sábado, 28 de marzo de 2015

Lucas 23:34

Lucas 23:34


Padre, dijo Jesús, perdónalos, porque no saben lo que hacen.  Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.



Los judíos pensaban que Jesús era pecador al decirse hijo de Dios.  Decían que era pecador por sanar a un enfermo en día de reposo.  Decían que era pecador porque se mezclaba con recolectores de impuestos, prostitutas y leprosos entre otros.  No saben lo que hacen dice Jesús.  Fue tal su ceguera que no pudieron ver los milagros tan increíbles que realizó Cristo frente a ellos.  Por el contrario, anotaban con detalle cada “falta” que realizaba.  Perdónalos porque no saben lo que hacen.  ¿Tú y yo sabemos lo que hacemos?  ¿Qué tan perdido estás?  Debemos ser honestos y abrir nuestro corazón para darnos cuenta si estamos actuando como esos judíos que no sabían lo que hacían.  Tal vez estás pensando en divorciarte o separarte de tu pareja.  Tal vez piensas que estarías mejor con esa persona que te hace pasar un buen rato.  Puede ser que tengas tanto rencor contra tus padres o alguien más que quieras hacerles daño.  Puede ser que te sientas tan solo que no le encuentres sentido a seguir viviendo.  Tal vez te estás refugiando en el alcohol o alguna otra droga para poder olvidar tu presente.  ¿Sabes?  Dios está ahí.  A tu lado.  Esperando a que te des cuenta que no sabes lo que haces.  Esperando que te des cuenta de cuánto te ama.  Esperando a que entiendas que mandó a Jesús a morir por ti.  A morir por tus pecados.  A darte una segunda oportunidad.  A darte una vida nueva.  A darle sentido y dirección a tu caminar.  ¿Sabes qué hicieron esos judíos por los que Jesús estaba intercediendo?  Lo culparon de algo que no hizo.  Le hicieron juicios injustos.  Juntaron testigos falsos.  Le escupieron.  Lo golpearon.  Lo señalaron y se burlaron de Él.  Lo crucificaron y mientras estaba sufriendo seguían burlándose y gritándole.  ¿No te parece ilógico que Jesús interceda?  A nuestros ojos no tiene sentido, pero Jesús vino justamente a sanar a los enfermos.  A sanar a gente como tu y yo.  Gente que ha asesinado.  Gente que ha robado.  Gente que ha engañado a su pareja.  Gente que es adicta.  Gente mentirosa.  Gente avariciosa.  Por cada uno de nosotros Jesús dice: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.  Definitivamente sin Jesús en nuestras vidas no tenemos ni la menor idea de lo que hacemos.  Pensamos que sabemos pero la realidad es distinta.
Perdónalos porque no saben lo que hacen.  No olvides estas palabras y ejemplo de Cristo.  Su ropa estaba siendo repartida entre los soldados mientras Él intercedía.  Mientras tanto nosotros no perdonamos.  Guardamos corajes.  Dejamos que el enojo eche raíces y no se vaya.  ¿Qué no entendemos que si somos seguidores de Cristo, no debemos esperar a que nos pidan perdón sino perdonar aunque no lo merezcan?  ¿Y si se aprovechan de mí?  Podrás pensar.  ¿No crees que se aprovecharon de Jesús?  ¿No crees que lo humillaron a más no poder?  ¿Entonces qué te detiene?  El ejemplo ahí está.
Tengamos cuidad de no caer en el mismo error que los judíos de ese entonces.  Reconozcamos nuestros pecados y nuestra necesidad de Cristo para ser reconciliados con el Padre.  Reconozcamos su sacrificio y amor por nosotros.  Dejemos atrás esa vida que no nos ha llevado a nada bueno y comencemos un camino lleno de esperanza.  Vivamos por Él y para Él.

