jueves, 21 de febrero de 2013

Efesios 3:1-13


 Efesios 3:1-13


"A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los

 gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo"  (v.8).

¿Cuál es nuestra prioridad en el servicio al Señor? Si nos damos cuenta no todo lo que hacemos por los

hombres tiene un valor trascendente en sí mismo. Puedo darles de comer, puedo alcanzarles ropa o aun

traerlos a casa para que puedan hospedarse pero esto no tiene un valor trascendente para ellos, aunque

sí lo pueda tener para nosotros.

¿Entonces qué es lo que tiene un valor trascendente? Pablo nos lo menciona cuando dice, "me fue dada

 esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo". Sí tú y yo

solamente hacemos las cosas sin tomar en cuenta la salvación de los hombres se nos podrá llamar

 filántropos, gente altruista y generosa, y eso es todo lo que podemos esperar. Nuestras iglesias llegarán

 a convertirse solo en instituciones de caridad y eso será todo.

 Eso nos lleva a tomar en cuenta nuestra prioridad, hemos sido llamados para desarrollar la tarea de llevar

 a los hombres a la salvación. Esto significa hablarles de Jesús como Salvador y presentárselos  como su

 Señor. Es también acompañarlos en su proceso de crecimiento a fin de que conviertan en personas maduras

 y sin mancha delante de Dios.

 Hermanos, nos erremos, nuestra prioridad es la salvación de los hombres.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Nuestro mecanismo de defensa


Nuestro mecanismo de defensa

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Salmo 66:18

Según el versículo de hoy, ni siquiera se puede conversar con Dios, mucho menos crecer espiritualmente, si se albergan pecados en el corazón. Por eso es tan esencial la confesión.

Primero tiene que estar dispuesto a aceptar el castigo de Dios por su pecado. Si piensa que Él está obrando con rudeza, debe examinar su vida para ver si lo merece. Por la misma razón que los padres deben castigar la mala conducta de un hijo, Dios lo castiga a usted para que no repita sus errores.

Dios también ha puesto un sistema de sentido de culpa en usted para su propio bien. La vida espiritual sin sentido de culpa sería como la vida física sin dolor. El sentido de culpa es un mecanismo de defensa; es como una alarma que funciona para guiarlo a la confesión cuando usted peca. Es cuando usted tiene que confrontar su pecado y reconocer delante de Dios que es una afrenta para Él. Ese reconocimiento debe ser parte de su vida antes de que pueda crecer espiritualmente, ya que elimina el pecado que lo detiene a usted.     ¿Cree verdaderamente en Dios?

[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios.

Romanos 4:20

Decir que se cree lo que Dios ha dicho es mucho más fácil que confiar en Él verdaderamente. Por ejemplo, muchos que afirman que "Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas" (Fil. 4:19) caen en la ansiedad cuando afrontan dificultades económicas.

También la Biblia dice que, si damos generosamente con los motivos correctos, Dios nos recompensará (Mt. 6:3-4). Muchos dicen que creen también en ese principio, pero les resulta difícil ponerlo en práctica. Muchos cristianos también temen a la muerte, aunque Dios ha dicho que nos dará la gracia que necesitamos para afrontarla y que nos llevará después al cielo.

Creer en Dios significa que reconocemos su gloria, que es la suma de todos sus atributos y la plenitud de toda su majestad. Si Él es quien dice que es, entonces se le debe creer. Usted crecerá espiritualmente cuando le diga a Dios: "Si tu Palabra lo dice, lo creeré; si tu Palabra lo promete, lo reclamaré; y si tu Palabra lo ordena, lo obedeceré".     Crecimiento por fe

Por fe andamos, no por vista.

2 Corintios 5:7

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.       Llevar frutos

El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto.

Juan 15:5

Teníamos un melocotonero en el traspatio, y un año tuvo muchísimos melocotones. ¡Tuvimos suficientes como para alimentar a todo el vecindario! Otro año, no pudimos encontrar ni un melocotoncito. Algunos cristianos pueden ser así, mostrando poca evidencia de ser de Dios; pero Dios quiere que crezcamos y produzcamos mucho fruto para su gloria.

