viernes, 5 de octubre de 2012

Cristo enseñaba con parábolas.


Mateo   13.Vv. 1-23.Jesús se embarcó en una barca para ser menos presionado y para que la gente escuchara mejor. Con esto nos enseña en las circunstancias externas de la adoración a no desear lo que es majestuoso, sino hacer lo mejor de las facilidades que Dios nos asigna en su providencia. Cristo enseñaba con parábolas. Por medio de ellas simplificaba y hacía más fáciles las cosas de Dios para los dispuestos a ser enseñados, y más difíciles y oscuras para los dispuestos a ser ignorantes.
La parábola del sembrador es clara. La semilla sembrada es la palabra de Dios. El sembrador es nuestro Señor Jesucristo, por sí o por sus ministros. Predicar a una multitud es sembrar el grano; no sabemos dónde brotará. Una clase de terreno, aunque nos demos mucho trabajo, no da fruto adecuado mientras la buena tierra da fruto con abundancia. Así ocurre en los corazones de los hombres, cuyos diferentes caracteres están aquí descritos como cuatro clases de terreno.
Los oyentes negligentes y frívolos son presas fáciles para Satanás que, como el gran homicida de las almas, es el gran ladrón de sermones, y con seguridad estará presto para robarnos la palabra si no tenemos el cuidado de obedecerla.
Los hipócritas, como el terreno pedregoso, suelen tener el comienzo de los cristianos verdaderos en su muestra de profesión de fe. Muchos de los que se alegran de oír un buen sermón, son los que no se benefician. Se les habla de la salvación gratuita, de los privilegios de los creyentes, y la felicidad del cielo; y, sin cambio de corazón, sin convicción permanente de su propia depravación, de su necesidad del Salvador o de la excelencia de la santidad, pronto profesan una seguridad sin fundamentos. Pero cuando una prueba pesada los amenaza o pueden tener una ventaja pecaminosa, se rinden u ocultan su profesión o se vuelven a un sistema más fácil.
Los afanes del mundo son apropiadamente comparados con las espinas, porque vinieron con el pecado y son fruto de la maldición; son buenos en su lugar para llenar un vacío, pero debe estar bien armado el hombre que tenga mucho que ver con ellos; enredan, afligen, arañan y su fin es ser quemados, Hebreos vi, 8. Los afanes del mundo son grandes obstáculos para tener provecho de la palabra de Dios. Lo engañoso de las riquezas obra el mal; no se puede decir que nos engañamos a menos que depositemos nuestra confianza en ellas, entonces ahogamos la buena semilla.
Lo que distinguió al buen terreno fue la fructificación. Por esto se distinguen los cristianos verdaderos de los hipócritas. Cristo no dice que la buena tierra no tenga piedras y espinas, sino que nada puede impedir que dé fruto. Todos no son iguales; debemos apuntar más alto para dar más fruto. El sentido del oído no puede ser mejor usado que para oír la palabra de Dios; y mirémonos a nosotros para que sepamos que clase de oyente es.

