viernes, 22 de septiembre de 2017

La Llave Para el Éxito dada por Dios a Josué


La Llave Para el Éxito dada por Dios a Josué

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:7-8

Después de la muerte de Moisés, Josué era el candidato elegido por Dios para entrar al pueblo de Israel a heredar la tierra que Dios les había dado por herencia. Ésta encomienda era un gran reto para Josué. Dirigir al pueblo para entrar en posesión de lo que Dios les había dado no era tarea fácil, por el contrario, era un desafío difícil, pues estas tierras estaban habitadas por otros pueblos y ellos tendrían que echarlos fuera.

Quizás Josué se sentía intimidado, quizás pensaba que esta tarea era un gran compromiso, quizás en su mente venía la pregunta: ¿poder cumplir con esta responsabilidad? Dios que conoce los corazones vino hablar con él y le dio la llave para tener éxito en su trabajo.

Si ponemos atención, lo primero que Dios le dijo fue: “esfuérzate y se muy valiente.” Este requerimiento de Dios de ser valiente y esforzado no era para pelear como guerrero, pues estando con Moisés Josué había probado ser un valeroso soldado; más bien era un requerimiento para guardar, para estar firme, en los mandamientos que Dios les había dado por medio de Moisés.

Es muy fácil para el hombre deslizarse y apartarse de los mandamientos de Dios. Hay que ser muy valiente y esforzado para decir ¡no! al impulso de seguir corriendo tras las distracciones que el mundo ofrece. Hay que ser muy valiente y esforzado para proponerse en su corazón como Daniel, el no contaminarse. Hay que ser muy valiente y esforzado para no dejar que la posición de liderazgo, las victorias que puedas obtener, y la popularidad, te corrompan el corazón y te llenen de orgullo.

Esta fuerza interior, esta valentía solo vienen al meditar en los mandamientos de Dios. Y es aquí donde entramos al segundo requerimiento que Dios le da a Josué para tener éxito en su trabajo. Vemos que Dios le dice: “que medite en la Palabra de día y de noche.” Meditar es hablar en voz baja, es repetir una y otra vez las promesas hasta memorizarlas. Por esto dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él…” es murmurando en voz tenue sus promesas, repitiéndolas y pensando en lo que dice, que encontramos fuerza y valor para enfrentar las vicisitudes que se nos presenten en el camino. Es meditando en su Palabra que podemos ser valientes y esforzados para poder guardar los mandamientos del Señor. Y es meditando en La Palabra de Dios que haremos prosperar nuestro camino y todo lo que hagamos nos saldrá bien.

Muchos creyentes piensan que la bendición, y la prosperidad, vienen de una manera automática, sin ninguna condición. Pero si vamos a la Palabra de Dios y la estudiamos nos damos cuenta que toda bendición está condicionada a la obediencia.

Dios nos ha dado tremendas promesas de prosperidad, sanidad, y liberación, pero no podremos entrar a poseerla si no obedecemos el mandamiento. La llave para tu bendición es la misma que Dios le dijo a Josué: se valiente y esfuérzate en guardar la Palabra de Dios, medita en ella de día y de noche, porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Ocupando y venciendo en la Tierra Prometida


Ocupando y venciendo en la Tierra Prometida

Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. – Números 14:9

Hace miles de años, Dios dijo a los hijos de Israel que subieran y ocuparan la tierra que les había dado. Les dijo que la tomaran, por la fuerza y sin temor, de los impíos que moraban allí.

Él todavía dice eso hoy. Dios todavía trata de que como su pueblo, tomemos la buena tierra que nos ha dado. Él todavía trata de que usemos el poder que nos ha dado para echar al malvado fuera. Esta tierra no le pertenece al diablo, le pertenece a Dios (Salmo 24:1). Él diablo sólo se mudó y tomó control de las cosas porque los creyentes no lo hemos detenido.

