lunes, 3 de septiembre de 2012

La genealogía de Jesús



Mateo 1 -
MATEO
Mateo, apellidado Levi, antes de su conversión era un publicano o cobrador de impuestos sometido a los romanos en Capernaum. Por lo general, se reconoce que él escribió su evangelio antes que cualquiera de los demás evangelistas. El contenido de este evangelio y la prueba de los escritores antiguos, muestran que fue escrito primordialmente para el uso de la nación judía. El cumplimiento de la profecía era considerado por los judíos como una prueba firme, por tanto San Mateo usa este hecho en forma especial. Aquí hay partes de la historia y de los sermones de nuestro Salvador, particularmente seleccionados por adaptarse mejor para despertar a la nación a tener conciencia de sus pecados; para eliminar sus expectativas erróneas de un reino terrenal; para derribar su orgullo y engaño consigo mismos; para enseñarles la naturaleza y magnitud espiritual del evangelio; y para prepararlos para admitir a los gentiles en la Iglesia.
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CAPÍTULO I
Versículos 1-17. La genealogía de Jesús. 18-25. Un ángel se le aparece a José.
Vv. 1-17.Acerca de esta genealogía de nuestro Salvador, obsérvese la intención principal. No es una genealogía innecesaria. No es por vanagloria como suelen ser las de los grandes hombres. Demuestra que nuestro Señor Jesús es de la nación y familia de la cual iba a surgir el Mesías. La promesa de la bendición fue hecha a Abraham y su descendencia; la del dominio, a David y su descendencia. Se prometió a Abraham que Cristo descendería de él, Génesis 12, 3; 22, 18; y a David que descendería de él, 2 Samuel 7, 12; Salmo 89, 3, y siguientes; 132, 11; por tanto, a menos que Jesús sea hijo de David, e hijo de Abraham, no es el Mesías. Esto se prueba aquí con registros bien conocidos.
Cuando plugo al Hijo de Dios tomar nuestra naturaleza, Él se acercó a nosotros en nuestra condición caída, miserable; pero estaba perfectamente libre de pecado: y mientras leamos los nombres de su genealogía no olvidemos cuán bajo se inclinó el Señor de la gloria para salvar a la raza humana.
Vv. 18-25.Miremos las circunstancias en que entró el Hijo de Dios a este mundo inferior, hasta que aprendamos a despreciar los vanos honores de este mundo, cuando se los compara con la piedad y la santidad.
El misterio de Cristo hecho hombre debe ser adorado; no es para inquirir en esto por curiosidad. Fue así ordenado que Cristo participara de nuestra naturaleza, pero puro de la contaminación del pecado original, que había sido comunicado a toda la raza de Adán.
Fíjese que es al reflexivo a quien Dios guiará, no al que no piensa. El tiempo de Dios para llegar con instrucción a su pueblo se da cuando están perdidos. Los consuelos divinos confortan más al alma cuando está presionada por pensamientos que confunden.
Se dice a José que María debía traer al Salvador al mundo. Tenía que darle nombre, Jesús, Salvador. Jesús es el mismo nombre de Josué. La razón de este nombre es clara, porque aquellos a quienes Cristo salva, los salva de sus pecados; de la culpa del pecado por el mérito de su muerte y del poder del pecado por el Espíritu de Su gracia. Al salvarlos del pecado, los salva de la ira y de la maldición, y de toda desgracia, aquí y después. Cristo vino a salvar a su pueblo no en sus pecados, sino de sus pecados; y, así, a redimirlos de entre los hombres para sí, que es apartado de los pecadores.
José hizo como le ordenó el ángel del Señor, rápidamente y sin demora, jubilosamente, sin discutir. Aplicando las reglas generales de la palabra escrita, debemos seguir la dirección de Dios en todos los pasos de nuestra vida, particularmente en sus grandes cambios, que son dirigidos por Dios, y hallaremos que esto es seguro y consolador.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El deber de los padres


Vv. 1-4.El gran deber de los hijos es obedecer a sus padres. La obediencia comprende la reverencia interna y los actos externos, y en toda época la prosperidad ha acompañado a los que se distinguen por obedecer a sus padres.
El deber de los padres. No seáis impacientes ni uséis severidades irracionales. Tratad a vuestos hijos con prudencia y sabiduría; convencedlos en sus juicios y obrad en la razón de ellos. Criadlos bien; bajo la corrección apropiada y compasiva, y en el conocimiento del deber que Dios exige. Este deber es frecuentemente descuidado hasta entre los que profesan el evangelio. Muchos ponen a sus hijos en contra de la religión, pero esto no excusa la desobediencia de los hijos aunque lamentablemente pueda ocasionarla. Dios solo puede cambiar el corazón, pero Él da su bendición a las buenas lecciones y ejemplos de los padres, y responde sus oraciones. Pero no deben esperar la bendición de Dios los que tienen como afán principal que sus hijos sean ricos y realizados, sin importar lo que suceda con sus almas.