El fruto que usted lleva es la manifestación de su carácter, y la única forma de que las personas sepan que usted es un hijo de Dios. Él quiere presentarse al mundo por medio de lo que produce en usted, de modo que su carácter está en juego en el fruto de usted. Él quiere que usted produzca mucho más de lo que puede producir el mundo o la carne.

martes, 19 de febrero de 2013

Reflexiones sobre Romanos 9:20


Reflexiones sobre  Romanos 9:20 : Usted me dice entonces, "¿Por qué, pues, inculpa porque ¿quién ha resistido a su voluntad?" Pero, ¿quién eres, oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Lo que se moldea a su moldeador decir: "¿Por qué me has hecho así?"
Es evidente que Pablo estaba disgustado con esta respuesta a su enseñanza acerca de Dios. ¿Significa esto que siempre es malo para hacer preguntas en respuesta a la enseñanza bíblica? No lo creo.
Pablo había dicho algunas cosas controversiales. Peter Paul admitió que a veces era difícil de entender: "Hay algunas cosas en las que son difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen para su propia destrucción, como lo hacen las otras Escrituras" (2 Pedro 3:16). Pablo dice que Dios "tiene misericordia de quien quiere y endurece a quien quiere" (Romanos 9:18). La cuestión era: su voluntad decide finalmente si somos duros de corazón o no. "Antes de que nacieran o hacer ni bien ni mal" Dios tuvo misericordia de Jacob y Esaú dio a la dureza (Romanos 9:11-13).
Alguien escucha esto y objetos en el versículo 19: "¿Por qué, pues, inculpa? Porque, ¿quién ha resistido a su voluntad?" Para esto, Pablo responde: "Tú, un simple ser humano, no tienen derecho a responder a Dios."
La palabra "replicar" ( antapokrinomenos ) se presenta una vez más en el Nuevo Testamento, es decir, en Lucas 14:5-6. Jesús muestra a los abogados que es lícito sanar en el día de reposo. Él les dijo: "¿Quién de vosotros, teniendo un hijo o un buey que ha caído en un pozo en sábado, no inmediatamente lo saca? Y no pudieron replicar ( antapokrithenai ) para estas cosas. "
¿En qué sentido no podían "replicar"? No pudieron demostrar que estaba equivocado. No podía legítimamente le critican. Ellos realmente no pueden contradecir lo que dijo. Así que la palabra "replicar" probablemente lleva el significado: "responder de nuevo con el fin de criticar o no estar de acuerdo o corregir".
Eso, creo, es lo que disgustó a Pablo en Romanos 9:20. Esto deja abierta la posibilidad de que un tipo diferente de pregunta sería aceptable, es decir, una cuestión humilde, dócil que quiera entender más si cabe, pero no reprender o condenar o criticar lo que se ha dicho.
Por ejemplo, en Lucas 1:31, el ángel Gabriel viene a la virgen María y le dice: "He aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús." María es sorprendido y desconcertado. Vírgenes no tengo hijos. Podría haber burlado y argumentado. Pero en lugar de eso, dijo: "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?" (Lucas 1:34). No dijo que no puede suceder, ella le preguntó: "¿Cómo?"
Esto contrasta con la visita de Gabriel a Zacarías, padre de Juan el Bautista. El ángel viene y le dice: "Tu esposa Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan" (Lucas 1:13). Pero Zacarías sabía que "Isabel era estéril y de edad avanzada" (Lucas 1:7). A diferencia de María, su escepticismo dio lugar a una pregunta diferente. Él dijo: "¿En qué conoceré esto?" No es: "¿Cómo vas a hacer esto?" Pero: "¿Cómo sé que voy a hacer?"
Gabriel no le gustó esta respuesta. Él dijo: "Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablar contigo y darte estas buenas nuevas. Y he aquí, te quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas lugar, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo "(Lucas 1:19-20).
Así que concluyo que las preguntas humildes, enseñables acerca de cómo y por qué Dios hace lo que quiere son aceptables a Dios. A María Dios le dio una respuesta muy útil: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lucas 1:35). Esto no quitó el misterio, pero ayudó.
No se puede quitar el misterio de Romanos 9. Pero puede haber más para entender lo que hemos visto y yo no quiero desalentar a presionar más arriba y más lejos en el corazón y la mente de Dios.