Oración
Padre: gracias.  Gracias por tu amor incondicional e incomprensible.  Gracias por la vida y el sacrificio de Jesús.  Gracias por abrir mis ojos y permitirme ver que sin ti realmente no tengo idea de lo que estoy haciendo.  Gracias por enseñarme que debo de perdonar sin siquiera esperar una disculpa.  Gracias por estar ahí mientras todos me han dado la espalda.  Gracias por estar ahí para mostrarme que hay una nueva y mejor vida.  Padre, perdona mis pecados y límpiame.  Dale sentido a mi vida.  Lléname de tu paz.  Lléname de tu amor.  Lléname de tu consuelo.  Te necesito Señor.  No quiero seguir dando pasos en la oscuridad.  Guía cada nuevo paso que de.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén

viernes, 27 de marzo de 2015

1 Pedro 1:12

1 Pedro 1:12


A ellos se les reveló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a ustedes.  Hablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que les predicaron el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado del cielo.  Aun los mismo ángeles anhelan contemplar esas cosas.



Cuando dice a ellos se les reveló, ¿a quién se está refiriendo?  A los profetas que menciona en el versículo 10.  Éstos anunciaron la gracia que nos es ofrecida hoy en día.  Entonces, lo que nos está explicando Pablo, es que estos profetas  estaban anunciando algo que no era para su tiempo sino para el nuestro.  Anunciaron lo que habría de venir y así como lo dijeron, así sucedió.
Hoy estamos acostumbrados a que las cosas funcionen de manera muy peculiar.  Queremos ver y entender los resultados inmediatamente.  Si ves un rato la televisión podrás encontrar infinidad de productos “milagrosos”.  Hazte millonario en muy poco tiempo.  Ten el cuerpo que siempre deseaste en tan solo unos cuantos minutos.  Todo gira alrededor de conseguir un resultado inmediato y con el menor esfuerzo posible.  ¿Y qué tiene que ver esto con el pasaje de hoy?
Debemos aprender que las pruebas que atravesamos, no necesariamente tendrán un resultado inmediato.  Los profetas anunciaron la gracia y no fue para ellos en ese momento sino varios años después tuvo efecto cuando vino Cristo y el Espíritu Santo.  Nosotros queremos que las pruebas se acaben rápido.  Queremos entender el por qué de lo que nos está sucediendo.  Queremos que llegue el aprendizaje y listos para lo que sigue.  ¿Cuánta gente está orando en este momento por salud personal o la de un familiar?  ¿Y si el Señor quiere que sigamos enfermos?  ¿Y si gracias a esa enfermedad creceremos espiritualmente?  ¿Y si gracias a esa enfermedad alguien entrega su vida a Cristo?  ¿Por qué aferrarse tanto a la salud?  ¿Por qué no mejor nos aferramos a servir al Señor y en dar testimonio a los demás de la reconciliación que ofrece Jesús?  No podemos estar viviendo como el mundo nos dicta.  No podemos moldearnos a lo que vemos afuera.  Tenemos que moldearnos a la imagen de Cristo.  Nuestras acciones deben predicar sus principios.  Nuestras palabras deben hablar sus palabras.  Por esta razón, no podemos caer en los errores que los demás caen.  Así como los profetas anunciaban lo que vendría y no se quejaban porque no entendían lo que decían o cuándo exactamente sucedería, nosotros debemos aprender a vivir en obediencia y servicio  a Dios sin esperar entender todo lo que nos sucede.  Imagina qué ilógico sería tener a un profeta quejándose con el Señor porque no vería quién es el Mesías.  Imagina a Juan quejándose por no entender cuándo vendría el Apocalipsis.  Es ilógico.  Pero cuando se trata de nosotros y querer respuestas inmediatas y claras ya nos parece que tiene sentido.  La verdad es que es igual de ilógico exigir lo que solamente el Señor en su soberanía quiere revelar.  Nos quejamos y nos quejamos pero no llegamos a ningún lado.  Por otro lado, puede ser que estás orando sin cesar y te encuentras igualmente estancado.  ¿La razón?  ¡Estamos orando por lo que el mundo busca y no lo que nuestro Señor!  Ora porque tu vida sirva para que otros vengan a Dios.  Ora para que tu vida sea de bendición para los que te rodean.  Ora para que el Señor transforme tu corazón y puedas amar a tu prójimo.  Dejemos de quejarnos y oremos para que seamos utilizados y vehículos de bendición.  Si Dios nos quiere revelar sus planes hoy, ¡Extraordinario!  Si no nos revela nada, ¡Igualmente extraordinario!  Su voluntad es lo mejor en cualquier escenario.  No te desanimes ni desesperes.  Deja de buscar una solución o una explicación.  Deja que el Señor reine y revele conforme a su voluntad y obedezcamos mientras esperamos a ser llamados.

