martes, 8 de octubre de 2013

Oración respondida

Oración respondida

JUAN 16.23, 24  

Durante los últimos días de su ministerio terrenal, Cristo habló a los discípulos acerca del poder de hacer peticiones en su nombre, y de la garantía de que Dios responderá esas oraciones.

Ayer vimos que, para orar en el nombre de Cristo, debemos tener una relación correcta con Dios por medio de la fe en el Señor Jesús. Gracias al Hijo, tenemos acceso al Padre, el derecho de acercarnos a Él con confianza, y la autoridad para presentarle nuestras peticiones.

Al utilizar las palabras en el nombre de Jesúsen la oración, nos comprometemos también a buscar la voluntad de Dios. Cristo se retiraba a menudo de las multitudes para poder comunicarse con su Padre y obedecerle (Jn 5.19). Asimismo, Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, que Él revela por medio de su Palabra. Cuando sabemos lo que dice la Biblia, podemos moldear nuestras oraciones de acuerdo con su verdad. Además, Dios también nos ha dado el Espíritu Santo para guiarnos en el entendimiento de la Biblia (Jn 16.13).

 Por último, nuestras peticiones deben reflejar nuestra dependencia de Dios. En nuestra autosuficiencia, tendemos a no hablar con el Señor acerca de las cosas que pensamos que podemos manejar. Pero la enseñanza es que busquemos su guía en todo (Fil 4.6) y reconozcamos nuestra necesidad de Él.

Nuestras peticiones no tienen que ser complicadas, ni nuestras palabras necesitan ser elocuentes. Lo que importa es que oremos en el nombre de Jesús, y que lo que pidamos esté de acuerdo con su voluntad. Entonces su poder se pondrá en acción, y podremos estar seguros de la respuesta a la oración.

domingo, 6 de octubre de 2013

Separados del mundo

[Moisés tuvo] por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Hebreos 11:26

Cuanto más vivimos, tanto más acumulamos. Pero esas cosas tienden a tener menos importancia para los cristianos. Cuando llegan las pruebas a la vida y usted se esfuerza por alcanzar esas cosas terrenales, ve lo efímera que son. Las pruebas pueden separarlo a usted de las cosas terrenales cuando demuestran lo inútil que son para resolver algún problema o para dar algún alivio en tiempo de tensiones.

Moisés aprendió el valor de las pruebas aunque se había criado en la casa del Faraón como príncipe de Egipto. Como parte de la familia real, tenía la mejor educación y alcanzó la cima de la sociedad egipcia desde el punto de vista de la riqueza, la honra y la comodidad. Pero consideró los sacrificios hechos al identificarse con los propósitos de Dios "mayores riquezas... que los tesoros de los egipcios". Quitó la mirada de todas las cosas terrenales que tenía a su disposición y comenzó a preocuparse por las pruebas de su pueblo, lo que el Señor usó para separarlo de los placeres materiales.                             La prueba del agua

También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.

Romanos 5:3-4

Los joyeros usan "la prueba del agua" como una de las maneras más seguras de identificar un verdadero diamante. Una piedra de imitación nunca es tan brillante como una piedra genuina, pero a veces no puede determinarse la diferencia a simple vista. Los joyeros saben que un diamante genuino puesto en el agua centellea refulgente, mientras que el brillo de la imitación es prácticamente opaco. Esa prueba hace relativamente fácil seleccionar el verdadero diamante.

A modo de analogía, encuentro que la fe de muchas personas bajo las aguas de la tristeza o la aflicción no es más que una imitación. Sin embargo, cuando un verdadero hijo de Dios está hundido en una prueba, brillará más refulgente que nunca.

viernes, 4 de octubre de 2013

Nada de felicidad engañosa

Nada de felicidad engañosa

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Salmo 23:4

Tenemos que comprender que Dios va a permitirnos que pasemos por las pruebas y que Él está obrando para que todo resulte en su propósito santo (Ro. 8:28). Sé que todos soñamos con un ambiente perfecto de comodidad y tranquilidad. Aunque cualquier reposo temporal de las pruebas nos lleve a creer que podamos hallar una permanente liberación de ellas, nuestra vida en la tierra nunca estará libre de las pruebas. Podemos vivir en una felicidad engañosa, nunca presagiando ningún problema y prediciendo un futuro desahogado, pero eso es una fantasía. Cristo advirtió a sus discípulos y a todos los que sigan sus pasos que esperaran pruebas en esta vida (Jn. 15:18-16:6).

