Romano 4 -
CAPÍTULO 4
Versículos 1-12. La doctrina de la justificación ejemplificada con el caso de Abraham. 13-22. Recibió la promesa por medio de la justicia de la fe. 23-25. Nosotros somos justificados por la misma vía de creer.
Vv. 1-12.Para enfrentar los puntos de vista de los judíos, el apóstol se refiere primero al ejemplo de Abraham, en quien se gloriaban los judíos como su antepasado de mayor renombre. Por exaltado que fuese en diversos aspectos, no tenía nada de qué jactarse en la presencia de Dios, siendo salvo por gracia por medio de la fe, como los demás. Sin destacar los años que pasaron antes de su llamado y los momentos en que falló su obediencia, y aun su fe, la Escritura estableció expresamente que: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”Génesis xv, 6.
Se observa a partir de este ejemplo que si un hombre pudiera obrar toda medida exigida por la ley, la recompensa sería considerada deuda, que evidentemente no fue el caso de Abraham, puesto que la fe le fue contada por justicia. Cuando los creyentes son justificados por la fe, “les es contado por justicia”, pero la fe de ellos no los justifica como parte, pequeña o grande, de la justicia propia, sino como medio designado de unirlos a Aquel que escogió el nombre por el cual debe llamársele: “Jehová Justicia nuestra”.
La gente perdonada es la única gente bendecida.
Claramente surge de la Escritura que Abraham fue justificado varios años antes de su circuncisión. Por tanto, es evidente que este rito no era necesario para la justificación. Era una señal de la corrupción original de la naturaleza humana. Y era una señal y un sello exterior concebido no solo para ser la confirmación de las promesas que Dios le había dado a él y a su descendencia, y de la obligación de ellos de ser del Señor, sino para asegurarle de igual modo que ya era un verdadero partícipe de la justicia de la fe. Abraham es, de este modo, el antepasado espiritual de todos los creyentes que anduvieron según el ejemplo de su obediencia de fe. El sello del Espíritu Santo en nuestra santificación, al hacernos nuevas criaturas, es la evidencia interior de la justicia de la fe.
Vv. 13-22.La promesa fue hecha a Abraham mucho antes de la ley. Señala a Cristo y se refiere a la promesa, Génesis xii, 3: “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. La ley producía ira al indicar que todo transgresor queda expuesto al descontento divino.
Como Dios tenía la intención de dar a los hombres un título de las bendiciones prometidas, así designó que fuera por la fe, para que sea totalmente por gracia, para asegurársela a todos los que eran de la misma fe preciosa de Abraham, fueran judíos o gentiles de todas las épocas. La justificación y la salvación de los pecadores, el tomar para sí a los gentiles que no habían sido pueblo, fue un llamamiento de gracia de las cosas que no son como si fueran, y esto de dar ser a las cosas que no eran, prueba el poder omnipotente de Dios.
Se muestra la naturaleza y el poder de la fe de Abraham. Creyó el testimonio de Dios y esperó el cumplimiento de su promesa, con una firme esperanza cuando el caso parecía sin esperanzas. Es debilidad de la fe lo que hace que el hombre se agobie por las dificultades del camino hacia una promesa. Abraham no la consideró como tema que admitiera discusión ni debate. La incredulidad se halla en el fondo de todos nuestras dudas de las promesas de Dios. El poder de la fe se demuestra en su victoria sobre los temores. Dios honra la fe y la gran fe honra a Dios.
Le fue contada por justicia. La fe es una gracia que, entre todas las demás, da gloria a Dios. La fe es, claramente, el instrumento por el cual recibimos la justicia de Dios, la redención que es en Cristo; y aquello que es el instrumento por el cual la tomamos o recibimos, no puede ser la cosa misma, ni puede ser así tomado y recibido el don. La fe de Abraham no lo justificó por mérito o valor propio, sino al darle una participación en Cristo.