Ese es nuestro trabajo, ¿sabía usted? Jesús tomó los derechos legales de Satanás en la mañana de la resurrección. Entonces Jesús nos puso a cargo de llevar a cabo la derrota de Satanás. Las Escrituras dicen que Jesús se ha sentado a la diestra de Dios hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (Hebreos 10:12-13). ¿Sabe lo que eso significa? Significa que Jesús espera que le demos un puntapié al diablo y a sus legiones y los echemos fuera de los asuntos de este mundo. Jesús espera que llevemos a cabo la victoria que Él ganó en el Calvario y que ocupemos esta tierra.

Pero, así como Israel tuvo que subir físicamente a tomar la tierra de Canaán, usted y yo tenemos que subir en el Espíritu si vamos a establecer el dominio de Dios sobre la tierra. Vamos a tener que movernos. ¡No podemos hacerlo sentados!

Escuche, es posible que usted no lo sepa, pero estamos en guerra. Estamos en una batalla espiritual y estamos ganando. En verdad, si comprendiera lo que ya está establecido en el mundo espiritual, se reiría del diablo cada vez que él mostrara su rostro.

Por lo tanto, si el diablo hoy tiene control de algún aspecto de su vida, de su iglesia o de su comunidad, levántese en el Espíritu por medio de la fe, la oración y la Palabra y comience a recuperar ese territorio. No tenga temor. La defensa del diablo se apartó de él. No tiene ninguna arma que pueda prevalecer contra usted.

El Señor Jehová está con usted. ¡Levántese en el nombre de Jesús y recobre la tierra!

Éxodo 14:10-31

14:10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.

14:11 Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?

14:12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: ¿Déjanos servir a los egipcios Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto?

14:13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.

14:14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

14:15 Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.

14:16 Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.

14:17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería;

14:18 y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo.

14:19 Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas,

14:20 e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.

14:21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.

14:22 Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

14:23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.

14:24 Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios,

14:25 y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.

14:26 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.

14:27 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.

14:28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno.

14:29 Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.

14:30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.

14:31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El amor de Dios a su pueblo.


El amor de Dios a su pueblo.



Para iniciar el devocional de hoy, acompáñense de la lectura de Deuteronomio 1:19-33





Los primeros capítulos de Deuteronomio son Moisés recordándole al pueblo de Israel las promesas de Jehová.



Sabemos que Dios le dio la libertad al pueblo por medio de Moisés y Aarón; estos les llevaron por el desierto hacia la tierra prometida: Canaán. Pero gracias a la desobediencia del pueblo demoraron 40 años en ese proceso.



Ahora leemos el versículo 21 de Deuteronomio 1: "Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes." 

Dios le prometió a Abraham que haría una nación grande de él (Génesis 12:2), y a Jacob (hijo de Isaac; hijo de Abraham) le prometió que su descendencia seria como el polvo de la tierra y en él serian benditas todas las familias de la tierra (Génesis 28:13-14). Ahora, los hijos de Jacob fueron las 12 tribus de Israel, a quienes muchos, muchos años después Moisés llevó por el desierto.



Retomando el pasaje, en el versículo 27 dice: "Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos"



Dios no es hombre para mentir, Dios lo que promete lo cumple.





Esta no era la primera vez que el pueblo renegaba de Dios, muchas veces encontramos a lo largo de Éxodo, Levítico, Deuteronomio ... que el pueblo vivía diciendo: Si estuviéramos en Egipto.... y pecaban cuando se sentían solos y desorientados (Hicieron dioses para adorar cuando Moisés subió al monte a buscar las tablas en las que estaban escritos los mandamientos). Y aun así por la promesa que Dios le había hecho a Abraham se aguantó de no destruirlos.