Vv. 24-30. 36-43.Esta parábola representa el estado presente y el futuro de la Iglesia del evangelio; el cuidado de Cristo por ella, la enemistad del diablo contra ella; la mezcla de buenos y malos que tiene en este mundo, y la separación entre ellos en el otro mundo. Tan proclive a pecar es el hombre caído que si el enemigo siembra, puede seguir su camino, y la cizaña brotará y hará daño; mientras cuando se siembra buena semilla, debe cuidarse, regarse y protegerse. Los siervos se quejan a su amo: Señor ¿no sembraste buena semilla en tu campo? Sin duda que sí; lo que sea que esté mal en la iglesia tengamos la seguridad que no es de Cristo. Aunque los transgresores groseros, y otros que se oponen abiertamente al evangelio, debieran ser separados de la sociedad de los fieles, sin embargo, no hay, destreza humana que pueda efectuar una separación precisa. Los que se oponen no deben ser sacados sino instruidos, y con mansedumbre. Y aunque los buenos y los malos estén juntos en este mundo, sin embargo, en el día grande del juicio serán separados; entonces serán claramente conocidos el justo y el impío; a veces aquí cuesta mucho distinguir entre ellos. No hagamos iniquidad si conocemos el temor del Señor.
En la muerte los creyentes brillarán por sí mismos; en el día grande, brillarán ante todo el mundo. Brillarán por reflejo, con luz prestada de la Fuente de luz. La santificación de ellos será perfeccionada y su justificación, publicada. Que seamos hallados en ese feliz número.
Vv. 31-35. El alcance de la parábola de la semilla de mostaza es mostrar que los comienzos del evangelio es pequeño pero su final será grande; de este modo será ejecutada la obra de gracia en el corazón, el reino de Dios dentro de nosotros. En el alma donde verdaderamente está la gracia, crecerá en realidad, aunque, quizá al comienzo, no sea discernida, pero al final tendrá gran fuerza y utilidad.
La predicación del evangelio obra como levadura en el corazón de los que lo reciben. La levadura obra ciertamente, así lo hace la palabra, pero gradualmente. Obra silenciosamente y sin ser vista, pero sin fallar. Así fue en el mundo . Los apóstoles, predicando el evangelio, escondieron un puñado de levadura en la gran masa de la humanidad. Fue hecho poderoso por el Espíritu de Jehová de los ejércitos, que obra y nada puede impedirlo. En el corazón es así. Cuando el evangelio llega al alma, obra un cambio radical; se expande a todos los poderes y facultades del alma, y altera la propiedad aun de los miembros del cuerpo, Romanos vi, 13. De estas parábolas se nos enseña esperar un progreso gradual; por tanto, preguntemos, ¿estamos creciendo en gracia y en los santos principios y costumbres?

Vv. 44-52.He aquí cuatro parábolas: -1. La del tesoro escondido en el campo. Muchos toman a la ligera el evangelio porque miran sólo la superficie del campo. Pero todos los que escudriñan las Escrituras, para hallar en ellas a Cristo y la vida eterna, Juan v, 39, descubrirán tal tesoro que a este campo lo hace indeciblemente valioso; se aprpopian de él a cualquier costo. Aunque nada pueda darse como precio por la salvación, sin embargo, mucho debe darse por amor a ella.
2. Todos los hijos de los hombres están ocupados; uno será rico, otro será honorable, aun otro será docto; pero la mayoría está engañada y toman las falsificaciones por perlas legítimas. Jesucristo es la Perla de gran precio; teniéndolo a Él tenemos suficiente para hacernos dichosos aquí y para siempre. El hombre puede comprar oro muy caro, pero no esta Perla de gran precio. Cuando el pecador convicto ve a Cristo como el Salvador de gracia, todo lo demás pierde valor para sus pensamientos.
3. El mundo es un mar ancho, y en su estado natural, los hombres son como los peces. Predicar el evangelio es echar una red en este mar para pescar algo para gloria de Quien tiene la soberanía sobre este mar. Los hipócritas y los cristianos verdaderos serán separados: desgraciada es la condición de quienes, entonces, serán echados fuera.
4. El fiel y diestro ministro del evangelio es un escriba bien versado en las cosas del evangelio y capaz de enseñarlas. Cristo lo compara con un buen dueño de casa, que trae los frutos de la cosecha del año anterior y lo recogido este año, abundante y variado, para tratar a sus amigos. Todas las experiencias antiguas y las observaciones nuevas tienen su utilidad. Nuestro lugar está a los pies de Cristo, y debemos aprender diariamente de nuevo las viejas lecciones y, también, las nuevas.

Vv. 53-58.Cristo repite su ofrecimiento a los que lo han rechazado. Ellos le reprochan: ¿No es éste el hijo del carpintero? Sí, es cierto que tenía la fama de serlo; y no es desgracia ser el hijo de un comerciante honesto; debieron respetarle más porque era uno de ellos mismos, pero, por eso lo despreciaron.
No hizo muchas obras poderosas ahí debido a la incredulidad de ellos. La incredulidad es el gran estorbo para los favores de Cristo. Mantengámonos fieles a Él como el Salvador que hizo nuestra paz con Dios.

jueves, 4 de octubre de 2012

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.



Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos 13:9

Cuando Pablo dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, quiere decir que debemos tener el mismo cuidado e interés por los demás que el que tenemos por nosotros mismos. Pablo dijo lo mismo de esta manera: "No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:4). Usted debe interesarse en la comodidad, la felicidad, la paz y la alegría de los demás tanto como se interesa en la de usted.