Vv. 23-25.La historia de Abraham y de su justificación quedó escrita para enseñar a los hombres de todas las épocas posteriores, especialmente a los que, entonces, se les daría a conocer el evangelio. Es claro que no somos justificados por el mérito de nuestras propias obras, sino por la fe en Jesucristo y su justicia; que es la verdad que se enfatiza en este capítulo y el anterior como la gran fuente y fundamento de todo consuelo. Cristo obró meritoriamente nuestra justificación y salvación por su muerte y pasión, pero el poder y la perfección de esas, con respecto a nosotros, depende de su resurrección. Por su muerte pagó nuestra deuda, en su resurrección recibió nuestra absolución, Isaías liii, 8. Cuando Él fue absuelto, nosotros en Él y junto con Él recibimos el descargo de la culpa y del castigo de todos nuestros pecados. Este último versículo es una reseña o un resumen de todo el evangelio.
martes, 15 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
El justo enojo
El justo enojo
Airaos, pero no pequéis.
Efesios 4:26
Pudiera sorprenderse de que hay tal cosa como el justo enojo, es decir, enojarse por lo que aflige a Dios y estorba sus principios. Pero no debemos enojarnos tanto que cometamos pecado.
No se enoje por sus propios principios. No se enoje cuando alguien lo ofenda. Y no permita que su enojo degenere en resentimiento, amargura o malhumor. Eso está prohibido. El único enojo justificable defiende el grande, glorioso y santo carácter de nuestro Dios.
El enojo egoísta, apasionado, indisciplinado y sin dominio es pecaminoso, inútil y dañino. Debe desterrarse de la vida cristiana. Pero el enojo disciplinado que busca la justicia de Dios es puro, desinteresado y dinámico. Debemos enojarnos por el pecado en el mundo y en la iglesia. Pero no podemos dejar que el enojo se convierta en pecado.El trabajo arduo
El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
Efesios 4:28
El robo es un problema común en nuestro mundo. El robo en los centros comerciales ha llegado a convertirse en un problema tan grande que un porcentaje del precio de los artículos cubre la cantidad perdida por los bienes robados. Sea un gran robo o robo de tonterías, el robar de la tienda, robar dinero de un rico o de un miembro de la familia, todo es robo.
Que el cristiano "trabaje", se refiere a trabajo manual, de esfuerzo físico. El trabajo arduo es honorable. Los cristianos debemos esforzarnos en el trabajo para que tengamos lo suficiente para dar a los necesitados, no para que tengamos más de lo que necesitamos. El enfoque mundano de la riqueza es acumular lo que adquirimos. Pero el principio neotestamentario es trabajar duro para que podamos hacer el bien y dar a los necesitados.
Airaos, pero no pequéis.
Efesios 4:26
Pudiera sorprenderse de que hay tal cosa como el justo enojo, es decir, enojarse por lo que aflige a Dios y estorba sus principios. Pero no debemos enojarnos tanto que cometamos pecado.
No se enoje por sus propios principios. No se enoje cuando alguien lo ofenda. Y no permita que su enojo degenere en resentimiento, amargura o malhumor. Eso está prohibido. El único enojo justificable defiende el grande, glorioso y santo carácter de nuestro Dios.
El enojo egoísta, apasionado, indisciplinado y sin dominio es pecaminoso, inútil y dañino. Debe desterrarse de la vida cristiana. Pero el enojo disciplinado que busca la justicia de Dios es puro, desinteresado y dinámico. Debemos enojarnos por el pecado en el mundo y en la iglesia. Pero no podemos dejar que el enojo se convierta en pecado.El trabajo arduo
El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
Efesios 4:28
El robo es un problema común en nuestro mundo. El robo en los centros comerciales ha llegado a convertirse en un problema tan grande que un porcentaje del precio de los artículos cubre la cantidad perdida por los bienes robados. Sea un gran robo o robo de tonterías, el robar de la tienda, robar dinero de un rico o de un miembro de la familia, todo es robo.
