Debilitando la carne siendo Llenos del Espíritu
"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo." Efesios 5:15-20
Dios no quiere hacer de nosotros una versión mejorada, ayudándonos a ser mejores, padres, hijos, cónyuges, amigos, trabajadores, jefes, etc. sino que Él quiere ser la fuente desde la cual vivimos, pensamos, sentimos y actuamos. Quiere que los demás vean en nosotros, no el resultado de nuestro propio esfuerzo, sino mejor la evidencia de Su Presencia, la operación del poder de su fuerza (Efesios 1:19). Y para esto, hemos de tener presente dos cosas.
Primero, debilitar o matar la carne y segundo, ser llenos del Espíritu.
La Palabra de Dios en Colosenses 3:1-2, 5 dice “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;” para hacer morir la carne, es necesario negarle su alimento; si la carne nos pide enojarnos, no lo hacemos; si nos pide inmoralidad sexual, huimos; si nos pide cualquier desorden emocional, nos negamos. Cada vez que alimentamos la carne, la fortalecemos, pero cuando le negamos alimento, la debilitamos.
Ahora bien, si esto fuera así de simple, todos lo haríamos y no tendríamos tantos problemas de pecado, pero la gran diferencia está en el siguiente complemento:
Ser llenos del Espíritu Santo. Entonces, ese vacío en ese tiempo que nos quedó al negarnos a alimentar la carne, de inmediato debemos llenarlo con el Espíritu Santo. En el pasaje principal de hoy dice “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” debemos Llenarnos de su Espíritu a través de la adoración, los cánticos espirituales, meditando en la Palabra, leyendo los salmos, orando, dando gracias, congregándonos y también siendo intencionales en el servicio en nuestra iglesia local.
Hermanos, en la medida que nos neguemos a los deseos engañosos de nuestra carne y rindamos nuestra vida al Espíritu de Cristo, permitiendo que nos llene por completo, comenzaremos a experimentar y reflejar el fluir, el poder y la gloria de Su presencia, en lugar del estancamiento, la incapacidad y la derrota de nuestro propio obrar. Oración.
Padre, gracias; gracias por tu infinita bondad y renovada misericordia; hoy te alabo porque eres bueno, Señor, porque me envias tu Palabra y me muestras la senda de la vida; gracias por concederme la gracia de experimentar la plenitud de gozo que hay en tu presencia y las delicias a tu diestra, en Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén.
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