¿De quién es la cara que usted lava por la mañana? ¿De quién es el cabello que usted peina? ¿De quién es la ropa que compra? ¿De las comodidades de quién se preocupa usted? Usted está interesado en su conservación y en su comodidad, y debe interesarse en los demás de la misma manera. Présteles tanta atención como se presta a sí mismo. Eso es amar a su prójimo como a usted mismo.

¿Quién es su prójimo? Cualquiera que se cruce en su camino. Aunque sea difícil amar a todo el mundo, usted tiene una nueva capacidad en usted para hacer eso (Ro. 5:5).    La confesión de Job

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimient "De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.     La fe de Abraham

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dich En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos.

Hebreos 11:17-19

La obediencia de Abraham requirió una gran fe. Estuvo dispuesto a obedecer a Dios porque creía que Dios podía resucitar a los muertos, aunque nunca había visto que los muertos resucitaran. Creía que Dios era tan fiel a su Palabra y a su carácter que, si hacía una promesa, resucitaría aun a los muertos para cumplirla. ¿Es acaso asombroso que sea el ejemplo humano más grande de fe?

El apóstol Pablo también comentó sobre la fe de Abraham: "Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham... Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham" (Gá. 3:7, 9). Cualquiera que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. La historia de Abraham nos dice que un hombre puede pasar por la más severa prueba de la vida imaginable si confía en Dios, creyendo que cumplirá su promesa y logrará sus propósitos sin cometer un error.    Nada de felicidad engañosa

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Salmo 23:4

Tenemos que comprender que Dios va a permitirnos que pasemos por las pruebas y que Él está obrando para que todo resulte en su propósito santo (Ro. 8:28). Sé que todos soñamos con un ambiente perfecto de comodidad y tranquilidad. Aunque cualquier reposo temporal de las pruebas nos lleve a creer que podamos hallar una permanente liberación de ellas, nuestra vida en la tierra nunca estará libre de las pruebas. Podemos vivir en una felicidad engañosa, nunca presagiando ningún problema y prediciendo un futuro desahogado, pero eso es una fantasía. Cristo advirtió a sus discípulos y a todos los que sigan sus pasos que esperaran pruebas en esta vida (Jn. 15:18-16:6).

El puritano Thomas Manton observó una vez que Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ningún hijo sin una cruz. Como cristianos, podemos estar seguros de que tendremos pruebas. Pero nuestra confianza es que tendremos victoria sobre ellas por la presencia de Dios. Vendrán las pruebas, pero la gracia de Dios estará con nosotros en nuestro tiempo de necesidad.

miércoles, 3 de octubre de 2012

el día de reposo


Mateo   12.Vv. 1-8.Estando en los campos de trigo, los discípulos empezaron a sacar trigo: la ley de Dios lo permitía, Deuteronomio xxiii, 25. Esta era una magra provisión para Cristo y sus discípulos, pero se contentaban con eso. Los fariseos no discutieron con ellos por cortar el trigo de otro hombre, sino por hacerlo el día de reposo. Cristo vino a libertar a sus seguidores, no sólo de las corrupciones de los fariseos, sino de sus reglas antibíblicas, y justificó lo que ellos hicieron. El más grande no verá satisfechas sus concupiscencias, pero el menor verá que hay consideración por sus necesidades. Los trabajos en el día de reposo son legítimos si son necesarios, y el día de reposo es para fomentar, y no para obstaculizar la adoración. Se debe hacer la provisión necesaria para la salud y la comida, pero el caso es muy diferente cuando se tienen sirvientes en casa, y las familias se vuelven escenario de apresuramientos y confusión en el día del Señor, para dar un festín a los visitantes o para darse un gusto. Cabe condenar cosas como esas y muchas otras que son comunes entre los profesantes. El descanso del día de reposo fue ordenado para bien del hombre, Deuteronomio, v, 14. No se debe entender ninguna ley en forma tal que contradiga su propia finalidad. Como Cristo es el Señor del día de reposo, es apropiado que dedique para sí el día y su obra.