Que el cristiano "trabaje", se refiere a trabajo manual, de esfuerzo físico. El trabajo arduo es honorable. Los cristianos debemos esforzarnos en el trabajo para que tengamos lo suficiente para dar a los necesitados, no para que tengamos más de lo que necesitamos. El enfoque mundano de la riqueza es acumular lo que adquirimos. Pero el principio neotestamentario es trabajar duro para que podamos hacer el bien y dar a los necesitados.
sábado, 12 de junio de 2010
Sea veraz
Sea veraz
No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
Éxodo 20:16
Un cristiano nunca debe mentir. La mentira más conocida es decir algo que no es cierto. Pero hay otros tipos de mentiras, como la exageración. Una vez oí la historia de un cristiano que daba un testimonio convincente, pero un día dejó de recitarlo. Cuando se le preguntó por qué, dijo que a través de los años lo había embellecido tanto que había olvidado lo que era cierto y lo que él había inventado.
Cometer fraude en la escuela, en los negocios, en el trabajo y en la declaración de impuestos es una manera de mentir. También lo es el traicionar la confianza, la adulación, el presentar excusas y el quedarse callado cuando debe decirse la verdad. No hay lugar para la mentira en la vida cristiana. Debemos decir la verdad.La importancia de la verdad
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
Efesios 4:25
¿Por qué es tan importante decir la verdad? Porque somos miembros los unos de los otros. Cuando no decimos la verdad entre nosotros, dañamos nuestra comunión. Por ejemplo, ¿qué sucedería si el cerebro le dijera que lo frío es caliente y lo caliente es frío? Cuando se bañara, ¡moriría congelado o se cocería en agua hirviendo! Si su ojo decidiera enviar falsas señales a su cerebro, una peligrosa curva de la carretera pudiera parecer una recta, y se estrellaría. Dependemos de la sinceridad del sistema nervioso y de cada órgano del cuerpo.
El cuerpo de Cristo no puede funcionar con menos exactitud que eso. No podemos ocultar la verdad a los demás y esperar que la iglesia funcione debidamente. ¿Cómo podemos servirnos los unos a los otros, llevar las cargas los unos de los otros, cuidarnos mutuamente, amarnos, edificarnos, enseñarnos y orar los unos por los otros si no sabemos lo que está ocurriendo en la vida de los demás? Así que sea sincero, "siguiendo la verdad en amor" (Ef. 4:15).
No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
Éxodo 20:16
Un cristiano nunca debe mentir. La mentira más conocida es decir algo que no es cierto. Pero hay otros tipos de mentiras, como la exageración. Una vez oí la historia de un cristiano que daba un testimonio convincente, pero un día dejó de recitarlo. Cuando se le preguntó por qué, dijo que a través de los años lo había embellecido tanto que había olvidado lo que era cierto y lo que él había inventado.
Cometer fraude en la escuela, en los negocios, en el trabajo y en la declaración de impuestos es una manera de mentir. También lo es el traicionar la confianza, la adulación, el presentar excusas y el quedarse callado cuando debe decirse la verdad. No hay lugar para la mentira en la vida cristiana. Debemos decir la verdad.La importancia de la verdad
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
Efesios 4:25
¿Por qué es tan importante decir la verdad? Porque somos miembros los unos de los otros. Cuando no decimos la verdad entre nosotros, dañamos nuestra comunión. Por ejemplo, ¿qué sucedería si el cerebro le dijera que lo frío es caliente y lo caliente es frío? Cuando se bañara, ¡moriría congelado o se cocería en agua hirviendo! Si su ojo decidiera enviar falsas señales a su cerebro, una peligrosa curva de la carretera pudiera parecer una recta, y se estrellaría. Dependemos de la sinceridad del sistema nervioso y de cada órgano del cuerpo.