lunes, 18 de febrero de 2013

Despojarse del peso muerto


Despojarse del peso muerto

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Hebreos 12:1

Cada vez que nos excusamos por nuestro pecado, estamos culpando a Dios. Adán lo hizo cuando Dios le preguntó acerca del comer el fruto prohibido. Él respondió: "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí" (Gn. 3:12). Adán no aceptó la responsabilidad de su pecado, sino que culpó a Dios, de que le había dado a Eva.

El pecado nunca es culpa de Dios, ni es la culpa de una persona o circunstancia que Dios trajo a nuestra vida. El excusar el pecado pone en tela de juicio a Dios por algo que solo es nuestra culpa. Si decide castigarnos es porque lo merecemos.

Por eso la confesión de pecado es indispensable para el crecimiento espiritual. Cuando acepte la realidad de su pecado y lo confiese, tiene menos peso muerto que lo arrastre hacia abajo en el proceso de crecimiento. Como lo indica el versículo de hoy, aumentará su crecimiento cuando se despoje del pecado del pecado mediante la confesión.     Acepte su responsabilidad

Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos.

Salmo 51:4

Si quiere pecar cada vez menos y tener un mayor desarrollo espiritual en su vida, debe aceptar su responsabilidad. No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que el sistema del mundo puede contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; y usted es responsable de eso.

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dij "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo" (Lc. 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada (v. 19). Esa es la actitud correcta de alguien que confiesa su pecado.     Un distintivo del cristiano

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados.

1 Juan 1:9

El apóstol Juan escribió su primera epístola para definir la diferencia entre un cristiano y un incrédulo. Nuestro versículo de hoy indica que la confesión caracteriza al primero. El versículo siguiente dice: "Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso" (v. 10). Los hombres no regenerados niegan su pecado, pero los cristianos aceptan la responsabilidad por el pecado y lo confiesan.

La confesión de pecado no tiene lugar solamente en la salvación. Continúa, como la fe, durante toda la vida de un creyente. La disposición de confesar el pecado es parte del modelo de vida que caracteriza a todos los creyentes. Ese modelo también incluye el amor (1 Jn. 3:14), la separación del mundo (2:15), y la enseñanza por el Espíritu Santo (2:27). Desde luego que hay varios grados de confesión, a veces no hacemos una confesión tan completa como debiéramos, pero un verdadero creyente finalmente reconoce su pecado.     La necesidad del arrepentimiento

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Salmo 51:10

No puede haber verdadera confesión sin arrepentimiento. Muchas veces no confesamos nuestro pecado porque no estamos dispuestos a abandonarlo. Cuando era un joven cristiano, recuerdo haberle dicho al Señor que me arrepentía por determinados pecados que había cometido y después le daba gracias por haberlos perdonado. Pero eso era lo único que hacía.

Ocurrió algo importante en mi vida espiritual cuando comencé a decir: "Señor, gracias por perdonarme esos pecados. Sé que no te agradan, y no quiero volver a cometerlos". Eso puede ser difícil de decir porque a veces queremos cometer ciertos pecados otra vez. Pero revelamos falta de madurez espiritual cuando queremos eliminar el castigo del pecado pero deseamos retener el placer. Para que su confesión de pecado sea genuina, debe apartarse de sus pecados.

lunes, 11 de febrero de 2013

Sentir lo que Dios siente


Sentir lo que Dios siente


Sentir lo que Dios siente

Sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

Romanos 14:8

Recuerdo a una joven que aprendió a sentir dolor cuando no se honraba a Dios. Salió de un pequeño pueblo en Virginia occidental para ir a vivir con un estudiante en la UCLA. Poco después la echó a patadas. Ella anduvo deambulando y trató de quitarse la vida varias veces, pero cada vez sobrevivió. Mi hermana y yo la conocimos y tuvimos la oportunidad de guiarla a Cristo. Poco después de eso ella decidió volver a su pueblo natal para hablarles de Cristo a su mamá y a sus amigas.