Vv. 5-9.El deber de los siervos está resumido en una palabra: obediencia. Los siervos de antes por lo general eran esclavos. Los apóstoles tenían que enseñar sus deberes a los amos y a los siervos, porque haciendo esto aminorarían los males hasta que la esclavitud llegara a su fin por la influencia del cristianismo. Los siervos tienen que reverenciar a los que están por encima de ellos. Tienen que ser sinceros; no deben pretender obediencia cuando quieren desobedecer, sino sirviendo fielmente. Deben servir a sus amos no sólo cuando éstos los ven; pero deben ser estrictos para cumplir con su deber cuando están ausentes o no los ven. La consideración constante del Señor Jesucristo hará fieles y sinceros a los hombres de toda posición, no a regañadientes ni por coerción, sino por un principio de amor a sus amos y a sus intereses. Esto les hace fácil servir, agrada a sus amos, y es aceptable para el Señor Cristo. Dios recompensará hasta lo más mínimo que se haya hecho por sentido del deber, y con la mira de glorificarlo a Él.
He aquí el deber de los amos. Actuad de la misma manera. Sed justos con vuestros siervos según como esperáis que ellos sean con vosotros; mostrad la misma buena voluntad e interés por ellos y tened cuidado, para ser aprobado delante de Dios. No seáis tiránicos ni opresores. Vosotros tenéis un Amo al cual obedecer y vosotros y ellos no son sino consiervos respecto a Cristo Jesús. Si los amos y los siervos consideraran sus deberes para con Dios, y la cuenta que deben rendirle dentro de poco tiempo, se preocuparían más de sus deberes mutuos y, de ese modo, las familias serían más ordenadas y felices.

Vv. 10-18.La fuerza y el valor espiritual son necesarios para nuestra guerra y sufrimiento espiritual. Los que desean demostrar que tienen la gracia verdadera consigo, deben apuntar a toda gracia; y ponerse toda la armadura de Dios, que Él prepara y da. La armadura cristiana está hecha para usarse y no es posible dejar la armadura hasta que hayamos terminado nuestra guerra y finalizado nuestra carrera. El combate no es tan sólo contra enemigos humanos, ni contra nuestra naturaleza corrupta; tenemos que vérnosla con un enemigo que tiene miles de maneras para engañar a las almas inestables. Los diablos nos asaltan en las cosas que corresponden a nuestras almas y se esfuerzan por borrar la imagen celestial de nuestros corazones.
Debemos resolver, por la gracia de Dios, no rendirnos a Satanás. Resístidle, y de vosotros huirá. Si cedemos, él se apoderará del terreno. Si desconfiamos de nuestra causa o de nuestro Líder o de nuestra armadura, le damos ventaja.
Aquí se describen las diferentes partes de la armadura de los soldados bien pertrechados, que tienen que resistir los asaltos más feroces del enemigo. No hay nada para la espalda; nada que defienda a los que se retiran de la guerra cristiana.
La verdad o la sinceridad es el cinto. Esto rodea todas las otras partes de la armadura y se menciona en primer lugar. No puede haber religión sin sinceridad.
La justicia de Cristo, imputada a nosotros, es una coraza contra los dardos de la ira divina. La justicia de Cristo, implantada en nosotros, fortifica el corazón contra los ataques de Satanás.
La resolución debe ser como las piezas de la armadura para resguardar las partes delanteras de las piernas, y para afirmarse en el terreno o caminar por sendas escarpadas, los pies deben estar protegidos con el apresto del evangelio de la paz. Los motivos para obedecer en medio de las pruebas deben extraerse del claro conocimiento del evangelio.
La fe es todo en todo en la hora de la tentación. La fe, tener la certeza de lo que no se ve, como recibir a Cristo y los beneficios de la redención, y de ese modo, derivar gracia de Él, es como un escudo, una defensa en toda forma. El diablo es el malo. Las tentaciones violentas, por las cuales el alma se enciende con fuego del infierno, son dardos que Satanás nos arroja. Además, los malos pensamientos de Dios y de nosotros mismos. La fe que aplica la palabra de Dios y a la gracia de Cristo, es la que apaga los dardos de la tentación.
La salvación debe ser nuestro yelmo. La buena esperanza de salvación, la expectativa bíblica de la victoria, purifican el alma e impiden que sea contaminada por Satanás.
El apóstol recomienda al cristiano armado para la defensa en la batalla, una sola arma de ataque, la cual es suficiente, la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Somete y mortifica los malos deseos y los pensamientos blasfemos a medida que surgen adentro; y responde a la incredulidad y al error a medida que asaltan desde afuera. Un solo texto bien entendido y rectamente aplicado, destruye de una sola vez la tentación o la objeción y somete al adversario más formidable.
La oración deben asegurar todas las demás partes de nuestra armadura cristiana. Hay otros deberes de la religión y de nuestra posición en el mundo, pero debemos mantener el tiempo de orar. Aunque la oración solemne y estable pueda no ser factible cuando hay otros deberes que cumplir, de todos modos las oraciones piadosas cortas que se lancen son siempre como dardos.
Debemos usar pensamientos santos en nuestra vida corriente. El corazón vano también será vano para orar. Debemos orar con toda clase de oración, pública, privada y secreta; social y solitaria; solemne y súbita; con todas las partes de la oración: confesión de pecado, petición de misericordia y acción de gracias por los favores recibidos. Y debemos hacerlo por la gracia de Dios Espíritu Santo, dependiendo de su enseñanza y conforme a ella. Debemos perseverar en pedidos particulares a pesar del desánimo. Debemos orar no sólo por nosotros sino por todos los santos. Nuestros enemigos son fuertes y nosotros no tenemos fuerza, pero nuestro Redentor es todopoderoso, y en el poder de su fuerza, podemos vencer. Por eso debemos animarnos a nosotros mismos. ¿No hemos dejado de responder a menudo cuando Dios ha llamado? Pensemos en esas cosas y sigamos orando con paciencia.