Oración
Dios Padre: tu palabra es increíble y llena de bendición.  Te doy gracias por revelarme lo que es importante y ayudarme a discernir entre aquello que me ayudar a crecer espiritualmente y lo que no.  Perdóname por cuestionar tus planes y estar demandando una explicación a lo que me sucede.  Hoy entiendo que debo entregarme incondicionalmente a Ti y confiar en tu amor y tu voluntad por encima de todo.  Gracias Señor.  En Cristo Jesús.  Amén

jueves, 26 de marzo de 2015

1 Pedro 2:20-21

1 Pedro 2:20-21


Pero ¿Cómo pueden ustedes atribuirse mérito alguno si soportan que los maltraten por hacer el mal?  En cambio, si sufren por hacer el bien, eso merece elogio delante de Dios.  Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos.



El sufrimiento es parte de nuestra vida.  No es natural y por ello hacemos todo lo posible para evitarlo.  ¿A quién le gusta sufrir?  ¡A nadie!  Pero cuando vemos el sufrimiento a través de los ojos de Dios, podemos entender que el sufrimiento es necesario para transformar y renovar nuestro carácter.  Las pruebas, el maltrato, el sufrimiento, todo esto va dando forma a tus acciones, reacciones y pensamientos.  Si no conocemos a Dios y alguien nos maltrata, ¿Cómo crees que reaccionarías?  Obviamente devolveríamos mal con mal.  Basta con salir a la calle y ver cómo abunda el deseo de venganza en lugar del amor.  Pero Dios nos enseña algo distinto.  Nos dice que fuimos llamados para soportar el maltrato y seguir dando buen testimonio.  Nos exhorta a obedecer a nuestras autoridades y superiores sin importar que sean dignos o que nos traten bien.  Nos enseña que nuestra autoridad principal es Dios y Él ha puesto cualquier autoridad en la tierra y a Él le agrada que nos sujetemos a ellas.  Ahora, Dios, siendo conocedor de todo, nos advierte que habrá mucha injusticia.  Nos prepara para lo que vendrá y además, nos da dirección: para esto fueron llamados, Cristo sufrió por ustedes dándoles ejemplo para que sigan sus pasos.  No nos avientan al mundo para tratar de sobrevivir.  Dios nos prepara y nos guía.  Lo que nos corresponde hacer es tener fe y confiar en que sus pasos son mejores que los nuestros.  Nos corresponde tomarnos de su amor y llenarnos de su consuelo para poder soportar todo esto.  Piensa en esto por un momento: la biblia nos dice que no hay mérito o elogio en recibir sufrimiento si recibimos maltrato por haber hecho el mal.  Por el contrario, hay mucho mérito en recibir maltrato, y continuar haciendo el bien.  ¿De qué lado estás?  ¿Cómo son tus reacciones?  ¿Eres una persona arrebatada y explosiva?  O por el contrario ¿Eres una persona que no hace nada y guarda todo?  ¡Dios no quiere robots como siervos!  Dios quiere corazones que estén dispuestos a entregarse por completo.  Si alguien te maltrata, es normal que te enojes.  Es normal que sientas impotencia.  Lo que Dios quiere que hagas es doblar tus rodillas, deshacerte de tu orgullo y ponerte a orar pidiendo por paz.  Ora porque tengas amor para tu prójimo.  Ora para que puedas entender lo que Dios quiere que aprendas.  Ora para que tus actos sean similares a los de Jesús.  No ores para que se resuelvan los problemas.  No ores para que no haya injusticias.  No ores para que te cambien de jefe o para que se acabe esto o aquello.  ¡No!  Dios nos dice que habrá maltrato en nuestras vidas tal y como lo hubo en la de Jesús.  Entonces tenemos dos opciones: vivir amargados y enojados cada vez que llega una prueba y atravesamos sufrimiento y maltrato o, vivir pegados al Señor pidiendo que nos llene de Él para poder dar un testimonio de mérito sin importar lo que estemos atravesando.  ¿Qué vas a hacer?  Yo te animo a que te entregues a Dios y camines sus pasos.  Sí, habrá maltrato, pero servirá para moldearte conforme al corazón de Cristo.

