martes, 24 de febrero de 2026

Identidad


«Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.» Lucas 4:1-4

Cuando un niño nace, el gobierno decreta a sus padres que le registre ante una autoridad legal con el fin de certificar que: Primero, está vivo, y que como tal tenemos derechos que deben ser respetados; segundo, su nombre, el cual servirá para ser identificado; y tercero, su género, que no surge como una percepción, sino como la realidad que manifiesta nuestro organismo. Como vemos, esta pequeña descripción es tan sólo una parte de lo que nos identifica. En el caso de Jesús, la Biblia nos enseña que sus padres tuvieron que presentarlo ante una Autoridad Suprema, la de Dios, pues así lo había dictaminado el Señor en la Ley de Moisés (Lucas 2:22-24). Muchos se quedaron con el concepto de que Jesús era tan sólo el hijo de María y de José, el carpintero, pero su identidad iba mucho más allá de ésto que estaba registrado, pues Jesús era y es el Hijo de Dios.

¿Por qué razón traemos ésto a colación? Porque lo que más ha sido atacado en el ser humano, por parte del enemigo, es la identidad, para la muestra un botón, pues vemos a Satanás atacando la identidad de Jesús, manifestando que si Jesús era el Hijo de Dios entonces debía probar que ésto era cierto. Hoy en día, también Satanás ataca nuestra identidad, o sino miremos la actualidad: hombres manifestando que son mujeres, mujeres diciendo que se auto perciben como hombres, incluso hemos llegado al punto de ver a personas identificarse, no como seres humanos, sino como animales. ¡Absurdo a lo que como sociedad hemos llegado y permitido en nuestra nación!

Hermanos, la sociedad va en declive y nuestros hijos, nietos y futuras generaciones lo tendrán que presenciar y enfrentar, si tú y yo no les enseñamos que ésto no es normal, ellos serán influenciados a seguir esta corriente absurda que presenta el mundo y terminarán permitiendo que su mente e identidad sean trastornadas. Si hoy tú y yo no tomamos la rienda de nuestro hogar y les enseñamos a las nuevas generaciones que su identidad está en Cristo, vendrá alguien más que si lo hará, Satanás, y será él quien les enseñe a ellos falsas identidades, los impulsará a que se apropien de ellas, y si esto lo aceptan nuestros hijos, terminarán totalmente alejados de la identidad que Cristo ya nos dió, una identidad que nos recuerda que somos hijos de Dios, creados por Él con un propósito en particular, glorificarle (Isaías 43:7).   Oración.

«Padre, gracias por recordarme cuál es mi identidad en Cristo. Soy tu hija, creada por Tí para glorificarte y alabarte. Que aunque el mundo me quiera decir lo contrario yo me mantenga aferrada a lo que dices que soy según Tu Palabra. Santo Espíritu de Dios llévame a enseñarle también a otros ésta gran Verdad. Amén.    



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