Vv. 19-24.El evangelio era un misterio hasta que fue dado a conocer por la revelación divina; anunciarlo es obra de los ministros de Cristo. Los ministros mejores y más eminentes necesitan las oraciones de los creyentes. Debe orarse especialmente por ellos porque están expuestos a grandes dificultades y peligros en su obra.
Paz sea a los hermanos, y amor con fe. Por paz entiéndase toda clase de paz: paz con Dios, paz de conciencia, paz entre ellos mismos. La gracia del Espíritu, produciendo fe y amor y toda gracia. Él desea eso para aquellos en quienes ya fueron empezadas. Y toda la gracia y las bendiciones vienen a los santos desde Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. La gracia, esto es, el favor de Dios, y todos los bienes espirituales y temporales, que son de ella, es y será con todos los que así amen a nuestro Señor Jesucristo con sinceridad, y sólo con ellos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

En el sacrificio de Cristo triunfa su amor


Efesios   5 - Vv. 1, 2.Dios os ha perdonado por amor a Cristo, por tanto , sed seguidores de Dios, imitadores de Dios. Imitadle en especial en su amor y en su bondad perdonadora, como conviene a los amados de su Padre celestial.
En el sacrificio de Cristo triunfa su amor, y nosotros tenemos que considerarlo plenamente.

Vv. 3-14.Las sucias concupiscencias deben arrancarse de raíz. Hay que temer y abandonar esos pecados. Estas no son sólo advertencias contra los actos groseros de pecado, sino contra lo que algunos toman a la ligera. Pero estas cosas distan tanto de ser provechosas, que contaminan y envenenan a los oyentes. Nuestro júbilo debiera notarse como corresponde a los cristianos al dar gloria a Dios. El hombre codicioso hace un dios de su dinero; pone en los bienes mundanos su esperanza, confianza y delicia, las que sólo debieran estar en Dios. Los que caen en la concupiscencia de la carne o en el amor al mundo, no pertenecen al reino de la gracia, ni irán al reino de la gloria. Cuando los transgresores más viles se arrepienten y creen el evangelio, llegan a ser hijos de obediencia de los cuales se aparta la ira de Dios. ¿Osaremos tomar a la ligera lo que provoca la ira de Dios? -Los pecadores, como hombres en tinieblas, van a donde no saben que van, y hacen lo que no saben, pero la gracia de Dios obra un cambio tremendo en las almas de muchos. Andan como hijos de luz, como teniendo conocimiento y santidad. Las obras de las tinieblas son infructuosas, cualquiera sea el provecho del que se jacten, porque terminan en la destrucción del pecador impenitente. Hay muchas maneras de inducir o de participar en los pecados ajenos: felicitando, aconsejando, consintiendo u ocultando. Si participamos con el prójimo en sus pecados, debemos esperar una participación en sus plagas. Si no reprendemos los pecados de otros, tenemos comunión con ellos.
El hombre bueno debe avergonzarse de hablar de lo que a muchos impíos no avergüenza hacer. No sólo debemos tener la noción y la visión de que el pecado es pecado y vergonzoso en alguna medida, pero hemos de entenderlo como violación de la santa ley de Dios. Según el ejemplo de los profetas y apóstoles debemos llamar a los que están durmiendo y muertos en pecado para que se despierten y se levantan para que Cristo les dé luz.