Oración
Señor: te pido perdón por mis pecados.  Te pido que pueda dar un buen testimonio aunque reciba maltratos.  Te pido que tenga fe y pueda ser fuerte para controlar mi cuerpo y mis reacciones pues muchas veces van en contra de tu ejemplo.  Te doy gracias por advertirme de lo que habrá de venir y te pido que pueda mantenerme en tus pasos en todo momento.  Lléname de tu paz, de tu amor y de tu consuelo para que pueda vivir dando testimonio de Ti.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Hebreos 10:5-10

Hebreos 10:5-10

Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo: “a ti no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo; holocaustos y expiaciones no fueron de tu agrado.  Por eso dije: Aquí me tienes, como está escrito de mí en el libro: he venido, oh Dios, a hacer tu voluntad”.  Primero dijo: “Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones no te complacen ni fueron de tu agrado” (a pesar de que la ley exigía que se ofrecieran).  Luego añadió: “Aquí me tienes: he venido a hacer tu voluntad”.  Así quitó lo primero para establecer lo segundo.  Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrifico del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre.



Hay personas que piensan que Dios es “distinto” en el antiguo testamento.  Ya sea por los sacrificios o las guerras que se desarrollaron, podríamos pensar que era un Dios un tanto “sanguinario”.  Piénsalo.  El antiguo testamento está lleno de historias así.  La realidad es que Dios es el mismo.  Simplemente vamos conociendo distintas características conforme a su voluntad.  En el pasaje de hoy, aprendemos que,   Los sacrificios recordaban constantemente a la gente la gran necesidad de ser perdonados así como el costo tan alto de nuestro pecado.  Después se nos enseña que Dios preparó todo para que Cristo viniera al mundo y se realizara el sacrificio que realmente agradaría a Jehová.   Mi entendimiento dice que Dios siempre quiso la perfección en nosotros y esto solamente lo logramos a través de Cristo.  Imagino que simplemente fue parte de su plan perfecto el vivir esa etapa sin Jesús pero sabiendo que después las cosas serían mejores.  ¿Qué debemos aprender?  Primero: que Dios no cambia ni miente sino que su palabra permanece siempre y es verdad absoluta.  Segundo: no podemos encerrar a Dios en nuestro entendimiento.  Si bien, a lo largo de la biblia encontramos distintas características de Él, nunca podremos conocerle por completo.  Tercero: debemos aprender del extraordinario ejemplo de Jesús cuando dice: Aquí me tienes.  Jesús sabía lo que vendría.  Tenía perfecto conocimiento que sufriría excesivamente y que moriría injustamente.  Sin embargo dice: Aquí me tienes, he venido a hacer tu voluntad.   ¡Increíble!  Nosotros nos preocupamos por nuestro trabajo, por la salud (o la enfermedad), porque nuestra familia esté bien, por tener una casa o comida, por poder tomar vacaciones o cualquier otra cosa que esté en tu mente.  Mientras tanto, Cristo nos enseña lo que debe estar en nuestra mente: he venido a hacer tu voluntad.  ¡Ese es nuestro propósito!  ¡Esa es nuestra meta!  Dejar atrás todo y buscar hacer la voluntad de Dios.  ¿Cómo te preguntarás?  ¿Cómo puedo vivir si tengo problemas económicos?  ¿Cómo seguir adelante con el dolor que causa perder a alguien o ver sufrir a un ser querido con alguna enfermedad?  Con el consuelo de Cristo.  Pero no termina ahí.  2Corintios 1:4 nos dice: el Dios de toda consolación, nos consuela para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier tribulación por medio de la consolación que recibimos de Dios.  Si en tu vida hay necesidad de ser consolado y por más que pides a Dios, simplemente te sientes igual, probablemente sea que en tu corazón está solamente la necesidad personal de “sentirte mejor” y no el deseo de obedecer como dice en Corintios de recibir el consuelo porque sabes que así podrás ir y consolar a otros.  Constantemente lo escribo: no podemos vivir guardando las bendiciones.  ¡Debemos salir y compartirlas!  Si Dios me llena de su paz, debo salir y llevar paz a los que no la tienen.  Si Dios me llena de su consuelo, debo ir con los que necesitan ser consolados.  Si Dios me perdona, debo salir y perdonar a los que me lastiman.  No puedo vivir recibiendo y recibiendo.  ¡Esa no es la vida en Cristo!  Él dejó todo por obedecer al Padre.  Ese es el ejemplo que nos dejó y nuestros pasos a seguir.  ¿Qué vas a hacer?