Vv. 9-13.Cristo demuestra que las obras de misericordia son lícitas y propias para hacerlas en el día del Señor. Hay otras maneras de hacer el bien en los días de reposo además de los deberes de la adoración: atender al enfermo, aliviar al pobre, ayudar a los que necesitan alivio urgente, enseñar a los jóvenes a cuidar sus almas; estas obras hacen el bien: y deben hacerse por amor y caridad, con humildad y abnegación, y serán aceptadas, Génesis iv, 7.
Esto tiene un significado espiritual, como otras sanidades que obró Cristo. Por naturaleza nuestras manos están secas y por nosotros mismos somos incapaces de hacer nada que sea bueno. Sólo Cristo nos cura por el poder de su gracia; Él sana la mano seca poniendo vida en el alma muerta; obra en nosotros tanto el querer como el hacer: porque, con el mandamiento, hay una promesa de gracia dada por la palabra.

Vv. 14-21.Los fariseos hicieron consulta para hallar alguna acusación contra Jesús para condenarlo a muerte. Consciente de la intención de ellos, Él se retiró de ese lugar, porque su tiempo no había llegado.
El rostro no corresponde más exactamente al rostro reflejado en el agua, que el carácter de Cristo esbozado por el profeta con su temperamento y conducta descrito por los evangelistas. Encomendemos con alegre confianza nuestras almas a un Amigo tan bueno y fiel. Lejos de romperla, fortalecerá la caña quebrada; lejos de apagar el pábilo humeante, o casi extinguido, más bien Él soplará para avivar la llama. Desechemos las contiendas y los debates airados; recibámonos unos a otros como Cristo nos recibe. Y mientras estemos animados por la bondad de la gracia de nuestro Señor, debemos orar que su Espíritu repose en nosotros y nos haga capaces de imitar su ejemplo.

Vv. 22-30.Un alma sometida al poder de Satanás, y cautivada por él, está ciega a las cosas de Dios y muda ante el trono de la gracia; nada ve y nada dice a propósito. Satanás ciega los ojos con la incredulidad; y sella los labios de la oración. Mientras más gente magnificaba a Cristo, más deseosos de injuriarlo estaban los fariseos. Era evidente que si Satanás ayudaba a Jesús a expulsar demonios, ¡el reino del infierno estaba dividido contra sí mismo, entonces, cómo podría resistir! Y si decían que Jesús echaba fuera demonios por el príncipe de los demonios, no podían probar que sus hijos los echaran por algún otro poder. Hay dos grandes intereses en el mundo; y cuando los espíritus inmundos son expulsados por el Espíritu Santo, en la conversión de los pecadores a una vida de fe y obediencia, ha llegado a nosotros el reino de Dios. Todos los que no ayudan, ni se regocijan con esa clase de cambio, están contra Cristo.

Vv. 31, 32.He aquí una bondadosa seguridad del perdón de todo pecado en las condiciones del evangelio. Cristo sienta aquí el ejemplo para que los hijos de los hombres estén dispuestos para perdonar las palabras que se dicen contra ellos. Pero los creyentes humildes y conscientes son tentados, a veces, para que piensen que han cometido el pecado imperdonable, mientras los que más se aproximan a eso, rara vez tienen algún temor por ello. Podemos tener la seguridad de que los que indudablemente se arrepienten y creen el evangelio, no han cometido este pecado o algún otro de la misma clase; porque el arrepentimiento y la fe son dones especiales de Dios que no otorgaría a ningún hombre si estuviera decidido a no perdonarle; los que temen haber cometido este pecado, dan una buena señal de que no. El pecador tembloroso y contrito tiene en sí mismo el testimonio de que no es así en su caso.

Vv. 33-37.El idioma del hombre descubre de qué país procede, igualmente de qué clase de espíritu es. El corazón es la fuente, las palabras son los arroyos. Una fuente turbia y una corriente corrupta deben producir arroyos barrosos y desagradables. Nada sanará las aguas, sazonará el habla, ni purificará la comunicación corrupta sino la sal de la gracia, echada en la corriente. El hombre malo tiene un mal tesoro en su corazón, del cual el pecador saca las malas palabras y las malas acciones para deshonrar a Dios y herir al prójimo. Velemos continuamente sobre nosotros mismos para que podamos hablar plabras conformes al carácter cristiano.