Vv. 15-21.Otro remedio contra el pecado es el cuidado o la cautela, siendo imposible mantener de otro modo la pureza de corazón y vida. El tiempo es un talento que Dios nos da y se malgasta y se pierde cuando no se usa conforme a su intención. Si hasta ahora hemos desperdiciado el tiempo, debemos doblar nuestra diligencia para el futuro. ¡Cuán poco piensan los hombres en el momento en que en su lecho de muerte miles redimirían alegres por el precio de todo el mundo, pero a qué vanalidades lo sacrifican diariamente! -La gente es muy buena para quejarse de los malos tiempos; bueno sería si eso los estimulara más para redimir el tiempo. No seas imprudente. La ignorancia de nuestro deber y la negligencia con nuestras almas son una muestra de la necedad más grande. La embriaguez es un pecado que nunca va solo, porque lleva a los hombres a otros males; es un pecado que provoca mucho a Dios. El ebrio da a su familia y a todo el mundo el triste espectáculo de un pecador endurecido más allá de lo corriente, y que se precipita a la perdición. Cuando estemos afligidos o agotados, no procuremos levantar nuestro ánimo con bebidas embriagantes, porque es abominable y dañino y sólo termina haciendo que se sientan más las tristezas. Procuremos, entonces, por medio de la oración ferviente, ser llenos con el Espíritu, y evitemos todo lo que pueda contristar a nuestros benigno Consolador.
Todo el pueblo de Dios tiene razón para cantar de júbilo. Aunque no siempre estemos cantando, debemos estar siempre dando las gracias; nunca nos debe faltar la disposición para este deber, porque nunca nos faltará tema a través de todo el decurso de nuestras vidas. Siempre aun en las pruebas y las aflicciones, y por todas las cosas ; satisfechos con el amoroso propósito y la tendencia al bien. Dios resguarda a los creyentes de pecar contra Él y los hace someterse unos a otros en todo lo que manda, para promover su gloria y cumplir sus deberes mutuos.

Vv. 22-33.El deber de las esposas es la sumisión en el Señor a sus maridos, lo cual comprende honrarlos y obedecerles por un principio de amor a ellos. El deber de los esposos es amar a sus esposas. El amor de Cristo a la Iglesia es el ejemplo, porque es sincero, puro y constante a pesar de las fallas de ella. Cristo se dio por la Iglesia para santificarla en este mundo y glorificarla en el venidero, para otorgar a todos sus miembros el principio de santidad y librarlos de la culpa, la contaminación y el dominio del pecado, por la obra del Espíritu Santo de las cuales su señal exterior es el bautismo. La Iglesia y los creyentes no carecerán de manchas y arrugas hasta que lleguen a la gloria. Pero sólo los que son santificados ahora serán glorificados en el más allá.
Las palabras de Adán mencionadas por el apóstol, se dicen literalmente sobre el matrimonio, pero tienen también un sentido oculto en ellas en relación con la unión entre Cristo y su Iglesia. Era una especie de tipo, por su semejanza. Habrá fallas y defectos por ambos lados, en el estado presente de la naturaleza humana, pero esto no altera la relación. Todos los deberes del matrimonio están incluidos en la unidad y el amor. Mientras adoramos y nos regocijamos en el amor condescendiente de Cristo, los maridos y las esposas aprendan sus deberes recíprocos. Así, se impedirán los peores males y se evitarán muchos efectos penosos.