Oración
Padre: aquí estoy para hacer tu voluntad.  Desde lo más profundo de mi corazón, te entrego mi vida y te pido tomes el control y reines.  Quiero recibir tus bendiciones para llevarlas a los que no las tienen.  Quiero recibir tu amor para poder amar, tu perdón para poder perdonar y tu consuelo para poder consolar.  Perdona que haya sido tan egoísta y no haya entendido que debo entregarme a Ti y por consecuencia a mi prójimo.  Te pido que mi vida sirva a los demás como luz y testimonio de lo increíble que es vivir en obediencia y comunión contigo.  Gracias mi Dios.  En el nombre de Jesús.  Amén

martes, 24 de marzo de 2015

Salmos 1:2

Salmos 1:2
En la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y de noche.



Hay veces en las que, aunque esté cansado y necesite dormir, me gusta quedarme un momento despierto en la cama y escuchar música, leer o ver un poco de televisión.  Es un momento en el que trato de descansar y disfrutar después de un día con mucho movimiento.  Cuando leo pasajes como el de hoy, me doy cuenta de lo bueno que es Dios con nosotros.  ¿Por qué?  Porque como humanos buscamos tener nuestros propios métodos para tener relajación y paz mientras que Dios nos da el único para lograr verdadera paz.  La palabra delicia en el original quiere decir: placer, deseo, contentamiento, deleite, complacencia.  Todo esto no lo encontramos en el mundo sino en la ley de Jehová.  Aunque pareciera ilógico, las leyes de Dios nos llevan a un estado de placer, de contentamiento y de deleite.  Ahora, ¿cómo puede uno vivir esto en la vida diaria?  Te voy a dar algunos ejemplos.  Piensa en algún momento que atravesaste con enfermedad.  Ya sea en tu vida o en la de otra persona cercana a ti.  Tal vez has quedado sin trabajo.  Puede ser que has atravesado injusticias.  Piensa en cualquier situación difícil en la que hayas querido cambiar las cosas pero simplemente nada puedes hacer.  En ese preciso momento, si uno sigue las instrucciones de la biblia: meditar en ella, día y noche, podemos encontrar pasajes que nos recuerdan dónde está nuestra esperanza.  Nos recuerdan que Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros.  Nos recuerdan que estamos de “paso” por este mundo y no pertenecemos a él.  Nos recuerdan que si Dios es con nosotros, quién contra nosotros.  Nos recuerdan que nuestros tesoros deben estar en el cielo y no en la tierra.  Nos recuerdan que Dios debe estar sentado en el trono de nuestra vida.  En pocas palabras, nos dan la perspectiva correcta de las cosas y encontramos esa delicia a la que se refiere el pasaje de hoy.  Ese gozo que no se encuentra en ningún otro lugar.  Ese deleite, placer y contentamiento que solo Dios sabe darlo a la perfección.  Hoy te animo a que parte de tu rutina diaria sea leer la biblia y meditar en ella durante el día.  Te servirá para tener la mirada en el lugar correcto y tus pasos te llevarán a donde Dios quiere que estés.