Vv. 38-45.Aunque Cristo siempre está listo para oír y responder los deseos y las oraciones santas, los que piden mal, piden y, sin embargo, no tienen. Se dieron señales a los que las deseaban para confirmar su fe, como Abraham y Gedeón; pero se negaron a los que las exigían para excusar su incredulidad. La resurrección de Cristo de entre los muertos por su poder, aquí se llama señal de Jonás el profeta, y es la gran prueba de que Cristo era el Mesías. Como Jonás estuvo tres días y tres noches en el pez grande, y luego volvió a salir vivo, así estaría Cristo ese tiempo en la tumba y resucitaría.
Los ninivitas avergonzarían a los judíos por no arrepentirse; la reina de Saba los avergonzaría por no creer en Cristo. Nosotros no tenemos esos impedimentos, no vamos a Cristo con esas inseguridades. Esta parábola representa el caso de la iglesia y nación judía. También es aplicable a todos los que oyen la palabra de Dios y, se reforman en parte, pero no se convierten de verdad. El espíritu inmundo se va por un tiempo, pero cuando vuelve, encuentra que Cristo no está ahí para impedirle entrar; el corazón está barrido por la reforma externa, pero adornado por los preparativos para cumplir las malas sugerencias, y el hombre se vuelve enemigo más decidido de la verdad. Todo corazón es la residencia de espíritus inmundos, salvo los que son templo del Espíritu Santo, por fe en Cristo.

Vv. 46-50.La prédica de Cristo era simple, y familiar, y adecuada para sus oyentes. Su madre y sus hermanos estaban dentro, deseando oírle. Frecuentemente los que están más cerca de los medios de conocimiento y de gracia son los más negligentes. Somos buenos para descuidar lo que pensamos que podemos tener un día, olvidando que el mañana no es nuestro. A menudo nos topamos con obstáculos a nuestra obra, de parte de amigos que nos rodean, y sacados de los cuidados por las cosas de esta vida, de las preocupaciones de nuestra alma.
Cristo estaba tan dedicado a su obra que ningún deber natural o de otra índole lo apartaba de ella. No se trata que, so pretexto de la religión, seamos insolentes con los padres o malos con los padres, sino que el deber menor debe quedar a la espera mientras se hace el mayor. Dejemos a los hombres y aferrémonos a Cristo; miremos a todo cristiano, en cualquier condición de vida, como hermano, hermana, o madre del Señor de la gloria; amemos, respetemos y seamos amables con ellos por amor a Él y siguiendo su ejemplo.

martes, 2 de octubre de 2012

Llévelos a Jesús



Llévelos a Jesús
No dejes de clamar al SEÑOR por nosotros, para que nos salve. 1 Samuel 7:8
Así como los cuatro hombres de Marcos 2 llevaron a su amigo enfermo en una camilla hasta Jesús, nosotros podemos llevar a nuestros amigos a Jesús sobre una camilla de oración. Les llevamos a Jesús cuando intercedemos por ellos y rogamos por su salvación. Él puede sanarlos, él puede perdonarlos, y él responde a nuestra fe.
Durante muchos años, Cathy Crawford, misionera en Francia, oró con sinceridad por la salvación de su padre.  Tiempo después Cathy enfermó de esclerosis múltiple. A pesar de ello, pudo continuar con su obra misionera. Mientras estaba de licencia en su casa, le costaba ir de iglesia en iglesia, por lo que su padre se ofreció a llevarla en su auto. Como resultado, no solo oía su testimonio como misionera una y otra vez, sino que también oía sermones bíblicos casi todas las noches de la semana de parte de los pastores de cada iglesia. Para fines de ese verano, había sido ganado para Cristo.
«Puedo dar gracias por mi enfermedad», dijo Cathy.
«Porque Dios la usó para responder a la oración más importante de mi corazón, en la que pedí siempre por la salvación de mi papá».
¿Tiene un amigo o ser querido por el que siente carga? No deje de clamar a Dios para que salve a esa persona, por difícil que le parezca. Siga el consejo de Jesús, que nos manda a «orar siempre, sin desanimarse» (Lucas 18:1).

sábado, 29 de septiembre de 2012

Una tarea de amor


Una tarea de amor

Conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:19

Para pagar la deuda del amor, todos podemos hacer varias cosas. He aquí algunas sugerencias:

Termine una querella.

Llame a un amigo a quien no ha visto durante mucho tiempo.

