Gracia para vivir en el Espíritu
«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente» Tito 2:11-12
«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.» Romanos 5:17
La gracia del Señor Jesucristo es el regalo inmerecido de Dios para toda la humanidad; un don que se acepta por fe. Al arrepentirnos de nuestros pecados y recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador la gracia de Dios se manifiesta en nuestra vida para salvación. Sin embargo, su gracia no se limita solo a este aspecto; como bien nos revela Tito 2:11-12 la gracia de Dios también nos enseña y nos capacita a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, para que podamos vivir sobria, justa y piadosamente. De esta manera, podemos reinar en la nueva vida que se nos ha concedido, tal como declara Romanos 5:17.
Estas verdades fueron una profunda realidad en la vida del apóstol Pablo, quien pudo expresar en su carta a Timoteo: «Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador… Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.» 1 Timoteo 1:12-13a y 14-15
Pablo experimentó la salvación que viene por gracia y, con ella, la poderosa transformación que trae. Pasó de ser un perseguidor acérrimo a ser un ferviente seguidor y apóstol de Cristo. La gracia de Dios no solo salva, sino que transforma completamente y otorga propósito, como él mismo testifica: «…quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos…» 2 Timoteo 1:9
Por lo tanto, hermanos, pidamos a Dios que la gracia abundante del Señor Jesucristo obre sin cesar en nosotros, transformando cada área de nuestra vida para llevarnos a cumplir sus propósitos viviendo en el Espíritu. Oración.
«Padre Dios, que esa gracia salvadora de tu Hijo Jesús también me transforme, me dé propósito y me lleve a vivir en el Espíritu, pues mi deseo es hacer tu voluntad. Amén.
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