Oración

Señor: gracias.  La paz y el deleite que traes a mi vida son increíbles.  Te pido perdón por mis pecados y que pongas la perspectiva correcta en mi vida.  Gracias por tu amor y consuelo interminables.  Gracias por preocuparte por mi y buscar siempre lo mejor para mí.  Te pido reines en mi vida y aprenda a entregarte cada rincón sin restricción.  En el nombre de Cristo Jesús.  Amén.

lunes, 23 de marzo de 2015

Hebreos 9:13-14

Hebreos 9:13-14

La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera.  Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!



Es tan fácil olvidarnos de lo que Cristo hizo por nosotros…  Nos involucramos tanto en nuestras cosas que simplemente dejamos de reconocer el gran sacrificio y lo que representa para nuestras vidas.  Recientemente estaba meditando sobre mi estado de ánimo.  Sentía que no tenía muchas ganas de hacer cosas.  Probablemente estaba cansado.  Probablemente había algo de monotonía en levantarse y hacer una rutina diaria.  Pero lo que finalmente entendí es que mi vida espiritual estaba mal.  No quiere decir que estaba en el extremo opuesto.  Simplemente no estaba pasando el tiempo que debía con el Señor.  ¿Te ha pasado?  No tenemos que caer y “tocar fondo” como lo hicimos en ocasiones anteriores.  Si has madurado espiritualmente, una separación pequeña de Jehová, se reciente en tu vida inmediatamente.  Gracias a Dios que Él siempre está ahí y no nos deja ni un instante.  Al leer versículos como los de hoy, deben impactar tu vida y reordenar tu visión, prioridades y sentido a vivir.  Deben servir como mensaje para recordar nuestro “primer amor”: Dios nos ama tanto que envió a su Hijo por nosotros.  No importa nada más.  Todo lo que estabas atravesando se minimiza al reconocer que la sangre de Cristo que fue ofrecida por nuestros pecados, nos purifica y santifica para reconciliarnos con Dios Padre.  ¡Qué maravilla!  Sin merecerlo, hemos recibido el regalo más grande y precioso que pueda existir.
Ahora, esto no termina ahí.  Nos dice el pasaje que su sangre nos purifica de aquellas obras que conducen a la muerte.  ¿Cómo es esto?  Debes saber, que cuando no tienes a Cristo, en tu vida reina tu cuerpo carnal y por consecuencia el pecado (Romanos 3).  Este pecado lleva a la muerte.  Por consecuencia, todas tus obras te estaban encaminando a ella.  Cuando llega Cristo a tu vida, te libera de esa esclavitud y te da vida.  Tus ojos y tu conciencia son abiertas para que puedas diferenciar lo carnal de lo espiritual y así servir al Dios viviente en lugar de tus deseos pecaminosos.  A mucha gente le cuesta trabajo entender y aceptar esto.  No es fácil aceptar que eres pecador.  Tampoco es fácil entender que solamente al aceptar y reconocer a Cristo tus pecados son perdonados.  Pero la biblia nos enseña que así es y por ello así te lo comparto.
Medita en dónde estás el día de hoy y el impacto que causa leer que Cristo murió por ti y su sangre te lleva a la salvación.  Medita si tus obras son para servir al Señor o para servir tus propios propósitos y deseos.  Vuelve a leer el pasaje y pide a Dios que abra tu corazón para que sus palabras entren y renueven tu ser.