Varios meses después, me escribió una carta. Esto es algo de lo que escribió:

"Puedo casi sentir la insoportable tristeza que Dios siente cuando alguien lo rechaza y no lo glorifica. ¡Él es Dios! Él nos hizo. Él nos lo dio todo. Seguimos dudando y rechazándolo. ¡Es horrible! Cuando pienso en cuánto lo herí, espero que algún día yo pueda compensar eso.

"Está muy claro para mí que debe glorificarse a Dios. Él lo merece, y desde hace mucho tiempo. Anhelo decirle a Cristo, y así indirectamente a Dios, que lo amo. Quiero que Dios sea Dios y que ocupe el lugar que merece. Estoy hastiada de ver cómo las personas lo rebajan."      Confrontación con un mundo malvado

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.

1 Pedro 4:14

Nadie puede vivir para la gloria de Dios y sentirse totalmente cómodo en este mundo. Usted no debe ser aborrecible ni tratar de ser un inadaptado, pero si su vida es cristiana, entonces sufrirá algunos de los vituperios que soportó Él.

Vivimos en una época en la que muchos quieren hacer el cristianismo fácil, pero la Biblia dice que es difícil. Muchos quieren hacer a los cristianos encantadores, pero Dios dice que serán detestados. El cristianismo debe confrontar el sistema siendo diferente de él. Debe exponer el pecado antes de que pueda mostrar el remedio.

Asegúrese de que su vida refleje su devoción a Cristo. Eso es lo que lo distinguirá a usted del mundo.      El síndrome del éxito

Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros.

Filipenses 2:17

La sociedad norteamericana está produciendo una generación de cristianos que quieren sobre todo alcanzar el éxito. Casi nunca tienen una humilde actitud de servicio. No están dispuestos a hacer sacrificios por la causa de Cristo porque se les ha enseñado, de forma oral o de algún otro modo, que los cristianos deben ser ricos y famosos, que deben tener éxito y ser populares.

Tal orientación hacia el éxito personal y no hacia el servicio humilde es lo opuesto de lo que glorifica a Dios. Vivir para la gloria de Dios quiere decir que usted sabe que es mortal y está dispuesto a morir, si fuera necesario, para lograr los propósitos de Dios. Tal actitud humilde glorifica a Dios.

Para crecer espiritualmente, debemos estar absortos en el señorío de Cristo en el momento de la salvación y permitirle que domine nuestra vida de allí en adelante. Al hacerlo, debemos buscar solamente su gloria, no nuestra comodidad ni nuestro éxito. No creceremos cuando escojamos nuestro propio camino o sirvamos a Dios con el motivo incorrecto.

sábado, 9 de febrero de 2013

Confesar a Cristo como Señor


Confesar a Cristo como Señor

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

Para dar gloria a Cristo, debemos confesarlo como Señor. Eso es parte de la salvación, no un acto subsiguiente. La salvación es cuestión de confesar que Cristo es Dios y, por lo tanto, que Él es soberano en su vida.

Si nunca ha confesado a Jesucristo como Señor, no puede vivir para su gloria. No puede decir: "Niego a Cristo. Él no es mi Salvador ni Señor", y luego esperar glorificar a Dios. Si usted no honra al Hijo, no honra al Padre (Jn. 5:23). Así que la salvación es el necesario comienzo de glorificar a Dios y, por lo tanto, para el crecimiento espiritual. No se puede crecer hasta que no se haya nacido.   El propósito de su vida

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

1 Corintios 10:31

Cuando usted confesó a Jesucristo como Señor, lo hizo para la gloria de Dios. Ahora cualquier otra cosa que usted haga, aun las funciones más comunes de la vida como comer y beber, debe enfocarse en la gloria de Dios. Esa debe ser la actitud fundamental de su vida.

Jesús presentó ese enfoque de esta manera: "Honro a mi Padre... no busco mi gloria" (Jn. 8:49, 50). Usted crecerá espiritualmente cuando siga el ejemplo de Cristo de someter su vida al señorío de Cristo, usted se caracterizará por su humilde deseo de glorificar al Padre.   Interesados en la gloria de Dios

No puedes soportar a los malos.