viernes, 31 de agosto de 2012

A cada creyente es dado algún don


Efesios   4 - Vv. 1-6.Nada se exhorta con mayor énfasis en las Escrituras que andar como corresponde a los llamados al reino y gloria de Cristo. Por humildad entiéndase lo que se opone al orgullo. Por mansedumbre, la excelente disposición del alma que hace que los hombres no estén prontos a provocar, y que no se sientan fácilmente provocados u ofendidos. Encontramos mucho en nosotros mismos por lo cual apenas nos podríamos perdonar; por tanto, no debe sorprendernos si hallamos en el prójimo lo que creemos difícil de perdonar. Hay un Cristo en quien tienen esperanza todos los creyentes, y un cielo en el que todos esperan; por tanto, debieran ser de un solo corazón. Todos tenían una fe en su objeto, Autor, naturaleza y poder. Todos ellos creían lo mismo en cuanto a las grandes verdades de la religión; todos ellos habían sido recibidos en la Iglesia por un bautismo con agua en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo como signo de la regeneración. En todos los creyentes habita Dios Padre como en su santo templo, por su Espíritu y gracia especial.

Vv. 7-16.A cada creyente es dado algún don de la gracia para que se ayuden mutuamente. Todo se da según a Cristo le parezca bien otorgar a cada uno. Él recibió para ellos, para darles a ellos, una gran medida de dones y gracias; particularmente el don del Espíritu Santo. No es un simple conocimiento intelectual ni un puro reconocimiento de Cristo como Hijo de Dios, sino como quien produce confianza y obediencia. Hay una plenitud en Cristo y una medida de esa plenitud dada en el consejo de Dios a cada creyente, pero nunca llegaremos a la medida perfecta sino hasta que lleguemos al cielo. Los hijos de Dios están creciendo mientras están en este mundo; y el crecimiento del cristiano busca la gloria de Cristo. Mientras más impulsado se encuentre un hombre a aprovechar su estado, conforme a su medida y todo lo que haya recibido, para el bien espiritual del prójimo, más ciertamente puede creer que tiene la gracia del amor y la caridad sincera arraigada en su corazón.

Vv. 17-24.El apóstol encarga a los efesios, en el nombre y por la autoridad del Señor Jesús, que habiendo profesado el evangelio, no deben ser como los gentiles inconversos que andaban en la vanidad de su mente y en afectos carnales. ¿No andan los hombres en la vanidad de su mente por todos lados? ¿No debemos, entonces, enfatizar la distinción entre los cristianos reales y los nominales? Ellos estaban desprovistos de todo conocimiento salvador; estaban en tinieblas y las amaban más que a la luz. Les disgustaba y aborrecían la vida de santidad, que no sólo es el camino de vida que Dios exige y aprueba, y por el cual vivimos para Él, sino tiene alguna semejanza a Dios mismo en su pureza, justicia, verdad y bondad. La verdad de Cristo se manifiesta en su belleza y poder cuando aparece en Jesús.
La naturaleza corrupta se llama hombre; como el cuerpo humano tiene diversas partes que se apoyan y fortalecen entre sí. Los deseos pecaminosos son concupiscencias engañosas; prometen felicidad a los hombres pero los vuelven más miserables; los llevan a la destrucción, si no se someten y se mortifican. Por tanto, deben quitarse como ropa vieja y sucia; deben ser sometidas y mortificadas. Pero no basta con sacarse los principios corruptos: debemos tener principios de gracia. Por el hombre nuevo se significa la nueva naturaleza, la nueva criatura, dirigida por un principio nuevo, la gracia regeneradora, que capacita al hombre para llevar una vida nueva de justicia y santidad. Esto es creado o producido por el poder omnipotente de Dios.

Vv. 25-28.Nótense los detalles con que debemos adornar nuestra confesión cristiana. Cuidaos de toda cosa contraria a la verdad. No aduléis ni engañéis al prójimo. El pueblo de Dios es de hijos que no mienten, que no se atreven a mentir, que odian y aborrecen la mentira. Cuidaos de la ira y de las pasiones desenfrenadas. Si hay una ocasión justa para expresar descontento por lo malo, y reprenderlo, hágase sin pecar. Damos lugar al diablo cuando los primeros indicios del pecado no contristan nuestra alma, cuando consentimos a ellos; y cuando repetimos una obra mala. Esto enseña que es pecado si uno se rinde y permite que el diablo venga a nosotros; tenemos que resistirle, cuidándonos de toda apariencia de mal.
El ocio hace al ladrón. Los que no trabajan se exponen a la tentación de robar. Los hombres deben ser trabajadores para que puedan hacer algo de bien, y para que sean librados de la tentación. Deben trabajar no sólo para vivir honestamente, sino para que puedan dar para las necesidades del prójimo. Entonces, ¡qué hemos de pensar de los llamados cristianos, que se enriquecen con fraude, opresión y prácticas engañosas! Para que Dios acepte las ofrendas, no deben ganarse con injusticia y robo, sino con honestidad y trabajo. Dios odia el robo para los holocaustos.