Sustituya la sospecha con la confianza.

Quite cualquier amargura de su vida.

Escriba una carta sorpresiva a alguien que lo quiera a usted.

Dígale a alguien que usted sabe bien cuánto significa para usted.

Cumpla una promesa.

Pida a Dios que perdone a alguien que le hizo algo malo a usted, y olvide eso que hizo.

No sea demasiado exigente con otros familiares.

Muestre gratitud a los demás durante todo el día.

Dígale a alguien a quien quiere que usted se interesa por él o por ella.

Ore por uno de sus enemigos.

Envíele un cheque a algún necesitado.

Pida a Dios que lo ayude a amar de la manera que Jesús amó.    El cumplimiento de la ley

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Romanos 13:10

La clave para obedecer la ley de Dios es el amor. Cuando amamos a los demás, automáticamente obedecemos la ley. Usted no cometerá adulterio si ama a alguien. Es porque el amor no corrompe a otros ni roba su pureza. Solamente la lujuria y el egoísmo hacen eso. Si usted ama a alguien, su amor hace inservible el mandamiento de no matar. No necesito que se me recuerde que no mate a las personas si las amo. Cuando usted ama a alguien, tampoco le robará. Por lo tanto, no necesita que se le diga que no robe. Ni codiciará lo que es de otro cuando lo ama.

El amor no sustituye la ley; cumple la ley. Mediante el amor, usted puede cumplir el amor de Dios.       Obedecer por amor

El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

1 Timoteo 1:5

El guardar un mandamiento debe surgir de un corazón amoroso. Es posible obedecer la ley por temor y tener miedo del castigo de Dios. Pero cuando se hace eso, en realidad no se obedece la ley de manera absoluta porque el temor no es el motivo bíblico de la obediencia. El temor puede hacer que usted se abstenga de hacer algo malo y su efecto puede ser bueno, pero su resultado es incompleto.

Algunos guardan la ley por interés egoísta. Creen que si llevan una vida moral, Dios los recompensará. Pero ese no es un motivo puro para la obediencia; es egoísta. Aunque pudiera abstenerse de hacer lo malo y hacer exteriormente cosas buenas, no tendrá usted una obediencia que resulta de una actitud de amor. El verdadero propósito de la ley es cultivar el amor de corazón. Así es que se cumple la ley.        Ámenme a mí y amen a los demás

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Mateo 22:40

Jesús dijo que los Diez Mandamientos pudieran resumirse en dos mandatos: ámenme a mí y amen a los demás. Tal vez usted se pregunte cómo puede poner en práctica todos los mandamientos de la Biblia. La respuesta es muy sencilla: "Ame a Dios, ame a las personas y haga lo que quiera".

Cuando usted ama a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas, y ama a su prójimo como a usted mismo, puede hacer lo que usted quiera porque será la persona que Dios quiere que sea. Gracias a su amor, usted no matará a nadie, no corromperá a nadie, no robará nada ni codiciará lo que tenga otra persona. El Espíritu cultivará en su corazón un amor que impide cualquier deseo de hacer lo malo.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Hay que demostrar amor


Hay que demostrar amor

Andad en amor.

Efesios 5:2

¿Qué es el amor? ¿Cómo se demuestra? A fin de poder practicar el amor, hay que saber lo que es desde el punto de vista bíblico. A lo largo de las Escrituras, se caracteriza el amor como una acción.

Ante todo, el amor enseña la verdad a otros (Ef. 4:15) y los ayuda en sus necesidades (He. 6:10). Da ejemplo al servir a otros y a alentarnos en su crecimiento (Gá. 5:13). Cubre los pecados de otras personas (1 P. 4:8) y perdona (Ef. 4:32). También el amor soporta los problemas y las idiosincrasias de los demás (1 Co. 13:7) y el sacrificio por ellos (Jn. 15:13-14).

El amor abnegado presenta la verdad espiritual, ayuda y se interesa en los necesitados. Les debemos a todos ese amor y no debemos deberle nada más. Ese es el corazón de la vida cristiana; es el imán que atrae al mundo.   Sométase al Espíritu

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Romanos 5:5

Tiene que darle al Espíritu Santo el control absoluto de su vida. Usted puede aferrarse a los sentimientos de amargura, ansiedad y odio contra alguien, o puede rendirlos al Espíritu de Dios. Cuando usted se somete al Espíritu Santo, Él toma el control de su vida y sustituye la amargura con el amor y la venganza con el afecto. Pablo dij "Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros" (1 Ts. 4:9).