Apocalipsis 2:2

Debemos estar tan interesados en la gloria de Dios que suframos cuando no se le honra. Esa fue sin duda la actitud de David cuando dij "Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí" (Sal. 69:9). David sufría profundamente cuando no se honraba a Dios.

Como padre, comprendo lo que David estaba diciendo. Si alguien hiere a uno de mis hijos, me hiere a mí. A menudo he llorado por alguien a quien amo y cuyo corazón estaba quebrantado. Cuando usted se identifique con Dios de esa manera, le interesará su honra mucho más de lo que le ocurre a usted.

martes, 5 de febrero de 2013

Concentrarse en la gloria de Dios


Concentrarse en la gloria de Dios

A Jehová he puesto siempre delante de mí.

Salmo 16:8

Todo existe con el propósito de glorificar a Dios. El Catecismo Menor de Westminster del siglo XVII comienza declarando que el principal propósito del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre.

El Salmo 19:1 dice: "Los cielos cuentan la gloria de Dios". La inmensidad del espacio y todo lo que hay en Él glorifica a Dios.

En Isaías 43:20, Dios dice: "Las fieras del campo me honrarán".

Los ángeles que aparecieron en el nacimiento de Cristo dijeron: "Gloria a Dios en las alturas" (Lc. 2:14).

La Biblia aclara que usted existe para dar gloria a Dios. Que usted siga el ejemplo de David y ponga siempre al Señor delante de usted.   Responder a la gloria de Dios

Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

2 Corintios 3:18

Cuando glorificamos a Dios, comenzamos a crecer. Gracias a las grandes verdades reveladas en el Nuevo Testamento, los creyentes ahora pueden ver la gloria de Dios con más claridad que podían verla los que estaban bajo la ley. Cuando la vemos, crecemos espiritualmente, yendo de un nivel de gloria al próximo.

Al final del versículo de hoy, observe que Pablo dice que el Espíritu Santo es el que imparte energía a nuestro crecimiento. El Espíritu Santo llena de poder nuestra vida, llevándonos a través de niveles de gloria hacia la imagen de Cristo.

No se preocupe por los detalles intrincados de la obra del Espíritu Santo ni por los detalles de su propia actividad. Cerciórese de concentrarse primordialmente en la gloria del Señor.     La progresión espiritual

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.

1 Juan 2:13

Mi propia experiencia me ha enseñado mucho acerca de los distintos niveles de desarrollo espiritual descritos por el apóstol Juan en el versículo de hoy. Cuando yo era un niño espiritual, estaba absorto en la euforia de amar al Señor y no conocía mucha teología. En aquel tiempo la enseñanza de cualquier influía fácilmente en mí. Más adelante, cuando aprendí la Palabra de Dios, ya no me engañaron las falsas doctrinas; me enojaban. Y ahora, cuando he crecido en el conocimiento de la Palabra, mi deseo es conocer a Dios de una manera más íntima, que es el último nivel del crecimiento. Los padres espirituales no solo conocen la Biblia, sino que también conocen profundamente al Dios que la escribió.

El crecimiento espiritual va progresando del saber que usted es cristiano al conocimiento de la Palabra de Dios y al conocimiento de Dios mismo. La manera de conocer a Dios es dedicar la vida a concentrarse en su gloria, aprendiendo así a comprender la plenitud de su persona. Esa concentración se vuelve un imán que lo va llevando hacia arriba por los niveles de la madurez.     Por qué damos testimonio

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Juan 15:8

Es probable que la mayoría de las personas piensen que debemos ser salvos por otras razones que no sean glorificar a Dios. Muchos cristianos por lo general darán las siguientes como las razones de que den testimoni

•           Mantener a las personas fuera del infierno. Quieren que no sufran el castigo eterno.

•           Manifestar el amor de Dios.

•           Obedecer el mandato de Cristo. En Mateo 28:18-20 y en Hechos 1:8, Jesús nos dice que evangelicemos.

Todas esas son razones válidas y bíblicas para la evangelización, pero la principal razón de que debamos predicar el evangelio es para la gloria de Dios.