Vv. 29-32.Las palabras sucias salen de la corrupción del que las dice y corrompen la mente de los que las oyen: los cristianos deben cuidarse de esa manera de hablar. Es deber de los cristianos procurar la bendición de Dios, que las personas piensen seriamente y animar y advertir a los creyentes con lo que digan. Sed amables unos con otros. Esto establece el principio del amor en el corazón y su expresión externa en una conducta cortés y humilde.
Nótese cómo el perdón de Dios nos hace perdonar. Dios nos perdonó aunque no teníamos razón para pecar contra Él. Debemos perdonar como Él nos ha perdonado. Toda comunicación mentirosa y corrupta, que estimule los malos deseos y las lujurias, contristan al Espíritu de Dios. Las pasiones corruptas del rencor, ira, rabia, quejas, maledicencia y malicia, contristan al Espíritu Santo. No provoques al santo y bendito Espíritu de Dios a que retire su presencia y su influencia de gracia. El cuerpo será redimido del poder de la tumba el día de la resurrección. Dondequiera que el bendito Espíritu habite como santificador, es la primicia de todo deleite, y las glorias del día de la redención; seríamos deshechos si Dios nos quitara su Espíritu Santo.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Por haber predicado la doctrina de la verdad,


Efesios   3 -   Vv. 1-7.Por haber predicado la doctrina de la verdad, el apóstol estaba preso, pero era preso de Jesucristo; era objeto de protección y cuidado especial mientras sufría por Él. Todas las ofertas de gracia del evangelio y la nueva de gran gozo que contiene, vienen de la rica gracia de Dios; es el gran medio por el cual el Espíritu obra la gracia en las almas de los hombres.
El misterio es ese propósito de salvación secreto, escondido, por medio de Cristo.
Esto no fue tan claramente mostrado en épocas anteriores a Cristo, como a los profetas del Nuevo Testamento. Esta era la gran verdad dada a conocer al apóstol, que Dios llamaría a los gentiles a la salvación por fe en Cristo. Una obra eficaz del poder divino acompaña los dones de la gracia divina. Como Dios nombró a Pablo para el oficio, así lo equipó para él.

Vv. 8-12.Aquellos a quienes Dios promueve a cargos honrosos, los hace sentirse bajos ante sus propios ojos; donde Dios da gracia para ser humilde, ahí da toda la gracia necesaria. ¡Cuán alto habla de Jesucristo, de las inescrutables riquezas de Cristo! Aunque muchos no son enriquecidos con estas riquezas, de todos modos ¡qué favor tan grande, que se nos predique a nosotros, y que nos sean ofrecidas! Si no somos enriquecidos con ellas es nuestra propia falta. La primera creación, cuando Dios hizo todas las cosas de la nada, y la nueva creación, por la cual los pecadores son hechos nuevas criaturas por la gracia que convierte, son de Dios por Jesucristo. Sus riquezas son tan inescrutables y tan seguras como siempre, aunque mientras los ángeles adoran la sabiduría de Dios en la redención de su Iglesia, la ignorancia de los hombres carnales sabios ante sus propios ojos, condena a todo como necedad.

Vv. 13-19.El apóstol parece estar más ansioso por los creyentes, no sea que se desanimen y desfallezcan por sus tribulaciones, que por lo que él mismo tenía que soportar. Pide bendiciones espirituales que son las mejores bendiciones. La fuerza del Espíritu de Dios en el hombre interior; fuerza en el alma; el poder de la fe para servir a Dios y cumplir nuestro deber. Si la ley de Cristo está escrita en nuestros corazones, y el amor de Cristo es derramado por todas partes, entonces Cristo habita en él. Donde habita su Espíritu, ahí habita Él. Desearíamos que los buenos afectos fueran fijados a nosotros. ¡Cuán deseable es tener la sensación firme del amor de Dios en Cristo en nuestras almas! —¡Con cuánta fuerza habla el apóstol del amor de Cristo! La anchura muestra su magnitud a todas las naciones y rangos; la longitud, que va de eternidad a eternidad; la profundidad, la salvación de los sumidos en las profundidades del pecado y la miseria; la altura, su elevación a la dicha y gloria celestiales. Puede decirse que están llenos con la plenitud de Dios los que reciben gracia por gracia de la plenitud de Cristo. ¿No debiera esto satisfacer al hombre? ¿Debe llenarse con mil engaños, jactándose que con esas completa su dicha?

