las supera por medio de la gracia de Cristo. 1 corintios 15:10 dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

Dios nos hace un llamado a ser santos desempeñando las obligaciones en el lugar donde nos ha puesto y ser luz en medio de las tinieblas y sal en medio de la corrupción. Ser irreprensibles y sin mancha es el desafío para los hijos de Dios que quieren resplandecer en este mundo torcido y perverso. Dios nos llama por lo tanto a crecer en fe, amor y santidad, siendo testimonio de vida y nos compara con árboles arraigados y cimentados en su Palabra viva, que florecen en cualquier ambiente, no importa la situación estamos llamados a marcar la diferencia. Jeremías 17:8 “Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” Oración.

«Amado Jesús, gracias por santificarme con tu Verdad, por darme tu gracia y poder para vivir irreprensible en medio de este mundo perverso, por llamarme a ser luz en esta generación seducida por el pecado y poder glorificar tu nombre, creciendo en amor, fe y santidad hasta tu regreso. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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