El cuerpo de Cristo no puede funcionar con menos exactitud que eso. No podemos ocultar la verdad a los demás y esperar que la iglesia funcione debidamente. ¿Cómo podemos servirnos los unos a los otros, llevar las cargas los unos de los otros, cuidarnos mutuamente, amarnos, edificarnos, enseñarnos y orar los unos por los otros si no sabemos lo que está ocurriendo en la vida de los demás? Así que sea sincero, "siguiendo la verdad en amor" (Ef. 4:15).
viernes, 11 de junio de 2010
Una mente renovada
Una mente renovada
Renovaos en el espíritu de vuestra mente.
Efesios 4:23
Cuando usted se hace cristiano, Dios le da una nueva mente; pero usted debe llenarla de nuevos pensamientos. Un bebé nace con una mente nueva y fresca, y entonces se van haciendo impresiones en la mente del bebé que determinan el curso de su vida. Lo mismo ocurre con un cristiano. Cuando usted entra en el reino de Dios, recibe una mente nueva y fresca. Entonces tiene que formar los buenos pensamientos en su nueva mente. Por eso Filipenses 4:8 dice: "Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad". Tenemos una mente renovada, no una mente depravada.
En vez de tener una mente depravada, vil, lasciva, avara, sucia, tenemos una mente llena de justicia y santidad. Y eso debe caracterizar naturalmente nuestro modo de vivir. Una nueva actitud
Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Efesios 4:24
Cuando usted se entregó a Cristo, reconoció que era pecador y decidió abandonar su pecado y las cosas malvadas de este mundo. Pero Satanás hará brillar al mundo y su pecado delante de usted para tentarlo a que regrese a él. Pablo nos advierte que no volvamos al mundo, sino que más bien nos vistamos de la justicia y santidad de la verdad.
Eso no es algo que se hace una sola vez; es algo que se hace cada día. Una manera de hacerlo se describe en 2 Timoteo 3:16, que dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia". Si quiere vivir rectamente, lea la Palabra de Dios. Lo ayudará a enfrentarse a los vestigios del mundo todavía presentes en su vida.
Renovaos en el espíritu de vuestra mente.
Efesios 4:23
Cuando usted se hace cristiano, Dios le da una nueva mente; pero usted debe llenarla de nuevos pensamientos. Un bebé nace con una mente nueva y fresca, y entonces se van haciendo impresiones en la mente del bebé que determinan el curso de su vida. Lo mismo ocurre con un cristiano. Cuando usted entra en el reino de Dios, recibe una mente nueva y fresca. Entonces tiene que formar los buenos pensamientos en su nueva mente. Por eso Filipenses 4:8 dice: "Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad". Tenemos una mente renovada, no una mente depravada.
En vez de tener una mente depravada, vil, lasciva, avara, sucia, tenemos una mente llena de justicia y santidad. Y eso debe caracterizar naturalmente nuestro modo de vivir. Una nueva actitud
Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Efesios 4:24
Cuando usted se entregó a Cristo, reconoció que era pecador y decidió abandonar su pecado y las cosas malvadas de este mundo. Pero Satanás hará brillar al mundo y su pecado delante de usted para tentarlo a que regrese a él. Pablo nos advierte que no volvamos al mundo, sino que más bien nos vistamos de la justicia y santidad de la verdad.
Eso no es algo que se hace una sola vez; es algo que se hace cada día. Una manera de hacerlo se describe en 2 Timoteo 3:16, que dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia". Si quiere vivir rectamente, lea la Palabra de Dios. Lo ayudará a enfrentarse a los vestigios del mundo todavía presentes en su vida.
jueves, 10 de junio de 2010
Una vida centrada en Cristo
Una vida centrada en Cristo
Vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído.
Efesios 4:20-21
Los cristianos ya no estamos dominados por una mente ególatra; aprendemos de Cristo. Cristo piensa por nosotros, obra por medio de nosotros, ama por medio de nosotros, siente por medio de nosotros y sirve por medio de nosotros. La vida que tenemos no es nuestra, sino que es Cristo viviendo en nosotros (Gá. 2:20). Filipenses 2:5 dice: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Un inconverso anda en la vanidad de su mente, pero una persona salva anda conforme a la mente de Cristo.