Vv. 20, 21.Siempre es apropiado terminar las oraciones con alabanza. Esperemos más, y pidamos más, alentados por lo que Cristo ya ha hecho por nuestras almas, estando seguros de que la conversión de los pecadores y el consuelo de los creyentes, será para su gloria por siempre jamás.

martes, 28 de agosto de 2012

El pecado es la muerte del alma.


efesios.2.

Vv. 1-10.El pecado es la muerte del alma. Un hombre muerto en delitos y pecados no siente deseos por los placeres espirituales. Cuando miramos un cadáver, da una sensación espantosa. El espíritu que nunca muere se ha ido, y nada ha dejado sino las ruinas de un hombre. Pero si viéramos bien las cosas, deberíamos sentirnos mucho más afectados con el pensamiento de un alma muerta, un espíritu perdido y caído.
El estado de pecado es el estado de conformidad con este mundo. Los hombres impíos son esclavos de Satanás que es el autor de esa disposición carnal orgullosa que hay en los hombres impíos; él reina en los corazones de los hombres. De la Escritura queda claro que si los hombres han sido más dados a la iniquidad espiritual o sensual, todos los hombres, siendo naturalmente hijos de desobediencia, son también por naturaleza hijos de ira. Entonces, ¡cuánta razón tienen los pecadores para procurar fervorosamente la gracia que los hará hijos de Dios y herederos de la gloria, habiendo sido hijos de ira! -El amor eterno o la buena voluntad de Dios para con sus criaturas es la fuente de donde fluyen todas sus misericordias para nosotros; ese amor de Dios es amor grande, y su misericordia es misericordia rica. Todo pecador convertido es un pecador salvado; librado del pecado y de la ira. La gracia que salva es la bondad y el favor libre e inmerecido de Dios; Él salva, no por las obras de la ley, sino por la fe en Cristo Jesús.
La gracia en el alma es vida nueva en el alma. Un pecador regenerado llega a ser un ser viviente; vive una vida de santidad, siendo nacido de Dios: vive, siendo librado de la culpa del pecado, por la gracia que perdona y justifica. Los pecadores se revuelcan en el polvo; las almas santificadas se sientan en los lugares celestiales, levantadas por sobre este mundo por la gracia de Cristo.
La bondad de Dios al convertir y salvar pecadores aquí y ahora, estimula a los demás a esperar, en el futuro, en su gracia y misericordia. Nuestra fe, nuestra conversión, y nuestra salvación eterna no son por las obras, para que ningún hombre se jacte. Estas cosas no suceden por algo que nosotros hagamos, por tanto, toda jactancia queda excluida. Todo es dádiva libre de Dios y efecto de ser vivificado por su poder. Fue su propósito para lo cual nos preparó bendiciéndonos con el conocimiento de su voluntad, y su Espíritu Santo produce tal cambio en nosotros que glorificaremos a Dios por nuestra buena conversación y perseverancia en la santidad. Nadie puede abusar de esta doctrina apoyándose en la Escritura, ni la acusa de ninguna tendencia al mal. Todos los que así hacen, no tienen excusa.

Vv. 11-13.Cristo y su pacto son el fundamento de todas las esperanzas del cristiano.
Aquí hay una descripción triste y terrible pero ¿quién es capaz de quitarse de ello? ¿No desearíamos que esto no fuera una descripción verdadera de muchos bautizados en el nombre de Cristo? ¿Quién puede, sin temblar, reflexionar en la miseria de una persona separada por siempre del pueblo de Dios, cortada del cuerpo de Cristo, caída del pacto de la promesa, sin tener esperanza ni Salvador y sin ningún Dios sino un Dios de venganza por toda la eternidad? ¡No tener parte en Cristo! ¿Qué cristiano verdadero puede oír esto sin horror? -La salvación está lejos del impío, pero Dios es una ayuda a mano para su pueblo y esto es por los sufrimientos y la muerte de Cristo.