Los cuidó, sus ropas y calzado se envejecieron mas no se gastaron, les daba alimento del cielo (maná), les mandaba una columna de fuego por las noches y una nube de día para guiar su camino, les dio agua en medio del desierto...Les demostró su amor y poder infinito... "Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios" Deuteronomio 1:32



Les puedo asegurar, que Jehová hizo pasar al pueblo por tantas pruebas en el desierto solo para escuchar que confiaban en Él, que le amaban de la misma forma que Él les amaba a ellos...Pero solo recibió quejas, pecados, blasfemias, desconfianza, desobediencia....



No seamos como el pueblo de Israel en el desierto...Dios quiere un Josué, un Caleb (Números 14.30), un Finees (Números 25:7) ... 

El amor de Dios es grande, lo puedes ver reflejado en tú vida ahora "Pues Jehová te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado" Deuteronomio 2:7





Yo tengo 19 años, que recibí a Cristo como mi Señor y mi Salvador en mi corazón y puedo decir que Jehová me ha bendecido, y estos 19 años Jehová mi Dios ha estado conmigo, y nada me ha faltado... Y estoy seguro que en tú vida es igual. Porque Dios te ama y me ama. Él hace salir su sol sobre buenos y malos... ¿Y si sostuvo la promesa con Abraham...porque no sostendría la promesa con nosotros? Dios no cambia.



En los días de prueba, busca a Dios...Si le buscas Él se dejará hallar por ti; porque te ama.

Aun cuando éramos pecadores e ignorábamos la voluntad de Dios, Él nos guardó y si te arrepientes de tus pecados Él te sostendrá en sus manos y te acogerá con un cariño inimaginable y te dará el amor que el mundo nunca te dará...Porque no hay amor más grande que el de Dios hacia su pueblo.



Minuto de Sabiduría:

Dios nos guía siempre y orienta nuestra vida. Pero necesitamos sensibilidad, para escuchar su voz, y aprender a interpretarla en las mil y una circunstancias de la vida, y remontarnos a las mejores alturas del espíritu que nos anima. Procura meditar en silencio y escucha la voz de Dios, tu guía, que nunca te abandona.     ¡Dios te bendiga!  

martes, 19 de septiembre de 2017

MOISÉS Y AARÓN ANTE FARAÓN

MOISÉS Y AARÓN ANTE FARAÓN
 “Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová, Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto” Éx. 5:1.
Moisés comienza a cumplir con la labor que Dios le ha encomendado, acompañado de su hermano Aarón. Es interesante que Moisés deba enfrentar un antiguo temor, pues cuarenta años atrás, había salido huyendo de Egipto y de Faraón, pero ahora Dios lo envía revestido de Su poder. Esto nos enseña que para servir a Dios y vencer nuestros temores, no es suficiente con nuestros deseos y anhelos, se requiere del poder de Dios…

Para éste momento, el pueblo de Israel ha estado sometido a la esclavitud egipcia por cuatrocientos años, y Dios solicita la liberación de su pueblo para que le rinda culto: “Entonces tú le dirás de mi parte al faraón: Israel es mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo para que me rinda culto”, Éx. 4:22-23ª, con suma dificultad se puede rendir culto a Dios desde el cautiverio. Sólo cuando nuestro espíritu es liberado del dominio de las tinieblas y vivificado por el Señor Jesucristo, puede levantarse y adorar a Dios. A veces nuestro culto al Señor enfrenta diferentes obstáculos:
1. Miedos (cómo los de Moisés),
2. Una mente escaza y conformista (como la de Israel en esclavitud),
3. Profundos complejos y resentimientos (como la falta de perdón),
4. Exceso de ocupaciones y negocios,
5. Una vida cuya nostalgia es su pasado.
Debe aparecer aquí, un profundo deseo de libertad y la decisión de acercarse al libertador, a Jesucristo el Señor, quien con su poder romper las cadenas del cautiverio.
El deseo de Dios, expresado en éste pasaje, es que Su pueblo le “celebre fiesta en el desierto”. Aquí el término fiesta significa: celebración cultica o solemne, Dios quiere una celebración en honor a él, que sus hijos se gocen en él. El escenario escogido es el desierto, sinónimo de soledad, dificultad, dureza, escasez y ausencia, pero al recordar las manifestaciones sobrenaturales de Dios en éste desierto, vemos que fue un espacio escogido por Dios para revelar Su gloria y poder a Israel.
Reflexión final: Dios es nuestro libertador y debemos acercarnos a él, pues con Su poder quebrantar los obstáculos que estorban e impiden nuestra comunión y adoración. Por encima de tu condición, levántate y adora Dios, él quiere revelar Su gloria y poder en medio de tu desierto. 