Dios tiene un plan para el universo, y mientras Cristo esté obrando en nosotros, Él está realizando una parte de ese plan por medio de nosotros. Pablo observó que Él "es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros" (Ef. 3:20). Cada día debiera ser una aventura fantástica para nosotros porque estamos en medio del plan de Dios para los siglos.
Vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído.
Efesios 4:20-21
Los cristianos ya no estamos dominados por una mente ególatra; aprendemos de Cristo. Cristo piensa por nosotros, obra por medio de nosotros, ama por medio de nosotros, siente por medio de nosotros y sirve por medio de nosotros. La vida que tenemos no es nuestra, sino que es Cristo viviendo en nosotros (Gá. 2:20). Filipenses 2:5 dice: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Un inconverso anda en la vanidad de su mente, pero una persona salva anda conforme a la mente de Cristo.
Dios tiene un plan para el universo, y mientras Cristo esté obrando en nosotros, Él está realizando una parte de ese plan por medio de nosotros. Pablo observó que Él "es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros" (Ef. 3:20). Cada día debiera ser una aventura fantástica para nosotros porque estamos en medio del plan de Dios para los siglos.
miércoles, 9 de junio de 2010
Romano 3
Romano 3 -
CAPÍTULO
Versículos 1-8. Objeciones contestadas. 9-18. Toda la humanidad es pecadora. 19, 20. Judíos y gentiles no pueden ser justificados por sus obras. 21-31. La justificación es por la libre gracia de Dios, por fe en la justicia de Cristo, pero la ley no se deroga.
Vv. 1-8.La ley no podía salvar en el pecado ni de los pecados, pero daba ventajas a los judíos para obtener la salvación. Las ordenanzas establecidas, la educación en el conocimiento del Dios verdadero y su servicio, y muchos favores hechos a los hijos de Abraham, eran todos medios de gracia y verdaderamente fueron utilizados para la conversión de muchos. Pero, las Escrituras les fueron especialmente encargadas a ellos. El goce de la palabra y de las ordenanzas de Dios es la principal felicidad de un pueblo, pero las promesas Dios las hace sólo a los creyentes, por tanto, la incredulidad de algunos o de muchos prefesantes no puede inutilizar la efectividad de esta fidelidad. Él cumplirá las promesas a su pueblo y ejecutará sus amenazas de venganza a los incrédulos.
El juicio de Dios sobre el mundo deberá silenciar para siempre todas las dudas y especulaciones sobre su justicia. La maldad y la obstinada incredulidad de los judíos demuestra la necesidad que tiene el hombre de la justicia de Dios por la fe, y de su justicia para castigar el pecado. Hagamos males para que nos vengan bienes, es algo más frecuente en el corazón que en la boca de los pecadores; porque pocos se justificarán a sí mismos en sus malos caminos. El creyente sabe que el deber es de él, y los acontecimientos son de Dios; y que él no debe cometer ningún pecado ni decir ninguna mentira con la esperanza, ni con la seguridad, de que Dios se glorifique. Si alguien habla y actúa así, su condenación es justa.
Vv. 9-18.Aquí se señala nuevamente que toda la humanidad está debajo de la culpa del pecado como una carga, y está bajo el gobierno y el dominio del pecado, esclavizada por él, para obrar iniquidad. Varios pasajes de las Escrituras del Antiguo Testamento dejan muy claro esto, porque describen el estado depravado y corrupto de todos los hombres, hasta que la gracia los refrena o los cambia. Por grandes que sean nuestras ventajas, estos textos describen a multitudes de los que se dicen cristianos. Sus principios y su conducta prueban que no hay temor de Dios delante de sus ojos. Y donde no hay temor de Dios no se puede esperar nada bueno.