Vv. 14-18.Jesucristo hizo la paz por el sacrificio de sí mismo; en todo sentido Cristo era la Paz de ellos, el autor, el centro y la sustancia de estar ellos en paz con Dios, y de su unión con los creyentes judíos en una iglesia. A través de la persona, el sacrificio y la mediación de Cristo, se permite a los pecadores acercarse a Dios Padre y son llevados con aceptación a su presencia, con su adoración y su servicio, bajo la enseñanza del Espíritu Santo, como uno con el Padre y el Hijo. Cristo compró el permiso para que nosotros vayamos a Dios; y el Espíritu da el corazón para ir, y la fuerza para ir y, luego, la gracia para servir aceptablemente a Dios.

Vv. 19-22.La iglesia se compara con una ciudad, y todo pecador convertido está libre de eso. También es comparada con una casa, y todo pecador convertido es uno de la familia; un siervo y un hijo en la casa de Dios.
También se compara la Iglesia con un edificio fundado en la doctrina de Cristo, entregada por los profetas del Antiguo Testamento, y los apóstoles del Nuevo Testamento. Dios habita ahora en todos los creyentes; ellos llegan a ser el templo de Dios por la obra del bendito Espíritu. Entonces, preguntémonos si nuestras esperanzas están fijadas en Cristo conforme a la doctrina de su palabra. ¿Nos consagramos a Dios como templos santos por medio de Él? ¿Somos morada de Dios en el Espíritu, estamos orientados espiritualmente y llevamos los frutos del Espíritu? Cuidémonos de no contristar al santo Consolador. Deseemos su graciosa presencia y sus influencias en nuestros corazones. Procuremos cumplir los deberes asignados a nosotros para la gloria de Dios.

sábado, 25 de agosto de 2012

toda la humanidad necesita la salvación


Romano. 1. Vv. 18-25.El apóstol empieza a mostrar que toda la humanidad necesita la salvación del evangelio, porque nadie puede obtener el favor de Dios o escapar de su ira por medio de sus propias obras. Porque ningún hombre puede alegar que ha cumplido todas sus obligaciones para con Dios y su prójimo, ni tampoco puede decir verazmente que ha actuado plenamente sobre la base de la luz que se le ha otorgado. La pecaminosidad del hombre es entendida como iniquidad contra las leyes de la primera tabla, e injusticia contra las de la segunda. La causa de esa pecaminosidad es detener con injusticia la verdad. Todos hacen más o menos lo que saben que es malo y omiten lo que saben que es bueno, de modo que nadie se puede permitir alegar ignorancia. El poder invisible de nuestro Creador y la Deidad están tan claramente manifestados en las obras que ha hecho de modo que hasta los idólatras y los gentiles malos se quedan sin excusa. Siguieron neciamente la idolatría y las criaturas racionales cambiaron la adoración del Creador glorioso por animales, reptiles e imágenes sin sentido. Se apartaron de Dios hasta perder todo vestigio de la verdadera religión, si no lo hubiera impedido la revelación del evangelio. Porque los hechos son innegables, cualesquiera sean los pretextos planteados en cuanto a la suficiencia de la razón humana para descubrir la verdad divina y la obligación moral o para gobernar bien la conducta. Estos muestran simplemente que los hombres deshonraron a Dios con las idolatrías y supersticiones más absurdas y que se degradaron a sí mismos con los afectos más viles y las obras más abominables.

Vv. 26-32.La verdad de nuestro Señor se muestra en la depravación horrenda del pagano: “que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz”. La verdad no era del gusto de ellos. Todos sabemos cuán pronto se confabula el hombre contra la prueba más evidente para razonar evitándose creer lo que le disgusta. El hombre no puede ser llevado a una esclavitud más grande que la de ser entregado a sus propias lujurias. Como a los gentiles no les gustó tener a Dios en su conocimiento, cometieron delitos totalmente contrarios a la razón y a su propio bienestar. La naturaleza del hombre, sea pagano o cristiano, aún es la misma; y las acusaciones del apóstol se aplican más o menos al estado y al carácter de los hombres de todas las épocas, hasta que sean llevados a someterse por completo a la fe de Cristo, y sean renovados por el poder divino. Nunca hubo todavía un hombre que no tuviera razón para lamentarse de sus fuertes corrupciones y de su secreto disgusto por la voluntad de Dios. Por tanto, este capítulo es un llamado a examinarse a uno mismo, cuya finalidad debe ser la profunda convicción de pecado y de la necesidad de ser liberado del estado de condenación.