lunes, 18 de septiembre de 2017

Esclavitud en Egipto de las doce tribus de Israel.


Esclavitud en Egipto de las doce tribus de Israel.

Con el correr del tiempo, el gran hombre llamado José a quien Egipto debía tanto, y la generación bendecida por su obra, descendieron al sepulcro. Y “levantándose entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a José.” No era que ignorase los servicios prestados por José a la nación; pero no quiso reconocerlos, y hasta donde le fue posible, trató de enterrarlos en el olvido.

“El cual dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros: ahora, pues, seamos sabios para no se multiplique, y acontezca que, viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra.”

Pero el momento de su liberación se estaba acercando y Moisés era el hombre que Dios usaría para llevar a cabo esa tarea.

“Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón; escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque miraba la remuneración.” (Hebreos. 11: 24-26.)

Dios escogió a Moisés Para cumplir su propósito. En su providencia el Señor lo puso en el seno de la familia real de Egipto donde recibió una educación cabal; no obstante, no estaba preparado todavía para que Dios le confiara la gran tarea para la cual lo había llamado. No podía dejar abruptamente la corte del rey ni las comodidades que se le habían otorgado como nieto del monarca para llevar a cabo la tarea especial que el Señor le había asignado. Debía tener oportunidad de adquirir experiencia en la escuela de la adversidad y de la pobreza, y ser educado en ella.

Mientras vivía en el exilio el Señor envió a sus ángeles para que lo instruyeran especialmente con respecto al futuro. Allí aprendió más plenamente las grandes lecciones del dominio propio y la humildad. Pastoreó las manadas de Jetro, y mientras llevaba a cabo sus humildes deberes como pastor, el Señor lo estaba preparando para que se convirtiera en el pastor espiritual de sus ovejas, es a saber, el pueblo de Israel. Del cual vendría El `PRINCIPE de Pastores JESUCRISTO.  

domingo, 17 de septiembre de 2017

En las manos de Dios lo que se planea para mal puede llegar a ser un bien


En las manos de Dios lo que se planea para mal puede llegar a ser un bien

José se ató a la columna de esta promesa y fue fiel a ella toda su vida. Nada en su historia pasa por alto la presencia del mal. Al contrario. Manchas de sangre y huellas de lágrimas yacen por doquier. El corazón de José fue maltratado en carne viva con ruda deslealtad e injusticia. Pero, una vez tras otra, Dios lo rescato del dolor. La túnica de la discordia se transformó en una de la realeza. El foso, en palacio. La familia dividida se volvió a unir. Todos los intentos por destruir al siervo de Dios terminaron fortaleciéndolo.

“Ustedes trataron de hacerme mal”, les dijo a sus hermanos, usando un verbo que en hebreo relaciona su significado con “tramaron” o “trenzaron”. “Ustedes tejen el mal”, les dijo, “pero Dios lo reteje y lo convierte en bien”.

Dios, el Maestro Tejedor. Toma los hilos y entremezcla los colores, las hebras toscas con las de terciopelo, los dolores con las alegrías. Nada está fuera de su alcance. Los reyes, los tiranos, el tiempo y cada molécula obedecen sus órdenes. Él pasa a través de las generaciones y, a medida que avanza, va tomando forma el diseño. Satanás teje; Dios reteje.