El puritano Thomas Manton observó una vez que Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ningún hijo sin una cruz. Como cristianos, podemos estar seguros de que tendremos pruebas. Pero nuestra confianza es que tendremos victoria sobre ellas por la presencia de Dios. Vendrán las pruebas, pero la gracia de Dios estará con nosotros en nuestro tiempo de necesidad.             ¿Qué hay en su corazón?

Dios lo dejó [al rey Ezequías], para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

2 Crónicas 32:31

Dios no necesitaba probar a Ezequías para saber lo que había en su corazón. Dios ya lo sabía por su omnisciencia. Pero Él nos prueba para que podamos averiguarlo. Nos ayuda a hacer un recuento espiritual acerca de nosotros mismos al traer pruebas a nuestra vida a fin de demostrar la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si en la actualidad está pasando por una prueba y se enoja con Dios preguntándose por qué le sucede eso, esa es una buena señal de que tiene una fe débil. Si, por otra parte, está descansando y regocijándose en el Señor, habiendo puesto la prueba en sus manos, entonces tiene una fe fuerte.

jueves, 3 de octubre de 2013

Una herencia imperecedera

Una herencia imperecedera

1 PEDRO 1.3-5

Todos tenemos las necesidad fundamental de sentirnos seguros y protegidos. Pero cuando basamos nuestro sentido de seguridad en las cosas de este mundo, podemos esperar desilusión. Esto es particularmente cierto cuando se trata de nuestras finanzas. Estamos viviendo en tiempos muy inciertos de alto desempleo y de pensiones que se reducen cada vez más. Nuestro dinero puede escaparse rápidamente, no importa qué tan cuidadosamente lo protejamos. En tiempos así, necesitamos recordar el futuro que tenemos en la eternidad.

¿No es maravilloso saber que los cristianos tenemos una herencia en el cielo, que nunca se deprecia y que no puede ser robada? Nos fue dada cuando pusimos nuestra esperanza en Cristo, y nunca se nos quitará, porque está reservada y protegida para nosotros en el cielo. Algún día, cuando veamos a Jesús cara a cara, disfrutaremos de todas las riquezas de la gracia divina, y recibiremos nuestra plena herencia.

 Pero, ¿sabía usted que cada día que vivimos en esta tierra tenemos la oportunidad de acrecentar esa herencia, invirtiendo en las cosas que el Señor valora y acredita a nuestra cuenta? A eso se refería el Señor Jesús cuando dijo: “Haceos tesoros en el cielo” (Mt 6.20). Cuando vivimos rectamente en obediencia a Dios, estamos acumulando buenas obras y aumentando nuestra herencia.

¿Está usted más preocupado por invertir en esta vida que en las riquezas eternas? Es fácil dejar que las exigencias y responsabilidades de cada día eclipsen la importancia de nuestra herencia eterna. Aparte tiempo cada día para reorientar su mente y su corazón, y comience así a guardar tesoros en el cielo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La confesión de Job

La confesión de Job

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimient "De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.                   La fe de Abraham

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dich En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos.

Hebreos 11:17-19

La obediencia de Abraham requirió una gran fe. Estuvo dispuesto a obedecer a Dios porque creía que Dios podía resucitar a los muertos, aunque nunca había visto que los muertos resucitaran. Creía que Dios era tan fiel a su Palabra y a su carácter que, si hacía una promesa, resucitaría aun a los muertos para cumplirla. ¿Es acaso asombroso que sea el ejemplo humano más grande de fe?