Oración

Padre: perdóname.  Te pido que tu sangre me santifique y me des vida.  Te pido que mis obras sean para servirte y deje atrás todo aquello que lleva a la muerte.  Gracias por amarme sin merecerlo y por darme la oportunidad de reconciliarme contigo.  En el nombre de Cristo Jesús.  Amén

domingo, 22 de marzo de 2015

Hebreos 12:1

Hebreos 12:1

Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.



Romanos 7:17 dice: De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.  A veces no es fácil entender el pecado.  La biblia nos dice que sin Cristo somos esclavos de él pero muchas veces, aun teniendo al Señor en nuestras vidas, pareciera que el pecado sigue reinando en lo que hacemos.  ¿Qué pasa?  ¿Por qué no podemos cambiar?  ¿Por qué cuesta tanto trabajo?    leemos el pasaje de hoy diciendo que debemos despojarnos del lastre que nos estorba y nos asedia.  El pecado no puede ser definido por nosotros.  No podemos decir: yo creo que el pecado es esto o aquello como muchos piensan.  El pecado lo definió Dios y tristemente mora en nosotros desde que nacemos.  Si bien, Dios se hizo hombre y se sacrificó para limpiarnos de ese pecado, mientras vivamos en este cuerpo carnal, el pecado seguirá siendo parte de nosotros.  Ahora, ¿quiere decir que puedo pecar?  Muy válida la pregunta, pero la misma biblia nos contesta en 1 Corintios 10:23 todo me es lícito pero no todo me conviene; todo me es lícito pero no todo edifica.  ¿Lo puedes entender ahora?  El hecho de tener que “cargar” con el pecado no nos da excusa alguna para seguir pecando.  ¡Al contrario!  Es una excelente causa para dar testimonio manteniéndonos firmes para no caer en él y justamente eso es lo que nos dice el pasaje de hoy.  Hay mucha gente alrededor tuyo que necesita ver que se puede vivir de manera distinta.  Hay mucha necesidad de Dios y de la esperanza que Él da.  Tú que conoces a Cristo debes ser luz para los que están en oscuridad.  Tus acciones causan un impacto mucho mayor al que te imaginas.  De hecho, si proclamas que eres seguidor de Jesús, te puedo asegurar que habrá más gente observándote.  Tratarán de ver si lo que dices y crees es real aunque tristemente también estarán esperando que caigas y cometas errores para justificarse y decir “todo es lo mismo”.  Por eso, recuerda constantemente este pasaje y busca permanecer fiel y firme.  Da un buen testimonio y despójate de ese lastre que no trae nada bueno a tu vida.
Por último, el pasaje nos dice que corramos con perseverancia.  ¿Qué quiere decir?  Que debes saber de antemano que habrá momentos en los que quieras “echar la toalla” y abandonar el camino.  ¡No lo hagas!  Es normal.  Todos pasamos por momentos así.  La perseverancia entra en acción cuando te sientes así.  Cuando estás cansado y no entiendes lo que está pasando.  No te desanimes.  No pares.  Recuerdo hace casi un año cuando corrí mi primer medio maratón.  Había empezado muy rápido y en los kilómetros finales mi cuerpo gritaba que parara.  Mi mente dijo que siguiera a la meta y así lo hice.  Terminé sin parar y el gozo fue extraordinario.  La vida en Cristo es un gozo mucho mayor pero también habrá momentos en los que queramos parar y no continuar.  No hagas caso.  Deja que el Señor siga reinando en tus acciones y transformando tu vida.

Oración

Padre: perdona mis pecados.  Hoy entiendo que debo escoger mejor mis acciones y tener un testimonio agradable a Ti.  Entiendo que la gente que me rodea debe ver la esperanza que hay en Ti a través de mi vida.  Entiendo que el pecado no debe reinar en mí sino tu Espíritu.  Entiendo que es una carrera espiritual y quiero perseverar en Ti.  Hoy vengo a Ti y te pido que me cambies.  Te pido que me guíes.  Te pido que reines en mi.  Estoy cansado.  Estoy confundido.  Lléname de Ti.  De tu amor.  De tu paz.  De tu gozo.  En Cristo Jesús.  Amén