Vv. 19, 20.Vano es buscar la justificación por las obras de la ley. Todos deben declararse culpables. La culpa ante Dios es palabra temible, pero ningún hombre puede ser justificado por una ley que lo condena por violarla. La corrupción de nuestra naturaleza siempre impedirá toda justificación por nuestras propias obras.
Vv. 21-26.¿Debe el hombre culpable permanecer sometido a la ira para siempre? ¿Está la herida abierta para siempre? No, bendito sea Dios, hay otro camino abierto para nosotros. Es la justicia de Dios; la justicia en la ordenación, en la provisión y en la aceptación. Es por esa fe que tiene Jesucristo por su objeto; el Salvador ungido, que eso significa el nombre Jesucristo. La fe justificadora respeta a Cristo como Salvador en sus tres oficios ungidos: Profeta, Sacerdote y Rey; esa fe confía en Él, le acepta y se aferra de Él; en todo eso los judíos y los gentiles son, por igual, bienvenidos a Dios por medio de Cristo. No hay diferencia, su justicia está sobre todo aquel que cree; no sólo se les ofrece, sino se les pone a ellos como una corona, como una túnica. Es libre gracia, pura misericordia; nada hay en nosotros que merezca tales favores. Nos llega gratuitamente, pero Cristo la compró y pagó el precio. La fe tiene consideración especial por la sangre de Cristo, como la que hizo la expiación.
Dios declara su justicia en todo esto. Queda claro que odia el pecado, cuando nada inferior a la sangre de Cristo hace satisfacción por el pecado. Cobrar la deuda al pecador no estaría en conformidad con su justicia, puesto que el Fiador la pagó y Él aceptó ese pago a toda satisfacción.
Vv. 27-31.Dios ejecutará la gran obra de la justificación y salvación de pecadores desde el primero al último, para acallar nuestra jactancia. Ahora, si fuésemos salvados por nuestras obras, no se excluiría la jactancia, pero el camino de la justificación por la fe excluye por siempre toda jactancia. Sin embargo, los creyentes no son dejados con autorización para transgredir la ley; la fe es una ley, es una gracia que obra dondequiera obre en verdad. Por fe, que en esta materia no es un acto de obediencia o una buena obra, sino la formación de una relación entre Cristo y el pecador, que considera adecuado que el creyente sea perdonado y justificado por amor del Salvador, y que el incrédulo, que no está unido o relacionado de este modo con Él, permanezca sometido a condenación. La ley todavía es útil para convencernos de lo que es pasado, y para dirigirnos hacia el futuro. Aunque no podemos ser salvos por ella como un pacto, sin embargo la reconocemos y nos sometemos a ella, como regla en la mano del Mediador.
CAPÍTULO
Versículos 1-8. Objeciones contestadas. 9-18. Toda la humanidad es pecadora. 19, 20. Judíos y gentiles no pueden ser justificados por sus obras. 21-31. La justificación es por la libre gracia de Dios, por fe en la justicia de Cristo, pero la ley no se deroga.
Vv. 1-8.La ley no podía salvar en el pecado ni de los pecados, pero daba ventajas a los judíos para obtener la salvación. Las ordenanzas establecidas, la educación en el conocimiento del Dios verdadero y su servicio, y muchos favores hechos a los hijos de Abraham, eran todos medios de gracia y verdaderamente fueron utilizados para la conversión de muchos. Pero, las Escrituras les fueron especialmente encargadas a ellos. El goce de la palabra y de las ordenanzas de Dios es la principal felicidad de un pueblo, pero las promesas Dios las hace sólo a los creyentes, por tanto, la incredulidad de algunos o de muchos prefesantes no puede inutilizar la efectividad de esta fidelidad. Él cumplirá las promesas a su pueblo y ejecutará sus amenazas de venganza a los incrédulos.