La capacidad para amar a los demás está en usted; solo tiene que comprender ese recurso. Si usted se somete al Espíritu Santo, Él lo enseñará a amar.       Una fuente inagotable

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido.

1 Pedro 1:22

Los cristianos tenemos la gran responsabilidad de amar a los demás, pero ¿cómo la cumpliremos? Comprendiendo nuestro recurso.

El amor está a nuestro alcance, y es nuestra culpa si no aprovechamos el recurso necesario. Tenemos que someternos al Espíritu y aprender a amar. Debemos purificar nuestro corazón confesando nuestro pecado y comprender la urgencia de atraer a otros a Cristo mediante nuestro amor. Tenemos que tomar una decisión consciente de amar a los demás, tener comunión con otros creyentes y pensar en los demás y no en nosotros mismos. Y debemos considerar el efecto de amar a otros. El amor que se da inevitablemente regresa.

Cuando Dios lo salvó a usted, Él lo hizo una nueva criatura con la capacidad de cumplir la deuda del amor. La fuente del amor es inagotable. Usted tiene el privilegio de representar a Dios en el mundo amando a los demás como Él los amó y recibir amor a cambio.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Nuestro divino Redentor


Mateo   11.V. 1.Nuestro divino Redentor nunca se cansó de su obra de amor; y nosotros no debemos agotarnos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no desfallecemos.

Vv. 2-6.Algunos piensan que Juan envió a preguntar esto para su satisfacción. Donde hay verdadera fe, puede aún haber una mezcla de duda. La incredulidad remanente en los hombres buenos puede, en la hora de tentación, cuestionar a veces las verdades más importantes. Pero esperamos que la fe de Juan no fallara en este asunto, y que él sólo deseara verla fortalecida y confirmada. Otros piensan que Juan envió a sus discípulos a Cristo para satisfacción de ellos.
Cristo les señala lo que han oído y visto. La condescendencia y la compasión de la gracia de Cristo por los pobres muestran que Él era quien debía traer al mundo las tiernas misericordias de nuestro Dios.
Las cosas que los hombres ven y oyen, comparadas con las Escrituras, dirigen el camino en que se debe hallar la salvación. Cuesta vencer prejuicios, y peligroso es no vencerlos, pero los que creen en Cristo, verán que su fe será hallada mucho más para la alabanza, honra y gloria.

V. 7-15.Lo que Cristo dijo acerca de Juan no sólo fue para elogiarlo, sino para provecho del pueblo. Los que oyen la palabra serán llamados a dar cuenta de su provecho. ¿Pensamos que se termina el cuidado cuando se termina el sermón? No, entonces empieza el mayor de los cuidados.
Juan era un hombre abnegado, muerto para todas las pompas del mundo y los placeres de los sentidos. Conviene que la gente, en todas sus apariencias, sea coherente con su carácter y situación.
Juan era hombre grande y bueno, pero no perfecto; por tanto, no alcanzó la estatura de los santos glorificados. El menor en el cielo sabe más, ama más, y hace más alabando a Dios y recibe más de Él que el más grande de este mundo. Pero por el reino de los cielo aquí se debe entender más bien al reino de la gracia, la dispensación del evangelio en su poder y pureza. ¡Cuánta razón tenemos para estar agradecidos que nuestra suerte esté echada en los días del reino de los cielos, bajo tales ventajas de luz y amor! -Hay multitudes que fueron traídas por el ministerio de Juan y llegaron a ser discípulos suyos. Y hubo quienes lucharon por un lugar en este reino, que nadie pensaría que tenían derecho ni título para eso, y parecieron ser intrusos. Nos muestra cuánto fervor y celo se requiere de todos. Hay que negar el yo; hay que cambiar la inclinación, la disposición y el temperamento de la mente. Los que tengan un interés en la salvación grandiosa, lo tendrán a cualquier costo, y no pensarán que es difícil ni la dejarán ir sin una bendición. Las cosas de Dios son de preocupación grande y común. Dios no requiere más de nosotros que el uso justo de las facultades que nos ha dado. La gente es ignorante porque no quiere aprender.