El apóstol Pablo también comentó sobre la fe de Abraham: "Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham... Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham" (Gá. 3:7, 9). Cualquiera que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. La historia de Abraham nos dice que un hombre puede pasar por la más severa prueba de la vida imaginable si confía en Dios, creyendo que cumplirá su promesa y logrará sus propósitos sin cometer un error.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Ámenme a mí y amen a los demás

Ámenme a mí y amen a los demás

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Mateo 22:40

Jesús dijo que los Diez Mandamientos pudieran resumirse en dos mandatos: ámenme a mí y amen a los demás. Tal vez usted se pregunte cómo puede poner en práctica todos los mandamientos de la Biblia. La respuesta es muy sencilla: "Ame a Dios, ame a las personas y haga lo que quiera".

Cuando usted ama a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas, y ama a su prójimo como a usted mismo, puede hacer lo que usted quiera porque será la persona que Dios quiere que sea. Gracias a su amor, usted no matará a nadie, no corromperá a nadie, no robará nada ni codiciará lo que tenga otra persona. El Espíritu cultivará en su corazón un amor que impide cualquier deseo de hacer lo malo. ¿Quién es su prójimo?

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos 13:9

Cuando Pablo dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, quiere decir que debemos tener el mismo cuidado e interés por los demás que el que tenemos por nosotros mismos. Pablo dijo lo mismo de esta manera: "No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:4). Usted debe interesarse en la comodidad, la felicidad, la paz y la alegría de los demás tanto como se interesa en la de usted.

¿De quién es la cara que usted lava por la mañana? ¿De quién es el cabello que usted peina? ¿De quién es la ropa que compra? ¿De las comodidades de quién se preocupa usted? Usted está interesado en su conservación y en su comodidad, y debe interesarse en los demás de la misma manera. Présteles tanta atención como se presta a sí mismo. Eso es amar a su prójimo como a usted mismo.

¿Quién es su prójimo? Cualquiera que se cruce en su camino. Aunque sea difícil amar a todo el mundo, usted tiene una nueva capacidad en usted para hacer eso (Ro. 5:5).

domingo, 29 de septiembre de 2013

Simples actos de obediencia

Simples actos de obediencia

LUCAS 5.1-7

Obedecer a Dios en las cosas pequeñas puede traer bendición a muchos. El pasaje de hoy ilustra este principio.

Simón Pedro, un pescador experimentado, había trabajado toda la noche sin pescar nada. Estaba en la playa terminando su trabajo cuando Jesús se le acercó. El Señor quería hablar desde su barca a la multitud que estaba en la orilla de la playa. A pesar de una larga e infructuosa noche de trabajo, Pedro aceptó que Jesús utilizara la embarcación. La multitud fue bendecida por ver y escuchar predicar a Cristo.

Las peticiones que Dios nos hace pueden llegarnos en momentos no oportunos o inesperados. Podemos sentirnos tentados a dejar que otra persona responda a su llamado, pensando que no importa quién sea el que obedezca. Pero recuerde que los planes de Dios son para nuestro bien (Jer 29.11).

Más tarde, Jesús hizo una segunda petición a Pedro: que dirigiera la barca a aguas más profundas, y que echara las redes. El pescador expresó las pocas probabilidades de pescar algo, pero hizo lo que Cristo le pidió. La obediencia de Pedro dio como resultado abundancia para la multitud, los demás pescadores, sus familias, y él mismo.

Pedro no obedeció para ser recompensado, pero eso es precisamente lo que sucedió. Sus simples actos de obediencia llevaron a mayores oportunidades de servicio y a ocasiones de bendición abundante.

Algunos actuamos como si la obediencia en las cosas pequeñas carecieran de importancia, pero la historia de Pedro nos enseña lo contrario. Comprometámonos a obedecer las instrucciones del Señor en todo, confiando en que toda obediencia será para nuestro bien.