Y Dios, el Maestro Constructor. Este es el significado de las palabras de José: “Dios lo tornó en bien, para que sucediera como vemos hoy”. La palabra hebrea utilizada aquí como tornó es un término usado en construcción. Describe un proyecto o trabajo de edificación.

Dios como Maestro Tejedor, Maestro Constructor, redimió la historia de José. ¿Podría también redimir la tuya?

Saldrás de esta. Temes no lograrlo. A todos nos pasa. Tememos que la depresión nunca nos dejará, los gritos nunca terminarán, el dolor jamás se irá. Aquí, en el foso, rodeado por paredes escarpadas y unos hermanos furiosos nos preguntamos: ¿se pondrá brillante alguna vez este cielo gris? ¿Dejará de ser tan pesada esta carga que tengo encima? Nos sentimos atorados, atrapados, acorralados. Predestinados al fracaso. ¿Saldremos alguna vez de este hueco?

Como ocurrió con Daniel en el foso de los leones, con Pedro en la cárcel, con Jonás en el estómago del pez, con David amenazado por Goliat, con los discípulos en medio de la tormenta, con los leprosos y su enfermedad, con las dudas de Tomás, con Lázaro y su tumba, y con Pablo y sus prisiones, Dios también nos librará a nosotros.

No será sin dolor: No necesariamente. No en esta vida. Lo que sí ha prometido es retejer tu dolor para un propósito superior.

No será de un día para otro: José tenía diecisiete años cuando sus hermanos lo abandonaron. Tenía por lo menos treinta y siete cuando volvió a encontrarse con ellos. Y tuvo que pasar otro par de años antes que viera a su padre. A veces, Dios se toma su tiempo. Ciento veinte años preparando a Noé para el diluvio, ochenta años preparando a Moisés para su trabajo. Dios llamó al joven David para que fuera rey, pero lo devolvió al campo a seguir cuidando ovejas. Llamó a Pablo para que fuera apóstol, y luego lo aisló en Arabia por casi tres años. Jesús estuvo en la tierra por tres décadas antes que hiciera algo más que una mesa de cocina. ¿Cuánto tiempo irá a tomar contigo? Puede tardarse. Su historia se cuenta no en minutos, sino en lo que dura una vida.

Pero Dios usará tus problemas para bien: Permíteme aclarar algo. Tú eres una versión de José en tu generación. Representas un reto para el plan de Satanás. Tienes algo de Dios dentro de ti, algo noble y santo, algo que el mundo necesita: sabiduría, amabilidad, misericordia, recursos. Si Satanás logra neutralizarte, podría desbaratar tu influencia.

La historia de José está en la Biblia por esta razón: para enseñarte a confiar en que Dios supera el mal. Lo que Satanás intenta para mal, el Maestro Tejedor—y Maestro Constructor—lo redime para bien.

Quizás haya sido José el primero en decirte que la vida en el foso apesta. Pero pese a toda esa inmundicia, ¿no representa el foso mucho más? Te obliga a mirar hacia arriba. Alguien desde allá habrá de bajar para tenderte la mano. Dios lo hizo con José. En el momento preciso, en el minuto exacto, hará lo mismo contigo. 

sábado, 16 de septiembre de 2017

Génesis 45 José se da a conocer a sus hermanos


Génesis 45 José se da a conocer a sus hermanos



Génesis 45 José se da a conocer a sus hermanos 45 No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. 2 Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. 3 Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. 4 Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. 7 Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. 8 Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto. 9 Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas. 10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. 12 He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. 13 Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá. 14 Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello. 15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él. 16 Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos. 17 Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán; 18 y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. 19 Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, y traed a vuestro padre, y venid. 20 Y no os preocupéis por vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto será vuestra. 21 Y lo hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden de Faraón, y les suministró víveres para el camino. 22 A cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas piezas de plata, y cinco mudas de vestidos. 23 Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino. 24 Y despidió a sus hermanos, y ellos se fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino. 25 Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. 26 Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se afligió, porque no los creía. 27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió. 28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.