El juicio de Dios sobre el mundo deberá silenciar para siempre todas las dudas y especulaciones sobre su justicia. La maldad y la obstinada incredulidad de los judíos demuestra la necesidad que tiene el hombre de la justicia de Dios por la fe, y de su justicia para castigar el pecado. Hagamos males para que nos vengan bienes, es algo más frecuente en el corazón que en la boca de los pecadores; porque pocos se justificarán a sí mismos en sus malos caminos. El creyente sabe que el deber es de él, y los acontecimientos son de Dios; y que él no debe cometer ningún pecado ni decir ninguna mentira con la esperanza, ni con la seguridad, de que Dios se glorifique. Si alguien habla y actúa así, su condenación es justa.
Vv. 9-18.Aquí se señala nuevamente que toda la humanidad está debajo de la culpa del pecado como una carga, y está bajo el gobierno y el dominio del pecado, esclavizada por él, para obrar iniquidad. Varios pasajes de las Escrituras del Antiguo Testamento dejan muy claro esto, porque describen el estado depravado y corrupto de todos los hombres, hasta que la gracia los refrena o los cambia. Por grandes que sean nuestras ventajas, estos textos describen a multitudes de los que se dicen cristianos. Sus principios y su conducta prueban que no hay temor de Dios delante de sus ojos. Y donde no hay temor de Dios no se puede esperar nada bueno.
Vv. 19, 20.Vano es buscar la justificación por las obras de la ley. Todos deben declararse culpables. La culpa ante Dios es palabra temible, pero ningún hombre puede ser justificado por una ley que lo condena por violarla. La corrupción de nuestra naturaleza siempre impedirá toda justificación por nuestras propias obras.
Vv. 21-26.¿Debe el hombre culpable permanecer sometido a la ira para siempre? ¿Está la herida abierta para siempre? No, bendito sea Dios, hay otro camino abierto para nosotros. Es la justicia de Dios; la justicia en la ordenación, en la provisión y en la aceptación. Es por esa fe que tiene Jesucristo por su objeto; el Salvador ungido, que eso significa el nombre Jesucristo. La fe justificadora respeta a Cristo como Salvador en sus tres oficios ungidos: Profeta, Sacerdote y Rey; esa fe confía en Él, le acepta y se aferra de Él; en todo eso los judíos y los gentiles son, por igual, bienvenidos a Dios por medio de Cristo. No hay diferencia, su justicia está sobre todo aquel que cree; no sólo se les ofrece, sino se les pone a ellos como una corona, como una túnica. Es libre gracia, pura misericordia; nada hay en nosotros que merezca tales favores. Nos llega gratuitamente, pero Cristo la compró y pagó el precio. La fe tiene consideración especial por la sangre de Cristo, como la que hizo la expiación.
Dios declara su justicia en todo esto. Queda claro que odia el pecado, cuando nada inferior a la sangre de Cristo hace satisfacción por el pecado. Cobrar la deuda al pecador no estaría en conformidad con su justicia, puesto que el Fiador la pagó y Él aceptó ese pago a toda satisfacción.
Vv. 27-31.Dios ejecutará la gran obra de la justificación y salvación de pecadores desde el primero al último, para acallar nuestra jactancia. Ahora, si fuésemos salvados por nuestras obras, no se excluiría la jactancia, pero el camino de la justificación por la fe excluye por siempre toda jactancia. Sin embargo, los creyentes no son dejados con autorización para transgredir la ley; la fe es una ley, es una gracia que obra dondequiera obre en verdad. Por fe, que en esta materia no es un acto de obediencia o una buena obra, sino la formación de una relación entre Cristo y el pecador, que considera adecuado que el creyente sea perdonado y justificado por amor del Salvador, y que el incrédulo, que no está unido o relacionado de este modo con Él, permanezca sometido a condenación. La ley todavía es útil para convencernos de lo que es pasado, y para dirigirnos hacia el futuro. Aunque no podemos ser salvos por ella como un pacto, sin embargo la reconocemos y nos sometemos a ella, como regla en la mano del Mediador.
martes, 8 de junio de 2010
Examínese
Examínese
¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Santiago 4:4
¿Sigue aferrado usted al estilo de vida que llevaba antes de ser cristiano? Como revela el versículo de hoy, si no hizo un esfuerzo consciente por separarse de este mundo cuando se entregó a Cristo, tiene razón para poner en tela de juicio si su salvación fue genuina.