Vv. 16-24.Cristo reflexiona en los escribas y fariseos que tenían un orgulloso concepto de sí. Compara la conducta de ellos con el juego de los niños que, enojándose sin razón, rebaten todos los intentos de sus compañeros por complacerlos, o para que se unan a los juegos para los cuales acostumbraban reunirse.
Las objeciones capciosas de los hombres mundanos son a menudo muy burlonas y demuestran gran malicia. Algo tienen que criticar de todos por excelente y santo que sea. Cristo, que era inmaculado, y apartado de los pecadores, aquí se presenta junto con ellos y contaminado por ellos. La inocencia más inmaculada no siempre será defensa contra el reproche.
Cristo sabía que los corazones de los judíos eran más enconados y endurecidos contra sus milagros y doctrinas que los de Tiro y Sidón; por tanto, su condenación será mayor. El Señor ejerce su omnipotencia, pero no castiga más de lo que merecen y nunca retiene el conocimiento de la verdad de aquellos que lo anhelan.

Vv. 25-30.Corresponde a los hijos ser agradecidos. Cuando vamos a Dios como Padre, debemos recordar que Él es el Señor de cielo y tierra, lo cual nos obliga a ir a Él con reverencia en cuanto es Señor soberano de todo; aunque con confianza como a Quien es capaz de defendernos del mal y proporcionarnos todo bien.
Nuestro bendito Señor agregó una declaración notable: que el Padre había puesto en Sus manos todo poder, autoridad y juicio. Estamos endeudados con Cristo por toda la revelación que tenemos de la voluntad y el amor de Dios Padre, aun desde que Adán pecó.
Nuestro Salvador ha invitado a todos los que trabajan fuerte y están muy cargados que vayan a Él. En algunos sentidos, todos los hombres están así. Los hombres mundanos se recargan con preocupaciones estériles por la riqueza y los honores; el alegre y sensual se esfuerza en pos de los placeres; el esclavo de Satanás y sus propias lujurias es el siervo más esclavizado de la tierra. Los que trabajan duro por establecer su propia justicia, también trabajan en vano. El pecador convicto está muy cargado de culpa y terror; y el creyente tentado y afligido tiene trabajos duros y cargas. Cristo los invita a todos a que vayan a Él en pos de reposo para sus almas. Él solo da esta invitación: los hombres van a Él cuando, sintiendo su culpa y miseria, y creyendo su amor y poder para socorrer, lo buscan con oración ferviente. Así, pues, es deber e interés de los pecadores trabajados y cargados, ir a Jesucristo. Este es el llamado del evangelio: quienquiera que quiera, venga. Todos los que así van recibirán reposo como regalo de Cristo, y obtendrán paz y consuelo en su corazón. Pero al ir a Él deben tomar su yugo y someterse a su autoridad. Deben aprender de Él todas las cosas acerca de su consuelo y obediencia. Él acepta al siervo dispuesto, por imperfectos que sean sus servicios. Aquí podemos hallar reposo para nuestras almas, y sólo aquí.
Ni tenemos que temer su yugo. Sus mandamientos son santos, justos y buenos. Requiere negarse a sí mismo y trae dificultades, pero esto es abundatemente recompensado, ya en este mundo, por la paz y el gozo interior. Es un yugo forrado con amor. Tan poderosos son los socorros que nos da, tan adecuadas las exhortaciones, y tan fuertes las consolaciones que se encuentran en el camino del deber, que podemos decir verdaderamente, que es un yugo grato. El camino del deber es el camino del reposo. Las verdades que enseña Cristo son tales que podemos aventurar por ellas nuestra alma.
Tal es la misericordia del Redentor, y ¿por qué debe el pecador laborioso y cargado buscar reposo en alguna otra parte? Vamos diariamente a Él en busca de la liberación de la ira y de la culpa, del pecado y de Satanás, de todas nuestras preocupaciones, temores y dolores. Pero la obediencia forzada, lejos de ser fácil y liviana, es carga pesada. En vano nos acercamos a Jesús con nuestros labios mientras el corazón esté lejos de Él. Entonces, venid a Jesús para hallar reposo para vuestras almas.