Primera Juan 2:15 dice: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él". Cuando usted se hace cristiano, desea que se le separe del mundo. Sin duda el mundo seguirá tentándolo a usted en lo sucesivo, pero usted debe dejar el malvado sistema de Satanás.
Es una mentira decir que una persona puede ir a Cristo sin haberse apartado del mundo. ¡Tiene que haber un cambio de la manera de vivir! No es algo fácil de hacer. Pablo nos dijo que no vivamos como vivíamos antes de que conociéramos a Cristo (Ef. 4:17). Pero podemos vivir de esa manera porque tenemos una nueva naturaleza. La importancia del arrepentimiento
Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.
Hechos 2:38
Nadie puede ir a Jesucristo a menos que se arrepienta. Jesús comenzó su ministerio proclamando la necesidad del arrepentimiento (Mt. 4:17), y Pedro y Pablo siguieron proclamándola. El arrepentimiento es una decisión consciente de apartarse del mundo, del pecado y del mal. ¡Es algo decisivo!
Si usted acudió a Jesucristo pensando que lo único que tenía que hacer era creer, pero que no tenía que confesar su pecado ni estar dispuesto a apartarse de la maldad de este mundo, no ha entendido el mensaje de salvación. La vida de muchas personas no ha cambiado nada desde que presuntamente creyeron en Cristo. Por ejemplo, algunas eran inmorales y siguen siendo inmorales. Algunas cometían adulterio y siguen cometiendo adulterio. Y algunos cometían fornicación y siguen cometiendo fornicación. Pero según 1 Corintios 6:9-10, los fornicarios y los adúlteros no heredarán el reino de Dios. Si verdaderamente usted es salvo, se esforzará por apartarse de las cosas del mundo.
¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Santiago 4:4
¿Sigue aferrado usted al estilo de vida que llevaba antes de ser cristiano? Como revela el versículo de hoy, si no hizo un esfuerzo consciente por separarse de este mundo cuando se entregó a Cristo, tiene razón para poner en tela de juicio si su salvación fue genuina.
Primera Juan 2:15 dice: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él". Cuando usted se hace cristiano, desea que se le separe del mundo. Sin duda el mundo seguirá tentándolo a usted en lo sucesivo, pero usted debe dejar el malvado sistema de Satanás.
Es una mentira decir que una persona puede ir a Cristo sin haberse apartado del mundo. ¡Tiene que haber un cambio de la manera de vivir! No es algo fácil de hacer. Pablo nos dijo que no vivamos como vivíamos antes de que conociéramos a Cristo (Ef. 4:17). Pero podemos vivir de esa manera porque tenemos una nueva naturaleza. La importancia del arrepentimiento
Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.
Hechos 2:38
Nadie puede ir a Jesucristo a menos que se arrepienta. Jesús comenzó su ministerio proclamando la necesidad del arrepentimiento (Mt. 4:17), y Pedro y Pablo siguieron proclamándola. El arrepentimiento es una decisión consciente de apartarse del mundo, del pecado y del mal. ¡Es algo decisivo!
Si usted acudió a Jesucristo pensando que lo único que tenía que hacer era creer, pero que no tenía que confesar su pecado ni estar dispuesto a apartarse de la maldad de este mundo, no ha entendido el mensaje de salvación. La vida de muchas personas no ha cambiado nada desde que presuntamente creyeron en Cristo. Por ejemplo, algunas eran inmorales y siguen siendo inmorales. Algunas cometían adulterio y siguen cometiendo adulterio. Y algunos cometían fornicación y siguen cometiendo fornicación. Pero según 1 Corintios 6:9-10, los fornicarios y los adúlteros no heredarán el reino de Dios. Si verdaderamente usted es salvo, se esforzará por apartarse de las cosas del mundo.
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